Ni Atenas Ni Israel

FICCIÓN 3…. La salsa y la piel

by on Jun.23, 2014, under Sin categoría

Ronald Jesús Torres Bringas

Lo más delicioso empieza como una sorpresa. Quien sabe el milagro de lo no planeado es incontrolable. En verano pasado fui a comprar unos muebles con un pariente a Breña… Había dudas por adquirir unos muebles, pues todos son periódico de ayer, pero había que arriesgarse. Entramos y vaya sorpresa, nos abordó un jardín con una gran sonrisa. Bueno era una venta, era amable, pero no pude dejar de sacarme los lentes oscuros, y no lo niego mi boca se abrió estupefacto. Ella sonrió no bajo la mirada, y empezó desafiarme, para que hablara…

baje la mirada, y sonreí para hacerme el que no estaba allí. Como criatura que sabe romper cualquier mesura, avanzó mientras revisamos los muebles, y camino de una manera tan cubana, que supe como se originó la salsa en esas dunas legendarías. Me quitó cordura, pero a la vez salieron los juegos y las palabras con interrogantes. Nos mostraba los modelos, y a cada demostración le lanzaba una ironía, jugaba con su mente, y empezaba a jugar con los muebles, como un duende travieso… Iba vulnerando su arrogancia, pues me sentaba con ella, y le decía si los muebles venían con ella, dormía como un cachorro en los sofás y en las tarimas, para impregnarle emociones en su mente. Me puse a cantarle una canción, y decirle a un fantasma de la zona que ella era la mas bella de la isla… me gustó su vocecita cubana, pero me ponía el parche pues estaba casada….Saben no me importó… Adquirimos los mejores muebles, con rebaja por supuesto, e inmediatamente guarde las armas…

Sacamos la factura, y cuando se iba le cogí el brazo y le dije, luego de verla a los ojos diez segundos que deseaba conocerle.. me dio su cel y la olvide unos días mientras llegaron los muebles… Viaje unos días y recibi una llamada, era ella, y luego de hablar con sequedad, le coquetié con el respeto más erótico que me produjo. Le llame otra vez y otra vez, y jugaba con mis palabras, hasta que Cuba quizo conocer al rufían. Le vi en Miraflores, en una restaurant cerca a Berlín me puse a conocerle.. Era una mujer muy bella, pero peligrosa. Su fuerza radicaba en que te mata con la pasión, tenía una hija pequeña, y un esposo empresario que viajaba en todos los sentidos… En su reticencia sonriente, me acerque, percibí a una mujer solitaria, pero que era un cuerpo sólo un cuerpo, pues buscaba la intensidad, y el desiquilibrio. Me anime a naufragar en esas playas, y el lenguaje atrevido y poético, fue encarnándose en besos y en movimientos sociales. No debía amarla, pues me destrozaría el corazón.. Ella sabía que yo era un don nadie, pero sentí que deseaba morir en mi piel. Justo tocaron una salsa, me sacó del polo, era willie Gonzales, y vi, sentí que toda aquella sirena era una revolución más grande que el castrismo… Nos acurrucamos como dos gatos, y no me dejo hacer golpe de estado. Una llamada de la CIA me la quitó…

Asustada de improviso se marchó.. Viaje de nuevo, y esperé varios días su llamada, empecé a llamarla, como alguien quien pierde posiciones, le deje mensajes, y me mandaron unos muy muy amenazantes para mi… Tire la toalla. Pero me acorde que debía recoger la factura de los muebles… Una excusa perfecta. Fui a la tienda… estaba en la puerta, y le pregunté donde podía recoger la factura, se hallaba indiferente, pero estremecida, como advertida. Se quería ir pero le ordene con voz monárquica que no lo hiciera… le pedí que me guiara a los servicios higiénicos… sabían que estábamos solos… Me dio rabia, y locura y la arrastre de la cintura a la estancia principal, y le dije… no hay mas que decir, mi piel hablará por mi… Se estremeció como un escualo ardiente, quería soltarse, la desnude y mientras me unía a su calor, los mas dulces motivos de mis labios y músculos, hallaron eco en esa piel caribeña… Explosionamos, y el instante criminal, culminó con un beso, con cabellos alborotados y con comisuras sangrantes…Me miró con afecto: “quiero estar contigo, pero no me pertenezco”- Lo sabía, por eso desde aquí solo somos huellas y recuerdos.. “Lo que no nos mata nos hace más fuertes” Me gustó matar al comunismo contigo, le di un último beso, y sentencié: “Halla la palabra mágica y el mundo empieza a cantar” L….h AR

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El sabor y las palabras… Ficciones y aires.

by on Jun.22, 2014, under Sin categoría

A veces dicen por ahí que un camino repleto de oscuridades y ausencias encierra la fuerza de una gran promesa. Lo que más falta se busca estúpidamente en todo lo que conocemos como la realidad civilizada. Es un modo elegante, exacto, cosmético, y a la vez soberbio, empobrecido de esquivar el derecho y la misión por la que la vida ha llegado a la tierra: amar sin condiciones. Protegerse y controlar aquello que mas deseamos, es lo mismo que perderlo y embarrarse de adicciones y de desconocimiento de sí mismo. La civilización propagandea que nos hará plenos, y se nutre de esa mentira. No dejarla no es la perfección del terror, sino la resignación de que hemos decidido atrincherarnos en sus comodidades sin intensidad….Una época que no sabe amar, y que se resguarda en el orgullo de atesorar y apropiarse se extravía en el desperdicio de lo que la vida encierra…

Partido entre funciones, vestíbulos relucientes, formas y procedimientos, y a la vez de excesos desestresantes, para purgarse de la hipocresía de sobrevivir, las personas olvidan por miedo y a la vez por desesperación como hallarse y acrecentarse. No conocerse es lo mismo que naufragar en las creaciones y en las adulteraciones que nos ofertan como medio de vida y de protección. En lo más libre la persona es más esclava. Comer lo falso es enceguecerse ante lo que duele, una forma de inmunizarse, pero a la vez perder y no tener derecho a que lo esencial perdure en nuestros cuerpos. Quien desea el poder, y se entrega a él pierde la fuerza para ser intenso, para ser un bastidor en movimiento. Lo que no despierta pasión o no emociona se refugia en el poder y en la mentira: es su modo de conseguir aquello que no puede capturar con sólo una sonrisa o un aire abrazador…. Es un modo de matar aquello que si juega y puede embriagar. Lo enfermo ya no escucha lo vital, no conoce los sabores, el bienestar es para el cine y superstición. Estos pasajes los suele olvidar por miedo a la vida misma.

El fin de los atemorizados y los productivistas es asesinar la seducción. La política y la economía es convertirla en supermercado. Lo único y excepcional es perseguido para volverlo objeto de lujo, para volverlo ciencia y gobierno. Pero esa locura de ser libre es incontrolable, y reside en que se sueñe y se busque enamorar, en que se realice en aquello que nos completa, en el ángel que lo sagrado ha puesto para nosotros en la tierra y redimirnos…. Y eso se logra cuando se es valiente, cuando uno se busca, viaja, y el accidente de lo no planeado nos responde…. Atreverse en las llanuras, conmover, y danzar es el modo de permear la indiferencia de lo silencioso… Seducir es la mejor forma amorfa de vivir con sinceridad todo lo que nos promete la sociedad. En lo privado la seducción es sólo un porrito fugaz, guiños desconfiados sin nombres y galones, objetos y a la vez comida subliminal. Es cobardía hecha discotecas: las personas bailan y se desean, pero no les importa conectarse, se escapan en cuanto se les conoce.

Por eso hallar el hechizo de ser completo sólo es un milagro de viajar…. Cuando se es un forastero se halla a si mismo de mil maneras. Escapa a los prejuicios porque se algo original un nuevo aire que cambia lo permanente. Y se viaja más cuando la óptica, se traduce en conversaciones, banquetes, carnavales, y aventuras locuaces…. Uno realmente aprende y vive cuando se da cuenta que la finalidad de educarse y formarse, de sacrificarse y obtener crédito es engatusar a la razón de nuestros sueños y cruzadas. Si se viaja es para retornar al origen del porque perdimos la inocencia: y ese origen es reconquistar lo que nos arrojo al mundo. El perder esas alturas nos corrompe y nos vuelve ciegos… Sanarnos es volver a la soberanía de esa piel y ese perfume luego de tantos peregrinajes e incursiones… Cada quien tiene su ingrediente secreto…. Yo la tengo, y cuando regrese por ti, el tiempo se detendrá, te cuidaré siempre. Eres el día y la noche en una sola piel…

Lo que más me arrojo a la aventura del mundo fue haber despertado en el purgatorio. No lo acepte…. Esa perdida no me hizo un rufián, un nefasto estafador…. Viví en las ideas para escapar a la fragancia de esos labios rosaditos, y esa figura cálida donde moría vivo….Cada vez que ella aparecía entre renglones reforzaba mis devociones a los pensamientos. Su dulzura desapareció, sus imágenes se volvieron iconos poéticos, altares políticos…. El golpe a lo que sentía me hizo correr toda una década en ideales en los que no creía…. No me corrompí…. No renuncie a mis sueños siendo un negociante impersonal de lo vivo, sino que respete lo sagrado, y lo que se atrevía a ser libre… Defendí lo que aportaba y era coherente, pero me olvidaba que era hombre, a pesar que creaba valores para los que vivían en la orfandad. Huérfano, apátrida, errante cada idea original era lo mismo que embriagarme o quedar varado entre amaneceres perfumados de fluidos y sudores… Amenazaba, y cuidaba lo honesto, a mis amigos, en base al miedo, y a lecciones de agresión, cuando había hipocresía y menosprecio a lo vivo, al inocente. No había orgullo en ello, ni cambio, era sólo un porrito que me permitía escabullirme de los castillos celestiales alimentados con las oscuridades y crímenes de un orate avergonzado, y lleno de cicatrices de guerra.

La fuerza de escapar a Angie (Mi mandrágora)…. La gitana del Callao, de mis 19 años, me hizo un volcán lleno de ira, y a la vez de una pasión por romper los escritos donde hablaba del mundo, pero donde en realidad testimoniaba cada uno de sus sonidos, y recorridos remotos perdidos… La historia de mis ensayos ha sido un acto de redención poética, un canto de curación que ha servido para que algunos amigos no se mueran y yo tenga que reiniciar mi camino…. Aunque a veces era la mentira andando, la torpeza como camuflaje, no se como sucedía, pero me transportaba a no lugares y cloacas donde no tenía límites, y todo era un experimento de miasmas y delicias… Entendí que la vida no se hallaba en las formas, sino en lo que se podía crear en sitios apartados con personas y mujeres sedientas….

La seducción era la mayor teoría. No había algo interno, sólo el secreto de que la vergüenza y lo prohibido nos deshacía de emoción… solo éramos pieles estresadas escondidas en la decencia de lo ejecutivo, que tristeza! Pensar y vivir se hayan en enamorar y dejarte enamorar, lejos de eso estamos divididos. Estaba desconectado, pero a la vez estaba conectado con extrañas a las que amaba pero no conocía; conocer no es algo hablado realmente, es sobre todo aire y magnetismos envueltos, no hay formas solo cuerpos….

Al perderla perdí su perfume… Fui deshonesto lo se. Toda mi silenciosa huida a la idea fue un modo de sacarme su sangre de mis huesos, y al vez un modo de recuperar el camino a su esencia extraviada. Era especial. Al besarla, me sentía en las selvas, y en la mansedumbre de un remoto mar…. Jugábamos como dos niños libertinos, y supe que era ser Dios, y loco a la vez. Aunque en cada beso ponía países y rebeliones, se fue porque yo no me conocía…. Lo entendí, y empecé a viajar, de mil maneras, en cuerpos, pergaminos y suburbios hediondos…. Me envolví de una gran soberbia y de un consuelo de osamentas traviesas… Al olvidarla, me desarraigaba de las cosas, y alcanzaba cierta habilidad para sentir el todo… Pensar en mi es una forma de entrenarme para volver al mito de esos niños reílones y enmarañados. En ese camino descubrí remedios y secretos, elixires y vetas ardientes… Al ser especial no volví a sentir ese aroma febril… Lo busque, y me acorace para dominar la tierra sólo por ella… La gloria, y lo que busco es un acto de redención con mi tierra pero a la vez un modo de que su fuerza reaparezca…había ira, dolor, y poder, pero mi corazón sigue intacto. Entendí que se esfumo porque el dinero, el poder y el terror, que no tenía me llenaron de sumisión, me vulneraron…. Completar el círculo es un modo de reencantar las cosas, de que los sentidos se vuelvan a hallar con honradez…. La misión es que el mito vuelva para que su sonrisa y sus sedimentos sanguíneos me reconcilien. Seducir al mundo es el modo de volverla a ver.

Al viajar y recorrer estas tierras cargadas de un magma oculto me preparo para esa explosión cósmica…Ser un errante, un viajante, un forastero es acrecentar mi conciencia, mis sentidos, y mover el todo. En estas selvas indomables me he liberado de mis torpes seguridades, y he amado el secreto de que todo debe ser evidente…. Lo privado es una mentira, hay que volver a la desnudez, y sólo el cuerpo no estigmatizado puede hacerlo. Y saben acá en las chacras y en chubascos desquiciados se perciben otros olores y sabores curiosos. No hay cosificación, sino afecto y soltura… El no miedo a lo que se desea hace que te vuelvas una planta que emana amor y una atracción indefinible. No hay límites. La insolencia esta en interpretar al sexo como abuso y aprovechamiento del otro. El coito es amor cuando amor y erotismo es lo mismo, cuando la posesión sin vergüenza genera una paz honda y pura… Sino todo se vuelve pornográfico y miedo a lo que ama. Ambos desean, y no hay enfermedad en admitirlo. Pensar lo que se ama es racializar la vida…. Si nos damos cuenta seducir no es algo visible es mera naturaleza de impulsos y emociones, es fuerza y juego, es volar al aire libre, y no saber lo que es el pudor….Lo interno debe morir.

Entendí esto con varias historias personales…. Hace años estaba en Ica… hacía un trabajito para una empresa y me hospedaba en un hotel de la ciudad. La insistencia de estar en ese hotel era que reconocí a la recepcionista… Se llamaba Ruth. Me había atendido antes en un restaurant de Nazca, y me gustaba su amiga Susana…. Le aborde en la recepción pues pensaba preguntar por su amiga de los licores traviesos… me contó a secas, con dureza que estaba casada y lejos de ahí. Baje la cabeza, y sentí su incomodidad. La saque, y me disculpe y enseguida capte esos ojos como dos lagunas turbias y dulces…. “Cuide esos manantiales, retornare…”…

Me hospede en la noche. Desayunaba en la mañana y al ingresar ella en su turno de las 9 am su geología de curvas y de melodías azabache me estremecieron… “tenia que ser mía…” Le insistí para salir, seguro y corto en mis expresiones…. Había como que vigilancia para esa belleza morocha… Le compraba alguna chuchería, preguntaba y jugaba con mis gestos… Era inaccesible, y no había que ser directo. Cuando alguna seña aparecía ingresaba un halago o comentario astuto, y le atrapaba en silencios llenos de miradas, y mi palma que acariciaba su cabello, para espantar algún mosquito vagabundo. “Perdone estoy orate y me han dicho que sus guiños curan el estrés, y que sus labios el cáncer, sálveme y nos casamos”…. Abrió sus ojos, y sonrió levemente, y para no cargosear me esfumaba…. Trabajaba todo el día y le mandaba misios poéticos y atrevidos…. Era terca…. Lo que me gano su voluntad fue la curiosidad de hacerme el mudo y hablarle con cartulinas, y caritas mal dibujadas. Una fotito de esas lagunas negras me alegraban el día….

Salimos para la vendimia… Era modelo de las uvas, tenia 18 años y era de Chincha… Le gustaba la salsa y leer novelas. Me cerciore que cuando hablaba en esa noche era una mujer a la que le restaba un gran camino por la vida. A pesar de sus arrebatos de juego y de bailes en medio de la calle, era una muchacha que tenía carácter, fuerza y de objetivos definidos… Andaba a medias, y sonreía lo justo, pero con personalidad y dulzura….Solo las impresiones degüellan a estas vacas sagradas y bellas, pensé…. Mientras la plaza se agolpaba de vinos y acholados, murmullos y sonidos inconciliables, aromas y petardeos…. La miraba y se ponía hermosa…. Me conecte con ella cuando el sopor del pisco, me dio el salvoconducto a su cabello y a sus resonancias internas… Su aroma era cafecito, sus ojos irradiaban los colores eternos del medio y su fuerza era análoga a lo que el licor me hacía decir… En cada verso yo moría en el sueño de matar al lenguaje, pero ella también se abandonaba a mis emboscadas de roces y palabras…. “¿sabes para que existe todo esto del mundo, de las ciudades, sus riquezas, edificios, ropas y funciones?” “No atrevido…”• – Para decir sin hablar cuanto las amamos y no las entendemos, que mayor estuche de joyas que conectarse con esta mano de almaceneros y esta manita de sopita seca, ve huele rico”…. “Loco, jajajajaja” se estremeció y oculto la mirada mientras nuestros aires se mezclaban… Un piquito osado siguió a una bachata del grupo “aventura” que me hizo sentir cada sinfonía brutal de su cuerpo…. En un momento en que le daba vueltas y “sácala a bailar y apriétala, hay apriétala…” le ordene tibiamente que me besara un dolorcito en un cuello… Su boca de ciruelas derritió la mía….

Estábamos ebrios… Hervía en quitarle la ropa y hacerla volar, pero tenía que tolerar esa falta de respeto… tenia que estar sobria, pensé…. La lleve en moto taxi hasta su casita, mientras ella se nutria de mis brazos y me besaba como a un peluche malcriado…. Retorne a mi hospedaje, como un guerrillero con el oasis aún no sitiado e invadido…. En la mañana le vi en recepción… Estaba esquiva y seria…. Se molestó ¿porque no le lleve al concierto o es que ya me mando a comprar pan? Me pregunte… no le cargosié. Se que era de carácter…. Me volví a mi cuarto a bañarme…. El chorro me empapaba cuando un sonido se escurrió en la estancia principal… Salí medio desnudo y estaba Ruth con una bandeja y mi desayuno…. “Sorry Joven, solo dejo esto y me voy” se sonrojo y su cabello perfumado me volvió creativo…. “No te preocupes Ruth, hay algo en el baño que deben componer, mira…” se fue a ver, y me eché en la cama me despoje de la toalla, y mi demonio sísmico cobró vida… Salió Ruth y se avergonzó al verme desnudo, y a la vez el deseo se apoderó de ella… “Cúrame estoy loco Ruth…”….- “Eres es un maldito no vales nada” cerró la puerta y se abalanzó sobre los caramelos… su cuerpo lleno de un sabor cada vez más penetrante y saladito, me aceleró la sangre….Sus dunas sagradas, y sus jardines secretos me corrompieron el alma… Mientras los sonidos y los idiomas remotos me quemaban confirmé que era una mujer a la que nunca olvidaría. Sudamos, y recorrí cada espacio de ese cuarto con sus flamas… Su mirada y sus labios entraban en mí, su cabello me volvía ciego… Esa energía que había percibido en su forma de ser, cobró un olor embrujado y denso al estar en ella…. En la oscuridad todos somos iguales… solo hay que ser niño y león ala vez….Recrear el mundo es aun acto de seducción completa… Estuve con ella cinco horas, ebrio, con vinos consumidos y las extremidades revueltas… “Esos montes de Diosa… Ruth…. Mi hada de las uvas”. Una mirada larga y sin lenguaje penetró en mi rostro… Tuve una duda… ¿Ella era el ingrediente secreto?… Nos bañamos desnudos, y gran rato nos contemplamos como cristales vivos… Ese diamante iqueño de 18 años me remecería el viento por varios meses.

Seguí trabajando por varios lugares. Regresaba a Ica cada vez que el tiempo lo requería…. Los encuentros eran fuego, y decantaban en exhibiciones de miradas y contemplaciones devotas. En su cuerpo cálido, y en esos ojos astutos me sentí envuelto en el origen… Ruth era esa mujer que te conmovía por la fuerza que expedían sus formas canelitas, por la droga meliflua que segregaba su piel en la oscuridad de habitaciones donde ruidos y competencias de alaridos, nos devolvían el derecho a ser animales ingenuos. Esas camas gritonas jamás las olvidaría…. El trabajo me alejó de ella, y eso no lo perdona nadie cuando hay que hacer el esfuerzo de estar juntos…. Regresé luego de varios meses en la jungla, y la note apartada de todo… Tenía ahora una pareja con la que convivía y que era dueño del Hotel… La entendí pero igual no respete. Ella se negó tajantemente. Ni preguntas ni respuestas, los celos se apoderaron de mi corazón. Igual me hospede en ese hotel y me sentaba cerca a la recepción para dinamitarla con mi hervor e indiferencia….

Ella era inexpugnable y dura… Sabía que algo nos unía, pero los antecedentes de la realidad también juegan en las decisiones. La bombardié con mensajes y conversaciones indirectas sólo para atraer su atención. Una mañana mientras parlaba como un loro babilónico, una pareja de gringos bajo de las habitaciones… Katherine me deslumbro, con esa melena de bucles dorados, y esa presencia de escaparate que atrapaba la estancia. No me miró, pues son como gente que no se altera, ni se inmuta. Indagaba en esa lengua mascada de inglés cómo llegar a la Huacachina… Me adelanté con gruñidos de datero y le oriente que la moto-taxi les cobraba 4 soles… “No le pague más dama…. Son abusivos, cóbrame como peruana dígale, diviértase” Una mirada con el iris encimando eso ojos celestes duro como 15 segundos, solo sonrío…. Su desgarbado gringo indiferente y Ruth la tetera ardiendo completaban el paisaje de insolencias… Me fui a chambear por el campo todo el día… Al regresar me tope con la gringa, rodeada de mochilas a punto de irse… Esos ojos de luciérnaga se condensaron en cordialidad instintiva por primera vez… No le volvería a ver, así que le desié suerte mientras le despedí con un beso interminable en el cachete muy cerca de su oído, “regrese cuando lo disponga, hay un turismo que no se puede fotografiar”
Eran como las seis de la tarde. A punto de anochecer hice mis reportes y estados de cuenta, y baje a comer alguito. Ruth me atendió risueña, pero distante… Su aroma me seguía atrayendo, pero la huella de la gringa me ventilaba un poco. Aburrido salí a jironear un rato, pensando en como limpiarme de este día de sobrevivencia y de tareas deshonrosas… La noche era fresca e iluminada. Las hormigas serias del día, eran ahora zancudos danzantes y ebrios de aventuras. Cuando ya el hastío me turbaba, y estaba decidiendo refrescarme un poco, la vi sentada en plena plaza de armas entretenida tomando fotos. No se percató de mi, y yo si…. Le salude con sorpresa y un rubor muy humano se dibujó en su sonrisa de halcón, mientras le mandaba un besote, un saludo nocturno… Me senté a su lado y conversamos de mil cosas exóticas y de lugares enigmáticos. Su interés era viajar y probar lo diferente, era algo hermética y entregada a su incisivo interés de visitar y de aprender de lo subdesarrollado. Un máximo respeto y gentileza emanaba de su interés por estar ahí… Sabía que si le proponía algo repentino pasaba algo. Pero yo quería conocerla y no ser solo una revista parlante, o un paisaje más que visitar… Su frialdad me hizo perder por un rato los ánimos de volverme un escritor audaz en esa piel blanquita, y brillante. De pronto nos cruzamos para caminar un rato y la piel de su brazo tembló cuando le roce de casualidad… Me cerciore que son ópticos, y que su fuerza es solo aparente, y exterior… El juego de lo que no se ve y de los humores la volvió un escualo de acuario. Sus bucles rubios, y esa piel de gansa empezaron a enrojecerse cuando apretaba el acelerador de excusas y juegos de muertito sólo para rozarla y tomarle fotos… Una energía muy perfumada y a la vez infantil me alborotaron las venas… Su belleza épica me acumuló las ganas de viajar un rato, de saborear la piel del país mas fuerte del planeta, y saber en que consiste su dominio…

Me engatuse con la obsesión, de secuestrarla en mis estancias nocturnas, y lo que era sólo tonalidades formales de TV, se tornó en sofismas, y juegos capciosos para derrumbar ese tempano que sonreía, y que curiosamente me quemaba hasta los huesos…. Mis sonidos declamaron el comentario de que la mano hay que leerla… sofismas y celadas que atrajeron una emoción de estímulos en su rostro, mientras tocaba sus deditos de bombones… “Pero la oreja y el cuello también se pueden leer, pero no con los ojos, sino con la boca, como una requisa para detectar agentes sospechosos…” “así Ron… como así…. No se” Le bese, por aquí y por allá, y a cada catadura de esa piel inventaba historias sobre el futuro, y psicologías inexistentes… “Eres un agente de la CIA… te tengo que hacer una inspección, esta detenida”…. Su embajada supervigilada por funciones se hizo mantequilla. En mis aposentos tercer mundistas la requisa y las torturas de hechicero en busca de algo sospechoso culminaron en caricias y en hurgamientos desembozados… Ella empezó a buscar, a los Incas y a la yacumama… Yo encontré a Hollywood en profundidades rosadas…

El fuego del exterior siguió siendo una refrigeradora: quería hacerlo todo como un libro y no sabía hacer nada…. El deseo era mutuo, pero era sin afecto solo turismo sexual carente de aromas y de sonidos anti-gravedad… Éramos cosas el uno para el otro….Su pasividad de pensar lo rico me sobresaltó y le di lo que buscaba sólo violencia cosificadora: sus sonidos y respiraciones agitadas eran dominio e insolencia… Su superioridad era inmadurez de los sentidos, vacuidad en lo intenso; le hice de todo y la llene de descargas y de sabores que no podía fotografiar… “Su raza no sabe hacer el amor, espero que no todos, pensó este simio…” No puedes pensar el coito, es un atentado a la creación… Esos gringos son sólo pantalla de TV, no saben usar sus lenguajes secretos… en esa habitación donde antes sentí varias veces el origen, esa gringa era sólo un trofeo de macho… De ellos nació esa torpe idea de que el cuerpo es un objeto de uso y de placer, nunca alcanzarán lo sagrado pues quieren verlo y fotografiarlo… El sabor es un acto de acabar con la palabra, movimiento y baile puro y atrevido…Su música acaba en la ciencia de reaprender hacerlo… Nunca más vi comedias románticas, sólo simulaciones de algo que no tienen…

Quise volver con Ruth. Ella sabía todo y sabe lo que vale… La gringa se fue a seguir de turista, buscan algo que necesitan urgentemente, pero que quieren comprar, como una estampita…En esos días entendí que debía seguir buscando el ingrediente secreto…. Y que la fuerza no reside en lo que tienes y adquieres sino en como cautivas y envuelves. Mi aire debía incrementarse, errante hasta que mi gitana renaciera… Cada tierra pare una diosa y cazadores… Los sentidos deben ampliarse ahí esta el remedio a la ignorancia de razonarlo todo. Sino amas hasta los huesos, siempre serás una cosa, algo que irrespetar, algo que se compara y queda hambriento… Cuando amas no hay ninguna razón, solo te atrapa una enjundia que no se puede nombrar…. En mis selvas el libertinaje como pureza, como afirmación del cuerpo es el camino al acrecentamiento del ser… El mundo de las ciudades esta parado de cabeza… El cine nos quita y nos banaliza lo esencial; nunca podrán filmar el espectro de lo mítico.

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Lo que se ama no se ve

by on Jun.22, 2014, under Sin categoría

Ronald Jesús Torres Bringas

No sabía andar sin linterna. Mientras me internaba en las matas y en los recovecos de la selva, para orinar o tener que jalar algún fruto o planta para tomar, me sobrecogía un miedo visceral. Veía, si es que esa es la palabra como las sombras y las figuras innombrables se escurrían en la oscuridad. En una tierra de Dioses y hombres conviviendo, mi cuerpo debilitado por la razón y la vergüenza de sobrevivir en las ciudades, sentía los sueños, y la realidad nebulezca, acorazada por miles de sensaciones y peligros que respiraban en mi nuca. Lo bello y lo extraño son lo mismo, cuando no se es más que un forastero enfermo de seguridad. En esas noches la contingencia de que la muerte llegara, así como la impresión de que naufragaba en un paraje de nuevas riquezas y dominios, me hicieron poco a poco, envolverme con la naturaleza, y conversar a gusto con ella. Lo que se piensa es temor, es algo chato, ahí cercado por miles de mosquitos, y el acoso de fieras y sombras empecé a escapar a mi indumentaria de higiene, y me deje llevar por el origen de lo que permanece y vuelve a nacer. El perfume de algo salvaje, de algo que se transmite como energías descomunales me reinventaron, me dan fuerza.

Lo espiritual y lo instintivo son lo mismo. Lo que es caliente no procede de la astucia sino del juego y del amor sincero. Lo que arde sólo es sinceridad y osadía inocente. Cuando algo te atrae, no hay cortejo ni formas, lo tomas y lo embrujas. En la selva, no hay leyes para lo distinto, uno se quema porque los cuerpos piensan y no se esconden. Lo que no tiene vergüenza posee salud, y fuerza para enloquecer. Solo hay que tener confianza para ser, lo demás aunque reticencias y simulaciones es un juego que va atrapando a la piel, y que culmina en los infiernos. Aquí en la selva entendí esta idea esquizoide, esta propiedad natural

Una noche me quede sin amigos en mi chozita. La familia que me acogió gentilmente en Yarinacocha tenía un cumpleaños en las cercanías del puerto de Pucallpa, y me habían dejado al cuidado del terruño. Solito con mi linterna, mi perro viejo Lucas, y los gatos endiablados que jugaban a mi alrededor, me fui quedando en penumbras. Las personas volvían de los ríos y de las chacras y se escabullían en la oscuridad entre los matorrales hablando ese dialecto juguetón y amable de los shipibos. A pesar que me había puesto repelente los zancudos y los mosquitos gigantes me tenían como menú preferido. Los sapos enormes paseaban, y entre los suburbios, se sentía algún gruñido o se deslizaba alguna estimada tarántula o serpiente.

Por mi seguridad me refugie en la chozita que no estaba mal equipada. Por esas cosas del destino esa noche agarró la TV, y me puse a ver Esto es guerra y luego ALFHS. Mientras me había bañado en las sombras y me fume un mapacho para las malas energías. Me senté en la estancia en las cercanías de mi mosquitero y me puse a ver algo de Lima TV. Al sentirse el sonido en la ventana de la chozita se presentaron dos sirenas: Helly y Shirley. Eran dos jóvenes traviesas que deambulaban todo el tiempo por el lugar, muy curiosas y con ganas de quitarse la ropa. Se treparon a la ventana, y me saludaron con timidez, soltaron su cabello y mi boca se abrió de improviso… les hablé con cierto respeto, y cada cierto tiempo, en los comerciales las empecé a conocer. Me atreví a saber de ellas les sonreí y les converse con cariño….

Eran hijas de un ex militar vecino, y que no estaban con marido y que les gustaba bailar y divertirse. Eran unas niñas, pero su aroma era misterioso y encantador. Aunque se que no comprendían mis palabras, pero si mis indicios corporales de locura, mis halagos de la selva me ganaron su sonrisa, y su lenguaje a susurros, y esos ojos primigenios me permitieron jugar con las fotos. Se que tenían vergüenza, pero su interés no reside en las palabras ni en lo que se ve. Sino en la atracción directa y en lo nuevo…. Les invite a pasar a la estancia para que vean mejor la Tv, además tenía meloooo, y ellas eran mis jaguares… Lo pensaron, si es que esa la expresión, insistí y se precipitaron a mi lado…. Un aire denso se apodero del lugar.

Mientras las olía, y me tropezaba para estar cerca de ellas, mis versos de curandero y mis arrebatos de colegial me permitieron bailar con ellas, y abrazarlas mientras afirmaba que todo lo que tocaba era de mentiras y que era muy sospechoso que fueran tan bellas. Requería más pruebas, mas evidencia, les reclamaba. Me dejaron tomar fotos mientras les besaba como prueba de científico, y lentamente los alientos se mezclaron y se aceleraron. La sugerencia de quedar en silencio y de que se fuera la luz eléctrica, de improviso, dotaron a mis investigaciones de más pruebas: “lo esencial es invisible a los ojos”. Tomamos unos siete sabores, y fumamos unos mapachos mientras las risas remotas se acallaban en búsquedas y allanamientos osados…. Su intuición infernal de saber de anatomía en la oscuridad, y ese riesgo de que lo intenso es eliminar lo seguro y todo orden consciente me permitieron sentir que lo más delicioso y a la vez inocente sólo reside en amar con todo lo que se lleva dentro… Su piel febril me comunico una gentil necesidad de hurgarlas y remecerlas, mientras sus sonidos y temblores de shipibas, y ese aroma raro pero deletéreo de sus cuerpos me secuestraba. Fue tan intenso y a la vez natural que pase bastante tiempo con ellas, mientras abrazados me quedé con un sopor inevitable. En sueños una luz dorada y un aire lejano se apartaron de mi ser. La oscuridad es una forma de vida. Sobrevivir es una linterna muy paupérrima…

Me desperté al otro día y no estaban. Me bañe, y me comí mi pescado y bellaco mañanero. Llegaron mis anfitriones.. y en secreto le narré lo acontecido a mi amigo D….. Y me dijo que no existían en la comunidad tales muchachas, tales vecinas…. Y de inmediato me preguntó si me había acercado a la quebrada y había visto algún bufeo. Recordé que unos dos días antes si había visto dos rosaditos, mientras chapoteaba en la orilla….. “te han venido a buscar las sirenas… Algo te han querido decir… que loco” dijo D… De inmediato me cercioré de que perdí el miedo….. Me habían enseñado a ver en la oscuridad,,,, solos somos plantas descarriadas, pensé…

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El sujeto y la máscara. Hipocresía y cultura en el mundo contemporáneo.

by on Jun.15, 2014, under Sin categoría

Ronald Jesús Torres Bringas.
ronsubalterno@gmail.com

Una perdida del origen.

Es irrelevante preguntarse sobre las consecuencias negativas de la mentira y el cinismo en el mundo actual. Lo valido es cerciorarse como se originó esta manía espiritual en el mundo moderno, y como de cierto modo imperceptible los grandes sistemas de conocimiento, y sus aplicaciones prácticas en la realidad social y material, no son formas categoriales y juiciosas de acercarse a los subsuelos de la verdad. La premisa de la que se parte es que no hay nada que subyazca en realidad a las grandes ilusiones, sino que el sentido del que parte la acción social, es ya por si misma una lectura aproximada, una interpretación sesgada del movimiento objetivo de la realidad inmediata. Cuando se nombra objetividad se quiere mencionar algo probado, y que resulta existente para los ojos. La razón en ese sentido, es un arma para brindarles seguridad a las personas, un gobierno de control y de orientación, que persigue estructuras más o menos regulares en el mundo para cobijar la reproducción de la vida social, y permitir la supervivencia de una civilización signada por el miedo, y las ansías de poder.

La búsqueda de la verdad ha descansado en el interés perpetuo de vencer el miedo a lo incomprensible, a aquello que se teme pero se siente atraído. Cuando un mundo sagrado se hace trizas, o se percibe que en él las orientaciones rituales naturales se deshacen, la inteligencia sacerdotal busca nuevos fundamentos y crea la ilusión de que el caos de impresiones y discursos es perverso y muy peligroso para la conservación de la especie. Hablar de verdad es ya por sí mismo el interés de dominar y modificar la realidad en base a ciertos presupuestos, es un modo de negar la transparencia de los sentidos y de los desnudamientos cuando estos son señalados con envidia. Conocer ha sido un atentado en contra del espíritu, cuando las reglas de la indagación tuvieron que hacer de lo cercano y lejano cosas inanimadas sometidas a la auscultación, mutilación y alteraciones irracionales. El lenguaje, y las formas más sofisticadas de teorización son preocupaciones obsesivas por someter la plasticidad de las cosas vivientes, perdiéndose el acceso claro a su naturaleza. Hablar de verdad, y de conocimiento es ya un acto de sometimiento a lo distinto, a lo que no se entiende, más que una iluminación a las regularidades que el mundo expresa, pero que ha profundidades de mayor complejidad no existen. En ese sentido nombrar por semejanza es un acto de seguridad frente a lo que resulta misterioso, y la vez una forma de imposición homogénea que empobrece y que define un mundo que cambia, y que no se percibe como tal.

De ahí que la develación de lo oculto, de lo que no se constata este obstruida por un lenguaje inapropiado y que se comporta como mecanismo cultural de dominación. Las ilusiones y las mentiras de las que parte la certidumbre de lo real, no son sólo como piensan los maestros de la ideología artefactos que esconden la dominación de clase. Son estados de ánimos reactivos, falta de honestidad por aquello que no se entiende, se aborrece y se desea. Ocultar una gran verdad parte del sentimiento de no soportar la responsabilidad de querer mejorar. Donde pesa la obligación de expresarse con vigor y desenfreno, se provoca una fuerza negativa que hace del orden social, y las relaciones artificiales de poder formas convencionales de esconder la negativa a vivir, y el miedo horrendo a que otros lo hagan. Justificar la pobreza de la vivencia se representa con la moralidad de denunciar lo distinto y de lo que se atreve a la creación.
Pensar es entonces un acto arbitrario de identificar las cosas que nos rodean con un proyecto hegemónico de poder, con una conciencia y un estado de ánimo aterrorizado. Pensar es un poder de conocer que somete la pluralidad de lo real de modo superficial y heterónomo, y que no le importa respetar las emociones que emana de aquello a lo que no se escucha, y no se entiende. Ahí donde hay más poder de modelación sobre la realidad, hay mayor impotencia y anarquía. Conocer y guiarse con ese conocimiento es un acto de ceguera, una desviación y alejamiento del corazón de las cosas vivientes a las que no se escucha sus gritos de desesperación. Cuanto más se conoce más se prevalece pero menos se ama lo que se rodea. La razón sostenida sobre evidencias que se repiten y que evaden el desgobierno, es como una linterna queriendo alumbrar el cielo de la noche negra, y persistir con obstinación en esa miseria. Desde que se abandonó erróneamente lo sagrado, el poder del saber conceptual ha descansado sobre el reordenamiento neurótico de una realidad que no posee ninguna lógica, y de la cual no se deriva ninguna regulación técnica, sólo dominio y mayor anarquía y enfermedad.

La oralidad y los conceptos.

Pensar y actuar sobre la realidad eran parte de una misma sensación, y actividad sobre el medio circundante. No había ese principio determinante de causalidad en el examen de las cosas vivientes que rodeaban el mundo del hombre. Antes que buscar regularidades provenientes de un pensamiento identificante, se actuaba por corazonadas, por vinculación instintiva con el medio, y la tierra a la que se pedía consejo. Las culturas y pueblos accedían al saber por medio de las recreación permanente y religiosa de sus mitos originarios y de consagración afectiva sobre la naturaleza y sus misterios amigables. No pensaban lo que hacían, sino que cada acción práctica era una contingencia creativa integrada al paso cíclico y eterno de las cosas. Y la resolución de un problema o la acción ejercida sobre el medio era una extensión intuitiva de los flujos y energías que el cuerpo concebía en relación a la naturaleza. Antes que explicar se ejercía una especie de intuición musical de las cosas vivientes que rodeaban a las poblaciones, y toda la supervivencia de las culturas dependía de que tanto escucharan y se conectaban emocionalmente con el medio al que no se entendía en términos de espacio y tiempo.
Ahí donde hay afirmación de la vida, donde hay contacto emocional y festivo con la tierra el pensamiento que actúa sobre la realidad es un campo de redes interminables y sensoriales de información inconsciente, donde el sujeto se sumerge, y en su defecto hace de los grandes peligros de la vida un tema susceptible de contingencia a la que se resta importancia. Cantarle a las cosas y desarrollar por acumulación de conexiones vitales una memoria interminable de los orígenes sagrados y de los saberes ancestrales de los pueblos, conduce a un saber que se comporta como música, y es más que sensaciones empíricas, sino un holismo de imágenes infinitas que se transmite de modo oral. Ahí donde no hay nada que subyazca, no hay necesidad de no actuar con sinceridad y alegría. Un estado de ánimo en el que se ve el espíritu en la piel y en el rostro sólo puede producir un saber como acto de recreación orgánica, como un registro inconsciente de felicidad y de que las personas son genuinas y ven con todos los sentidos de modo integral.

La descomposición de estas sensibilidades religiosas fue interpretada como un acto de confusión cósmica, como un derrumbe peligroso de las redes emocionales y los universos afectivos que las culturas habían construido. El colapso de este espíritu terreno al que se llamo mana, y en el que las impresiones fácticas de la realidad posterior como espacio, y tiempo no caben, no fue precisamente un colapso. Sentimientos inferiores que habían quedado rezagados en estas emanaciones exteriores de energía percibieron que el caos abrumador que se intensificaba no era armónico, sino una amenaza para la supervivencia de lo sagrado. Ahí donde la mutación del mana se volvía poder creativo, la repetición de la memoria oral se interrumpe, y se cae en la necesidad de corregir a la sagrada tradición del origen. Esa interferencia se ejecutó como un reordenamiento político del espíritu. Lo estético como experiencia divina se sintió como inicio de la muerte, para los inhibidos, para los débiles.

Ahí donde había necesidad de poseer y sentir amor, los que sintieron la finitud del alma, abandonaron el saber de los sentidos, y abrazaron torpemente la seguridad de los conceptos, y del poder del verbo. El poder de la verdad, y su forma fáctica de conjurar aquello que no se poseía y se deseaba, a lo que se temía y a lo que se aborrecía, fue llamado filosofía, ciencia, política, la ciencia de los que interpretaron la lucha festiva y ritual de los cuerpos como un acto de injusticia y de violencia pura. La búsqueda y administración del amor hacía las cosas se convirtió en negocio de especialistas y magistrados. Amor fue identificado con mesura y equilibrio. El poder es un acto de impotencia inmanente que nos alejó de lo sagrado. La envidia hacia la vida que no se tiene, se convirtió en contrato, y en normas comunes. Ahí solo podía residir la decadencia del todo, y la muerte de la trascendencia a través de la piel que se atrevía a todo.
La gripe del cuerpo natural se convirtió en un acto de desarraigo colectivo, un cáncer interminable. La salida accidentada de los sentidos, de la inocencia inmortal depositó la seguridad de la vida en el conjuramento represivo del lenguaje. Las imágenes que se presentaban como dimensiones envolventes de una piel que recibía sin detenerse las impresiones amigables de las cosas vivientes a su alrededor se trocaron por un acto de control obsesivo en metódica, disciplina y registro organizado de datos de la realidad. El concepto hizo de las imágenes, destellos visibles probados y lógicos de una existencia que pensaba su exterior. Eso incremento el control e influencia sobre los cuerpos, pero detuvo el diálogo con dimensiones plurales y sagradas de la vida en las que el hombre es una especie de unificador natural. El poder no es un acto de seducción, sino coacción por intermedio del dinero, el terror, y la adicción. Nombrar se volvió un acto violento de usurpación y de asemejamiento político de los seres vivientes a su nueva clasificación funcional de cosas e insumos materiales. Conocer y hablar se volvió una disciplina de irrespetuosidad ante los seres vivientes, vistos como materia y recursos para una humanidad que se restregó en su poder, como su impotencia ante la falta de sentimientos. Representar lo que se sentía en medio de palabras fue una primera forma de negarse a si mismo, y volverse ciego en la objetividad ante las dimensiones y planos de conciencia múltiples que se desvanecieron por puro orgullo, como por puro miedo y terror a la vida intensa.

Pero el lenguaje fue una manera de conjurar la realidad, de brindarse seguridad ante una atmósfera desolada y amenazante. Pero a la vez los sonidos fueron formas aún plásticas y creativas de jugar con una naturaleza aún rebelde y jugosa. En la medida que las culturas eran redes de energía envolventes y locuaces, cada representación de la realidad, que se dividía y empezaba a verse como espacio de relaciones infinitas eran ya entidades vivientes que morirían en los escritos y registros de cronistas, pero aún eran símbolos vivientes que transmitían alientos y sabiduría. Hablar era un acto de juego, de carga emocional, y de unificación de criterios que aún expresaba un mundo festivo, y a la vez que entraba paulatinamente en el ruido, y en el silencio espantoso de la soberbia estatal.

El campo de relaciones en que se integraba la vida, se fue dispersando. No sólo la ceguera ante lo que se aniquilaba como innecesario para regular el caos escondió aspectos fundamentales de la vida ritual, sino que la emergencia compulsiva de formas de nombrar las cosas por miedo a perderlas hizo que la realidad se partiera en sistemas, sectores, y partes. Ante la mejor forma de organizar las cosas vivientes que se evadían del poder, la memoria musical en que recaían las formas infinitas de sentir y de ver la realidad se agotó en el olvido de lo sólo instrumental para la supervivencia. El poder de gobernar el mundo basto, lo convirtió en ámbito enfermizo de dominio y de saqueo, ante el terror de que la naturaleza desalojada regresará a recobrar su posesión estética sobre las cosas vejadas. Arruinar la vida fue una manera de sojuzgarla y de construir un nuevo espacio de protección donde guarecer la identidad ante la enfermedad que se volvió absurdamente en moral y orden político. Cada nuevo surgimiento de plasticidad creativa, de emoción excepcional ha sido sitiado como insumo para la producción, para la arquitectura de una sociedad artificial donde la muerte de la vida es ladrillos para inmunizar a los arrogantes y temerosos de su esquizofrenia ante el mundo del que fueron expulsados.

El lenguaje fue un modo de apoderarse del mundo vital al que no se conocía, sino al que se obligaba a modelarse sin escuchar su riqueza. Hablar conecta, pero también separa, almacena el talento y las creaciones que se pierden. Si hay miedo, desconfianza, y urgencia por prevalecer en una realidad que se violenta, la memoria se interioriza, y es requerible inmortalizar el saber de los pueblos y sus secretos vitales. Ya no se habla a secas, o se confía en la oralidad que se distorsiona en las personas por tener que defenderse de un espacio normado y repleto de guerra. Ante las mentiras que se vuelven dominio, acontece la necesidad de gestionar la sociedad con los secretos de la antigüedad que se olvidan. Escribir acerca de ese mundo perdido, hace del libro una fuente de inmortalidad, de búsqueda de permanencia ante el miedo a morir, y ante la inminencia del accidente inesperado del que se huye. Escribir es un acto de rebeldía, de iluminación en las malezas de los susurros y de las alteraciones de los hechos. Cuando la vida pierde su memoria, los pensadores reclaman la representación lingüística del centro extraviado como un modo de recrearlo y volver a la armonía cultural anterior en tiempos de los Estados tiranos.

El libro es una carta que conserva la fuerza de una vida legendaria, y a la vez las historias de emociones que nadie se atreve a vivir. Guiarse con el libro es un acto de educación formal, de escapar con grandeza de un mundo infestado de patrañas y tragedia. Pero a la vez es un rincón para el miedo, para el elitismo de los héroes rendidos. Soñar que lo escrito volverá vivir, o que se contribuye al crecimiento de la inteligencia con lo escrito es ya un comentario excesivo. Nadie es peligroso con leer o escribir, pues lo que se inmortaliza es ya un medio de rechazo a si mismo, de envidia de lo que si vive. Eternizar lo vivido es un modo de acabar con el, una tecnología de recursos para modificar lo que se resiste al terror. Todo lo que conocemos como técnica y disciplina de civilidad y de domesticación de lo irracional es una institucionalidad para hacer de las letras un negocio que engaña y detiene a los que se atreverían a pensar y vociferar. Ante las urgencias de las multitudes y las divisiones en las que cae la economía de sobrevivir, hallar una verdad traslúcida es un momento extraño de soledad y de grandeza. Lo que se descubre es un sistema de ideas que permite la reproducción del poder, y también su culminación, pero difícilmente la vuelta al mito. Lo escrito es creer que se ve lo que no se puede ver, un acto de secularidad y de miseria científica ante el poder de crear que se vuelve literatura o poesía de jovenzuelos atemorizados. Si la pluma no invita a la palabra que se vuelva piel, lenguaje corporal, entonces el libro es sólo ficción y arte de dominio y de ruina.

Por ello la academia es un medio de consejeros y visires que no han viajado ni vivido más allá del turismo de los libros. Su lenguaje es el sentido de corazonadas infantiles, de conceptos muy superficiales. Registrar lo nuevo con los ojos de la objetividad es hallar lo que se necesita para la producción. Datos acumulados a través del tiempo son formas hidalgas de conservar lo excepcional, pero a la vez advertencias ocultas para que nadie se atreva a volver unir a las personas. Los consensos frente a los que los investigadores rinden sus descubrimientos, son formas de contener el nacimiento de nuevas sensibilidades hechas ideología, y a la vez espacios para vigilar lo nuevo. Cuando alguien piensa el mundo que rodea con la materia escrita de lo actual, sin sentir eso que esta afuera, entonces cae en repetir lo dicho, de nombrar lo nuevo con las categorías de lo viejo, de simular lo que no se intuye. Cuando se requiere que la vida reflorezca la idea de los especialistas puede ser una forma de estigmatizarla para que no alcance la forma de organización o de proclama. Hoy dolientemente eso que es el magma de lo nuevo, no tiene forma escrita de cambio de realización social, sólo es celebrada como ornamentos para repintar la hipocresía del poder. Pero lo escrito no trasciende hoy, su verdad aún contiene la amenaza de que los dioses retornen, por eso el habla sincera y feraz es devorada por la imagen, la publicidad y la selva de la electrónica. El ojo hoy esta esclavizado, y sólo se enfoca en flash electrizantes, no tiene tiempo para escapar a su soberbia miseria, pues aligera el dolor con la desinformación, y la ingesta de banalidades.

Ciencia y cultura.

La verdad sagrada no reporta seguridad. Lo escrito que sugería bienestar y seguridad para los gobernados no acapara un mundo, que se hace por el contrario, complejo, oculto, y que se desorganiza hacia la natural anarquía. Ahí donde los sistemas de protección social, los usos y costumbres de la vida social se deshacen, la sociedad se reordena en sectores sociales, con influencias y roles específico. El poder atraviesa a la sociedad, y es el laboratorio y mercado para el uso experimental de lo que la inteligencia hace con el saber heredado de la antigüedad. Ahí donde se pierde toda habilidad para entender la magia, y las transferencias de energía, se hace necesario analizar y desmontar los secretos de la naturaleza para extraer los recursos para la manutención de la sociedad y así poder conservarla del accidente. Cuanto menos se entiende lo que pasa con la vida y lo que se deja atrás tanto más se define a la vida, y a la materia viviente como meros fenómenos de investigación y de análisis. La lógica del dividir permite separar los elementos del medio ambiente, y mezclar sus propiedades de acuerdo a ciertas necesidades y criterios hegemónicos de poder. Pero es esta tarea no compatible con el regreso a la viviente olvidado hace que las miradas, y las acumulaciones de invenciones e intervenciones sobre esta realidad la desmiembren aún más. El método observa lo exterior, e ingresa al ente, no como ser, sino como entramado al que desconstruir sin saber ensamblarlo. Toda apertura es una perdida de lo mágico y energético que lo uno y lo hace vivo.

La ciencia queda impregnada por el hecho de que los saberes deben obedecer a un fin instrumental y de reproducción del poder. Cuando el interés es sólo funcional, lo que se dice, y como se interviene en la realidad impone una lectura superficial del fenómeno viviente al que se accede, y porque no una estrategia de sólo sobrepujamiento de la realidad. Actuar sobre el cascarón de los objetos, es verlos como muertos y simples, es decir se descarta capturar las realidad más compleja de la vida porque no es relevante. El pensar profundo sobre las cosas, y sus relaciones se deposita en la causalidad de lo inmediato, y se confía en que lo útil para proteger los sistemas sociales es hallar regularidades confiables. Todo lo que no se ajusta a la lógica del método, es superstición debe ser desechado. La sociedad y sus certidumbres se levantan sobre las ruinas de un mundo al que se ignora, pero que es fuerte. El conocimiento basado en el poder ofende a ese mundo natural al que no se escucha, y construye ciudades y culturas masivas sobre el acallamiento de sensibilidades a las que saquea y devora como fuente inagotable de recursos. La comodidad y la huida del dolor del trabajo se alcanza sobre modelar la naturaleza, desorganizarla, y volverla mero medio de seguridad para el hombre atemorizado.

Ese alejamiento del ser de la conciencia natural, hace que descanse su seguridad en una ceguera, en una falta de identidad originaria que crece como una locura mítica. Busca la integración de la sociedad, pero vive de desintegrarla, de desordenar todo lo que toca. La pertenencia a un medio expropiado y cercado ante el temor del horror vacui, acaba en destruir todo lazo con la tierra, en la mecanización exterior de la vida urbana, y curiosamente en la metástasis de la cultura, de la que la gente se siente avergonzado. El sentido común se levanta sobre la negación del origen, de nuestros sentidos atrofiados. El instinto de sobrevivir en un medio arrancado a lo sagrado, hace que la experiencia viva en el engaño de ocultar su desastre interno. La violencia es desalojada de un mundo policiaco, pero las inconformidades y las discordias se alojan en la idea de una psicología interior de la que la mayoría se siente orgulloso, como desperdiciado. La herencia genética de los saberes sociales, son sólo convenciones generales que permiten la convivencia, pasan como verdades a las siguientes generaciones. Una sociedad que dice cada vez menos y no vive lo que crece en la piel, extravía la riqueza social para los siguientes períodos, y se apoya con soberbia en películas muy tenues. El poder reprime para unir y mantener articulado, pero la vivencia se hace menos real, más solitaria, más miserable, pero a la vez más egocéntrica. La complejidad de lo que no se manifiesta y tiende al olvido hace que la ciencia se escape al control social, y se particularice peligrosamente, en la búsqueda de los secretos no nombrados. Investigar se vuelve una receta para recopilar y armar, sin sentir esas cosas con las que se topa la inteligencia. Se mezcla y se separa con arbitrariedad, generando más desorden e incapacidad del método para contrarrestar a la naturaleza que se vuelve viral y rebelde.

El modo como se ha buscado la salud del hombre cartesiano ha quebrado toda armonía de lo que nos rodea. La simplicidad de la sociedad ha vivido de descubrir leyes simples, que permitían un cierto orden. A medida que el medio es alterado por la ambición de la industria, y por el crecimiento de las ciudades toda se vuelve desierto, pero a la vez se pierde toda conciencia de lo que puede pasar. Cada solución a un sismo, o una epidemia causa mayor daño del que se quiere resolver. Las limitaciones de la técnica hallan su triunfo en esconder en las grandes metrópolis mecanizadas por el poder de la ciencia, la atribulada identidad de un espíritu que se vuelca en la violencia y en el desarraigo adictivo. El cinismo y la cobardía de no responsabilizarse por la enfermedad de la cultura, hace que se pierda todo control sobre la ciencia, la que es empresa de un poder arrinconado por el terror de que lo genial acontezca. La técnica y la producción viven de erosionar la sociedad a toda costa para volver las enfermedades y compulsiones en sistema de consumo. La degradación es un negocio y a la vez un medio de evitar que la naturaleza sacerdotal retorne. Todo talento es encapsulado y previo aviso incorporado. De esta forma vive de la pobreza de los ojos, y hace de su ignominia un estatus profesional. Cada vez es más cierto que los problemas de degeneración celular que ha ocasionado el tiempo de los débiles, sólo se resuelven escondiendo el veneno y enamorando con una técnica que hace del desarraigo y el sedentarismo un máximo placer de felicidad engañosa.

El olvido de sí mismo, o su remembranza en pequeños espacios privados donde se administra con desconfianza el afecto hace que la fuerza vital de una época se pierda en la privacidad de desahogos efímeros. Amar se ha vuelto una técnica, una capacidad de gobernar y de capturar, y con ello los lazos vitales dependen de lo que es el cálculo y la responsabilidad de la mesura. Lo que se ama no se controla se pierde. Lo que insiste en volver al amor, y a la pasión ámbito de dominio basa su captura en el dinero, en la coacción y en el terror. Los cuerpos son objetos deseados, pero no comprendidos. Se los ama como productos de supermercado, pero no se echa raíces, pues el miedo a descubrirse como mediocre y vació de poesía hace que el deseo descanse sobre el odio, y la violencia de un instante. Al esfumarse el amor, o no pregonarse, las personas se separan en el orgullo. Su erotismo actual, y las adicciones en que cae el ser humano para olvidar su falta de completamiento cósmico son formas menos gratificantes de amarse sin límites más allá del alardeo de un mundo frívolo.

El debilitamiento de los cuerpos ante la falta de afecto, y de una intensidad sexual natural, hace que el placer no institucionalizado, en estables relaciones sociales de afectividad y de nuevas familias, se transmita a la violencia y al control oscuro de los cuerpos, que empiezan a hallar en el maltrato una forma de existir. Lo que no se comprende, y se desea termina en fuente de manipulación. Ahí donde las personas han maduramente entendido que las personas no aman para siempre, sino en base a criterios racionales de confianza y de seguridad, el afecto se entrega cada vez menos. Se evacua por una vida descontrolada y adicta a lo nuevo, como forma de olvidar de que se quiere ser genuino. Ver a los cuerpos como objetos de placer, hace que no se entienda que somos, y que son los hombres y las mujeres. Se dice lo que se quiere escuchar, como un hechizo, pero no importa lo que se conquista. Cuando las personas han interiorizado que lo más melifluo e irónico depende de mentir, sin tener intención de quedarse, las personas ponen muchas exigencias, y los sexos se separan, entran en guerra. Hoy el medio técnico de consumo y la ciencia de la psiquiatría viven de esta separación que se ha dicho evolutiva. La promesa es juntarse, luego de inmunizarse frente a un medio despersonalizado, confiando en que el prestigio y el poder de la educación resuelvan por uno los mejores partidos.

El amor es un producto que se entrega a los que se esfuerzan, pero no sus corazones intactos. La atracción no se basa en la educación, ni en la sabiduría, es algo que debe estar libre de todo juicio. Lo estable no puede controlar y enseñar a seducir y ser seducido, es un arte que depende de que la piel cobre autonomía. Lo salvaje, y como se presenta en comportamientos es lo más estético. La pureza reclama la sordidez y que todo sea subvertido, devorado. Lo que menos es domesticado atrae la locura, pues concentra una brutalidad natural que cautiva. El orden de los roles de género sueña, con el caos originario. Educarse ha sido una forma de echar prejuicios y miedos sobre nuestros cuerpos. La seducción no posee formas ni lenguajes en su esencia real, es sólo magia del que se atreve, del alquimista que halla los ingredientes secretos. El destino es no pensar lo que se ama, sino fusionarse. Esto no se puede tecnificar, pero resulta un arte, que es la proyección de un cuerpo que piensa más que con los ojos. El poder más noble y más peligroso es saber amar en todas las regiones. Amor y erotismo no deben estar separados, ello comunica miedo, y hace pensar que las personas se aprovechan de que las amemos. Amor es poseer, sólo así se puede llagar al siguiente nivel que es contagiar la pasión social, y romper con lo privado. Lo que se posee con ferocidad no se violenta se invita a la perdición consentida, solo así el cuerpo comunica su liberación hacia el querer. El cuerpo es cuerpo sólo cuando retoza, ahí es sagrado, y se vive con todas las dimensiones de la vida. Quien se avergüenza de su cuerpo, recurre a la calumnia, y al poder, a la moral hipócrita, y por tanto no es escucha la magia de los mitos. La mayor espiritualidad del que se busca con autenticidad, del que no vive en le cálculo y en la máscara de lo social alcanza un deseo ingobernable. Lo más deseable es aquello que emana amor, no lo que sugiere astucia, eso es miseria.

La ciencia con su técnica de dominio ha arrancado a los hombres del gobierno sagrado del mundo. Por ello inconscientemente se hurgan como esclavos que no se comprenden pero se desean. Eso sólo puede hablar de un placer despotenciado en que las formas extrovertidas de darse, son formas de venganza ante el amor que no llega. Las nuevas formas de identidad sexual que proliferan viven de negar que exista el amor, y toda su confianza reside en la anarquía empobrecida de la industria del sexo. Programados en su ausencia de cariño y de afecto, el poder puede hacer de la técnica de dominio un oficio liberado de toda rendición de cuentas. Degradado en la perdida de sentido y equilibrio social, puede asegurarse que de la división violenta de la humanidad aflore un laboratorio gratuito sobre la naturaleza reproductiva del hombre y de la mujer. El ingrediente secreto que permite un control mágico de lo existente reposa en que lo excepcional sea descubierto, ante tanta banalidad orgullosa. Lo que imprime aire a lo reensamblado puede garantizar la evolución de los poderosos, a un siguiente plano de conciencia creativa. De la genialidad de los que se sienten inconformes nace toda sofisticación de la técnica de dominio, y nuevas vetas de investigación real. La ciencia quiere intuir, y pensar más que con conceptos, quiere hacer del saber pleno técnica mejorada y productiva. Pero lo distinto no obedece a procesos y métodos de control, sólo quiere incrementarse, y anegarse. Lo que es libre debe ser estigmatizado, persuadido de su locura, pero lo que concentra lo vivo se las arregla para hacerse voz, o piel. El mayo riesgo para un mundo sitiado es que lo libre haga de la seducción salvaje e espiritual una forma de remoción de las emociones bloqueadas.

Lo genial busca conectar las almas, impregnarlas de un aire, y fragancias que rompan las jerarquías, y los feudos aristocráticos. La verdadera meta de la ciencia debe ser unirnos, así como proclama indirectamente el arte sedimentado en galerías y bienales. Lo que podría redefinir nuestra actitud hacia las cosas vivientes y las personas se mantiene encerrado, o administrado como arte o ciencia de poder. Pensar científicamente es preocuparse de la reproducción de una sociedad que se ha distanciado de su reinserción en el cosmos. Los caminos de nuestra ciencia es apoderarse de las formas de racionalidad mítica que no importaban; de ese modo neutralizan su probable sublevación, y de ese modo nutren a sus desiertos industriales de nueva savia para la producción inclemente.

La ciencia no investiga lo nuevo, lo que conduce al progreso, sino que mantiene lejos del bienestar social los secretos a lo que ha accedido en los últimos tiempos. El estancamiento que vive el mundo de hoy, hace de la falta de comunicación y de cercanía, terreno para las tecnologías que nos desvían de hallarnos en el cosmos. Lo virtual es ser tragado por el olvido del cuerpo. Con esta programación la ciencia, y el sujeto moderno se aseguran de desnaturalizar lo que nos rodea, y sostener al capital que en esencia vive hoy del saqueo, y del filisteísmo financiero. La matematización de la ciencia, y el financiamiento interesado de investigaciones, campos del saber y sistemas educativos precisos, por empresas multinacionales, son expresiones de que se busca el origen de las cosas para volverlo fuente de energía. No escuchar nuevamente a la naturaleza sería no poder evadir el nihilismo en que ha ingresado, y reforzar el extrañamiento en que se vive actualmente. Un método único, y por lo tanto un sistema de gobierno único que es la democracia, acaban en el colonialismo científico y tecnológico, y no en la reapropiación de lo llegado. La vida que se rebele no sólo es una explosión cultural que inunda la realidad, debe osificarse en técnica y orden social. Pero estas no serían las palabras, pues las nuevas emociones liberadas cambiarían lo nombrado. La ciencia ya no busca la observación desinteresada, o el determinismo, ahora comprende y trata de saber que es lo que permanece vivo y nos une. Pero aún le falta la sazón, y eso sólo es algo entre la tierra, y los seres que nacen en sus fronteras. Lo nuevo no puede ser fabricado, sólo puede ser reprimido, y luego copiado.

La ciencia y el poder que la financia, han desviado la inteligencia y el amor por los secretos del universo de las grandes intenciones. No sólo se han levantado sistemas ortodoxos, y medios académicos para contener en cada tiempo colapsado el germen de lo nuevo, sino que el control de estas ideas mediocres y ruines han permitido el desperdicio de grandes amores y romances de la juventud con la tierra y todas sus riquezas. El amor por la vida, ha hecho que la injusticia haya sido desafiada con recetas y pathos ideológicos que han destruido toda sustancia de lo vital, y la promesa de cada generación, arrinconándola en el odio, y en los sentimientos de desobediencia y anarquía. La fuerza de la vida ante la ceguera del poder al que rebaten, ha caído presa de una gran decepción, desidia y de interpretaciones sesgadas del mundo que a lo único a lo que han conducido es a más represión y delincuencia. Las formas necesarias de las que parte todo sistemas de degradación y de consumo humano, han requerido la rebeldía no pensante y no sintiente para generar ofertas y consuelos adictivos. La fuerza de la domesticación sobre la libertad humana ha partido no del control conspirativo del poder, sino sobre todo de los fantasmas deshonestos e irresponsables en que se solaza el rebelde para negar el sistema. La falta de honradez para hacerse una vida de modo autentico ha generado el resentimiento como teoría del cambio social, cuando no se sabe en que usar la fuerza que nos secuestra como singularidad. El no abrirse hacia más cosas que pensar, ha hecho que el conformismo, se vuelque en retórica bohemia, y con ello en un negocio de mata-talentos. Las disciplinas y los campos académicos de los que parten estas utopías de falso progreso han sido y son formas de encubrir la real naturaleza del poder sobre las relaciones humanas, y porque no sistemas de envidia y de ira para que lo nuevo no nazca y el rostro mítico de lo genial no acontezca. Lo peligroso no puede provenir de estas interpretaciones y medios académicos, eso es absurdo. Confundir información con genio es tanto como hablar maravillas del mundo observando una postal o leer una revista de consultorio. Lo alternativo proviene de lo excepcional, y de como este sale de las sombras y del hedor más inconcebible. La liberación provendrá del exterior.

El despegue de la ciencia hacia los límites ignorados del poder, ha generado en las disciplinas asociadas a ese propósito campos del saber del desperdicio, y sistemas de productividad inservibles que permiten el desfogue de las expectativas de progreso social. Estos sistemas de conocimiento, y la información que usan han reportado el principio de realidad actual basado en la economía de servicios y en el trabajo desregulado. Su objetivo es la creación de vidas desperdiciadas, y el ocultamiento de una lógica secreta de poder y ciencia de alta tecnología que se ha liberado de todo control de la sociedad. Su espacio impensado de exploración y de experimentación son las áreas de menos regulación de la vida social, que han escapado a los rigores de la programación política, y que son los rincones de recreación que la vida haya para prevalecer en medio de la guerra objetiva. Esos campos ya no se detienen en el examen de la vida inorgánica, sino que son temas de investigación que corresponden a las preocupaciones de la física cuántica, las energías biológicas y las plasticidades esotéricas de la psicología humana. SE busca controlar lo que se resiste a la vigilancia, y volcarlo de modo bélico para conservar lo heterónomo que nos rodea. La programación de la vida ya no descansa en la coacción, sino en la manipulación indirecta y ruinosa de la vida social en la que se basa la emergencia de sentidos y nuevas energías creativas originarias de lo que escapa del dolor social. Los descubrimientos y aplicaciones de estos campos de la nueva ciencia garantizan un control más sutil de la vida que sucede con libertad, alterando los fundamentos del medio ambiente, a un nivel tan superlativo e imperceptible que las desestabilizaciones que se provocan son el riesgo latente del que parte la locura de alta tecnología escondida de los poderes actuales. La descomposición esquizoide de la realidad abre paso a nuevas dimensiones olvidadas por la razón política. Es un acordarse de la magia y de lo viviente para contagiarlo de la espuria técnica y volverlo negocio para desarraigados vitales, y a la vez aprovechar la insurgencia de que lo nuevo no se vaya por otra alternativa. El poder productivo parte del desequilibrio que incide para retornar a un nuevo equilibrio.

La máscara y la cultura.

La gran decadencia en la que ha sido devorada la vida ha buscado volcar todo lo interno que se ha escondido y olvidado en osificaciones productivas para aparentar por fuera una seguridad y una sofisticación que no se posee. El olvido del ser, del que habla Heidegger, en pos de hacer de la savia de la vida una concretización tecnocrática de certidumbre y protección ante lo misterioso que sigue vivo ha hecho del milagro de la creación el combustible de un sistema de relaciones artificiales que no cesa en su hambre de expropiar y aglotonarse. El terror ante la sensación de que el accidente y el acoso de las enfermedades se escabullan favorece la multiplicación de los sistemas de control, así como la reacción natural de que la actividad vital de las personas se inhiba de expresarse y expandirse. El miedo que es la base del poder, así como el origen de que la conciencia se arranque a lo que siente, hace que el desastre en que queda silenciada la cultura que nace y se forma, quede petrificada en inventos y en sistemas de producción estandarizado que devuelven en vez de realización de lo sentido falsos nutrientes y quietud adictiva. La urgencia de que lo que late en la piel, y que no sale se puede liberar de la represión con que se define la identidad hace de la madurez en un encubrimiento de estrategias y de artefactos personalizados donde la salud y el juicio es un acto de incansable reafirmación como ilusión auto-motivada.

La persecución de los sueños sólo por vehemencia y con las armas de un mundo esclavizado por la creencia en lo fáctico que oferta control, hace que la magia se reproduzca como una simiente condenada al uso estandarizado. En lo producido el hombre aterrorizado halla el sueño de que lo único y excepcional permanezca como forma eterna de felicidad, como supermercado de piedras filosofales. La obsesiva marca de la separación y la mezcla indiscriminada en que cae el mundo producido, ofende al mundo sagrado en que respira lo empobrecido y sintiente a la vez. La soledad de una singularidad que no concibe su propia expansión más allá de un mundo condicionado y de seguridades publicitadas no permite a la persona que se busca conocerse con honestidad. Aquietado por un espacio sentenciado a la rutina y al hambre global de estupidez, ignora la fuerza de su milagro acontecido. Debilitado entre impulsos y emociones que no cuajan, como remedios venenosos ante los que rinde sus humores dolientes las personas huyen de su propia autenticidad poética. Su universo vive dormido y desconectado de los otros. Cosificados, idos de sí mismos, y sordos a los que se lleva como trayectoria de huellas y recuerdos las personas son sólo mundos extraños a los que se desea sentir y vibrar, pero a los que se tiene miedo de verse en un espejo. Lo mágico vive ahí en cada potencia que camina y respira, pero el conformismo ante lo que no se ve, y el miedo de que lo que más añoran los golpee cuando los confronte con su gloria soñada, los engarrota en el hábito de tragar miseria y autodestrucción. A cada época acumulada de no haberse completado se le agrega la emergencia de milagros atrofiados donde la responsabilidad de desenlazar lo que se ha enterrado vivo late como una herencia sangrante que no oye más que patrañas organizadas.

En los orígenes la unidad de las cosas era sentida como un universo en que las dimensiones, y los elementos inundaban algo único y a la vez infinito. No había la sensación de algo lejano, y condenado a la muerte. La materia era algo viviente e integrado a impresiones que se conectaban y se desvanecían en un universo sagrado y musical, todo cabía en un punto pulverizado y a la vez se sentía la intensidad de un paisaje interminable y que nos sorprendía con muestras de creatividad y de invenciones inquietantes. Nuestra singularidad era un milagro acaecido en un océano sagrado de múltiples formas y dimensiones que se entrelazaban y que envolvían a la vida y a los instintos en una mansa corriente de energía. El mana que animaba el todo nos expandía, y nos acogía en la humildad de que los tesoros del mundo se hallaban presentados sin misterio, y conectados como niños traviesos en junglas sonrientes. Éramos el mismo río sintiente del devenir, y por tanto no teníamos conciencia de las formas y del modo de nombrarlas. Sentir era algo que nos atrapaba en el todo, pues éramos algo que sentía el todo, y lo que se creaba se sumergía en la inmensidad de una interminable y repetitiva armonía indescifrable. El sueño y la realidad, el espacio y el tiempo, las palabras y las cosas, eran sólo flujos, y agregados de huellas y de impresiones que nadaban en la complejidad de una inexplicable inocencia. Sentir el todo era amarlo, ser tierra y magia a la vez. Lo singular, y el hecho de que se respiraba y andaba, perseguían acontecer en la universalidad de emociones que se conectaban y que amaban estar en todas partes y desaparecer de todas partes. Crear y desear eran la misma cosa, ya todo estaba ahí y nada se escondía. En esa eterna ignorancia del todo se era por el contrario vivo.

Advertencia: Nombrar y hacer que imaginen este origen mítico es ya una falta de respeto y un atentado. Haber olvidado y sólo tener melancolía de nuestra grandeza perdida, a través de palabras es ya un hurgamiento patético y estúpido. Desfigurar las cosas, es sólo un resultado de invocar lo que se ha extraviado a modo de imágenes visuales, y teorías insensibles; hay que ver y probar para que se le declare vivo, y existente, ¡es un buen chiste! Lo que no se comprende y se le teme ha generado que las grandes verdades hayan provenido de exageraciones, conceptos vacíos, chismes, y calumnias para matar lo que no se permite vivir y no se puede sentir. Nombrar algo que surge es destruirlo, desconocerlo, controlarlo y volverlo insumo de un mundo producido, donde apropiarse y tecnificarse es la obsesión por escapar al naufragio, a la soledad de no escuchar nada, y que se habita entre escombros. Nombrar algo y no renovarlo es la adicción del homo sapiens de volver piedra y fierro todo lo que le rodea para protegerse e ignorar que se esta enfermo de conocimiento. Al final la nada es la amiga de los que no miran de frente, y no aman.

Perder esta inocencia original ha generado todo lo que se ha considerado, ¡qué gracioso¡ un avance cualitativo. Aunque este es un tema que amerita otra historia (tema de otro ensayo), quiero sólo decir que la orfandad en que se halla el mundo moderno es un resultado de un enfermizo desarraigo del hombre (perdonen el insulto) con la tierra y consigo mismo. No escuchar, ni conectarse con las cosas vivientes que le rodean, y creer que en ello se basa su poder es desperdiciarse, enloquecerse. Buscar la sanación en una jungla de significados y representaciones publicitarias, es sólo prepararse para sobrevivir, cansarse y llenarse de hastío ante la vida que no vivimos. La inteligencia de los exiliados es escapar al dolor con la que protesta su esencia menospreciada, en la comodidad autista de las ciudades, de sus ilusiones depresivas y de tecnificaciones espectaculares. Alejándose de los secretos del universo por no tener el valor de escuchar nuestros propios corazones, el hombre se restriega en la soberbia de los desiertos industriales. Sin saber que esta indiferencia ante nuestras potencialidades nos empobrece y a la larga nos hace olvidar que el cáncer del mundo moderno, proviene del miedo a desnudarse y sincerarse en todos los rincones.

Esa obstinación y engreimiento al no reconocer que la falta de amor a las cosas y a la vida, es lo que ha fortalecido la religión de las mentiras, favorece la cosificación de las personas. Negarse a buscarse y a mejorar, lleva a la irrelevancia del otro como fin de sí mismo. El que no se enfrenta, y no es honesto consigo mismo, miente para aplastar el avance de su insignificancia y de su terror crónico. Halla en la mentira y en la simulación, en la celada y en la diplomacia una forma de saciar sus apetitos sin tener que responsabilizarse por sus sueños y obligaciones frente al mundo inmediato que le rodea. La suplantación y el hablar a medias, llevan a la desconfianza y al placer de abusar del otro. Quien no es lo que dice, quien se atemoriza ante el hecho de ser conocido o desnudado al final se vuelve despreciable e incapaz de oír su misión en la vida, se vuelve la mentira y el maquillaje que ha montado de si mismo. Toda la habilidad de la supervivencia y de pasar desapercibido frente a la sociedad conduce a la enfermedad de convertir todo en ámbito de dominio y de un antagonismo criminal.

No expresarse es lo mismo que odiarse a sí mismo, pues quien no se proyecta en el mundo en el que vive se atrofia, y queda preso de las mentiras que ha fabricado para no sufrir y sin embargo, controlar lo que más ama, sin que logre despertar jamás ese amor que tanto busca. No sólo el poder y sus elites odian al mundo al que desean, sino que su dominio parte del miedo de que los subordinados descubran sus potencias sensibles dormidas. Su control se nutre de la obsesión de que las personas se preocupen más de la seguridad ante el terror que nos acecha, que de redescubrirse en contacto con los otros y las cosas vivientes que le rodean. Ingresar miedo a la vida acrecienta el deseo sobre aquello que requiere espontaneidad para conseguirlo. Hace que las personas se vuelvan más hambrientas, y por tanto más necesitadas de espiar y cosificar al otro para apropiarse de las adicciones que no sacian su apetito. Su obsesión por escapar al dolor hace que prevalezcan modos alternativos al amor al que se teme, modos que acrecientan el olvido de sí mismo, así como un inevitable desprecio ante aquello que es más vital, y por tanto hacia sí mismo como persona incapaz de crear amor real.

El avance de la nada sobre las cosas es no sólo el error o intransigencia de sólo nombrarlas sin querer en realidad conocerlas, es en esencia la sordera o ceguera ante el hecho de que la vida completamente cosificada y perseguida huye de nuestros propios corazones, porque no queremos inevitablemente conocernos más allá de una chata razón que nos imprime odio ante nosotros mismos como ante la vida inmediata que nos atemoriza, pero a la que deseamos con insaciable afán conspirativo. El accidente de que amemos nos enfrenta contra el doble desafío de no sólo superar las limitaciones que nos derruyen por conservar al ángel que lo sagrado puso para nosotros en este infierno, sino sobre todo ante el descubrimiento de que cuando amamos a alguien más allá de nuestro torpe envoltura de egoísmos nos topamos sin desearlo con la tarea de amar al todo que nos rodea, de incrementar nuestra vida y con ella contagiar a todo el universo de esclavos de una nueva fe intramundana. Concientizarnos no es parte de una historia objetiva donde el mundo halla coherencia en la medida que desoculta las nefastas relaciones de poder que nos desperdician, sino un acto de intencionalidad agregada donde cada quien se busca en relación al otro por un acto sagrado de crecimiento espiritual y de aprendizaje de lo que la vida nos obsequio para realizar. En la máscara, en lo privado los homo sapiens viven desgarrados en la soberbia de un mundo producido, donde se cree hallar sosiego, y a la vez en un alma esquizoide donde los sueños quedan mutilados en miles de adicciones y apropiaciones, donde la cabeza ya no reconoce lo que desea y sufre de su propia falta de honestidad. Los sueños olvidados quiebran la razón y nos alejan de escuchar las potencias dormidas que nos constituyen.

La historia de la mascara es la historia de una gran abstinencia. El poder ha basado su fuerza en hacer de la enfermedad y sus epidemias afanes vibrantes. Los suplicios que proceden de una gran sordera y terquedad han asfixiado a las personas entre jardines de compresas y relajantes. La ignorancia de lo que cada época hace surgir, así como la negligencia de lo que cada época no enfrenta y no desoculta refuerza el dolor originario del que se pretende escapar. La indiferencia ante el dolor, la tolerancia ante el accidente del que se acoraza desvía a las personas anhelantes de bienestar a los parajes del funcionamiento y del conformismo alucinatorio. El olvido de lo que se es lleva a la desorientación de cómo llegar a ser lo que se puede ser. Desconectarse de lo que está vivo es arrancarse de lo que requiere para existir, es volverlo atesoramientos y propiedades para una apetito insaciable de confortes y estupefacientes. La fuerza sobre la enfermedad es negar lo que nos acecha, aislarse, alejarse de lo que nos daña. La salud es saquear y rodearse de pertenencias incalculables para sentirse que se existe. Se es lo que se posee, lo que nos avitualla de apariencias y poderes para maquillar nuestra originaria impotencia. Es un modo de olvidar las heridas y cicatrices La madurez de lo vivo reside en alejarse de lo auténtico de lo que grita como sueño sagrado y nuestra amistad.

La propiedad material, lo que se cosifica, es la forma de inmunizarse ante el acoso de lo insalubre, es descansar plenamente de jornadas llenas de simulaciones, oficios agotadores e insignificantes para poder prevalecer como material viviente, como pieza de trabajo. Estar exhausto o estresado es la prueba de que la supervivencia en la maquinaria consiste en alejarse de lo que nos constituye como fuerza vital. Mantener vivo el cuerpo como herramienta de trabajo es atentar en contra de los sentimientos y sueños personales. Dejar de soñar es envejecer y protegerse en un medio doméstico donde lo vivo se limpia y se prepara para nuevas jornadas de lucha y de hipocresía. Uno es los objetos que le rodean, los medios inmunizadores donde se resguarda, las esferas higiénicas donde se esconde de los vientos huracanados de infección y de descomposición en que se ha convertido la sociedad resultado de una abstinencia y terquedad originaria. El desequilibrio de las personas en los medios sociales es un ser consumido en los medios de producción en los que se gana el pan, en los que se enriquece o empobrece. Dormir e incluso reprimir los sueños donde se descansa de un cuerpo instrumentalizado es volver al mito originario de donde nunca se escapa, pero al que se menosprecia como visiones de un sistema nervioso que sólo desfoga e imagina. Los vestuarios y los medios protectores de los que vive lo que no quiere vivir con originalidad, es el laberinto de máscaras y de camuflajes materiales de los que hace dinero el mundo económico. El mundo civilizado lleno de tecnificaciones en curso y de espacios repletos de limpieza y espectacularidad es la cumbre de configuraciones y esqueletos donde el alma colectiva es deshecha en innumerables soledades y disfraces audaces. El dolor en un mundo de espacios desencantados y racionalizados sólo es combatido a base de una gran distracción o de un empoderamiento oscuro que parasita y vive en paralelo al mundo saludable de convenciones que todos hablamos.

La mentira como la máscara de la actualidad vive de una atmósfera donde las personas se hallan separadas e irreconocibles, donde el poder para no estar sólo y alimentarse de lo esencial parte de una gran desconfianza como de la necesidad compulsiva de vivir en creencias idílicas de desinformación y estupidez auto-consentida. Ser lo que se pone uno para seguir respirando es o hallarse en las circunstancias peligrosas de nadar en los submundos oscuros y aberrantes desde donde se maneja realmente el poder, un mundo donde el nombre no existe para controlarlo todo, o por conformismo blando residir en relaciones idílicas y despreocupadas donde la frivolidad como el cuerpo buscan el estar en forma para consumir o ser consumido con la astucia más cosmética. Ambas máscaras agitan un poder que requiere el escondite y las trincheras ya naturalizadas como forma de ser o conducta, y su génesis es propia de la decisión como del cinismo para desconocer con rabia y educación la misión natural y sagrada de saber amar lo que nos rodea. En estas culturas que se traslapan el cuerpo y su acceso complaciente es el destino como negocio y como supuesto opio que nos da salud y reconocimiento. La privacidad como premisa para existir es la clave para adquirir la seducción que no se tiene. Hoy una sociedad que no escucha y que se excita con lo que apropia, es un habitual comensal de estos mundos de la posesión corporal donde la decencia al ultranza es la única base de personalidad que se puede tener para no avergonzarse de insignificancia progresiva.

Desde que lo moderno y la soberbia de los socráticos persuadieron al mundo de que la naturaleza y los sentidos son peligrosos para la supervivencia de lo humano las sociedades han fabricado camuflajes para obtener poder como para conseguir salud. Una primera ilusión de ello lo conocimos como la idea de un misterio religioso único, que fundó el monoteísmo de los desiertos. Esta tendencia se modelo de forma secular con la filosofía y el magma de la verdad oculta. Estos son lo amaneceres de la ideología. La sociedad esta repleta de nociones vulgares y de mentiras convencionalizadas que no dejan paso a la objetividad pura. La ciencia y la sospecha de que el sentido común esta impuesto por los poderosos que nos engañan para prevalecer parte de esta premisa: todo tiene estructura y hay que descubrirla para reordenar el mundo vacío de orden y de salud. La modernidad y su cruzada en contra de la superstición y la inmadurez han bebido de esta urgencia por desmantelar los escondites donde se protege las grandes verdades esenciales, para ganar equilibrio y saber caminar.

Pero hoy se ha decantado en una transformación sacrílega. Hasta los años de la gran planificación y de las guerras mundiales el poder buscaba programar de modo sistémico las conductas y comportamientos que requería para reproducir la vida productiva como principio. No había nobleza sino la seguridad de que la heteronomía basaba su eficacia en que la íntegra tecnificación de todo lo vivo daba mayor margen de ganancia y de productividad. Una época abstraída por la búsqueda del orden a ultranza, por modernizar lo vivo heredaba el proyecto remoto de anular esa originaria responsabilidad de que lo sagrado busque su restitución. El sistema ha sido esa idea de sitiar lo vivo y de impedir el retorno de los sentidos y de la naturaleza. Y lo ha logrado con el proyecto nefasto de hacer de la vida que nace y de la conciencia un medio ambiente de degradaciones y de destrucciones psíquicas. Alterar los medios de vida, los medios físicos que nos rodean, desconectar a las personas y re-afianzar el cinismo histórico de los ciudadanos que golpean como mecanismo de defensa y de intransigencia ha provocado un caos destructivo e infeccioso. En la fragmentación de lo orgánico y de los ecosistemas naturales y culturales del mundo el poder busca inmunizar sus palacios y cuarteles rodeados de escombros y de ruinas cada vez más ignoradas. Hoy no hay ideología, no hay nada que esconder, pues esto presumiría que se puede verlo, desenmascararlo, y hacerlo ciencia. Nada de eso. La urgencia de existir a través de la apropiación continua ha hecho que las singularidades desconectadas, sin que se las pueda integrar en un orden sistémico, devoren y sean las máscaras y los antibióticos que la cultura de masas y la sociedad del espectáculo han producido para aliviar ese olvido originario cada vez más depresivo e insano.

Como dije en pasajes anteriores la división es la base de toda infelicidad y de todo proyecto de dominación. Aunque esta es otra historia el no saber amar a las personas y vivir en la desconfianza ante lo que te da bienestar ha sido birlado mediante estrategias históricas de hacerse de los amores esenciales sin saberlos amar, apropiarse de ellos, sin querer y sin saber como hacer que te quieran y sean tus aliados incondicionales. El no saber amar, y por defecto no encontrar amor ha generado las dos culturas de máscaras que mencionaba líneas atrás. Una por supuesto proviene de la violencia oscura y de la coacción como forma segura de conseguir poder, y por supuesto las delicias del mundo. Y la otra máscara proviene de esa habitual sutilidad, influencia indirecta y manipulaciones culturales que no buscan sino el lujo y la estética como ámbito de bienestar y de veneración. Como señalo la espontaneidad y la generosidad natural siguen cosechando laureles en las mentes y cuerpos, pero se han vuelto deficitarias para esa búsqueda de seguridad y de control que define al hombre de hoy. Se ha naturalizado como moral y como forma de acción que cosificar con elegancia y mentir es la salud y la felicidad. Esta idea psicosomática es ya el rasgo secreto de cada persona de que se enfrenta el sufrimiento y la miseria de las cosas de modo cínico y cruel, de que nos defendemos de la contaminación cultural ejerciendo violencia sobre los otros y hallamos en ello placer y respeto.

La máscara política y lo masculino.

Hablar de los hombres y lo masculino es parte de otro trabajo. Aquí sólo voy a comentar de manera aleatoria lo que es necesario para pensar la máscara de la violencia, que por naturaleza procede de los hombres. En el Perú hemos conocido como la influencia del cristianismo y de sus enfermedades en el fondo de nuestra cultura, academia y organización política nos han hecho vivenciar un machismo y una construcción cultural de la masculinidad profundamente autoritarios y con secuelas violentas en todo el tejido socio-cultural de nuestra sociedad. Como en todas las culturas de hegemonía greco-judaica la cultura dominante sobre la que se organiza y progresa la sociedad se ha sostenido sobre la acción y psicología de los hombres. Aquí ha calado el espíritu desde antaño de que la historia de la sociedad obedece a saber administrar y dirigir con dureza la hacienda o espacio familiar que se hereda. Somos una aldea que se transmite de generación en generación y se pide de los hombres que la heredan fiscalizarla con una esencial rectitud, como con un rentismo palaciego.

Nuestro poder y sus extensiones proceden de una genealogía que ha hecho de los hombres actores indiferentes ante las culturas que dependen de su hacienda, y por ello, duros represores cuando aquello que les pertenece y no comprenden busca liberarse de su hermetismo como crueldad. Esa hosquedad como confianza en que lo que se posee es el camino seguro a saber ser macho lo han vuelto sordo a los cambios que han sufrido las culturas en el proceso de una modernización que lo ha desmantelado todo. El rentismo improductivo y la ilegitimidad de un poder político que sólo ha explotado y olvidado la amistad con la naturaleza, han debilitado la eficacia de la coacción y de la amenaza como forma de control. Su sordera histórica ante lo vivo y ante aquello que más ama los han refugiado en la violencia del poder de todo tipo y en la apropiación delictiva. Al mismo tiempo la incomprensión ante lo que los ama, lo han construido como incapaz de ser modelos de vida para las subculturas de niños y niñas que llegan, así como ha los ha vuelto indiferente a todo alegre romanticismo y preocupación por los intereses de la mujer. La masculino es cosificar y garantizar que la fuerza se reproduzca sea como sea. Hablar y saber comprender es lo mismo que ser afeminado o cursi.

Aunque la historia para regresar al origen ha sido el proyecto noble como rentable hecho por lo hombres, hoy el dominio en que se mueven es la marca de su esencial enfermedad de soledad, como la hacienda secreta desde donde niegan el ablandamiento de la cultura y ese humanismo recalcitrante que llena a la sociedad de modales hipócritas. La violencia de lo masculino es parte de su infravaloración como ese rechazo visceral a ser más productivo y romántico. La ausencia de amor los refugia en el poder de todo tipo, y cuanto más sólo e inestable más comprometido con formas de poder corruptas y terroríficas que son las premisas para saciar ese insaciable hambre de aquello que no comprenden, que se rebela, que es huidizo, a lo que a veces odian pero que desean con un incontenible deseo trasgresor. En todas las culturas y niveles sociales ese deseo insaciable es traducido en formas criminales de poder que convierten lo más vivo, bueno y bello en posesión suculenta, en algo que corromper. El ascenso cultural de las mujeres, como esa conspiración para separar a los sexos mediante el miedo a todos los hombres como fuente segura de agresividad y de falta de libertad han violentado la sociedad y la cosificación de aquello que más se desea. La miseria ha sido combatida en “la jungla de cemento” como cantaba el finado Héctor lavoe principalmente no con búsqueda de educación y éxito económico, sino con la huida hacia la trasgresión y el saqueo mafioso. Deseducar a las personas o privarlas de un sistema educativo que entienda nuestras culturas con propiedad ha provocado una regresión hacia la violencia y la ira en lo masculino. La mejor forma de destruir nuestra esencial magia mítica ha sido divorciarnos de la historia de la nación, así como empobrecer a los hombres con la obscenidad publicitaria y con la estigmatización de su cultura como retrógrada y fuente de violencia. Ablandar a los hombres y estresarlos los corrompe, violenta, y los vuelve secuaces seguros de un sub-mundo de poderes donde la violencia y el crimen es una forma de vida original. El objetivo: que el Perú como otras culturas no quieran su tierra y no tengan valor.

Dejar sin amor a los hombres los vuelve lo que son ahora. Su excesiva confianza en que el poder político, la coacción, y el dinero rápido y mal habido son el camino a que te quieran ha facilitado el avance de la violencia en las calles, el tráfico de drogas, el servilismo político y profesional en todos los niveles de poder estatal y privado, y la lujuria infartante que alimenta la pornografía y la trata de blancas. La máscara de la violencia ha levantado en la opinión pública que las instituciones públicas, las organizaciones privadas y sociales son las depositarias soberanas del poder social. Se bebe de un esencial cinismo como ingenuidad. No sólo la pobreza material sino el escepticismo ante una vida que no ofrece certidumbres afectivas ha hecho que la criminalidad se vuelva una actividad que florece sin escrúpulos. Hace de todo lo inocente y deseable negocio rentable, de todo lo vil y nauseabundo empresa lucrativa. La reproducción de este poder requiere invadir de forma secreta todos los niveles organizativos y culturales de la sociedad para no desaparecer y para acrecentar el goce oscuro y enfermizo. Ahí donde el contrato social republicano y la hipocresía de las personas matan el talento y la bondad, el hombre acechado por el racismo, y la fobia a lo que carece de dinero y de modales, acrecienta su ingreso en las esferas de un poder corrupto que vive de la violencia y de la política destructiva. Conseguir fortuna y amor depende de saber nadar en el peligro de una vida accidentada y violenta que es en esencia el verdadero poder oscuro, como el requisito para mantener la degradación y decadencia de la cultura de la que se nutre la psicología de consumo. Medicarse en esta cultura es ser valiente para proteger a los seres queridos y que no se enteren nunca de los riesgos y aberraciones que acechan a las capas más inocentes y frágiles de la sociedad. Esto último es quizás inmunizar como el rasgo cultural que hace posible el despliegue de la otra máscara de las relaciones sociales.

En fin, esta forma de encubrimiento ha sido clásica y es de la que dependido la conformación de las sociedades estatales. Ahí donde no hay guerra y sólo antagonismo político esta máscara se transfigura no en las relaciones culturales hegemónicas sino ya esta sedimentada como hechos objetivos y culturas materiales en las formaciones organizativas y funcionales en los que se divide la sociedad. Las culturas y sus medios pedagógicos de transmisión de saberes sociales convierten estas máscaras, etiquetas y publicidades de formalidad en formulas operativas desexualizadas que aseguran la vida genérica de hombres y mujeres. La técnica organizativa y sus incrustaciones arquitectónicas en las ciudades son objetividades de usos y costumbres que son netamente masculinas. Neutralizar su poder pasa por cambiar estas configuraciones organizativas, y no sólo cambiar las disposiciones o actitudes culturales que se sirven de ellas. Emociones nuevas y que sienten al mundo de forma distinta como las mujeres requieren lentamente que sus sensibilidades se objetualicen en otra cultura material y técnica propia de su género expresado. Hasta ahora este programa femenino es sólo de una epistemia centrada en relaciones cotidianas de vida y personales. Y diré luego porqué no se avanza hacia el movimiento objetivo de la sociedad, y a su reconexión en un nuevo poder estatal y unificado con los hombres.

Aunque no es este el lugar para hacer de médico de la cultura sólo podría observar que en nuestro país el remedio a este mal que nos separa y que es el factor central que esta haciendo crecer al narcotráfico y a toda forma de poder ilegal que corroe la sociedad, es reencontrar al hombre con su destino originario, con su pastoreo de esta tierra sagrada como protector y como guerrero ante las amenazas que nos desarraigan y fracturan como nación. Esto es esencialmente enamorarlo nuevamente de las cosas vivientes, y emocionarlo con una nueva fe cívica. Esa decisión no es fácil y no sólo depende de los hombres, sino que los trasciende como cultura y como cuerpo. Ser hombre en el Perú es trabajar duro, saber emocionarse, y guerrear si el destino de una sociedad lo amerita. Ese secreto es tema de otro ensayo.

La máscara y la simulación en lo femenino.

Si hablo de mujeres es porque el derecho y el deber de relacionarme con ellas permite a todo hombre la obligación de conocerlas y quererlas. Se sabe de ellas a través del desarrollo genérico de un hombre en la medida que se habla con ellas y se logra sacarlas de su habitual privacidad cosmetizada, es decir, que se enamoren de uno. En las relaciones formales los hombres y las mujeres están conectados por legislaciones y procedimientos que no permiten acercamientos profundos y mayores relaciones afectivas. En las formas en que se hallen los hombres y las mujeres están desconectados por los roles y los estereotipos que producen los resultados y calificaciones que produce la trayectoria de una persona. La razón de que los hombres y las mujeres busquen la mejoría de sus condiciones de vida es escapar a las privaciones propias de la pobreza, pero sustancialmente conseguir la aprobación y el afecto del otro sexo mediante su empuje para progresar y enfrentar la vida. Aunque en las relaciones sociales el poder materializado y los prestigios conseguidos favorecen cierto acercamiento y la salud emocional de que te quieran y respeten, lo cierto es que las formas que se adquieran y en las que se viva no son determinantes para profundizar una relación afectiva. El romance requiere lugares y manejo de relaciones sociales pero esencialmente enamorar y querer es una acción y una fuerza que nos hace iguales a todas las personas, y que se consigue por una educación personalizada de contactos y compartir momentos de alegría y dificultades. Trabajar nos hace fuertes y duros, pero amar y saber seducir nos hace emocionarnos y conseguir la felicidad. El medio es sólo una condición, la seducción un arte de conexión y de lenguaje corporal que no se aprende en ningún lado, sólo en la práctica asertiva y constante.

Por eso hablar sobre las flores requieres saber regarlas. Ir más allá de las palabras y las circunstancias. Es conocerlas en aquello que no son disfraces y que es inconsciente. Saber como acceder a su afecto y su entrega febril es un acto de seducción animal y segura. Cualquier hombre esta capacitado para hacerlo sólo es cuestión de hallar su propio ritmo. Es una cuestión de aires y energías, y por supuesto un acto de compromiso con sus intereses y con un proyecto de vida si el propósito es quererlas y compartir un tramo de la vida con ellas. La seducción es un acto de juegos y de creaciones constantes. La sociedad no posee jurisdicción sobre ella. Cuando se ama y se erotiza la vida cambia porque el acceso a lo sagrado y a los orígenes, no depende de palabras y de representaciones, sino de estar con ella a pesar de cualquier obstáculo. Respetarlas y amarlas es al mismo tiempo desnudarse con ellas y no cosificarlas, cambiar las cosas y los aires que las envuelven, es crear todo el tiempo algo nuevo y excitante, reír, luchar, conversar, halagarlas e invitarlas a que todo sea directo y sin bochornos. La sociedad y sus sistemas se suprimen cuando se ama. Cuando se enamora nos damos cuenta que el poder no es dominio sino creación de vida y de perfumes, humores y locuras. Haber naufragado en los islotes de lo privado y cosificar a las mujeres ha sido una insolencia al único remedio que mitiga estos infiernos de simulaciones: el amor al todo a través de ellas.
Aunque el origen de la conducta femenina en la actualidad lleva a contar una historia secreta de como se origino el poder y el miedo, aquí sólo diré que la causa a varios niveles de la falta de plasticidad masculina en el mundo de hoy, obedece a que ambos sexos han decidido separarse el uno del otro por varios prejuicios. Desarrollar esta idea requiere un estudio de los orígenes de la vergüenza y del funesto divorcio entre el amor y el erotismo. Sólo presupondré que la fuerza de los débiles se basa en separar a los sexos, y que toda la civilización que se ha montado para hacernos felices parte de esta incrementada desvinculación. Haber elegido que el acceso a lo deseado y que no se quiere amar se hace mediante el poder, ha sido un asunto de avergonzados y reprimidos, y esto es una responsabilidad tanto de mujeres como hombres, no hay diferencia. En algún lugar de la historia se empezó a propagar que el cuerpo es una carga, un objeto que no permite el acceso a lo espiritual, a la gracia divina. La mentira y su desarrollo evolutivo ha partido de esta vergüenza y de que amar es que se aprovechen de tu cuerpo. Avergonzarse de tu cuerpo o hacer del sexo una experiencia necesaria pero sucia, ha introducido que el amor como el sexo es violencia y un acto desigual de goce y de afecto. Incrementar este prejuicio ha sido el centro de poder de las grandes religiones conservadoras, como de los amantes del contractualismo y de la razón de Estado. Modelar a las mujeres bajo esta idea ha asegurado su administración como rebaño aparente de deleite, y a la vez ha generado una zona oscura de la historia donde la manipulación del alma, y el encubrimiento de la magia de lo femenino, ha conformado el miedo como el odio de las mujeres.

La historia de la abstinencia es también la historia de que lo decente esconde la indecencia. El autoritarismo de los sacerdotes y de los soldados ha perseguido controlar con violencia y diplomacia este deseo incontrolable e inexplicable. Para ello han impuesto representaciones y adoctrinamientos que intentan reducir la magia inconsciente del deseo femenino, estigmatizándolo y haciéndolas olvidar su energía primordial, haciéndolas sentir que el hombre las caza y las devora. Hechizar e influenciar al lado de la violencia a la que se teme es un acto de mujeres. Ha sido su respuesta para sobrevivir y satisfacerse. Aunque también han incorporado como forma de ser las convenciones que el poder vende para visualizarlas en el lenguaje de la sociedad, es la simulación histórica de que viven en mundo común con los hombres lo que ha garantizado el desarrollo de su astucia para luchar por el amor. Y lo que también, las ha desfigurado en la cosificación de su ser a medida que el erotismo de las grandes pasiones ha muerto en el drama de la moralización y sólo quedaba la simulación y las tretas para saciar su apetito de intimidad. Su esencia es lo privado y la máscara en las grandes relaciones. Su desconfianza ante el poder de los hombres que las han martirizado, y sólo protegido las ha vuelto indiferentes ante las tareas de recuperar lo sagrado y el mito originario.

Su marca es renunciar al amor que buscan a medida que el hombre se corrompe compartiendo dicha corrupción como objeto de deseo de los hombres, y ocultando dicha verdad con la desaprobación y la decencia. Dicha actitud de inexpresión y privacidad a ultranza las divorcia del movimiento objetivo de la sociedad en la que sobreviven y reproducen con lealtad ciega. La lucha por un lugar en ella, por una cultura de la equidad, se reduce al logro de respeto y estatus mediante el empoderamiento económico y el continuo antagonismo con lo masculino. Su fuerza como su tragedia es la instrumentalización psicológica de lo que desea, ignorando que su máximo poder de cautividad no está en la cultura y sus ficciones, ni en las capas periféricas de las relaciones sociales a las que Alfred Schütz llamo “realidad inminente”. Negarse a enfrentar las relaciones más oscuras de poder por el miedo a la violencia originaria es desconocer lo que despierta la ira del hombre y su manipulación a través de la coerción. Construir su personalidad sobre el olvido permanente de esta oscuridad es caer en la mentira, y padecer de ella, es buscar la seguridad de lo que las protege y las venera en la riqueza y en las demostraciones de poder como condición de un idilio lleno de rosas y simulaciones que las fascina.

Reforzar la condena que pesa sobre su etiqueta de sólo objeto sexual es parte de un proyecto que interpreta mal al amor y al erotismo, es la idea equivocada de que los sexos se aprovechan y se abusa el uno del otro. Sentirse fascinadas y diosas parte de que se las desee, de que se despierte el interés por sus cuerpos. Señalar que su cuerpo es una cosa, una flor a la que hay que mantener inmarcesible de los abusos de los hombres es lo mismo que perder sensualidad y amargarse. Hoy como ayer el poder al que recurren es parte de la incapacidad de despertar ese deseo, no hay iluminación en ello y su programa. Olvidar su sexualidad o privarse de amar con locura es enmascararse y desquitarse de los hombres, y contradictoriamente adorar cada ilusión y espectáculo que ellos fabrican para poseerlas. No hay moral en ello, no hay buenos y malos hombres de manera sustancial. Lo que atrae y las cautiva es el manejo secreto de los aires y los secretos que ellas se niegan a reconocer y eso es algo animal y primitivo. Vivir el estigma de su sexo en el antagonismo constante al que prometen cambiar con su empoderamiento en una realidad infernal es desperdiciar su fuerza vital en la aceptación de lo existente. Aires de libertad y camuflaje al mismo tiempo es conseguir lo que se quiere al precio de caer víctima de lo que más señalan odiar, pero más aman con locura: la habitual politización de un hombre que destruye el todo sólo por ambicionar el amor de su ingrediente secreto.

La mercantilización del mundo halla el origen de la cosificación y el extrañamiento de la vida en haber objetualizado a la mujer y su cuerpo y que ella haya echo lo mismo consigo mismo y con los hombres. Todo el realismo de lo objetivo y el exilio permanente del misterio de la vida al que no se quiere vivir reside en la naturalizada separación de los hombres y las mujeres. Hoy el desorden que padece el mundo se despliega sobre la coexistencia de dos mundos que se ignoran pero que se complementan con cinismo. La economía especulativa y criminal del capital, que vive de la decadencia infinita de las personas es sostenida por la violencia de los hombres, en donde el film de alegría y turismo utópico que hurgan las mujeres es el modo que haya la cultura que nace, de inmunizarse del infierno que se cuela como accidente y guerra en las calles. Como dijera por ahí Adorno lo más bello que puede fabricar el show del capital se levanta sobre un espacio de ruinas y de padecimientos originado por la obstinación de no saber amar. Lo privado como búsqueda incisiva de placer y de autoconocimiento es el lugar de una herida mítica que sólo se cura cuando las personas se conecten y se amen sin pudor. Mientras se oculten las personas estas no vivirán todo aquello que los define, estarán muertas. Será como el país de donde provengo donde su identidad es avergonzarse todo el tiempo de su origen, y vivir con orgullo de las grandes mentiras a las que adquiere y desarrolla. Esto que es la marca de su gran miseria, como riqueza. Recuerden: sólo en la tierra en que más se esconden sus habitantes y no se conectan, en aquellos que tragan adulteraciones con avidez reside un gran secreto de como reunir a las personas. “Lo que no mata te hace más fuerte”

15 de junio del 2014

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Simulaciones y ridiculeces… (La política y la ignorancia del desarrollo)

by on Jun.02, 2014, under Sin categoría

Magaly solier indignada ante camaras

Magaly solier indignada ante camaras


Ronald Jesús Torres Bringas

Anclado en la selva me tope frente a frente con las noticias del canal N (8) y luego de curioso el 10 de RPP (radio programas del Perú)…. Había decidido no volver a tomar en serio los simulacros de acciones políticas que no llevan a nada y el desperdicio de verborrea tecnocrática que nadie ejecuta y es capaz de llevar a su correcta aplicación. Más allá de un sentimiento anarquista o desobediencia escéptica que la mayoría de irresponsables cometen, el estado de ánimo del que partían mis consideraciones era vagamente emocional e insuficiente…. Se requería modelar esa actitud en ideas, diagnóstico y porque no en propuesta…… Esto último es más complicado y dejo el ejercicio para lo inicial. He de observar que el desprecio ante la política en el ciudadano común es un sentimiento razonable, pero a la vez conveniente para la privatización del poder. Y a la vez, en contraposición, la actitud de criticar la indiferencia de las personas ante el proceso de la cosa pública es también una premisa equivocada…. Pues la disposición afectiva hacia la política parte de que la vida en ella no sea un desperdicio de tiempo, y no conlleve al gran show en que se ha convertido…. Ambas actitudes son emociones larvarias y confusas a las que hay que darles una lectura racional del lugar en que se hallan, y cuales son las acciones pertinentes para liberar a la política y a su ingeniería institucional de teatros, viajecitos, y seminarios con cocteles, y parrilladas sensibilizadoras…. Hay que dejar de lado esa escena triste de que se le saca la mugre al capital o se decide el destino del mundo desde ágapes en hoteles cinco estrellas, o desde salas de reuniones con conversaciones al aire….

El arte de los peruanos ha sido la verborrea espectacular, inservible, crítica, moralista, pero a la vez complaciente e incapaz de llevar las fastuosas recetas que exhibe a la acción concreta y a su sostenibilidad social. El gran abismo entre la palabra y la acción técnica ha sido un arte que ha favorecido el florecimiento de poetas, literatos y dramaturgos, y por tanto de personas y generaciones de eruditos que sólo han comerciado con ficciones y mentiras. Los grandilocuentes castillos de ilusiones que han dominado nuestra imagen de nación milenaria han escondido la poca voluntad para concretarlos, o el poco esfuerzo para socializarlos. El sentido común a lo largo de la historia se ha construido en base a silencios y tergiversaciones, a ficciones y psicologizaciones que sólo han perseguido el disfrute y el jolgorio personal. Las ideas clericales y rebeldes de las que han bebido nuestros jóvenes han surgido de un estado de ánimo que sólo ha buscado la diversión y el dispendio a base de poco esfuerzo. Ha sido una empresa de seductores y de ociosos, que se han convertido perjudicialmente en ideas y programas que dominan nuestra realidad y de cómo actuar en ella. El Perú se ha construido desde una cantina, o desde un aquelarre de floripondios rodeados de libros y hologramas.

El daño que ha ocasionado olvidar este divorcio esencial ha conducido a lo ridiculez que escuchamos en radios y en programas considerados serios, donde me respondo que el origen de nuestra ocurrente ironía y sarcasmo popular parte del disparate y la incoherencia para enfrentar los problemas que nos rodean como país. Nos reímos de la estupidez que nos rodea. Doy ejemplos. En esos días que me hallaba encerrado en habitaciones cálidas hurgando en la TV de la selva para saber de pesca y de salud natural mientras me tope con el escandalo de Magaly Solier. Luego la vergüenza de los sistemas de bloqueos de señal de celulares en el penal de Trujillo. Y por último la consabida entrevista al Presidente Ollanta Humala Tasso, en varios canales de señal abierta. La TV se ha convertido en un espacio de simulacros y de performances que se presentan como serios y reales, donde la noticia es una forma de información que refuerza aquello que critica y vapulea. La desinformación no parte de que no se exprese lo que acontece, sino en la forma como se interpreta, en la forma como se distorsiona una acertada lectura de las cosas y de como se frena toda acción ante ella. La noticia así como la farándula de Peluchin parten de que se banalice lo que pasa, y se vuelva un chisme que inhibe la decisión, y la acción juiciosa.

En primer lugar manifiesto mis respetos por la consecuente Magaly Solier. Lo que se le sucedió en el servicio del Metropolitano de Lima con ese fracaso de hombre, pervertido, es un ejemplo de lo separado que se hallan los sexos, y de como la mujer en este país es aún un enigma incomprensible para nuestra sociedad y para el machismo. Indignada por la frustrante escena que tuvo que experimentar, cuando un imbécil que no sabe respetar ni considerar a una mujer se masturbaba detrás suyo, denunció ante cámaras en RPP (Radio Programas del Perú) que el acoso contra la mujer es insoportable, destructivo y que debe acabar, que alguien debe hacer algo. Su polémico testimonio y la actitud desde la que su irritación se publicitaba es una prueba de la situación desfavorable en que se halla la mujer en el Perú, a pesar de lo que han ganado y de su ascenso social educativo y organizado en las últimas décadas. No se ha comprendido que el empoderamiento del sexo femenino no es sólo laboral o político sino que es sobre todo un proyecto cultural que persigue equidad de condiciones en la sociedad patriarcal, así como un viraje moral en cuanto a la idea de la mujer y la expresión de su cuerpo y sexualidad. Hasta ahora ese ascenso ha sido leído por los hombres, en una buena proporción, y por lo sectores conservadores, y retrógrados del país como un desafío ante la naturaleza de las cosas, como un reto que vulnera la seguridad de los hombres y de su inherente hombría.

El ascenso del feminismo, y la incomprensión de los hombres, no ha erosionado esa idea autoritaria de que el cuerpo de una mujer es un objeto que tiene un precio, y que debe ser tomado y vilipendiado cuando el machismo lo requiera. Se le ha enseñado con más cinismo que antes que comprender y estimar a una mujer es un acto de afeminados, y de cursis, y que el único camino para conseguir placer y la fidelidad de una mujer se basa en el poder económico, en la coacción, en la demostración política, en la suplantación o en el espionaje. No comprender, ni considerar los sueños y el mundo de las mujeres, conduce a no saber enamorarlas, a no saber llamar su atención ni a quererlas. El deseo sobre el cuerpo de las mujeres, su exagerada cosificación, crece con cada incomprensión de lo que piensan y sienten, de lo que logran y conquistan en la realidad. Ahí donde no hay esfuerzo ni poder para impresionar se accede al acoso, a la violación y a la pornografía viviente, y por tanto a la desviación de lo que es hombre, sin que se crea en el amor, porque se odia a las mujeres, a las que se desea. Sentencia: Todo hombre que piense a ciegas que conseguir la sonrisa de una mujer, o su alma con el carrito que le pones delante de su casa, de los galones que se ha conseguido, con el dinero, o la amenaza en el negocito que le pones, no es hombre, da risa y pena…. Hombre es algo que no se aprende en ninguna universidad, o con el status que se nace, no requiere del dinero, sólo es ser león y niño a la vez, alguien que tiene fuerza y romanticismo. (Esto es otro tema).

Esto es quizás un tema aleatorio y que se da de fondo. Pero el tema más mas indignante y a la vez vergonzoso sucedió luego en otra escena de RPP, cuando ya se trato específicamente de la denuncia. Ante el agobio y frustración de Magaly Solier, y el encaramiento de la periodista de RPP, al Gerente de PRONTRANSPORTE del Metropolitano de Lima Ítalo Fernández, que sólo se justificaba con el seguimiento del caso y la exposición de un protocolo de denuncia que es un saludo a la bandera, ella sólo atino a testimoniar: “Que denuncien las mujeres si están pasando por esto y yo voy a llegar hasta el último con este hombre”, afirmó. “Y si ustedes no hacen justicia, yo voy a hacer justicia. Este tipo de hombres hay que castrarlos, cortarles desde abajo, eso es lo que voy a hacer” (Fuente de RPP. http://peru21.pe/espectaculos/magaly-solier-denuncia-acoso-sexual-bus-metropolitano-2185572). La ley no sirve, pues una perorata de intenciones, diseños y propuestas que nadie tiene la voluntad de aplicar, y que en realidad no es efectiva.

En la actitud de Ítalo Fernández de sólo mencionar los mecanismos que se iban a utilizar para resolver este escandaloso hecho de vergüenza pública se dejo sentir la misma indiferencia y desafección por los ciudadanos que constató Magaly Solier cuando pidió ayuda en el bus del metropolitano para detener a esa basura de hombre, que no debe respirar. ¡Debieron ver la cara de la periodista y de Magaly Solier al escuchar los pretextos del gerente! No sabía si avergonzarme o ponerme a reír. En su sólo cumplir con escuchar se dejó sentir la simulación de institucionalidad y de resolución de problemas en que reincide El Estado y sus autoridades. Estaba fastidiado y con aires de soberbia, pues no pedía perdón, y la verdad no va hacer nada, pues es un huevón que esta en un cargo que no entiende…. El abismo entre la letra y la acción, es una realidad de ausencia de voluntad, pero a la vez de un profundo desconocimiento institucional y organizado de los problemas que les suceden a las mujeres. La mayoría de leyes y disposiciones son sólo represivas y letra muerta, consultorías, recomendaciones y acuerdos protocolares que piensan que desde el Estado, y desde la ilustración pública se puede hacer algo. La verdad es que el cinismo y la hipocresía de esta época nos hacen creer esa barbaridad de la preocupación de nuestras autoridades, cuando es un tema eminentemente cultural y de cambio psicológico. Un poco de sinceridad no le vendría mal a nadie, pues solo la sociedad puede alterar esta situación de violencia en contra de las mujeres, cuando cambien sus valoraciones en relación a la mujer y sus cuerpos.

Un segundo tema que llamo mi atención fue la vergüenza que ha pasado el gobierno al apurar la instalación de Un sistema de bloqueo de celulares en el penal “El Milagro” en Trujillo y en Chiclayo. Siendo un problema para el combate al crimen que las órdenes centrales del crimen organizado se dictan desde los capos de las cárceles, se ha forzado la aplicación de un sistema de bloqueo electromagnético de la señal de los equipos móviles desde los penales de máxima seguridad. El congresista José León de Perú Posible, comprobó su operatividad el lunes 26 de Mayo pasado, desde un lugar preciso del penal, y su llamada pudo salir hacia afuera del penal. Aunque se especuló que hubiera cierto sabotaje o hackeo del sistema que el gobierno piensa emplear, señalado por el Director del INPE (Instituto Nacional Penitenciario) José Luis Pérez Guadalupe, lo cierto es que se mantiene en un período de prueba por 30 días, luego de lo cual se sabrá su adecuada utilidad. Hay de modo formal una apuesta por desactivar las comunicaciones del crimen organizado, y de potenciales rivales políticos presos, pero lo real es que se ha pagado mucho dinero a una empresa privada, sólo para dar la idea a la sociedad de que hay un combate vertical hacia los tentáculos de la delincuencia, cuando su gestión tendrá un manejo claramente político, que no interferirá con el desarrollo del crimen.

Se propaga una solución ceremonial para contentar a la opinión pública alarmada por la inseguridad ciudadana, cuando se sabe que el delito ya ha corroído las esferas medulares del poder público y sólo es un obsequio tecnológico, que no oculta la escasa organización y los pocos recursos de la institución policial para hacer frente al delito que ya es un tejido social acendrado en la sociedad. Las planillas doradas de la oficialidad burocratizada, los sueldos de miseria, y los escasos efectivos policiales, así como la corrupción en varios sectores de la policía permiten pensar que el problema es de capacidades y de preparación y no de los juguetes que se adquieran. El avance del delito no es sólo producto de la descomposición cultural que ha potenciado la desordenada modernización del Perú, sino una premisa necesaria de erosión de los valores morales de las culturas, ahí donde es necesaria la adicción y la degradación para el consumo y la ignorancia.

Como sostuve en otros escritos, los diseños y las propagandas en relación a la resolución de una crisis institucional esconden que la aplicación de formas técnicas impropias para ciertas condiciones culturales no examinadas, no consiguen modelar las respuestas organizadas que se prometen, sino que el objetivo es empeorar la vida anómica que se piensa combatir…. Una solución técnica frente a una cultura trasgresora se enfrenta pensando que la fuerza de las medidas, el sobrepujamiento de los pesos y contrapesos normativos, así como la adquisición de ornamentos tecnológicos de vigilancia es suficiente para construir una cultura organizativa eficiente. Un pathos enfermo en el Estado, o en cualquier historia organizada sólo cambia en base a un compromiso con un nuevo poder, con una nueva fe cívica, y eso debe sedimentarse en modificaciones normativas, reglamentarias y diseños técnicos originales ambientados a la cultura de los gobernados. Es un impase no focal o funcional sino sistémico y espiritual.

En una cultura tan compleja e indescifrable como la peruana, tan poco consciente de sí misma, la integración tecnocrática es un acto de reunificación anímica que atraviesa el cuerpo social, de construcción de un pueblo sintiente. Y eso es algo que sólo puede generarse desde renacimientos culturales que conecten a la gente en relación a una nueva creencia cívica, un secreto único que los peruanos y su inteligencia han extraviado en los estertores de la historia. No hay que redefinir lo que se ve sino como se siente originalmente lo que nos rodea. Sientan lo que habitamos, eso es el principio de una renovación popular. La toma del Estado no es la salida, no se puede cambiar nada desde él, eso de que si es un cuentazo, pues no es un organismo soberano de múltiples formas. Quienes patrocinan esta idea lucran con ella, o plantean el cambio social de modo equivocado para aniquilar el nacimiento de nuevos sueños y expectativas, que sólo refuerzan el poder. (Esto es otra historia)

Como tercer ejemplo de este abismo se menciona la curiosa entrevista que periodistas políticos Augusto Álvarez Rodrich (canal 9), y Roxana Cueva (canal 5) le hicieran al presidente constitucional del Perú Ollanta Humala Tasso, el domingo 1 de Junio del 2014. Se puede comentar largamente a cerca de los pormenores de la entrevista, el énfasis puesto en justificarse ante la deslegitimación de su gobierno y de su persona, y los comentarios ácidos de sus rivales políticos en sesiones aburridos de politología y de proselitismo inservible atizado de emplazamiento moral, pero no lo voy a hacer. Creo con firmeza que criticarlo por el lado del estado de la política, o de la erosión del régimen de gobierno es un supuesto vulgarmente maniqueo. El es sólo un político tan igual y semejante como el resto. Responden a un sistema y a un estilo de razón de Estado que hace de la cosa pública una aldea o una chacra de grupos privados de poder que sirven o hacen ridiculeces para el poder económico o los poderes paralelos. Su negocio y su hábito como el resto es fingir que conduce, sabe y toma decisiones, cuando sus dos actitudes razonables entre ese mundillo de sirvientes encorbatados son, en primera instancia, saquear y corromper las culturas locales, y luego permitir la penetración exacerbada de los intereses económicos. Su gobierno consiste en romper las sociedades locales, sin que importe que sus profesionales, y aliados laborales de desarrollo enarbolen la preocupación de saber lo que pasa con el Perú.

Había que ver a Humala carente de información sobre su cargo, sin conocimientos técnicos, sin rendición de cuentas, sin saber al detalle como va un programa o el desarrollo de una medida. Sus ejemplos de colegial y su actitud bastante rústica, además que sólo mencionaba los listados de medidas y de leyes, como si con promulgarlas ya se hubiesen ejecutado, es una expresión en miniatura del gran abismo que existe en el Perú entre lo que la academia, los saberes de universidad, las ideologías políticas, las ideas fuerza erradas que nos han educado, y la realidad espiritual ignorada de los peruanos manifiesta. La vida misteriosa del Perú, ignorada por los propios peruanos bajo su consentimiento o sin él es el fundamento de una forma de gobernarnos que nos empeora y nos corrompe.

Y esa es la marca de Humala y de otros políticos tanto de derechas como de izquierdas: presumen por verborrea que saben, pero en verdad no saben, no poseen ninguna habilidad para planificar la sociedad, ni se sienten responsable de sus tareas. Lo perfecto en ellos es ser sectas de maestros del engaño, personajes que han hecho su poder en base al alarde y la falsificación, a la espectacularidad y el montaje, y no gente que se haya hecho producto del trabajo duro y el aprendizaje constante del servicio público. Son por lo general gente sin preparación y estúpida. Por eso no conocen del Perú más lo que recogen de sus consultores o del internet. Desde sus escritorios su maña de operadores políticos es obstruir toda propuesta o idea buena que pueda amenazar los intereses de sus mafias y su truhanería ejecutiva, inhibiendo los desarrollos profesionales y atiborrando los almacenes de supuestos y estrategias cada vez más lejanas de lo que sucede en el Perú. Un saber estatal involucionado y desconectado del movimiento del país, sólo puede conducir a que nos gobiernen los peores elementos de la sociedad, y a que la acumulación de saberes técnicos adaptados a nuestro territorio, expresados en una estructura profesionalizada híbrida, sea solo un sueño extraviado en la locura de que la foto, llevar papeles, organizar eventos, traicionar, o acostarse con un político de turno es el camino a una buena carrera.

Y a las pruebas risibles me remito. “Mas que ver un hombre que ha perdido sus sueños”. Idea bien cojuda que sigue haciéndonos creer que lo malo no fueron sus ideas sino el hombre real que dio una patada en el culo a sus banderas ideológicas originales. La verdad es que el hombre es una hechura de político que se ha dado cuenta que la mentira es la forma de alcanzar el cielo, y que no hay preocuparse por prepararse y tecnificarse, sino que hay que depositar la fuerza de un político en la demagogia, y en la retórica moralista, para luego flojear y no hacer nada. Todo hablador que no cambia lo que dice, y que sólo alza la voz, es por lo general un golfo. Si el poder es la envestidura de una ley, o el apoyo de los poderes fácticos entonces la gestión pública del oficialismo de cualquier tienda es sólo simular preocupación o diligencia televisiva para vampirizar las arcas públicas a favor del libre comercio o entregarse a la locura de cambiar la sociedad, cuando ambas actitudes robustecen la corrupción de las clientelas estatales.

Por ello las cualidades de un político se han hecho chatas y viles; pues el hábito de sólo simular a través del tiempo los ha hecho carentes de liderazgo, faltos de carácter, con tendencia a la arrogancia, a equivocarse con desfachatez y sostener la mentira a pesar que nos cause risa. Por eso en los últimos tiempos han sido penetrados por una visión cercana a la farándula, pues sólo ver la TV seria llena de líos, de comisiones de investigación, de show mediáticos, de escándalos, y de psicosociales con portátiles infantiles a cualquiera le despierta una considerable vergüenza o comparar este espectáculo con el especial del humor, o los cómicos ambulantes…. La devaluación de la política es un resultado de que la sociedad peruana este al revés, pues el talento está desperdiciado porque se ha socializado que ser mediocre y simular extraordinaria probidad es la fórmula para alcanzar el éxito.

Estos son ejemplos que no sólo abundan en la TV, donde la exageración de nuestros defectos se hace entretenimiento y los refuerza, sino que los confirmamos a todo nivel de la sociedad organizada. De manera general – pues esta indagación seria materia de un estudio más ampliado de los silencios y de las impropiedades de haber nombrado mal al país- sólo diré que el desinterés por no comprometerse con esta tierra, y no desarrollar una identidad articulada y plural en base al trabajo y al amor a nuestra cultura es el producto negativo de haber olvidado lo que somos, de tener vergüenza de nuestros orígenes. Hemos empotrado compulsivamente un sistema de ideas, de usos y costumbres, y una cultura material de organizaciones y de técnicas completamente ajena al movimiento vital de nuestra naturaleza, que nos ha desarraigado y que ha constituido una mentalidad atizada por el resentimiento y la frivolidad. Querer escapar de la incomprensión de no entender esta tierra, pues los barbones nos metieron el miedo y diluyeron nuestra sagrada antigüedad mítica en la soledad de los andes y los desiertos, nos ha arrojado a querer buscar la felicidad y la libertad en aquello que mas nos destruye y divide. El egoísmo y la indiferencia que nos caracteriza habitualmente es una propiedad que evidencia que lo que somos se haya encerrado en nuestras singularidades, que la forma en que vivimos desconectados, siendo nuestros compatriotas sólo medios de uso, cosas deseables, nos aleja de realizarnos como personas y como pueblo orgánico.

Hoy la economía moral que nos ha hecho grandes y geniales supervivientes a través del tiempo se ha vuelto empresa y posibilidad de desarrollo cualitativo. La emergencia de los sectores de exportación y la acumulación que le imprimen al país el capital minero han generado en desorden un circuito de redes económicas y de recursos de trabajo, que lentamente hallan en el trabajo intensivo y en la comercialización a todo nivel un fundamento para una diversificación y planificación productiva de mayor calado. Es necesario canalizar ese dinero que ha entrado a la economía, y la ingente demanda de mayor calidad de vida, para integrar al país de modo territorial, comunicacional, económico y político. No hay que desaprovechar este momento de largo crecimiento y volverlo sostenible con reformas estructurales. Pero la verdad es que esta recomendación que ya he merecido varios libros y debates, sólo es un slogan que nadie ejecuta, por tres razones esenciales, que son las más importantes, pues hay más.

Una es la falta de voluntad para echar a adelante esta maquinaria de medidas, de parte de los grupos de poder que gobiernan este país. No conviene dejar sin efecto el negociazo que es mantener el libre comercio, y la mercantilización de nuestra cultura, pues comprometer a la sociedad sería dejar atrás las enormes fracturas sociales que son el origen de la fuerza de nuestra oligarquía, y es mejor vivir en el rentismo que dejar que el trabajo duro haga una economía más compleja.

Una segunda, es que a pesar que la TV hable de una mejor preparación de nuestros profesionales, y de un mayor conocimiento de la cosa pública la verdad es que no se cuenta con las experiencias ni las habilidades a gran escala para reestructurar socialmente nuestro territorio. La falta de sapiencia se expresa en que se requiere una forma de desarrollo y de acoplamiento sistémico que recoja los saberes organizativos y productivos de nuestras culturas, es decir mueva la materia gris, y eche a andar a nuestro recurso humano en modo de legitimación como mano de obra es constante especialización.

Pero la tercera idea que nadie ve, y que es un misterio para nuestra inteligencia es que hacer este enorme movimiento de voluntades y de recursos sólo se puede hacer si es que la construcción de una cultura material, técnica y científica, – ¡si es que estas serían las palabras!- sólo puede ser el resultado de liberar los sueños encerrados de nuestras culturas y de nuestros cuerpos de modo que se busque la articulación de un pueblo reconciliado con la tierra, y este mito liberado edifique por fin un tipo sui generis de organización social. No desaprovechar esta bonanza y creatividad pasa por volvernos una nación, de modo espiritual y material, Pues el desconocimiento de nosotros mismos es la prueba de que hay un secreto en estos parajes salvajes que espera ser escuchado y potenciado, que el poder más oscuros no quiere que despierte. Sientan a la tierra y se vera el modo de cómo pensarla, y de cómo levantar una nación unida y plural en ella. Lo demás es otra historia.

Magaly Solier indignada ante cámaras

Magaly Solier indignada ante cámaras

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Límites secretos del proceso de descentralización y democracia en el Perú

by on Abr.28, 2014, under Sin categoría

Las conjeturas que se aterrizarán en este artículo son sólo eso supuestos de gabinete. Un estudio pormenorizado de estos supuestos acarrearía rehacer nuestras percepciones epistemológicas y metodológicas sobre la sociedad, alejándose de la certera objetivad. Como la idea debe ser soltada en la medida que el hecho este fresco, es menester desarrollar sus argumentos a un modo de ensayo, denuncia y testimonio personal antes que la vida la mate… Por eso el tenor de estos argumentos conectará con el sentimiento conspirativo y la carga emocional, para sopesar la necesaria prueba con la energía del discurso.

A la fecha el proceso de descentralización iniciado durante el gobierno de Alejandro Toledo , y continuado en los siguientes gobiernos se ha rebelado como un cuello de botella donde son más grandes las dificultades que los avances. A ciencia cierta, el argumento de combatir la enfermiza concentración del poder fáctico y político en manos del Estado dictatorial del Fujimorismo, se ha trocado en un modo de derramarlo perjudicialmente en nuestras organizaciones sub-nacionales y en nuestro rudimentario tejido social.

La recomposición del Estado de derecho para blindar los intereses de los grupos de poder económico, requería entre otras cosas iniciar una radical reforma de distribución del poder político y administrativo, que cancelará el poder real de la mafia y que diera competencia legales y a la larga de gestión social a los poderes locales, como una forma de modernizar a nuestras identidades políticas locales y llegar a acuerdos de gobernabilidad . Uno se buscaba como premisa, por supuesto, rescatar a los ciudadanos de formas autoritarias y clientelares de gobierno que habían sembrado la corrupción y arruinado la moral pública. Dos, se buscaba crear plataformas de gobernabilidad en las que las organizaciones sociales se sintieran escuchados y representados por sus autoridades locales, y de ese modo llegar a acuerdos legales sobre la introducción de obras, mejoras sociales y educación acelerada de la mano de obra. Tres, se perseguía preparar sostenidamente a los gobiernos locales para negociar en los mejores términos el ingreso de las inversiones privadas, de modo democrático, legal y con responsabilidad social. En lo político, el diseño buscaba alterar el centralismo cultural del país, combatiendo la plaga del “fujimorismo cultural” y en el tema organizativo dotar al estado de agrupaciones y clase gobernantes nuevas que dieran un impulso a la gestión de los territorios y al desarrollo social.

Esto sólo fue pura retórica. Las categorías siempre llegan tarde o encubren los verdaderos procesos reales que suceden. Aunque se sostenga como ducho académico, que la política de Estado en un marco democrático es un proceso lento, pero perfectamente digerible, donde hay que hacer responsables ajustes sobre la base del ensayo y el error, lo cierto es que los intereses y la mañosería política van por otro lado . La sugerencia que suelto, es que esta modernización de los niveles sub-nacionales, no pasó del documento o del te de tías de las ONGs. El motivo real y que aparecería paulatinamente era en el aspecto cultural y psicológico alterar y descomponer sin ningún atisbo de consulta las tradiciones locales y los saberes políticos del Perú profundo, con el objetivo de posibilitar la aparición del individuo y de contextos de consumo. A nivel de la gestión urbana, mejora insuficiente de los caminos, y la llegada cada vez más publicitaria de los medios de comunicación social, se ha producido una cultura anexada a la modernización irreversible de los espacios locales, donde llegan avances visibles, pero que descolocan y que generan la pérdida irreversiblemente saberes locales y equilibrios con la naturaleza. La respuesta frente a ello inconscientemente o de un modo desesperanzador es la llegada severa de problemas como el delito, el alcoholismo, la corrupción, la violencia familiar, la contaminación ambiental, y a veces la respuesta agresiva de movimientos sociales que toman la forma de protestas socio-ambientales con ciertas agendas determinadas .

Un segundo motivo real, y que no tiene nada que ver con el mal diseño de la política, descansa en que los gobiernos locales se vuelven sucursales dependientes del poder central . Uno no existe, sino de modo muy bloqueado capacidad real de gestión de los recursos que llegan del canon minero y de los impuestos vecinales. Hay como se sabe un control clientelar e irresponsable de los recursos públicos que amerita un mayor control. Existe una displicencia administrativa: es decir, no hay mayor interés por mejorar aspectos sensibles del desarrollo humano y profesional de las regiones pues una mayor educación y organicidad del tejido social sería una seria oposición a los sistemas de poderes mafiosos que subsisten y se disputan el control de los municipios y gobiernos regionales. El resultado es la declinación del desarrollo profesional y la carencia de mano de obra calificada para dar saltos cualitativos a la industria local, que sigue en el terreno de las microempresas, en la agricultura de subsistencia, y en el nivel del trabajo intensivo y no especializado. Y tres, al debilitarse el poder real de los municipios y gobiernos locales para el progreso de sus territorios, se provoca que el poder central recapture las decisiones de sus niveles sub-nacionales, con el objetivo de beneficiar inescrupulosamente inversiones de gran calado, concesiones y grandes obras, donde la corrupción y las prebendas neutralizan cualquier desarrollo de la democracia.

El análisis del proceso de descentralización requiere pruebas y datos explícitos que son dirigidos con una voluntad epistemológica incorrecta, que oculta la vida real de los intereses. Hay que hacer un ejercicio de desocultamiento audaz del poder real, e intentar pensar e intervenir como no lo hace la academia y por lo tanto la clase política. Reflexionar y actuar de modo político se ha vuelto en el país una mera transacción de falsa institucionalidad, un eterno retorno de apócrifos remedios y soluciones que nadie ejecuta, pues no sirven aunque den dinero y una gentil credibilidad. Pero volviendo a las artes.

Un tercer motivo real que es más inverosímil como necesario de sentenciarlo es que a veces las malas aplicaciones de diseños políticos, son resultado de acuerdos secretos para generar cambios de poderes o variar los intereses de rivales que se disputan el control de ciertos de espacios o de sistemas políticos globales . Para decirlo con todas sus letras, pero en sentido categorial, el regreso de la democracia requería pacificar a los actores que podían interrumpirla, y que habían sido anulados parcialmente con el final de la violencia política. El fujimorismo, a través de su servicio de inteligencia, había incorporado a los principales cuadros políticos, y a los sistemas de organización alzados en armas en su proyecto de levantarse el país, como el remedio para derrotar a la subversión. Con el regreso del Estado de derecho, esos pelotones fueron liberados o se les dio la venia de ingresar en los poderes locales, como un modo de buscar la reconciliación nacional. Ya no eran resueltamente insurgentes, sino organizaciones y redes de amigos que buscaban infectar con sus intereses de grupo los principales niveles del sistema político y tornarlos delincuenciales, auspiciando enriquecimientos ilícitos, o utilizando la democracia y las venas institucionales del Estado y de los gobiernos locales como un modo de reconstruir empresas de poder privado. La corrupción de lo público es una premisa necesaria para derrotar la moral cívica, y garantizar la multiplicación de inversiones e intereses privados, que favorecen a los grupos de poder, y a las clases políticas que son financiadas por estos.

En el plano real, la función de los poderes locales de servirse de los recursos institucionales y de la voluntad popular para amasar lentamente fortunas y clientelas, produce lentamente una cultura autoritaria que naturaleza el discurrir de esos poderes . Se crea una piscología que internaliza la violencia y la anomia como forma de vida. Se pone en peligro aspectos fundamentales de las culturas locales, como la formación educativa, la salud de las familias, la cultura de género, el cuidado de los menores, y desórdenes afectivos que favorecen el abuso y la destrucción negociada de las relaciones sociales en donde descansa el progreso objetivo de la sociedad.

Pero ¿porqué tanta permisividad? Si uno responde que son los costos de la modernización, se daría inmediatamente cuenta que la estabilidad no es algo que se alcanza. Que aunque hay dinero y más oportunidades de trabajo, esta legítima acumulación y movilización de los recursos del capital en las regiones enmascara tras el cemento y construcciones inútiles un serio problema y una predicción espantosa: que así como la democracia en su momento fue un presupuesto inobjetable para desarrollar el capitalismo en el Perú, basado en la minería y en los circuitos comerciales que ha generado la inversión privada, hoy es necesario restringirla y porque no cancelarla. Sobre la base de la libertad de asociación y de organización que permite el Estado de derecho se han creado cuellos de botella y restricciones políticas a los intereses de los grupos de poder que exigen una vuelta a la centralización de las decisiones. Los excesivos marcos legales, el crecimiento organizado de la sociedad, más informada y con cierta capacidad de sabotaje, la captura de sectores claves de la institucionalidad por facciones parasitarias de poder, y los factores externos de las crisis del capital global empujan a los dueños del Perú a acelerar el control sobre nuestros recursos y esquivar la urgente deliberación. En ese sentido reformas claves como la Ley de Reforma del Estado, del sector salud, la Nueva ley universitaria, etc, son expresiones enmascaradas y disolventes de las resistencias cívicas. La democracia de modo cultural y por decisionismo político degenera en tiranía.

Y eso para señalar ejemplos esta sucediendo en varias regiones de nuestro país. El acelerado desarrollo comercial y económico de varias ciudades en el Perú esta creando obstáculos sociales y políticos al capitalismo extractivista .
Para ellos es insuficiente contaminar de delincuencia a las sociedades.Ahora es necesario, sobre la justificación del reordenamiento y la paz social expandir Estados de excepción para garantizar la supervivencia de la sociedad peruana, de su aldea. Las condiciones para este futuro negro de la democracia se están cocinando en Lima, Ancash, en Tumbes, en varios distrito de Ica, el sur de Lima, en Lambayeque, La Libertad, varias zonas de Huánuco, Piura, Madre de Dios. Bajo la modalidad de violencia de sindicatos, criminalidad, redes de narcotráfico, mafias políticas, crisis de las universidades, desorganización de las juntas vecinales, corrupción de los comedores y vasos de leche, informalidad, violencia intrafamiliar, drogadicción, trata de blancas se esta reproduciendo una piscología que le arrebata a la democracia toda fuerza para su desarrollo . Todo esto no es producto exacto de una conspiración bien planeada. Aquí no hay cerebros para ello. Es sólo resultado de un patrón de descomposición de la política y de la modernidad peruana que se ha vuelto autopoeítico, como diría Humberto Maturana , a nivel mundial, y que lo estimula la programación perversa del Nuevo Orden Mundial .

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Un mal planteado debate, una mala planteada solución. Acerca de la luchas de las minorías sexuales en el Perú actual

by on Abr.13, 2014, under Sin categoría


El que escribe es un heterosexual. Alguien que no se ampara en la moral y en las buenas costumbres para observar y describir de modo prejuicioso la conducta del movimiento Gay y de su legítima lucha por vivir con libertad y sin discriminaciones. Hay en este tema que se nos abre un deseo por modificar la naturaleza hipócrita de la sociedad peruana, pero a la vez un falso planteamiento en las formas y en las consecuencias que nadie percibe. Las discrepancias que se suscitan en torno a la lucha de minorías sexuales y de género parten de lecturas y esquemas de pensamiento que proceden de otras realidades, y por tanto, encubren que los intereses y las prerrogativas que se buscan no van a cambiar las mentalidades culturales conservadoras, pues no se quiere observar la pertinencia de esta lucha en la sociedad actual. Este debate, es una lucha por derechos de grupo que sólo se desarrolla en Lima, y que se siente y se mueve a la Europea, no viendo la evolución y los imaginarios que los peruanos han construido en relación a sus cuerpos y sexualidad. Ver así las cosas es sólo imposición y va a traer más antagonismo y doble moral que la que se quiere derribar. Irse por la ley es una conquista política pero no psicológica. Es un reflejo jurídico que va a erosionar más la alicaída autoestima que las personas producen en relación al amor y al erotismo, pues nuestra salubre frivolidad y excitación no es un síntoma de afirmación y de libertad, sino de más desarraigo y anomia por un dolor originario.

Nuestra cultura es autoritaria no sólo en las formas que nos gobiernan. El tejido social y los vínculos más íntimos han sido producto de confluencias que ocultan mucha frustración y violencia en contra de nuestros cuerpos y sentimientos más nobles. Hablar de nuestros deseos y más locuaces fantasías linda con la desaprobación, la vulgaridad y el pudor más cínico. Esto último no es moralidad ni virtuosa armonía sino vergüenza por no expresar lo que sentimos y lo que queremos poseer y enamorar. Nuestra sexualidad es a escondidas y linda con la calumnia, y la instrumentalidad. Por ello se acerca a la perversión y a la violencia sólo por búsqueda de placer. Pero hay decencia, formas y condena moral que no tiene lógica. Aparentar control no es sino astucia por ocultar que hay mayor descontrol y locura que la que se cree. Lo que se quiere poseer no es el camino a una relación estable y duradera, sino la premisa para usar y obtener placer, ahí donde se ha naturalizado la idea represiva de que el amor es algo que no existe. El miedo a enamorarse, hace que lo que buscamos este cargado de muchos requisitos para hallarse, y por lo tanto se lo pierde.

En nuestra historia la abstinencia por constituir una realidad común, ha generado una identidad que halla su seguridad ejerciendo poder sobre los cuerpos a lo que desea. El racismo que nos atraviesa es la ideología de rencor en contra de aquello a lo que queremos someter y que debe estar bajo el control de nuestras expectativas sexuales. No se permite su propia construcción sexual, sino que se le aplana y se le disminuye. En eso el cristianismo y los falsos valores actuales han desempeñado una maquinaria de desprecio formidable en nuestra cultura. Si muchas culturas se hallan detenidas en el tiempo, y en su progreso objetivo, es el resultado de que el desprecio y el racismo que ha impactado en nuestra historia a generado una atrofia instintiva, y a la vez un desorden afectivo tan brutal que no hay ánimos para buscar el desarrollo y la empresa moderna.

Por ello la vigilancia y la destrucción de nuestro deseo ha sido desde siempre el proyecto para dividirnos y domesticarnos. La humillación y la burla por nuestra piel, ha cuajado en una arquitectura de estereotipos sobre los sonidos, los olores, los rituales y las supuestas depravaciones que a alimentado el odio y el resentimiento. La gran lucha de poderes por el control de nuestra soberanía se ha convertido en una pugna por imponer un gobierno sobre los cuerpos, y recluir a las mujeres a espacios de control como botín de guerra. De modo casi superlativo, la modernidad y los gigantescos avances de la técnica y su administración, todo a eso a lo que los europeos han llamado civilización, no ha sido sino el gran invento por tener al servicio de los impotentes los deliciosos manjares corporales de los que se atrevían a vivir y gozar.

Su incapacidad para amar sin atenuantes, ha construido una dictadura de las emociones en donde la diferencia y la búsqueda de los híbridos ha sido negada para el pueblo, para las mujeres y para todas aquellas minorías que se salían del molde de lo supuestamente natural. Ahí donde cultura y cuerpo no coinciden necesariamente, la sexualidad es una ontología que no tiene límites ni formas. El deseo esta en nuestra cultura, pero se ha construido la palabra cultura, conocimiento y ciencia para domesticar y modificar el deseo de aquello a lo que no se comprende y no se quiere comprender. Con ello la cultura ha despotenciado a nuestros instintos, y ha hecho que de nuestro miedo a vivir de frente surja una identidad que basa su gratificación en violentar y trasgredir las leyes y las instituciones que nos mantienen unidos, y esto va a ir más allá. La poesía tal vez vaya por otro lado, pues mantiene el hechizo de la metáfora sobre los cuerpos. Pero ahí donde incluso lo más esencial es visto en términos de cálculo el cuerpo es un fruto que si posee precio, y que se puede exhibir como trofeo. La belleza es algo decorativo que alimenta nuestras ganas de devorar y violentar.

En el ser humano en cuanto al sexo todo es posible, señala Lacan. Pero esta es una premisa que exagera y que anticipa el gran atentado en contra del mundo. Sólo en el homo sapiens esta fenomenología cobra un sentido enfermizo y es la marca de su poder. Su miedo por estar sólo lo cargo de miedo a si mismo. El poder es la huella de una gran impotencia visceral. Las otras civilizaciones no vivían bajo esta mediocridad, sino que de cierto modo los deseos y las construcciones en cuanto al cuerpo eran algo común, visible y religioso. No era una vergüenza escuchar a nuestra piel. Nuestra conciencia era nuestra piel, y era una forma de instinto que no había degenerado. Agresión y goce, no basaban su manifestación sobre la base de la muerte y la negación de la vida, sino que era una alegría el sentirse parte de una creación, donde decirle sí a las cosas y a las criaturas nos permitía el placer preciso, y era todo sagrado.

La historia de aquellos que orquestaron la transformación del caos sensorial acabó mal. El mundo es un desierto donde lo intenso es un instante glorioso de eternidades que no siempre reconocemos. El poco amor que estamos dispuestos a recibir, y a dar ha quedado recluido en el ámbito privado, de donde no quiere salir y que lo hace evanescente. Es esta evaporación de aquello que nos mueve a estar vivos lo que ha dirigido nuestros ímpetus y locuras al lado del erotismo, la noche y los contactos fugaces que se han vuelto un agregado de historias y delicias que nos atan a la vida. Donde amor, pasión y juego se divorcian siempre hay insatisfacción y aburrimiento. El ego de quererlo todo y no estar en ninguna parte, nos ha hecho ciegos a lo más esencial, nos ha arrancado de la historia objetiva del mundo, y ha acrecentado nuestra soledad aunque sólo quede la ironía y la desinformación como formas de olvido. El poder con que esta construida la realidad moderna, y los sujetos que la reproducen no hacen sino hacer un uso administrado y mercantilista del deseo, porque a la vez se tiene el terror de que este alcance formas subversivas y plenas.

Llegando al punto que me hizo escribir esta nota. Todas las formas de poder han sido proyectos para controlar y devorar la belleza inexplicable del mundo. Cuando estos deseos, cuerpos y religiosidades estéticas han acumulado fuerza para escapar, y modelar las posibilidades de una nueva realidad se han expresado en revoluciones y en rebeliones en contra de los regímenes que sitiaban la vida. En todos los aspectos las revoluciones del pasado han sido interpretadas como la búsqueda de libertad frente e un poder tirano y expoliador. Grecia, el Primer Cristianismo, el renacimiento, las revoluciones democráticas, las revoluciones socialistas, las grandes revoluciones culturales como Mayo del 68, y la juventud, han acontecido para dar progreso a los sentidos e incrementarlos.

Sin embargo, ha sido la pésima lectura de que la razón, y los contratos sociales son formas de dar institucionalizar a los deseos, y ese desgano que ha caracterizado al europeo de quitar fuerza a su esperanza, lo que ha dado vigor a la idea de que las causas libertarias han sido discursos y estrategias de movilización colectiva manipuladas para provocar cambios de dirección en la naturaleza del poder que siempre se ha mantenido oculto e integrado. Liberar al espíritu de sus captores estables y racionales, ha sido el pretexto perfecto para redoblar el dominio, y pulverizar la salud de nuestras mentes. La última dimensión donde el deseo pudo reconectar con la antigüedad y la vida afectiva murió con la Segunda Guerra Mundial, las sociedades totalitarias, y la sociedad de consumo actual. La vigilancia sobre nuestros cuerpos y sentidos ha cedido el paso a un multiculturalismo de los gustos y las formas, que no es expresión de una gran creatividad sino los síntomas de una severa miseria, una gran necesidad por hallar en las formas y en sus prótesis adictivas caminos para salvar la vida.

En ese sentido, los estímulos que se han multiplicado y la vez degradado, han creado identidades y minorías cuyas proclamas de libertad son formas de escapar a la miseria psicológica que nos inunda, y accidentes provocados para desestabilizar y quitar aplomo a las personas y a las sensibilidades que surgen. Bajo esa lógica los originarios movimientos Feministas y de la Homosexualidad que rompían el corset autoritario de la sociedades machistas y organizadas sobre la base de la violencia y el no diálogo se han redefinido como formas que incrementan la descomunicación, el tribalismo, la rivalidad y el desamor entre las personas y los sexos. Ahora todo lo natural se ha convertido en capacidad, ventaja para hallar dominio, y algo que se desaprende. Pero la personalidad desea construirse y realizarse, vivir y expandirse, eso es algo instintivo. Alejada la vida de su reconciliación con las cosas, se desarraiga, pierde control sobre sus emociones, y se entrega a la hibridez, y a la diferenciación de sus cuerpos y placeres. Eso ciertamente es un antídoto provisorio, pero decanta en lo más oscuro, en lo sectario y en el odio a lo que se ama. El desconocimiento de lo que más deseamos amar recae en narcisismo y en eugenesia acelerada, en displacer y en destrucción de los vínculos afectivos. Se ama con milagros inesperados, pero pronto se cae en lo absurdo de vengarse, de desquitarse dejando al otro sin placer, y sin afecto. Reclamar un espacio como género y sexualidad sin querer comprender al otro, se ha trocado en erosión de todos los fundamentos de la vida social, y en un complot perfecto para desorganizar a las sociedades y quitarles aplomo en relación al mundo. El empoderamiento de los subordinados y las minorías sexuales ha devenido en el extravío de aquello que se quiere conquistar: reconocimiento y bienestar. Al entenderse menos las personas y los sexos, aflora la multiplicación de las identidades intermedias, y los híbridos, respetando la conveniencia de un mundo organizado para sobrevivir, pero que las personas no honran y destruyen con la cosificación de todas las personas, sus cuerpos y pulsiones. La irritación por no saber a donde van nuestros cuerpos nos quita sentido para conectarnos con la vida, y la seducción se convierte en una química que busca más la sorpresa, el poder, mediante el engaño, el chantaje y la calumnia.

El movimiento Gay y el feminismo en el Perú atesoran lograr una igualdad que en la práctica es muy complicada y que sus reales vivencias no respetan. Las razones hay que buscarlas en el propio conservadurismo o exclusividad que pronuncian y heredan estos grupos de nuestra cultura peruana. Una de las razones que veo es que estos discursos en su mayoría acabarán reforzando el poder y la fragmentación en nuestra vida social, porque si bien buscan alterar la naturaleza de la vida pública y sus valores, lo hacen sin dejar de lado prácticas segregacionistas y de rivalidad en contra de lo que se considera su opuesto. El desprecio hacia sus formas de vida raya en insultos, y agresión. La expresión de una cultura con una falsa decencia y moralidad es verdad un racismo y odio incomprensible hacia la igualdad y la cultura popular. No se puede ver acontecer nuevos deseos que cobran forma. Esto denota envidia y elitismo. Con esa lógica Los homosexuales, para los conservadores e hispanistas, son sacrílegos de un poder que sólo quiere ver nuestra infelicidad y desunión, por eso se muestran antagónicos, y no negocian en realidad. En este sentido, no veo mucha lógica en que su cruzada altere las actitudes de las personas sino enfrentan el odio con la sinceridad, y con la mayor publicitación de los estímulos que los gobiernan. Aún ahora las practicas reales de estas minorías ocurren sin dar un ejemplo de no rivalidad en el mundo privado, pues prevalece la máscara y la mentira como forma de expresión. La máscara de la violencia del patriarcalismo la combaten con una máscara más sutil, la mentira y manipulación psíquica. Bueno son culturas que deben defenderse, si sus apuestas no evolucionan. Y lo cierto que el poder real se aprovecha de estos desconciertos para aniquilar toda unidad cívica.

Una segunda razón que hallo para no albergar esperanzas en el desenlace de esta propuesta es que comunican raíces de una reproducción del poder que desean combatir. Esto es una hipótesis polémica cuyo enunciado invito a probar y a tomar en serio. La razón de la discordia que devora desde antaño a nuestra cultura descansa en la pésima como injusta distribución del gusto estético en sus expresiones a todo nivel de la sociedad. Esta desigualdad del saber estético, si bien no ha detenido la vida íntima y la variedad de placeres que existen en nuestra cultura, ha garantizado que todo ingreso del desarrollo y la auto-superación sean modelados sobre criterios de un arte, de gustos y hábitos que asumen mucha exclusión y desconocimiento de lo peruano como expresión estética y festiva. Si tengo que nombrar una razón del odio que ensangrentó a nuestro país en épocas pasadas ha sido la exclusión de porciones importantes de las identidades populares de los frutos del placer, frutos del placer que no son oriundos, y que nos infravaloran. Ahí donde a reinado formas apolíneas y refinadas de conducta se ha escondido una cultura inmoral y homosexual que ha servido de modelo y expectativa imposible para descomponer al pueblo y llenarlo de rencor. En cierto momento rasgos de nuestra postmodernidad se han rebelado como proyectos secretos e inconscientes de ingeniería social para sembrar erosiones a nivel de la familia, y de la formación embrionaria de la personalidad, con el objetivo de confundir y quebrar la voluntad para crear más allá del mezquino como empobrecedor principio de realidad que nos inunda. No se si a ciencia cierta este resultado es perfectamente consciente por los líderes que patrocinan estos movimientos, o por sus innumerables miembros. Lo que si se es que la prerrogativa de alcanzar una validación cultural es más fuerte que los detalles en que se inscribe su empresa justa. Al coche de esta evolución se han subido políticos e intereses que sólo neutralizan su energía, y a la larga hacen saber que su conquista política y jurídica es conceptual y simulada.

Como observación de carácter propositivo diré que para que el vigor de estos movimientos alcance el tan ansiado cambio cultural se les debe sugerir que abandonen las mismas prácticas sociales y corporales que comparten con sus opresores de género. Si alimentan un amor, y no el desarraigo en el que viven su apuesta conocerá el valor y el apoyo de los heterosexuales homofóbicos a los que desean convencer de su justa propuesta. Cosificar al otro dentro de su erotismo al igual que los heterosexuales hipócritas nutre mayor soledad de la que se puede combatir con la diversión y el desenfreno del que hacen gala. Su apuesta no solo autonomía y libertad sino responsabilidad por velar por la integridad de los que llegan y quedan. El niño debe asimilar los cambios que se acercan, a nivel del cuerpo y sexualidad pero sin perder seguridad y esa fuerza emocional que es la base de la madurez que pregona el mundo global.

Una cuota de sinceridad, y confianza en aquello a lo que se oponen y a lo que a su vez desean, hará que la masculinidad tampoco recaiga en la violencia y en la degradación como esta sucediendo en el mundo actual. Debe recordarse que una sociedad que desahoga su descontento en el sexo, sin institucionalizar esa energía en organicidad y técnica acaba perdiendo los dientes y ahogarse en el sinsentido y la lenta anarquía. No hay que retroceder en su sueño de concordia y aceptación final por la vida que han abrazado. Si combaten a lo resentidos y racistas de género con la paciencia y la introducción de nuevas emociones que no rivalicen, la cultura lentamente se moverá, y los heterosexuales y los hombres machistas legitimarán su existencia social. El estigma sólo se borrará con esfuerzo y buena química.

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Racismo y cuerpo en el Perú. Notas de campo.

by on Abr.12, 2014, under Sin categoría

Edita Guerrero... Un Angel victima de la mierda de sociedad que la rodeaba... Al que la racialice hay que mandarle la moto

Edita Guerrero... Un Angel victima de la mierda de sociedad que la rodeaba... Al que la racialice hay que mandarle la moto

Es una costumbre que a la sana hipocresía que nos inunda se produzcan de improviso ciertas manifestaciones de discriminación y de desprecio que nos hacen parecer que en realidad no sabemos vivir juntos en este país. Como por ahí dijera de modo poético, pero bastante directo Joaquín Sabina: “el Perú es una gran selva de diplomáticos”, es decir, que aparentamos por autodefensa o estrategia convivir, pero ahí donde los intereses son alimentados por elementos de origen étnico-racial no es fácil evitar el insoportable odio que nos constituye como sociedad peruana.

Baste recordar situaciones que la farándula ha potenciado con síntomas de risa o con momentos apócrifos de reprobación pública. Como los episodios de racismo y violencia en que el desadaptado hijo de la reconocida actriz Celine Aguirre protagonizó en contra de una familia de esposos en un conocido cine de la capital metropolitana. Los comentarios viles y racistas de Gloria Klein a cerca de la autoestima y origen social de los peruanos, expresando la superioridad de las clases altas limeñas mezclados con matices de delicadeza. El escandaloso rechazo de la Universidad del Pacífico a Yaqui Quispe Lima, alumna de beca 18, sólo por ser de origen andino, o de una condición social que pudiera afectar el prestigio emblemático de esta casa de estudios, alegando una equivocación en la admisión de la ingresante.

Las simulaciones creadas por el colectivo Dignidad en algunas casas de estudio para comprobar como se mezclan estimaciones de racismo con clasismo para diferenciar a los peruanos, y al final negarles derechos en una sociedad presuntamente democrática. Las múltiples discriminaciones que han llegado hasta el maltrato en diversos establecimientos de diversión privada, al imponerse el bendito se “reserva el derecho de admisión” sólo para la gente de color blanco. Los casos ridículos como de atropellos que se cometen todos los veranos en las playas cercanas a la capital, cercadas y privatizadas para la diversión de las clases exclusivas, negando el derecho de ley que obliga a que las playas sean públicas y que todo ciudadano tiene derecho a ellas. O los últimos casos de desprecio e insulto racial a figuras emblemáticas del espectáculo solo por su búsqueda de ser admitidos en aquello que llamamos éxito y fama, como lo fue la desaparecida Edita Guerrero, de la agrupación de cumbia “Corazón Serrano”, y últimamente el imitador del recordado “Chacalón” Juan Carlos Espinoza, en el programa de canto “Yo Soy” de Frecuencia Latina.

O de modo inverso los casos de todos los días donde ciudadanos que alcanzan cierto rango en la sociedad a pesar de origen provinciano adoptan manifestaciones de racismo, y de búsqueda esquizoide de blanquiamiento de la piel y de su cultura, maltratándose entre peruanos, y negando el derecho a opinar, a vivir tranquilo. No esta demás asegurar que esta distribución totalitaria de una mentalidad racista, permite la hegemonía de un patrón de bienestar social, llamase burgués-blanco-oligárquico, que imposibilita que los esfuerzos de adaptación de los emprendedores no hallen cobijo cultural en los espacios de poder,- sino es por el dinero- y este se democratice o simplemente se apertura a más actores. Lo más perjudicial es que estas manifestaciones culturales se encarnan en la forma como se construyen las instituciones públicas, y empresariales, cierran y dividen a la sociedad por ciertos criterios de secta y superioridad cultural-racial. Este es un proceso que viene retornando con fuerza, y que de cierto modo es la razón que explica el porqué hay bloqueos de orden cultural que no permiten la acumulación o conformación de circuitos regionales o proyectos económicos de modo horizontal en el país. La mayoría de los esfuerzos y las innovaciones de las clases populares se hallan sólo en el terreno de la promoción de asociaciones de micro-empresarios, que se ven obstaculizadas con trabas legales y políticas tan pronto se proyectan expansiones económicas de mayor calado. Trabas que son expresiones particulares de una cultura profundamente dividida y etno-céntrica. El racismo, es en cierto sentido en el país, una ontología de los cuerpos, y de sus territorios que favorecen la fragmentación, y divorcio material y político entre nuestros varios niveles de poder.

Pero ¿Porqué ha sucedido esto en nuestra cultura? ¿Cuál es la razón interna a histórica de porque estamos tan incomunicados de modo humano, aunque tengamos que soportarnos? Y ¿porque este proceso viene complicándose en todo el mundo, con el regreso del tribalismo, y los odios étnicos-raciales en toda Europa, EEUU, que fracturan el mundo cívico, y la tan condimentada democracia occidental? De la indagación que arranca en estas líneas no esperen hallar forzosamente argumentos sólidamente probados. Lo que ensayaré son nuevos caminos a partir de la observación subjetiva, y corporal de los nuevos actores sociales, y como los estados de ánimo nos ayudan a releer la historia. Abro estos claros en el bosque porque creo con seguridad que el modo como se interpreta este problema en la actualidad encubre, no resuelve y a la larga echa más fuego al rencor que recorre esta actitud. Que se diga que las recomendaciones que se derivan de estos debates y discusiones insufribles deben acabar en políticas públicas, merecibles pedagogías, y sensibilizaciones masificadas es sólo un acto de mera transacción comercial, y no una solución que cambie la actitud hacia los cuerpos que provoca estos ghettos de odio, y de constitución del poder.

Además se debe posicionar un corolario que se debe mencionar como línea maestra. Si hoy un día una preocupación de los demócratas es como detener y denunciar esta plaga de ira, que inunda de nuevo nuestra civilización, creo que no hay como comunicarla por medio de la TV, la radio, prensa, internet, no hay que cifrarse esperanzas. Todos estos medios ya son la expresión privatizada, reducida y a la vez fantástica de un mundo que aleja a los individuos y mentalidades colectivas de la realidad, y que a la vez confeccionan las expectativas y necesidades que requiere el sistema de consumo. El deseo y la mecánica subliminal que emplean le quitan seriedad a cualquier mensaje de reflexión y de crítica, pues las personas en un mundo de la información acelerada ya no saben diferenciar entre las fantasías y la realidad. Ha llegado a ser claro que la moral cívica ha sido devorada por el mundo de las autopistas virtuales. Que todo lo que esta a fuera, de manera casi instantánea, es sólo un ámbito donde prevalece la violencia y la inseguridad en todos los sentidos. La segregación y el espionaje que provoca las redes sociales de cierto modo refuerza el racismo de la actualidad.
Empecemos por la segunda pregunta. En el plano mundial, hay ejemplos interminables de conflictos étnico-raciales que se reavivan producto del cambio acelerado que ha producido el mundo de la globalización, la crisis del capitalismo, y la desintegración superlativa de las grandes decisiones de gestión bajo el control de las sociedades. La premisa de la que parto es la razón actual de la desintegración del sistema moderno-europeo de poder hay que buscarla en el modo como se ha producido su ideal de superioridad, y de hegemonía política. En cierto sentido, que hay que demostrar estas escaladas de civilización y de producción de sociedades con mejores niveles de organización han sido producto de la distinción binaria entre luz y oscuridad. En algún momento del tiempo, hubo la necesidad de superar la supuesta oscuridad de violencia y barbarie en que se hallaban las sociedades, sumergidas en la naturaleza. Una de esas maneras, fue el monoteísmo y la distorsión que significo concentrar lo sagrado en una personificación autoritaria y distante, que arrebato animismo al mundo y a todas sus criaturas. De cierto modo, esta secularización del animismo en el plano psicológico fue el resultado de un odio terrible, de un sueño de poder y de venganza que despotenció al cuerpo, lo desvalorizó y hizo recaer la vida buena en ideal de abstinencia y de control rígido de los sentidos. Sólo en una cultura despreciada e incomprendida, de los desiertos y resentida pudo surgir un ideal tan maligno de sueños de gobierno y dictadura de lo esencial. El mana y los mitos acabaron con la decadencia de una luz de racionalidad contra el espíritu.

La otra manera acontece de una gran perplejidad, como de una gran debilidad. Cuando el caos provoca miedo aparecen los grandes pensadores, los desnaturalizadores de la tierra. “Su lanza es la única que puede curar la herida que ella misma es” suelta Hegel con intransigencia. La verdad no ha sido el remedio a una situación de desgobierno y frustración, sino el síntoma de un exhibicionismo y arrogancia, por interpretar mal los movimientos del mundo. La verdad de la que partieron Sócrates, Platón, Aristóteles de todos los demás impotentes del saber, es la verdad de aquellos que no se sintieron bien en un mundo de excesos y festividad. Es el ideal de los que quieren controlar la vida sólo por el hecho de que el caos los sobrepasa. Grecia si bien ha sido el amanecer de las ideas que supuestamente siempre han levantado al mundo de las guerras y la violencia ya era de cierto modo una sociedad que se sentía la luz en relación a todo el oscurantismo que la rodeaba. Su proyecto que parte de la música, la memoria y de un arte trágico como festivo degeneró en el poder de aquellos que hacen del miedo a morir, y a perder su épica sagrada en tecnología de escribir y de inventar imágenes que han detenido el ideal de vida de los pueblos. Su poesía y retórica es un escape a la naturaleza, sobre la base de una imaginación y curiosidad teorética que acabó en la vejez y la muerte del mundo Eurocéntrico: su caballo de Troya actual. De cierto modo los espartanos eran algo diferentes.

Pero estos ideales de luz y control, sólo pudieron significar en sus inicios, orden, armonía, bienestar, felicidad, democracia, libertad, educación y conocimiento. Y todo lo que era oscurantismo era barbarie, anarquía, ignorancia, superstición, locura, fetidez, y porque no irracionalidad instintiva. En el algún momento del tiempo estas actitudes y creencias de lucidez dieron fundamentos a un mundo racionalizado, histórico, tecnificado, organizado sobre la base de Estados represivos, al que llamaron luz, la cúspide de la civilización. Israel y Atenas se hallaron de tal modo, que vaciaron la savia de la vida de la que partieron los programas de desarrollo y progreso ilimitado, a la que llamaron plusvalía. Su poder actual no puede continuar sino succiona las ganas de vivir, sino sitia la vida y la desanima, sino corrompe todo aquello que promete de modo educado y salvífico. Sus refinados modales, su diplomacia, su humanismo risueño que han encarnado en cuerpos y en un canon estético del deseo oculta su gran soledad. Su gran incapacidad para amar con pasión y intensidad, ha sido sedimentada en la idea criminal que su raza blanca caucásica, y su ideal de cuerpos es la expresión de una hegemonía interminable sobre el mundo que sufre los riesgos de la corrupción y de la fealdad del terrorismo. Su gran miedo es que lo sagrado y lo mítico descubra sus desiertos. Ahora intentan rencontrarse en aquello que sus sueños de poder y revolución le quitaron. A eso le llaman turismo, o rebelión postmoderna.

En el nivel interno la dinámica es un juego de espejos más complicado. El Perú y su pasado ha sido el producto de una gran humillación cultural, y corporal. Más que el abuso y la explotación los antiguos murieron por ver secuestrados sus deseo de creer, y porque sus dioses y huacas los abandonaron. El cataclismo interno que vivió la psicología de los andes, fue nefasto. Alimentó el gran trauma, escepticismo y a la vez desarraigo sensorial que nos ha constituido como nación y proyecto de sociedad, y que han vivido todas las esferas sociales de la sociedad. Ya en el mundo precolombino existía mucha violencia y brutalidad. Nuestro territorio era un medio complicado que exigía mayor fiereza y sentido de la unidad que otras culturas. No éramos unidos, sino fragmentados. Lo que heredó la Colonia y el futuro ha sido, una tierra donde hay sensaciones inculminables como amenazantes, donde el ser pleno es una promesa que jamás se ha visto reflejada en nuestra organización social, sino que se ha quedado encerrada en un gran misterio, terror y rencor osificado que ha devenido en anomia e incomprensión esquizoide. Nuestro ideal de organización y de reordenamiento social ha sido la banalidad del que nunca habla claro, y del que busca las alcantarillas para ser lo que es. La luz sólo ha sido una mentira bien decorada que nadie ha cuidado y respetado: la devoción, la república, el socialismo, la democracia, y hoy el liberalismo a medias. Todos estos ideales y narraciones han sido refugios deshonestos para la terquedad por no vivir juntos, y proyectos donde el poder ha sido nuestra única condición de vida.

Y el cuerpo ha sido ese locus donde ha crecido el poder. En la luz un gran racismo, que al igual como Europa ha sido el pretexto para negar lo que le aterra, y que ha servido para que las periferias del espíritu no se sientan bien con su piel y formas vitales. El racismo ha sido una forma de diferenciar, de construir servilismo, e introducir esa idea que viene de antaño de que la vida es dura, no hay amor, y que sólo hay que sobrevivir con honor. Desde que hemos existido como sociedad, el racismo ha sido la marca que nos ha divorciado y que no ha permitido construir un Estado resultado de la conexión y acumulación de las emociones que casi nunca han salido. Con el tiempo un alma colectiva que no saca nada hacia afuera, y que recurre a la adicción y a la violencia para desahogarse e irse del mundo, se ha manifestado en proyectos de poder, donde el presupuesto para solventar el orden social ha sido avergonzar a los peruanos, a los andinos y a las culturas subordinadas pregonando que sus cuerpos y deseos son enfermizos y feos. La estética que ha formado esta idea, es la estética del que es capaz de negarse como singularidad por hallar una satisfacción que nunca llega en el acriollamiento del que busca la modernidad, y las formas del gusto que las elites y Europa han incrustado desde antaño.
Pero nuestra oscuridad en una cultura pública separada por diques de desprecio y negación de la vida, ha estado acompañada en lo privado de una gran atracción anárquica producto del odio y la desolación que produce la hipocresía civilizada. Nuestro deseo es a pesar de las grandes esperanzas de amar y será amado un jardín secreto de trasgresiones y traumas sexuales, donde el erotismo actual y del pasado ha merecido nuestra vergüenza, de nuestros cuerpos y de lo que ellos encarnan como personalidad y cultura. Nos deseamos todos de manera cínica, constituyendo un placer que sólo es la conquista de manipulaciones y de calumnias, donde nuestro calor y juegos requieren los silencios para colisionar con el cuerpo de lo que se desea y a la vez se rechaza. El racismo es en el Perú una forma de control de aquello que se desea controlar para abusar de él, de aquello que se etiqueta que no debe vivir su propio cuerpo ni formar su propia experiencia de sexualidad. De arriba a bajo el racismo es una treta para evadir el gran deseo que nos despierta la debilidad como el poder. La decencia y la moralidad corporativa que nos acompaña el día de hoy encierra un deseo no liberado, no institucionalizado, donde el mundo privado del que se precian los géneros es una postergacion constante, una ilusión que sólo se contenta con instantes de descontrol y embriaguez. El racismo nos erosiona y nos esconde, y a la larga es la única forma más estable de sentido, ahí donde cunde la ignorancia, la obsolescencia y la brutalidad de la existencia peruana.

Pero el racismo no es fácil de desactivar. Ha sido y es el pretexto para sembrar el odio visceral y transfigurarlo en proyectos de poder. Ahí donde las personas y sus mundos de la vida se ven divorciados de los sistemas políticos a los que poco hacen caso, la raza es una forma de hallar seguridad, apariencia y porque no organizar nuevas tribus. La clase ha sido una forma de encubrir este viejo debate, pues la democracia y la política quisieron llevar el antagonismo por otro lado hasta tener arruinado a nuestras mentes y regresar luego al etnocentrismo, para dividir y crear simulaciones y pseudo-revoluciones como en el pasado.

Si se desea derribar el poder hay que partir de una premisa muy sencilla. El poder ha controlado y controla nuestra percepción sobre nuestros cuerpos de tal modo que modela y usa nuestras sensaciones contra nosotros mismos. Avergonzarse de lo que llevamos ha sido un modo astuto de ingresarnos miedo y prohibición. Lo sagrado puede morir como resurgir sí es que se replantea esa vieja idea cartesiana como muy británica de que el interior nos da equilibrio, y que la razón es un instinto que nos permite no ser destruido por nuestros propios fluidos. Ir en contra esa idea, es decir llevar hacia afuera todo lo que late en nuestra piel es el santo y seña de cómo derribar la fuerza del poder que es esencialmente distorsionar nuestros deseos y afectos. El racismo morirá si matamos el mundo privado, y las emociones sinceras saliendo lo reencantan, pues toda la vida es hoy son materia muerta y saqueo indiscriminado. Y ese papel le corresponde con mayor vigor a la sexualidad. Pero no como objeto de poder, sino con entrega y dispuesta a darlo todo. Sólo así se reconectará con el amor, y el racismo, como el sexualismo vacío perderán vigencia coherencia y gratificación creativa ante la sexualidad y realidad de una nueva especie.

Hoy el mundo se atreve a todo pero aún en el mundo privado. En ese sentido es más la creencia que el otro es sólo un cuerpo, una raza sobre la que hay que ejercer dominio y placer. La hegemonía del poder se tambaleará entre otras cosas si lo sagrado y los cuerpos se vuelven a encontrar. Oponer el erotismo, lo pornográfico, y las distinciones más desenfrenadas en contra de un amor que se piensa escaso y gaseoso es a fin de cuentas rendir culto a las razas que más despiertan nuestro deseo, y caer en el padecimiento más democrático. Los varios cuerpos hay que vivirlos en la mayor pluralidad y creación posible, sólo así no habrá rivalidad. Pero esta vivencia es un algo que cada pueblo debe sentir sin modelos y presiones. Pues de estos elementos depende la reconciliación de las personas y sus vidas afectivas con el mundo de las instituciones y la técnica más amplia.

En nuestra cultura este desafío es complicado como discordante. Corroer el odio que existe en nuestra historia psíquica depende más que de un atrevimiento que de una nueva fe en las cosas y en las criaturas que nos rodean. Si alguien se atreve a seducirnos nuevamente como país, será alguien que despierte mucha esperanza como miedo. Y lo hará desde aquello que moviliza nuestros apetitos e inconformidades, pero eso es un peligro, como ahí donde reza la salvación.

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De suicidas y sociópatas. Notas a cerca de lo casos límites en la sociedad actual

by on Dic.06, 2013, under Sin categoría

libertad sin educación emocional es igual a delincuencia

libertad sin educación emocional es igual a delincuencia


Introducción.

Este artículo es un producto de notas y observaciones hechas sin afán de sistematización. No obstante, la importancia de lo escrito en estos renglones merece una indagación más exhaustiva e empírica, debido a la relevancia del tema que nos convoca a escribir, a saber: las conductas sociopáticas y sus conexiones con la realidad social. Lo señalado debe ser tomado como hipótesis de gabinete, presentadas en la coyuntura dada la importancia que viene recibiendo los casos de asesinato y parricidio por los medios de comunicación en los últimos años. En una primera parte se hará una revisión teórica del marco en el que se gestan estas conductas sociopáticas, luego un evaluación de los casos recogidos con comentarios generales, para culminar en ligeras conclusiones y una propedéutica social.

Ilustración y violencia social.

Aunque a veces el análisis sociológico no se ocupa de estos temas, capturados por lo general por la acuciosidad psicológica, es menester arrojar luces sobre estos temas de modo sociológico pues manifiestan señales de que la sociedad no anda bien. En estos casos límite, es como indagaba Durkheim , donde se observan con mayor severidad las desconexiones entre el sistema de instituciones políticas y económicas que produce la sociedad, y la vida desnuda o instintiva que debe ser sublimada en este mundo producido . Si la sociedad soporta elevados niveles de violencia y criminalidad es un indicador de que los proyectos de racionalidad productiva que se levantan en su nombre suprimen a la vida que acontece o la cohíben de toda aquello que resulta gratificante, lo que se devuelve en agresividad e incertidumbre .

Como alguna vez señalara Fiodor Dostoeivsky en su novela “Crimen y castigo” se sabe del nivel de racionalidad de una civilización observando sus cárceles. O más ilustrativo que eso. En la película “Terciopelo Azul” de David Lynch se observa la escena de una oreja cercenada en el césped de un barrio residencial en Estados Unidos de los 60s, mientras juegan los niños/as y se respira una agradable atmósfera de paz. ¿Cuánta violencia ha tenido que soportar el alma humana para pacificarse y ser domesticada? ¿Cuánta vigilancia y violencia simbólica ha tenido que sufrir las personas a través de la historia para fabricarse un yo, una personalidad que gobierne sus impulsos ciegos?

Hoy ese proyecto de domesticación o civilidad se haya en crisis. El avance de la sociedad de consumo que erotiza todo a su alrededor, y la consiguiente desvinculación que produce el avance de la tecnología de los procesos culturales en nombre de los que se edifica, han hecho que el saludable proceso de ilustración originario de Europa se diluya de forma accidentada. El crédito generalizado , y el impacto de una sociedad del espectáculo a través de la multiplicación de estímulos han logrado incorporar como sistema necesidades y servicios de forma contradictoria a los apetitos y expectativas de liberación que antaño presionaban sobre los cimientos del capital . En la cumbre de las grandes revoluciones en contra de la sociedad planificada , como lo fueron los movimientos sociales del Mayo del 68 se ha fabricado un sistema económico de servicios y falsas necesidades que han despolitizado a las personas, y que han hecho ingresar a la psicología en un proceso de regresión y de narcisismo extremo que divorcia a la vida de las gigantescas mutaciones materiales que se atreve a introducir el capital, sin ninguna resistencia, en las economías nacionales de todo el planeta. El resultado es la cancelación abrupta del modelo histórico de personalidad basado en la razón, impuesto desde los postulados de Descartes, y del contractualismo liberal, y el arrojamiento de la identidad a un proceso de competencia salvaje donde las emociones y los instintos más profundos como la sexualidad y las tendencias agresivas pierden estabilidad y se convierten en recursos y capacidades que hay que usar con destreza y sin piedad para alcanzar bienestar y predominancia .

La inscripción de los aspectos sensoriales y emocionales en las coordenadas de un mundo de la productividad acelerado, ha distorsionado la vida socio-afectiva y a hecho regresar las tendencias agresivas y violencia acumulada que la racionalización pretendió negar. A pesar que los apetitos de realización y liberación que veían en la historia han sido inhibidos con cierto éxito, la crueldad silenciosa con la que son calificados en la sociedad contemporánea rasgos sensibles de la personalidad crean las condiciones para que la vida íntima y la regiones más recónditas de nuestros sentimientos y pasiones estallen en cuadros severos de violencia, crimen y descontento generalizado. La razón dialógica, y su proyecto privado, el amor romántico, que habían sido puestos en el lugar de la brutalidad y la violencia insensata, se erosionan peligrosamente ocasionando que las carencias de afectividad y la incomprensión a varios niveles hallen en la violencia y en el egoísmo extra-limitado rutas de escape a la soledad que se percibe, ante la falta de amor .

La desalmada competencia genera que los lazos sociales protectores de la sociedad en la familia, en la escuela, y en el barrio, y por lo tanto en la política y en el trabajo pierdan atractivo para el sujeto, retrayendo la construcción de sus preferencias alrededor de instintos primarios como la sexualidad y la violencia tribal . La crisis que sufre el mundo de las instituciones, desde la familia, la escuela hasta la política no es sólo expresión de la incompatibilidad de estos sistemas de organizaciones para el sujeto que surge, sino que de otra manera, sugiere que estas estructuras de gestión y producción de las demandas de la persona son diques objetivos que lo arrojan a la marginalidad y a la trasgresión, como una forma de exclusión de las grandes decisiones. A medida que el mundo producido se desmorona o pierde conexiones con la cultura las nuevas subjetividades se refugian en el mar de las pulsiones, sin vuelta posible, produciendo ahí donde gobierna la ironía, la diversión y el erotismo más delicioso una sensación de agotamiento y de miseria sombría que no se canaliza en creación, sino en anarquía y en desafección ante la sociedad en la que se vive y se trabaja .

El dominio del mundo producido inhibe la regeneración de las instituciones, o no deja aprovechar que la nueva sangre imponga sus sueños y los canalice de modo real. El desmoronamiento del mundo industrial, y con él la debacle de una sociedad protectora y preocupada por la formación del sujeto ha supuesto que el sujeto se halle desamparado de improviso, y que para él suponga un tremendo esfuerzo el tener que acomodarse a una sociedad donde todo es frio interés desnudo, y nada esta hecho objetivamente de acuerdo a sus nuevas sensibilidades. Se genera lo que se dice un abismo entre un mundo institucional cuyo poder pervive incólume, pero ya no tiene legitimidad, y una nueva sensibilidad cuyas fuerzas motrices no se hallan representadas o se encuentran violentamente excluidas. El nacer en una sociedad donde los deseos de realización se hallan cancelados, y no se puede construir organización política y material de acuerdo a lo soñado produce en el sujeto un severo desencanto con respecto al mundo, y a la vez la decisión de corromperse y sobrevivir a toda costa. En parte el hecho de que la mayor incidencia de criminalidad se encuentren en los jóvenes demuestran que se viene conteniendo la regeneración cultural de la sociedad, y que éstos prefieren desarrollar subculturas ilegales y paralelas al mundo institucionalizado como una forma de protesta y de hallar la comprensión y la vida que no hallan en una sociedad presa de atrofia y de un extrañamiento incurable.

Análisis de casos

En el caso de un patrón de asesinatos por parricidio en los últimos tiempos se citan los ejemplos emblemáticos de Guiliana Llamoja que acuchillo a su madre María Del Carmen Hilares hasta provocarle la muerte en el 2005, cuando ella sólo tenía 18 años. Hoy esta en libertad luego de estar unos años en ´prisión, al parecer reintegrada a la sociedad. En medio de este drama había una fortuna en juego. Un segundo caso, es el asesinato de Myriam Fefer (2006), al parecer asesinada por orden de su hija Eva Bracamonte Fefer a manos de un sicario colombiano, Alejandro Trujillo Ospina. En este caso se vio incriminada la supuesta pareja sentimental de Eva Bracamonte, Liliana Manarelli, hoy libre de todo cargo. También en este caso hay una fortuna en medio, disputada por el hermano de Eva, Ariel Bracamonte. El juicio de Eva Bracamonte fue anulado y hoy espera un nuevo proceso en libertad. El tercer caso, es el parricidio de Elizabeth Vásquez Marín (2010), por orden de su hija Elizabeth “Elita” Espino con ayuda de su pareja sentimental Fernando Gonzales Asenjo, y su amigo Jorge Eduardo Cornejo Ruíz, hoy condenados a prisión. Elita Espino fue condenada a 30 años de prisión. También hay una fortuna en juego. Y por último el caso más cercano de parricidio: el asesinato de la empresaria panadera María Rosa Castillo (2013), a manos de su hijo Marcos Arenas Castillo (22), en el que esta incriminada seriamente su novia Fernanda Lora (19), acusada de instigar el parricidio .

En estos casos sonados de parricidio se puede sostener que la poca disposición a hallar en la educación y en el ambiente de familia los valores o ideas fuerza que moldeen una identidad estable en los jóvenes, predisponen a un uso perverso de la libertad . Los traumas e impases afectivos son revertidos en rencor hacia las figuras paternas (todas mujeres) porque la existencia de la autoridad se convierte en un conflicto de poderes, donde la prohibición y el yugo paterno no representan estímulos de educación, cuando si de obstáculo para ambiciones desmedidas. La falta de sentido de culpa, el dinero que empodera indebidamente, y la vida sin límites y vivida con crueldad conforman una identidad donde no hay ley que detenga, o que se imponga para seres que se sienten por encima del bien y del mal . El narcisismo crea un ser capaz de todo. La violencia fría en contra del ser amado, al punto de quitarle la vida crea una persona que calcula y que se sumerge en la mentira constante. El desequilibrio del que parte toda experiencia de resilencia y de invención profesional, que tanto necesita la productividad de una economía salvaje, es el contexto psicosocial para la formación de tendencias criminales en una sociedad que importa poco, y donde la lucha por el hallazgo de la creatividad debe darse sobre la necesaria indigencia y desarraigo colectivo. El capital requiere destruir la sociedad para elegir a los genios que lo reproducen.

Un caso cuyas consecuencias son distintas, pero que se nutre de causas similares es el suicidio del joven estudiante Emilio Egocheaga D Angelo . Cito este caso de reciente data como ejemplo para señalar que un contexto similar de lazos familiares rotos, incomprensión y excesiva frivolidad y pobreza en las relaciones sociales inmediatas en los jóvenes trae como consecuencia impactos y reacciones distintas a la formación de inclinaciones criminales. En el caso del estudiante Emilio Egocheaga la fuerte depresión causada por la ruptura de sus padres lo llevo al suicidio , luego de estar sufriendo un fuerte cuadro de aislamiento, sin poder comunicar su aflicción y en un medio donde su fragilidad e interioridad no contaba. A diferencia de los casos de parricidio, este joven no canalizó su posible desadaptación con rencor hacia sus padres, sino que reprimía sus emociones y vivía en una errática timidez, sin haber podido dar forma a una identidad. La baja autoestima, el miedo a la vida, y la desubicación frente al mundo lo llevaron a no querer crecer. En este sentido, un dato que alentó la depresión fueron las dudas del joven a cerca de su futuro profesional, pues abandono en el último año la carrera de ingeniería industrial, para empezar de cero en la de comunicaciones; una señal de que deseaba inclinarse por las letras y testimoniar su dolor interno.

Un caso sonado en los últimos días es el asesinato de la joven estudiante universitaria de 17 años Karla Vanesa Zelada Suazo, a manos de su ex enamorado Alexi Pacasi Vargas en el distrito de San Miguel . Luego de haberse escondido en el Callao, el joven fue capturado y confesó que degolló a la joven, habiendo sido ayudado por un cómplice. Al parecer los celos y el hecho de que ya no eran enamorados fueron los móviles del crimen. En este caso se demuestra la vulnerabilidad en que se hallan las mujeres frente a hombres que piensan que una relación de pareja es poseer como su fuera una propiedad a la mujer, y que no hay derecho a dialogar para zanjar algún dilema en común. La falta de educación, y como señalo el contexto de donde se obtienen los anti-valores de este joven hacen pensar que la violencia, y la agresión son parte del hecho de ser hombre, y que no hay ley que pese sobre ellos. Por otra parte, la violencia en la que caen los varones son señales de que la masculinidad ha entrado en severa crisis y las tendencias más autoritarias y machistas alcanzan formas de agresión socializada .

Conclusiones y propedéutica.

1. A diferencia de los enfoques de la desviación, donde el crimen y las conductas anormales eran la excepción a la regla, en nuestras sociedades postindustriales la conducta criminal y psicopatológica es casi común, y es la exageración en un tejido social donde la anomia es la regla institucionalizada.

2. El crimen, y las conductas sociopáticas, sobre todo en jóvenes son las señales que la sociedad de consumo que se levantó con el objetivo de contener el cambio histórico, desde Mayo del 68, ha logrado un éxito parcial. Han separado a la juventud de las fuerzas históricas, pero al costo haberse generado una subjetividad desamparada y sumergida en la violencia.

3. Ahí donde las emociones y la sensoriedad son admitidas como capacidades de producción se incorporan de modo cruel áreas de la vida, que inoculan creatividad al mundo tecnificado, pero con el resultado de que se desestabiliza más el ser, y se vive en un gran resentimiento generalizado.

4. Las políticas democráticas de diálogo, de amistad y de amor romántico fallan, como rutas sublimadoras de civilidad, lo que deviene en violencia y en el desarrollo de una personalidad que halla en la barbarie una forma de vida y de placer enfermizo.

5. Ahí donde hay mucha libertad, que hace posible el consumo, retrocede la educación y se esfuman los valores de respeto por la comunidad ciudadana, lo que deviene en un maluso de la libertad.

6. Las conductas sociopáticas y de forma indirecta las tendencias suicidas son expresiones de que la sociedad se viene descomponiendo en favor de una modernización desbocada y destructiva. La búsqueda de invención despierta también lo peor del ser humano por mor de la productividad.

7. Como propedéutica las rutas para medicar nuestra cultura frente al avance de la criminalidad y la depresión, residen en el equilibrio mismo de la persona, al tolerarlo todo, como individuo autorreferido o en la insurgencia de una revolución cultural que reconecte a la sociedad, la cultura con el sistema política y sus fuerzas materiales.

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El origen político de las ciencias sociales.

by on Oct.15, 2013, under Sin categoría

Ronald Jesús Torres Bringas.
ronsubalterno@gmail.com

Resumen:

En los márgenes de este escrito político se narra la historia de un error histórico y ontológico que tuvo a la larga consecuencias en el modo como se pensó nuestra sociedad y de como se actúo en ella. El desplazamiento político de la filosofía social en los años 60s no fue como se piensa un salto cualitativo, una lucha dialéctica, un progreso de nuestra inteligencia que tuvo ciertamente aplicaciones políticas en el cambio social que promovió la modernización social sino un fenómeno estricto de regresión civilizatoria. El lento derrumbe de las ideas matrices que diseño la modernización con sus matices en el desarrollismo, la dependencia, la democracia, y los estudios culturales son estadios de una profunda confusión, de un rotundo desacoplamiento entre la vida y el pensamiento, que llevo inscrita desde sus orígenes las ideas fuerza de las ciencias sociales y el modo como interpretó su cientifización en nuestra realidad. Y este rasgo es expresión y causa precipitada de una cultura sin valores y sin base donde cobijar nuestra singularidad histórica.

Abstract:

In the margins of this political writing is the story of a historical error and ontological eventually had consequences in the way our society and thought of how I act on it. The political movement of social philosophy in the 60s was not as you think a qualitative leap, a struggle dialectical progress of our intelligence applications certainly had policies that promoted social change social modernization but a phenomenon civilizational regression strict . The slow collapse of matrices design ideas modernization with its nuances in developmentalism , dependency , democracy , and cultural studies are stages of deep confusion , a resounding decoupling between life and thought, I’ve been registered since its origins the key ideas of the social sciences and the way he played his scientization in our reality. And this feature has caused a culture without values abruptly without shelter base where our historical uniqueness .

Palabras claves: modernización, epistemología, cultura, ciencia política, hermenéutica, desarrollo, ciencias sociales, democracia, renovación moral.

El origen de las ideas sociales en el Perú. La promesa de los padres de la patria.

La inserción de la reformas borbónicas dictaminadas por la administración regia a fines del s. XVIII introdujo en los macrocefálicos regímenes coloniales, un severo descontento social. La intención de modernizar y reforzar el control fiscal de España sobre sus colonias de ultramar, para revertir la seria crisis de civilización que padecía la península, concitó el reclamo de las clientelas y grupos de interés corporativo que habían vivido a sus anchas en medio de una cultura medieval y de castas burocráticas, profundamente errática.

Como bien se sabe, este descontento coincidió con el despliegue de la Ilustración y las ideas seculares de la revolución industrial, lo que le dio a la disconformidad reinante, una ideología más o menos organizada y coherente con los crecientes afanes separatistas de los sectores sociales subordinados a las administraciones españolas. No solo la ilustración y la ideologización política ingresaron en las castas con más ´poder y estatus de las colonias, como fueron los criollos y mestizos, sino que también llego a los oídos y formación de los sectores menos favorecidos de la estructura social como lo fueron los curacas y diversos liderazgos profesionales asociados a las clases populares. Es esta difusión de la Ilustración y de la modernidad revolucionaria la que dotaría a los liderazgos criollos y curacazgos de elementos ideológicos para hacer una lectura sesuda de la situación colonial y de las profundas posibilidades históricas de una separación forzada.

Ya el descontento criollo había crecido producto de su fuerte ascenso social en las colonias, pero no conseguían consolidar dicho poder en control político y en el reconocimiento regio de sus interminables títulos y bondades nobiliarias. A fines del s XVIII la desconfianza hacia los criollos y mestizos con mayor poder había provocado el apartamiento político de los españoles de toda dirección de cargo público o virreinal, lo que los acercó a la necesidad de construirse una identidad social secularizada y revolucionaria. Es el despertar pre-nacional de las élites criollas, sobre todo con la expulsión de los jesuitas ilustrados, y la develación a sangre y fuego de las rebeliones indígenas en el sur del Perú, lo que les alentaría a reforzar sus afanes separatistas y alimentar en una estructura social engarrotada y conservadora ideas sociales acorde con el ascenso ideológico y político de sus principales líderes políticos.

Estas ideas vertidas en el periodismo embrionario y panfletario de la época, como lo fue el periódico “EL Mercurio Peruano”, órgano de la prensa liberal, en las discusiones de varias logias seculares, en el grito de rebelión de Vizcardo y Guzmán y en las enseñanzas del Convictorio de San Carlos, con el pensamiento de Toribio Rodríguez de Mendoza, lo que dotaría a los criollos ilustrados y a sus allegados de la suficiente cohesión ideológica para ir tomando una línea de mayor independencia con respecto a España. Si bien estas ideas rozaban muy precariamente tesis sociales, si estaban inyectadas de un fuerte condimento político, igualitario y anticlerical que otorgaba cierta modernidad y originalidad a la empresa emancipadora. A medida que España perdía poder, y las juntas de gobierno en apoyo a la constitución de Cádiz de 1812 eran aplastadas por el Virrey Abascal y Goyeneche, las ideas separatistas eran pregón obligado de la embrionaria ciudadanía criolla. Hay que añadir, como mención Castro, que ya el pensamiento escolástico que sostenía a la Colonia había sufrido una fuerte relajación y relativización con las posiciones modernistas de los jesuitas, los cuales fueron finalmente expulsados del Imperio en 1767.

Sin embargo, la coherencia entre el pregón y la acción política difería en el Virreynato del Perú, en relación a las otras colonias. Nuestra cultura por ser sede del Poder colonial y por desarrollar lazos culturales y comerciales más solidos con España, era profundamente conservadora, y era, por lo tanto, muy reacia a la independencia radical de España. A pesar que se alimentaba una vida cultural e intelectual de relativa cercanía con la ilustración Europea, existía un profundo descuerdo y lejanía a tener que enfrentar el poder regio, pues la experiencia de las rebeliones indígenas y el crecimiento del miedo a las poblaciones de la negritud, como bien lo señala Flores Galindo, en su texto “la Ciudad Sumergida”, habían imprimido una cultura política muy reservada y no inclinada a reformas radicales de la colonia.
Por eso el apoyo a ideas sociales más seculares y radicales provenía de las periferias y de las otras colonias de ultramar. Si constatamos que las empresas bélicas separatistas que deciden la autonomía total de América Latina llegaron de Argentina y luego Venezuela, se puede asegurar que el centro del poder Virreynal era encerrado en concepciones políticas medievales y aún muy clericales. Ya decidida la independencia relativamente con San Martín, en Julio de 1821, y luego de las pugnas criollas en Lima entre Monteagudo y Riva Agüero, y los principales criollos por el sistema de gobierno más adecuado que debería asumir la Futura nación, se puede mencionar que los serios vaivenes y complots en contra del naciente Perú certificaban el fuerte compromiso de las clases criollas, y de varios sectores sociales hacia la corona.

Aún cuando la promesa de los padres de la patria se acoplaría al republicanismo como forma de gobierno del futuro Perú, luego de la Victoria de Bolívar en 1824, es de mencionar que este decidido republicanismo escondía a la sazón el real proyecto de regresión civilizatoria y feudalizada que imprimirían los criollos luego de su separación con respecto a España. Las ideas seculares nunca calaron lo suficiente o no merecieron el verdadero compromiso de los letrados criollos como para establecer desde sus orígenes una república sobre bases ciudadanas e igualitarias. No solo este dilema no tenía una pronta solución en una cultura anarquizada por la guerra, y con precedentes institucionales muy lejanos a desarrollar una experiencia republicana, sino que en su misma base cultural estas discusiones sobre la civilidad de un pueblo sin Estado y desarticulado eran sólo retórica barata en una clase criolla que se beneficiaba de los latifundios crecientes en la ruralidad, y de una economía que había sido obligada a ingresar en la hegemonía comercial del Imperio Inglés a contracorriente.
A pesar de los interminables debates entre liberales y conservadores durante el S XIX, sobre la condición social y cultural del país que se les había entregado contra su voluntad, en la práctica se respiraban gobiernos que no tocaron ni llegaron a modernizar el Estado lo suficiente como para dar cobijo a las ideas seculares y republicanas que se difundieron durante la empresa emancipadora. Las ideas sociales permanecían confinadas en la literatura romántica, en la crónica de viajeros, en las fortalecidas posiciones de la escolástica colonial, y en una versión política de los temas sociales que ahogaba el descubrimiento de la sociedad como problema en específico. Es de recordar las restauraciones del pensamiento filosófico de la Colonia, con el Agustinismo de Bartolomé Herrera, señalamientos que fueron reforzados ante el ligero eclipsamiento del liberalismo, y el reforzarmiento del conservadurismo con la llegada del positivismo en América Latina que se torno en autoritarismo político. Agregando a ello, el positivismo en el Perú confundió la realidad con un progreso que nunca llegó. No paso de la retórica y del pregón pseudo científico. Fue una lectura que confundió las energías intelectuales y que dispenso de todo trabajo a las elites internas, responsables de la debacle posterior.

El continuismo social, aunque con enmascaramientos seculares obvio la necesidad de discutir con propiedad la naturaleza de nuestra identidad. Solo el sentimiento de nuestros desencuentros culturales lo captaría la poesía de Mariano Melgar, o de Salaverry, o las ironías del costumbrismo y la repintura de los paisajes coloniales de Ricardo Palma. Tendría que aguardarse a la debacle de la Guerra con Chile y a la descomposición política de la aristocracia civilista, para que se descubriera y se planteara un sesudo conocimiento social y antropológico de nuestra condición moderna, ahí donde insurgían nuevos actores y nuevas sensibilidades. En el s XIX la Costa era el Perú real, mientras que la sierra era el pasado, y la selva era sólo algo accesorio y exótico. El liberalismo criollo triunfante de los procesos independentistas fue radical en su desmembramiento de España, pero hacia adentro no democratizo, no renovó, ni consolido un Estado unificado.

El otro lado de la cara de la luna lo representaban los indios, las clases sociales más aplastadas durante el régimen colonial. Aunque en el proyecto separatista de los criollos los indios no aparecían sino como montoneros de sus ejércitos de liberación, como el sector necesario aunque despreciable de su aristocrática experiencia republicana, se puede objetar que las ideas libertarias de la Ilustración si calaron en los liderazgos indígenas más consolidados.

La necesidad de darle una orientación de mando a las masas indígenas, hizo que se conservara las instituciones curacales para administrar los territorios, y hacer un uso intensivo de la mano de obra para la mita y los obrajes. Esta indianidad dirigidas por territoriales curacazgos conservo en la mentalidad de sus dirigentes y nobles reconocidos la figura religiosa y telúrica del Imperio Incaico perdido pero no olvidado. A pesar de las reducciones coloniales, la aculturación religiosa, y las diversas reorganizaciones poblacionales que intentaba instaurar las haciendas y las mitas, la religiosidad andina y cosmológica de los indígenas pervivía en la figura de sus sincretismos y sus celebraciones rituales escondidas. Los vitales Curacazgos, en este sentido, eran una correa de transmisión de los ánimos de restaurar el pasado perdido, en la medida que la Ilustración revolucionaria dotaba a su inteligencia curacal de un poderoso instrumento para conseguir dicho objetivo.

Pero el descontento en forma de proyecto político llegaría durante el S. XVIII con los levantamientos indígenas en diversos lugares del Virreynato. En la rebeliones más netamente indígenas de José Santos Atahualpa en 1742, y de Túpac Amaru II, en 1780-1781 se concitaba no sólo un proyecto de reclamos y de reformas sociales a las instituciones injustas y engorrosas de los corregimientos y las encomiendas, sino un espíritu de rebelión de separatismo nacional indigenista frente a la explotación y las humillaciones por parte del régimen colonial.

La severidad de las reformas borbónicas deposito el grueso de la nueva fiscalidad regia en las ya amilanadas clases indígenas, y en las prerrogativas de los Curacazgos, que se habían enriquecido con el comercio desde la costa, la Sierra y el Alto Perú (Hoy Bolivia). El descontento ante la nueva política del reino, cobró forma cuando la lectura de los curacas fue apoyar rebeliones para reposicionarse en este nuevo concierto que no les favorecía; pero dichos levantamiento cobrarían una forma de mayor radicalismo en las masas indígenas que les siguieron, perdiendo el apoyo de los criollos y mestizos ante la politización de la gesta rebelde. Se puede decir el develamiento de esta rebelión en 1781, no sólo significo la desaparición posterior de las noblezas indígenas, sino que impidió darle a los procesos criollos independentistas posteriores una legitimidad cultural y política en las clases más explotadas, cosa que nunca les importo en realidad.

El calculo de los criollos y luego el retiro del apoyo a la rebelión indígena aborto la más originaria experiencia de nacionalismo indígena que se despertó en 1780, en la sierra sur del Perú. Desde luego la destrucción de la nobleza indígena, y el nuevo curso ideológico que adoptaría los procesos emancipatorios posteriores, desconocerían la necesidad de pensar la República junto al indio, y harían del diseño de los nuevos gobiernos republicanos preocupación exclusiva de una elite que completó y reforzó el legado colonial, aunque se distinguían de él. La confiscación de las tierras y los curacazgos a los líderes indios, darían pie a las grandes como improductivas extensiones latifundistas, y a una nueva concepción servil y castiza del indio, como la rémora de la nación. Desde el eclipsamiento rápido de estas rebeliones indígenas, se tendría que esperar a la campaña de resistencia de la Breña, en la Guerra con Chile, y a los levantamientos campesinos del S XX para hablar de la formación de una voz nacional propia de la cultura andina, que los procesos políticos en ese entonces ahogarían en el olvido de otras lecturas erradas de estas experiencias.

Es desde mi visión necesario remontarse a estas época de origen de la experiencia republicana, para señalar que el sujeto político que se buscó para el remozado como incompatible contrato social republicano del S XIX, es la razón del desconocimiento de nuestra propia condición como país y como cultura. Si no hemos poseído la lucidez necesaria para conocer nuestras sociedades ha sido porque las herramientas cognoscitivas, y los imaginarios intelectuales con la que hemos examinado nuestros procesos históricos desde nuestros orígenes han carecido de las actitudes y de los compromisos afectivos para pensar más allá de los intereses políticos nuestras sensibilidades y profundidades culturales. Ubico que ha sido el esnobismo y el vínculo secreto con la reacción y el poder las razones psico-históricas que explican la prevalencia de lecturas políticas y de solo mero diseños jurídicos e institucionalistas como miradas insuficientes para reconocernos como sujetos y culturas vivas. Desde esa época de falaz ruptura independentista, pensar ha sido un oficio de personajes que pregonan una ferocidad que no poseen, y que no son sus verdaderos intereses reales. El indio dejo de pensarse a si mismo; seria objeto literario y social de otros actores, que en su nombre arrogarían malas conjeturas e ideas absurdas… La vida debe pensarse a si misma.

El arielismo y la idea de nación

Es la debacle política y civilizatoria que significaría la Guerra con Chile, y en el contexto externo la llegada del escepticismo ante los efectos culturales de la racionalización industrial en Europa, la que precipitaría el surgimiento de una nueva sensibilidad intelectual, y por ende, la aparición de nuevos actores que se plantearían como solución política y cultural ante el derrotismo de la guerra.

El costo de la guerra no sólo había abierto heridas organizativas y económicas dolorosas sino que había manifestado el conflicto irresuelto hasta hoy en día de nuestra condición sociocultural. Había puesto en la mesa de debate, de algunas conciencias ilustradas, como Gonzales Prada, la Generación del 900, el indigenismo, el anarquismo y el primer marxismo la pregunta ¿quién somos? y ¿que territorio habitamos? En ese sentido, había lanzado la idea de que había que pensarnos e interactuar como nación, para que el inefable destino no nos cogiera nuevamente desprevenidos y desunidos.

La respuesta ante el marasmo institucional fue asombrosa. Mal que bien la remoción de los escombros de un país ya en declive desde la bonanza de guano, había posibilitado la recuperación económica del país, y su inserción amical en los nuevos circuitos del poder capitalista, representados por EEUU. El Perú en base al reinado de la república aristocrática pudo diseñar una economía de enclaves productivos, una formación primario-exportadora que permitió la conservación y sofisticación de la estructura social y política heredada desde el s XIX. Se consiguió una resonada estabilidad política, pero con una inocultable exclusión social de los sectores mayoritarios. Es decir, el ingreso de la economía nacional en un escenario de libre mercado, y de políticas liberales moldeo un sector externo muy diversificado donde eran claves la exportación del petróleo, el azúcar, el algodón, y algunos productos mineros como el cobre y la plata. El contexto de la I Guerra Mundial favoreció los precios de materias primas en el mercado internacional, lo que fortaleció el poder la República aristocrática. Estos enclaves estaban bajo el control de algunas familias, y asociadas al capital extranjero, principalmente norteamericano y europeo. El sector moderno de la economía era pequeño, y poco insertado en el territorio nacional, dependiente de los vaivenes de los precios y las ventajas comparativas del mercado internacional.

Esta formación social moderna destacaba por su desconexión con las economías menos modernas del país, o digámoslo así, tradicionales, y poco tecnificadas, como la agricultura de los señoríos feudales de la sierra, los pequeños mercados regionales, y las profesiones liberales que tímidamente crecían en las ciudades. Había aparecido un pujante proletariado, pero era muy pequeño para ser expresión de una industrialización o importante economía manufacturera que no existía sino raudamente. Este perfil estructural y económico que examinó brillantemente José Carlos Mariátegui en sus estudios sociales, fue la expresión más elevada de una sociedad de castas inmovilizada, que mantenía encerrada a casi el 90% de la sociedad en límites de servidumbre y de economías de subsistencia que permitían, a su vez, la hegemonía de Lima, como centro indiferente y moderno de un País irreconciliado. La estructura social que había sido heredada del s. XIX, y que se debatía entre el hispanismo, el pasadismo y la moda afrancesada, en Lima, y un bullente sector popular rural, y de “mistis” y de profesiones liberales, como la medicina y la jurisprudencia, anclados en la hipertrofia social y educativa, se mantuvo incólume hasta bien entrado el s. XX.

Las fuerzas sociales que tambalearon este orden social varado en el tiempo nacieron previamente en la imaginación de intelectuales comprometidos, y en las acaloradas discusiones que se originaron en las universidades y pujantes sindicatos obreros. El descrédito y la pésima actitud de las clases altas ante el desenlace de la guerra con Chile, originó un descontento singular en líderes anarquistas y una nueva generación de jóvenes intelectuales de clase media, que bebieron de los discursos e inflexiones políticas de Manuel Gonzales Prada, acervo crítico de la hipocresía y la irresponsabilidad de la oligarquía ante la guerra. Es útil señalar que la labor del periodismo contestatario y las relaciones desde el s XIX entre los obreros y logias masonas prepararon el camino para el crecimiento ideológico de ideas de corte social. La experiencia del partido radical Unión Nacional, fundado por Gonzales Parada en 1891, los reclamos en el campo, y las protestas del movimiento anarquista a propósito de la lucha por la jornada de las ocho horas, cobijaron y socializaron preocupaciones por conocer un país cuya inteligencia vivía en Lima, y que no conocía el Perú a cabalidad. La unidad entre el obrero y el intelectual selló una época de marcada producción cultural e intelectual, donde los discursos públicos y las publicaciones de prensa anarquista introdujeron ideas de corte progresista; ideas donde el pensar la sociedad como un organismo vinculaba las energías sociales a una idea de sociedad o de proyecto nacional.

Esta línea anarquista se difuminaría conforme la conquista por la jornada de las ocho horas se haría realidad, y los aires comunistas desplazaban al pensamiento anarquista del control de los sindicatos. La influencia decisiva de la revolución rusa en 1917, y la fuerza de las ideas socialista permitieron el crecimiento del movimiento estudiantil aunado a las protestas y la capacidad de organización del movimiento obrero peruano. Las consecuencias al nivel del pensar fueron la conformación de lecturas sociales cada vez más objetivas y eruditas, originadas no sólo en la ferviente clase media intelectual, sino en las clases medias de varias ciudades del interior del país como Puno, Chiclayo o Trujillo, por ejemplo. La unidad de la clase media, sobre todo en la órbita de la reforma universitaria y su rol dirigente en la conformación de agrupaciones políticas, como los frentes y ulteriormente, permitirían la conformación de los partidos comunistas y el APRA, expresiones organizativas de mayor calado de la lucha revolucionaria.

La fuerte vinculación entre la política y las ideas asociadas a ella, daría el impulso para esfuerzos por elaborar una fuente documentaria e interdisciplinaria de varias visiones intelectuales, donde la apertura y la coexistencia de posiciones no siempre coincidentes permitirían en los pensamientos de mayor elaboración y sistematización como el marxismo y el antimperialismo del APRA una interpretación sui generis del caso peruano en el contexto de la efervescencia latinoamericana. Si esto pudo ser así, se debió a que la libertad en el pensar y la búsqueda de pensar la singularidad nacional al calor de los debates políticos vulneró a las contribuciones intelectuales de posibles dogmatismos y visiones espartaqueanas de la realidad. Había el suficiente juicio para resignificar lo externo, y con ello pensar y actuar acorde con nuestra propia experiencia de sociedad. Expresión de este encuentro de saberes lo representó el trabajo periodístico de aquel entonces como “El tiempo” y “La prensa” o la labor editorial de la revista “Amauta” que aunque duro poco tiempo fue prueba del intentó de llevar al público una visión integral del país.

El ser y el significado se acercaban en esta época, la vida y el pensamiento trabajaban de forma cooperante debido a que la influencia del Arielismo latinoamericano fundaba frente al escepticismo de Europa un acercamiento al sujeto y a la vida, que negaba el determinismo y la excesiva burocratización que describía Weber, con su idea de “la jaula de hierro”. Se trataba de una manera nueva de entender la realidad que hallaba sus fundamentos en la filosofía de la vida de Nietzsche, Dilthey y Bergson, que valoraban frente a las cosificaciones del positivismo y de la racionalización de la empresa capitalista la propiedad única de la vivencia, el milagro de respirar y existir. En las artes se producía una explosión de creatividad con las vanguardias, el surrealismo, el dadaísmo, etc. En el mismo campo de la ciencia, la revolución científica que supuso el relativismo, o la física cuántica de Einstein que observaban las apreciaciones unilineales de la física newtoniana, es decir, donde el papel de la subjetividad y de lo cualitativo cumplía un rol protagónico.

En América Latina se trataba de un cambio de perspectiva. Previo al giro de la filosofía social hacia el repensamiento del continente se produce el movimiento artístico del modernismo con las creaciones poéticas de Rubén Darío y José Santos Chocano en el Perú. El descubrimiento de la sociedad con la aparición de nuevos actores provoca un giro peculiar hacia la búsqueda de una nueva sensibilidad, una nueva cultura que había sido opacada por el mecanicismo y pragmatismo de las sociedades europeas y la norteamericana. Esta búsqueda de extraer de un continente olvidado una cultura latinoamericana es descrita en la obra de José Enrique Rodó, “El Ariel” donde Ariel es el espíritu latino, la libertad, la estética, y Calibán es Occidente, y su tecnificación incipiente e imparable.

En ese sentido, la influencia de esta obra, y los pensamientos poéticos de José Martí en la búsqueda de una revitalización de América Latina, hacen que los intelectuales se lancen al estudio de la sociedad desde una lectura hermenéutica y la vez holística. Ante este objetivo se levanta el interés de armar desde las propias peculiaridades del ser latinoamericano proyectos nacionales que reconozcan a sus actores y nuevos ciudadanos, y poner los fundamentos filosóficos sociales para el despegue cultural y a la vez industrial de las naciones soberanas, y a la vez espirituales. En visiones tan disímiles como inquietantes de Víctor Andrés Belaunde, Los Hermanos Ventura y Francisco García Calderón, José de la Riva Agüero, y las posiciones del marxismo sui generis de Mariátegui se recoge la influencia del Arielismo en el terreno de la construcción política, donde antes que una arquitectura sombría de burocracias y organizaciones extrañas la construcción de la nacionalidad es una creación espiritual y a la vez heroica. Todos ellos, pero con más éxito y renombre Mariátegui buscan el sujeto de esta nueva institucionalidad imaginaria en la raíces históricas y geográficas del Perú profundo, y a la vez real, llegando a la conclusión que el Estado nación es obra de una autóctona subjetividad que el tiempo y el caos han obviado. En Mariátegui este sujeto es el indio, como lo fue para Gonzales Prada

La libertad en el sentido de los arielistas, como en los estudios de Alejandro Deustua arribando el s XX es una búsqueda de hacer de esta más que una conquista política o una prerrogativa ciudadana, sino una condición para crear y vivir de modo estético. Ahí donde campeaba la obligación de adecuar nuestro espíritu a las exigencias de la racionalidad formal y del soberbio hombre cartesiano se persigue en la manifestación estética la creación y expresión de nuevos valores que alcancen la unidad de nuestras culturas, y les doten del reconocimiento, mancillado por siglos de explotación y dominio, de una remozada identidad que reinterprete las influencias de otras civilizaciones y que destaque por su autonomía política y espiritual.

En el campo en estricto del nuevo Perú que sale de la guerra, la preocupación sobre los efectos morales y culturales de la guerra con Chile, preocuparon por primera vez a un sector ilustrado de la Oligarquía. En la reflexión de la generación del 900, cuyos máximos exponentes fueron Víctor Andrés Belaunde, los Hermanos Ventura y Francisco García Calderón, y José de la Riva Agüero, ya mencionados antes – referencia obligada para todos aquellos que presumen hacer un estudio sesudo del Perú- se inicia propiamente bajo estudios sistemáticos y globales del país un marco y una forma de pensar que intentaría buscar los elementos ideológicos y espirituales iniciales para un proyecto moderno de nación.

Ellos son los que en diversos planos intelectuales y valoraciones instituyen los temas clásicos, que se han vuelto horizonte reflexivo y cultural de muchas generaciones posteriormente: el tema de la identidad nacional, el problema del indio, el problema de la injerencia norteamericana, la industrialización y la necesidad de contar con un proyecto nacional. Plantearon estos temas con un énfasis culturalista y de diversos modos buscaron un acercamiento idealista a la comprensión de la identidad peruana. Aunque sus preocupaciones como intelectuales cercanos a la elite eran sedimentar las iniciales políticas y los procesos para modernizar al país, su preocupación central era crear los valores y los motivos espirituales de la nueva nación. No obstante, iniciar el horizonte cultural que las nuevas generaciones adoptarían de modo radical y heroico, se puede sostener que su predica aún respira un fuerte hispanismo y tradicionalismo, con ribetes positivistas, como señalaría Luisa Alberto Sánchez, en su libro “Balance y liquidación del Novecientos”.

El descubrimiento de la sociedad es paralelo al descubrimiento del indio. Aporte de ruptura que es sentenciada por el grito de Gonzales Prada, voz que surge de la debacle moral de la guerra con Chile y que aprovecha la condena de los responsables de dicha derrota para señalar un nuevo comienzo. No solo sus discursos incisivos y su retórica polémica poseían el propósito de dejar atrás el pasado y el hispanismo aún incólume, a pesar de los estragos de la guerra, sino que incidían en la necesidad de rescatar de los escombros de un país desunido y fragmentado a la nueva subjetividad del proyecto nacional que se debía asimilar. Esta nueva subjetividad había que deshacer los siglos de menoscabo y de exclusión que habían soportado, y darle a esa concientización progresiva una identidad donde el trabajo de los intelectuales, de los jóvenes, lo obreros y los indios anunciaban la superación del pasado y de los motivos oligárquicos y criollos que habían sido la causa de nuestra atrofia nacional. Su pensar aunque no es claro ante las coordenadas centrales de esta nueva identidad, si es consciente que había que generar una nueva sensibilidad, un nuevo ethos de renovación y de fe cívica.
Cercano al arielismo y al radicalismo de su época se puede decir que las contribuciones de Gonzales Prada beben de la necesidad de concebir una nueva identidad a un país sin ella- donde el conformismo y la tradición anquilosada eran la norma enfermiza- pero a la vez confiaba en demasía en los poderes subalternos que insurgían, y que a la larga no buscaban la renovación nacional que tanto él ansiaba, sino la internacionalización de sus luchas.

Demás esta decir que el anarco-sindicalismo, del que fue uno de los inspiradores, se agotaría al conseguir la jornada de las ocho horas en 1919, en el gobierno de José Pardo y Barreda, y sería absorbido por tendencias más propiamente socialistas, que desviarían las energías políticas hacia empresas de menos contacto con la realidad circundante. El anarquismo peruano de principios del s XX, era consecuente y honesto con sus ideales, partía de una lectura y una necesidad apropiada; luego de ellos la praxis política no siempre coincidiría con la inteligencia, o no siempre habría que creerle a la sabiduría del libro. Con Manuel Gonzales Prada se abre el pensamiento social, y es el primer momento lucido de la historia del país, como señaló Mariátegui, pero estuvo limitado a no ver que las mismas fuerzas en las que deposito su esperanza, estaban alejadas de toda posibilidad de conocer y gobernar con propiedad un país tan complejo e indescifrable como el Perú. Su pensar aunque comprometido con la imaginación de dicha causa es ya la quimera y el voluntarismo inicial en que caería la intelectualidad posterior: imaginar un país, sin que se supiera a ciencia cierta como intervenir en él.

La mirada compleja de José Carlos Mariátegui es peculiar. No obstante, ser testigo y partícipe ocular de las convulsiones obreras y anarco-sindicalistas de su época no se inclino del todo a una lectura marcadamente socialista, como fue la experiencia practica de otros intelectuales de la región. Su marxismo es sui generis no porque armó una lectura romántica y a la vez revolucionaria que conecte con las masas en un país sumido en el misticismo, sino porque captó debido a su propia experiencia autodidacta y sensible que el país en el que vivió se hallaba atravesado por factores culturales y alegóricos de antaño que era necesario incorporar en una visión progresista. Su animo no es retórico o sólo estrategia de comunicación como fue la intención subversiva de Gonzales Prada, sino que su visión se dio cuenta tempranamente que la sola fuerza de la liberación no podía provenir de un movimiento obrero pequeño y centralizado sólo en Lima y algunas ciudades de la costa, sino que había que inscribir en su proyecto socialista otras categorías sociales más propiamente peruanas, y sacrificiales de este indescifrable Perú, aún inconsciente de si mismo. En su propósito de entender este país con las herramientas del marxismo, se dio cuenta de su especificidad cultural, a la que vio más allá de la literatura o del idealismo exótico sino como ingrediente innegable de toda estrategia de desarrollo o de proyecto político nacional Su intención fue realizar la filosofía social de su tiempo inclinada al Arielismo, de modo práctico, pero a la vez dotar al materialismo y a la política institucional de una sesuda identidad, cuya naturaleza hermenéutica jamás desaparecería.

Mariátegui pertenece a la época donde los valores y motivos del arielismo espiritualista están siendo desplazados lentamente por posiciones y aires más revolucionarios, que intentan llevar a la realización estos sentimientos culturales heroicos. De este contexto multifacético y heterogéneos en cuanto a matices intelectuales y disposiciones políticas bebe su pensamiento que hacía los años 1923-1928 intenta radicalizar este ambiente dominado por planteamientos culturalistas y reformistas, provocando el intento de síntesis y unificación de las luchas sociales en la idea de mito revolucionario que toma de Georges Sorel. Si bien su proyecto de ingresar la heterodoxia culturalista en un proyecto habla de un uso explícito de construir un proceso socialista, nunca su propuesta abandona el plano de la discusión, del entendimiento y de la traducción de saberes diversos Entiende que la materialización de un proceso político único aún logrando su objetivo concreto debe renovar y cambiar los elementos intersubjetivos que mantienen en la parálisis institucional y moral una específica matriz cultural. No solo intuía la decadencia en las fuerzas que buscaba liquidar y en las filas propias, sino que presumía que el socialismo no conseguiría acabar con la cultura dominante y criolla que latía sólida en nuestra cultura, si es que no superaba el idealismo como propaganda y pasaba a la ética real y consecuente. Como sabemos su idealismo rebelde no produjo la revolución del alma que tanto esperaba, sino que le dio consignas y sofismas al conservadurismo marxista posterior, que desfiguro su pensamiento y reprodujo los males políticos de la cultura dominante frente a la cual se celebra como alternativa.

Hacia los años 1930 se produce una crisis de notable consecuencias en la política peruana. Partidos de masas surgirían en un contexto donde la formas de hacer política en sentido moderno nacerían. La crisis política de los años 31-33 en el Perú disputada por la Unión revolucionaria de tendencia fascista, y el naciente partido aprista peruano, de posiciones anti-imperialistas, representaría el arribo de tendencias totalitarias, movilizaciones de masas, y los efectos de crisis de modernización de la economía, producto de la crisis del capitalismo con el Crack de 1929 en Nueva York. El civilismo había perdido terreno, debido al embate de Leguía durante su oncenio de gobierno 1919-1930, y porque la órbita en las inversiones foráneas provendría ya no de Inglaterra sino del capital norteamericano. Cabe agregar que en el nuevo contexto de masas su apuesta notabiliaria había caído en el descrédito, aprovechados por los discursos anti-civilistas, y frente al radicalismo y la violencia tomaría el camino de la represión y la dictadura para proteger sus intereses.

La represión con conatos de guerra civil entre apristas y partidario de Sánchez Cerro, acabaría con la vida de miles de militantes en ambos mandos , situación que eclipsaría un ciclo político de crecimiento democratizador, y el poder tomaría la decisión de sacar del juego al APRA y al partido comunista, agrupaciones proscritas desde ese entonces. En este escenario las ideas sociales y la vida intelectual seguirían su propio curso, pero no alimentarían la praxis política con tanto ahínco, debido a la contra-violencia que se dictaminaría, y al restablecimiento de la estabilidad política, lograda por el ejército y su alianza con los sectores oligárquicos. Se empezaría una contracorriente conservadora que tendría efectos negativos en la modernización del país, en un contexto de inicio de los procesos por sustitución de importaciones en toda la región, y de protestas obreras por al crisis económica y la carestía de alimentos.

En el marco de la II Guerra Mundial en Europa, Perú se hallaba con una economía saneada, y había logrado sostener su institucionalidad ante el avance de los reclamos sociales. Su inclinación por los aliados, y su apoyo decisivo al capital norteamericano, alentarían acuerdos comerciales que beneficiarían al sector moderno exportador de nuestra economía. Esta estabilidad sumada a la desactivación de la actividad política de los partidos de masas, permitirían la hegemonía nuevamente del civilismo con Manuel Prado y Ugarteche, y representarían el no avance de la intelectualidad social hacia posiciones de responsabilidad política y tecnificada, sino su reubicación en idearios aún idealistas y literarios, cada vez más en desconexión con el lento pero seguro proceso de modernización que se llevo a cabo por las dictaduras, y sobre todo por la gestión de Manuel A. Odría en su gobierno del Ochenio.

El patrón de crecimiento luego de 1945, en ese sentido, incorporaría la primera necesidad de diversificar las producciones e iniciar un proceso de industrialización leve, que contrarrestaran los avances sociales, el proceso de urbanización, el crecimiento demográfico, y la aparición de nuevas necesidades y expectativas de modernidad, que todo esto conlleva. En el Perú si bien este proceso es menos álgido, debido al cierre político y la fuerte exclusión social de la Oligarquía se notan los límites internos de las políticas liberales para lograr modernizaciones sociales más vastas e integradas. Se avanza lentamente hacia la necesidad de introducir un proteccionismo económico y una decisiva intervención del Estado, que superara los atisbos de crisis del campo, y la marejada social de las décadas de los 60s y 70s, ulteriormente. Construir un modelo de desarrollo social moderno acorde con las nuevas sensibilidades y los perfiles sociales que insurgían.

La contrariedad de todo este proceso social y cultural que culmina con el salto a la modernización desarrollista fue que todo el proyecto intelectual y espiritualista que buscó construirnos una identidad nacional, antes de que la modernidad se materializara institucional y económicamente, residió en que los factores externos de complejización de la economía mundial, ante los que nos vimos arrastrados, no permitieron la maduración de una cultura soberana de sus procesos materiales e infraestructurales internos. La primacía de la economía y de una concepción optimista que veía en el desarrollismo la receta al porvenir, así como las veleidades de las elites al retrasar por todos los medios este salto ontológico, arrebataron a las nuevas subjetividades que ingresaron en este marco toda posibilidad de resignificar y de expresar los contenidos étnico-culturales y alegóricos de nuestra civilización. El resultado fue que el abismo entre la vida y el proyecto de darle significado se truncaría, por el sueño de crear una cultura calibanesca que nos extraviaría como sociedad.

El problema de esta línea de pensamiento arielista que culmina con Arguedas es que en la intensidad de su sensibilidad no se llegó a conectar o lo hizo muy precariamente su pensamiento y reflexiones sociales con saberes cada vez más especializados y tecnificados de la conducción del buen gobierno. Su búsqueda de la identidad antes que otra cosa confundió su ánimo por el trabajo especializado y por el llevar sus ideas a la praxis burocrática; por hacer de estas ideas organicidad institucional y técnica en el sentido concreto del término. Este abismo trataría de ser conjurado por la praxis política de la generación de los 60-70, pero en si misma las actitudes mesocráticas de su voluntarismo histórico prolongarían el sentimentalismo y la carencia de objetividad popular que desligan al intelectual de las voces que defiende y representa. La carencia de una palabra propia y de una inteligencia más allá de las deformaciones que las nobles intenciones o las manipulaciones políticas han obturado en las identidades subordinadas del campo y la ciudad, han hecho gravitar el pensamiento y las disposiciones metodológicas y epistémicas de la reflexión hacia sabidurías deshonestas que más han sentido la verborrea que la identificación total con las entrañas de este aún enigmático país. Esta época anterior a la modernización a secas perdería la oportunidad de cerrar las diferencias entre la vida y el pensamiento, debido a que dicha escisión sería acrecentada por el desarrollismo faústico, donde el interés práctico y las confianzas en el estructuralismo mecanicista, expulsarían a la cultura y a los sentimientos sublimes de las categorías de la historia.

Corte de aguas. Indigenismo vs ciencia social

Hacia los primeros años de la década de 1960 se estaban dando las condiciones socioculturales para un esperanzador cambio de época. Lo que finalizaba en Europa como la máxima expresión de las luchas de liberación estudiantil de Mayo de 1968, representadas en el marxismo libertario de aquel entonces, – y que prepararía la psicología para el desencanto postmoderno posterior- se daba en nuestras sociedades como el augurio de un nacimiento soberano de nuestros proyectos nacionales de identidad latinoamericana. Por varios motivos que solo mencionaré de manera general, esa esperanza cobraba forma en la decisión no sólo política sino encubiertamente ontológica de apostar por un cambio estructural desarrollista, liderado por el Estado. Los letrados de aquella época y las nuevas generaciones radicalizadas de aquel entonces veían la necesidad de una ruptura epocal que llevara a la practica todos los eruditos y rebuscados enunciados del periodo culturalista y a la vez filosófico anterior; que sintetizaran y probaran los postulados y sueños intelectuales de los arielistas en un proyecto socialista y la vez modernista de sociedad peruana.

Es motivo de señalar que esta traducción no se dio de modo enriquecedor para ambas partes. Sino que el avasallamiento de las políticas de modernización, y los desubicados dogmatismos en que se convertiría la política peruana de la década de los 70s imposibilitaron que la alegórica experiencia de nuestra específica espiritualidad nacional, fueran representadas de modo soberano en un proyecto político autoconsciente y con robusta identidad propia. En más de la veces las buenas intenciones de dar el salto cualitativo a una modernidad dirigida por visiones ortodoxas, sacrificaron a la cultura que predicaban defender, imponiendo una versión mecanicista y a la vez unilateral de estructura social que mataría la oportunidad histórica de generar una renovación moral y cultural de nuestra experiencia de nación. La forma en que se impuso la modernización que licuó la sagrada tradición de nuestro Perú diverso preparo a la piscología social para los desequilibrios y fusiones sin coherencia de nuestros días, con el consiguiente resultado que esa decisión histórica se tradujo en un error ontológico que nos expuso a la explotación y a la perdida de valores nacionales de nuestra época contemporánea.

La lectura de las avanzadas izquierdistas de la situación interna no fue la correcta. No obstante, experimentarse las finales erosiones del mundo oligárquico, y el desplazamiento de políticas de corte liberal por otras de orden proteccionista, el Perú no se hallaba preparado de manera material para el cambio estructural que plantearía el Populismo izquierdista, o por lo menos no ese tipo de reestructuración que se obturó. No se puso en evidencia que la misma naturaleza infraestructural de la formación social tenía el problema de que, como señaló Jorge Rojas , poseía una industria pequeña y muy ligada al sector exportador, que teníamos una de las economías más abiertas al comercio exterior de la región, teníamos un sector público pequeño y poco sofisticado, carencia de una clase media educada y fuerte que se opusiera a la oligarquía local, y que no se contaba con las destrezas burocráticas y los recursos humanos competentes para reorientar el patrón de crecimiento económico. Este abismo estructural fue la que dotó a la elite exportadora y a sus socios extranjeros de una solidez política, a pesar que los reclamos en el campo y el crecimiento organizado de una nueva sensibilidad generacional demostraban una crisis cultural e institucional de enormes proporciones.

Fue al final esta la razón de la debacle oligárquica: que su dominación había encerrado una desproporcionada injusticia y falta de reconocimiento cultural en las clases populares, incompatibles con los aires de industrialización y de modernización ciudadana que hervían en toda América Latina. Las expectativas crecientes y el gran descontento social habían producido levantamientos y grandes movilizaciones agrarias por la toma de tierras , en una deficiente estructura agrícola, que evidenciaban la expresión hacía fuera de nuevos deseos y ánimos de renovación cultural, que fueron representados y organizados en las filas de una izquierda renovada. La confianza en el desarrollismo y en las recetas economicistas de la CEPAL (Comisión económica para América Latina) creyeron hallar en sus doctrinas razones suficientes para asumir que el modelo liberal anterior era insostenible como programa, y que estas ideas matrices conseguirían hallarle a la nueva sociedad movilizada un nuevo contrato socioeconómico donde abandonar dicho modelo liberal.

En si un cambio de horizonte sociocultural fue potenciado como cambio político, y por lo tanto malinterpretado como indicios de que era el socialismo garantía de autonomía y desarrollo. El equívoco de apurar un cambio de enfoque no permitió ver con propiedad las características que mostraba la formación social, y por lo tanto, no se resignificó ni se operativizó las reformas estructurales que al parecer funcionaban en toda la región. Había que dar el salto a la modernidad pero reinventándola, sin matar lo nuestro. En su lugar se practicó una cirugía irresponsable y romántica que nos hizo ingresar en los orígenes de la internacionalización de la economía de modo desorganizado y sin haber dejado atrás las eternas trabas socioculturales que se reforzaron aún más. Ni el populismo tardío y sus reformas estructurales en que ingreso el país con el gobierno militar pudieron reconstruir los cimientos de una modernización autoconsciente, cayéndose en errores de gestión y de aplicación de la industrialización y de la reforma agraria que evidenciaron el mal aprovechamiento de las energías sociales que pretendía representar, y sin que se haya podido dar forma a una economía nacional libre e integrada. El historicismo exagerado, como mencionaba Nietzsche, desfiguró a la vida que quería liberar.
La creciente consciencia por la realidad económica del país volcaron los esfuerzos organizados a generar un desarrollo descentralizado y orgánico, que superara la pésima distribución de la propiedad rural, el desigual desarrollo regional, lo mal que estaba distribuido el ingreso personal, y que el desarrollo económico no llegaba a todo el país. De este modo se estudio la realidad social y se intervino en ella con una forma de pensar que ponía el acento en la modificación de las estructuras sociales, y que con diversos matices hallaba en la metodología del desarrollismo nacional del Gobierno militar del Velasco (1968-1975) y en las posiciones más radicalizadas del marxismo ortodoxos los sentidos comunes para dejar atrás el viejo régimen feudal y lograr así el progreso social. Pero en la situación muy específica de nuestro sistema político dicha algarabía y simplificación de la estrategia contestataria empobrecería la posibilidad de comprender y a la vez consolidar el cambio modernista, como resultado de que el reduccionismo de la violencia dialéctica que se imperaba arrojaría de los análisis y de las lecturas políticas para la acción toda la riqueza étnico-cultural que debió ser incorporada a una estrategia de traducción más democrática y no tan autoritaria. El costo fue que la cultura política fue arrastrada a una irracionalidad de consigna y de fragmentación de sectas que dispersó las energías políticas y apelo a la violencia y al autoritarismo para romper el esquema de fuerzas dominantes que se enquistaba en el poder. Aquel misticismo que se pretendía negar con la dialéctica retorno como dogma de violencia, perdiéndose la oportunidad de hallar en los intersticios de una convulsionante modernización un espacio seguro para el florecimiento de la identidad andina que se cholificó, o que se ahogaría en el resentimiento de la violencia administrada de los 80s.

Pero antes de entrar a debatir este proceso de lucha política irracional es necesario rastrear las causas que produjeron este envilecimiento de la cultura de izquierdas. En otros ensayos he examinado de modo estructural este derrotero , por lo que aquí sólo haré referencia a lo que su inteligencia científica social pretendió negar, como presunto mito fundador o salto cualitativo – me refiero al indigenismo- y a su vez hacer una historia de las actitudes conceptuales que examinaron la realidad social desde aquel entonces, y cuyas líneas de pensamiento son las responsables directas o indirectas de la violencia política que asoló este país.

En relación a lo primero, la lectura de los desarrollistas era que había que negar la estructura social calificada de feudal e inoperante para poder ser modernos. No sólo había que erosionar las condiciones materiales que atrapaban las energías sociales excluidas, sino que había que dotarle a las representaciones culturales e intersubjetivas de nuevos sentidos y referencias psíquicas que legitimaran el formidable como inevitable cambio social. Por una razón de unilateralidad y de confianza irracional en la razón modernista se pensó que era necesario también negar todas aquellas lecturas arcaicas y subjetivas que deformaban la reflexión social. Había que dar origen a la ciencia social, acorde a los requerimientos de la sociedad faústica, y lo que había que negar era el idealismo tradicionalista y su filosofía o metafísica; había que acercar la inteligencia a la experiencia práctica, a la praxis real de los actores organizados y alejarla de la teorización o de la especulación irracional. Uno de aquellos constructos que había que negar era ese indigenismo literario o esa filología sentimental que desperdiciaba fuerzas en el ensayismo literario o en el culturalismo abstracto y alienado. El resultado con el tiempo no fue la objetividad sino la desapasionante actitud técnica de dar énfasis al diagnóstico politológico y a las grandes verdades sin prestar atención a los motivos intersubjetivos que impulsan la acción. Como explicaré con más rigor en otro acápite las preocupaciones cognoscitivas del pensar serían devoradas por la politización absurda, y con menos fuerza por la restauración de un culturalismo existencialista y despotenciado que aparecería en una época posterior.

El mito fundador de las ciencias sociales, en especial de la sociología , tuvo su acontecimiento en la famosa mesa redonda de “Todas Las sangres” de José María Arguedas, en donde un grupo de científicos sociales , harían comentarios muy duros al carácter de verdad objetiva que representaba la novela de Arguedas, con la intencionalidad clara de negar el influjo culturalista de su pensar y de ese modo provocar un desplazamiento político de aquellos pensadores y de su influjo filosófico que representaban un obstáculo al arribo del marxismo y de sus herramientas políticas. Por diversas razones pertenecientes a las sensibilidad de Arguedas estos señalamientos fueron sentidos por él como una negación de sus aportes, de su vida – “He vivido en vano”- y como el emplazamiento ideológico de las energías de la reflexión literaria hacia preferencias más objetivas y científicas. Desde aquel entonces los intereses de la política, de la lucha por el poder hablarían con conceptos disforzados y abstractos de la vida, que se empobrecería en la sociedad modernizada. El sentimiento debería ser sólo combustible de la lucha de clases. La mesocracia pensante, y sus ciencias sociales mesocráticas deberían liderar y conducir el cambio histórico que tanto ansiaban producir.

El indigenismo que tanto se preocupo en conocer y expresar en la conciencia social del país la realidad dormida de las sociedades rurales, había sido una rama del saber arielista, una visión de los intelectuales mesocráticos o de tendencia urbana que se acercaron a esta problemática, para cambiarla o incorporarla al proyecto de nación que se ideaba . Con la vivencia de Arguedas del mundo andino él se propuso conocer y superar las interminables desfiguraciones que el indigenismo criollo obturaba en la realidad indígena. Él fue testigo sintiente y a la vez pensante de los cambios que se estaban produciendo en el mundo rural, que él tanto se había forzado en interpretar y liberar, por lo que ya entrando la década de los 60s y siendo testigo del proceso de modernización que se aceleraba con los levantamientos campesinos y los primeros atisbos de la reforma agraria, se dio cuenta que lo indígena que tanto amaba podía probablemente ser devorado por la modernización y que sus tesoros y tradiciones se perderían. En ese sentido, el aspiraba a una reorientación de la modernización que resignificara lo andino en lo moderno sin que se perdiera soberanía y se incrementara en vida. Su intención en “Todas las Sangres” como en su novelas y obra antropológica era aludir a lo múltiple, pero orgánico y armónico, que expulsara hacia fuera toda la riqueza del mundo andino, y no a lo multicultural actual donde prima el caos, la falta de identidad y los conflictos.

Por eso su observación a las tesis de las ciencias sociales que desnaturalizan y entienden al indio solo como campesino, sujeto formal y económico. Su premura no era detener el tiempo, o negar la modernización. El consideraba que era un proceso positivo pero que había que reconocer en su esencialidad aquello que se invitaba a modernizarse. Su idea era un “indio liberado” en su idea de mestizaje, donde se debía hablar el castellano desde el quechua, resignificar la modernidad bajo el poder de lo andino. La modernización que tanto le preocupaba hacía perder la inocencia al indio, desorganizaba su cultura y lo entregaba a una categoría de “cholo” que lo volvía sujeto de la revolución del campo, un sujeto urbanizado, un anexo o compañero bastardo de la revolución obrera. Su intención era no perder la inocencia de un niño que, sin embargo, debía saber manejarse en un medio de masas y de muchos elementos disimiles y amenazantes. Su entrada u ojo crítico no bebía de la conceptualización afilosófica e insensible de las ciencias sociales, que no va más allá del hecho, no lo siente o no lo interpreta como vivencia, sino que busca expresar lo intransferible, lo único en forma intersubjetiva y potenciadora, de modo que la vida hable por sí misma. Sentir para Arguedas no era mera protesta dentro de uno mismo o vivenciar sólo lo que se ama, sino acrecentar lo interno, lo que encierra una comunidad no de modo existencial o melancólico, sino trágico.

Por ello la protesta de Arguedas, y de su esfuerzo porque cobren vida aquello que iba a ser encerrado luego en lo que lo negaba, con la promesa de la ciudadanía asalariada. El mundo de ahora en que la globalización ha devorado nuestra constitución social, y la vida cultural es una copia caótica de múltiples fusiones sin lógica alguna ha hecho que el proyecto de cholificación, acuñado por Aníbal Quijano, entre en una franca decadencia o fracaso rotundo. La modernidad que solo se ha vuelto individualización y locura organizativa sólo invita y adiestra al migrante como sujeto económico y formal, negando su singularidad o trastocándola en la persecución de querer ser individuo postmoderno a toda costa, sin poder llegar a serlo. El mundo de nuestra cultura se vestirá con las formalidades de la modernización organizativa, pero sigue siendo una aldea donde las prerrogativas del mundo criollo y sus ficciones siguen excluyendo a las clases populares bajo razones de piel, de etnia, de clase, de género o de cultura. Incluso la competitividad actual traduce un racismo de la inteligencia que condena a la cultura honrada a la delincuencia y a la trasgresión como mecanismo de sobrevivencia, de goce y de protesta subterránea. Nuestra identidad conflictiva es la prueba de que los manantiales de los que vive y respira nuestro espíritu se hallan totalmente bloqueados, y toda la felicidad de los motivos ideales no llega a expresarse en el mundo administrado actual. La naturaleza reprimida, no sublimada de modo institucional ha tomado la senda del cinismo y la anomia como lógica de vida social.

He señalado parte del proceso cultural en que caería la sociedad peruana. Como aquello que fue lanzado como utopía y destino culminaría en informalidad, caos y pérdida de identidad cultural. La escisión entre vida y significado que la modernización prometió cerrar en base a la razón autoconsciente ha generado un mundo producido y extrañado, donde la cultura se privatiza o huye a las fauces de la marginalidad o de lo clandestino, como ruta de escape a su sensibilidad solipsista. Pero frente a este evento se desarrollan otras razones, conceptos o hechos políticos que permiten comprender como esta escisión o abismo fue porfiadamente neblinado, con un conjunto de verdades e ideas fuerza que han modelado nuestra psicología, nuestras representaciones colectivas, nuestros imaginarios más íntimos y nuestra arquitectura organizacional con el resultado perverso que la autodestrucción creativa, para usar una categoría de Shumpetter, en que ha ingresado el modelo de desarrollo actual ha enfermado culturalmente a nuestra formación social y singularidad. Las verdaderas configuraciones vitales y las reales luchas interiores que subyacen a esta falsa institucionalidad han sido ocultadas por mixtificaciones e ideologías que parten de este proceso de origen de las Ciencias sociales. Lo quiero decir con una fina expresión diplomática, pero la estructuración de nuestras sociedades desde aquel entonces, y su individualización o personalización postmoderna parten de una específica orientación política hacia el mundo moderno, de una misma raíz ontológica que luego retomaría la reacción neoliberal. Los conceptos que sirven para comprender el Perú esconden o han sido movilizados para orientar objetivos políticos privados, que han ahogado la vida en algo innombrable pero aun viviente, y tanta es la acumulación de mentiras que el ser ha sido olvidado por sus propios protagonistas.

Antes estas ideas, expresadas en el párrafo anterior, hay dos disposiciones o estados de ánimo sustanciales que han recorrido la historia de nuestra inteligencia, y que en plena década del 70 asumirían la confección de consignas o acuñación de específicas formas de pensar, con las que ha sido pensado erróneamente el Perú y su historia. Uno es la raíz más propiamente latinoamericana, mariateguiana y guevarista del marxismo, que arranca con el MIR (Movimiento de izquierda revolucionaria) y ELN (Ejército de Liberación Nacional); y el otro es el marxismo ortodoxo, popular y gremial que parte de las concepciones más ortodoxas del marxismo, como lo fue el PCP (Partido comunista del Perú) pro chino y pro soviético. Aunque estoy lejos de sostener que había cierta coincidencia y consciencia entre la construcción de conceptos y la epistemología social, y las formas prácticas de acción política de las izquierdas, se desea inquirir que si hubo cierta correspondencia indirecta, y que hay ciertas psicohistoria de los saberes de izquierdas que arranca en este período. La caústica rivalidad entre una actitud hacia la vida en las biografías intelectuales de Manuel Gonzales Prada, y Ricardo Palma, uno realista y severo, y el otro lúcido pero despreocupado se reproduciría en esta época en la inteligencia social bajo los moldes de un marxismo ortodoxo y otro más heterodoxo.

Ahí donde la derecha no se había preocupado de sistematizar orgánicamente su longevo liberalismo, esta psicología de cuño arielista e hispanista había sobrevivido, en su vertiente libertaria y romántica, en las concepciones más heterodoxas del marxismo de los 70s, como específica forma de pensamiento mesocrática y rebelde. Su programa fue hallar en el marxismo la comprobación científica y operativa de las premisas de la tradición arielista, que como señalé antes, culmina con Arguedas. Pero su intento de modernizar o hacer más sofisticado las técnicas y los medios institucionales de la reflexión social, desvió su atención paulatinamente hacia las concepciones más propiamente formales de la acción social, con el objetivo de construir los fundamentos científicos y epistemológicos del proyecto de cambio estructural que deseaban movilizar y legitimar. Su apego al marxismo no fue como se piensa incipiente y esquemático sino que era parte de una forma de razonar que intentaba repensar las herramientas conceptuales de esta teoría en clave latinoamericana y descolonizada en toda la región.

Buena parte de esta intelectualidad pertenecía a una generación de jóvenes de clase media que se había sentido identificada con la revolución cubana de 1958, que se había nutrido de las teorías del desarrollo y que se había acercado a resignificaciones del marxismo como los enfoques de la dependencia, como fue el aporte sociológico en el Perú de Aníbal Quijano y Julio Cotler. De manera muy singular su intento de reconvertir los idearios del arielismo sólo fue retórica e intencional, pues a pesar que en esta época los análisis de esta mesocracia intelectual si elaboraban visiones globales y sistemáticas pronto la politización asfixiante de los centros universitarios y del espacio público los arrastro a declaraciones radicales que sólo veían la solución a los problemas de nuestra historia en la insurgencia armada, y en la ruda protesta social. El resultado fue el lento empobrecimiento del análisis social, la real ceguera de las específicas mutaciones que adoptaba nuestra modernización y el abandono del nacionalismo metodológico como geocultura de sus razonamientos, por un cisma socialista al que visualizaban como solución absoluta.

En las concepciones más peculiares de clase, de marginalidad, de enclaves productivos, de populismo, luego de informalidad, de socialismo, de mercados internos y toda la batería de categorías del Keynesianismo que asimilaron de la CEPAL y de los enfoques de la dependencia latinoamericana se advirtió un esfuerzo por hacer calzar nuestra compleja singularidad cultural y material en la visión estructuralista del marxismo. Al no poder hacerlo por las irresistibles incompatibilidades entre una viviente cultura sacrificial como la peruana, y las plantillas mecanicistas del desarrollo- ¡la inconsistencia entre el marxismo y América Latina!, que no reconoce Arico – se fue revelando una conflictividad y desacuerdos tan irreconciliables al nivel de la interpretación marxista, y por supuesto en las luchas sociales, que se fue expresando silenciosamente el reduccionismo politológico y economicista que los define como clase política, silenciando los abismos entre la teoría y la realidad e interponiendo conceptos convenidos y subjetivos ah donde se requería lucidez y claridad sociológica.

El daño ontológico ha sido de tanta magnitud que el descontento y la dureza de la vida no ha sabido reconocerse sin tener que apelar a estas ideas primigenias, con la consecuencia que pensar se ha vuelto en este país una profesión cada vez más desconectada de la vida que vive, y que alimenta un compromiso y consejos que no se practican. Dado el apoyo de su leyenda infundada estos pensadores han sabido reciclarse a través del tiempo, en las teorías de la democracia de los 80s, en la teorías anti-globalizadores, y en los estudios culturales y ahora en los estudios de la colonialidad del saber logrando un prestigio que nubla los enormes esfuerzos que se requieren para pensar con propiedad este país y sus transformaciones. Los abismos que se suceden entre la vida y el pensamiento no son sólo producto de un pensamiento ya neutralizado por el poder, sino que la institucionalización de su forma de pensar e interacción política que les ha reportado credibilidad y estatus a través del tiempo, también hacen responsables a esta clase intelectual. Esta ha devaluado en el prejuicio y el olvido la posibilidad de una urgente revolución de la ideas, y de que la noble tarea de pensar corra a cargo de un nuevo espíritu y sensibilidad.

La otra rama del marxismo más gremial y subalterno, tuvo como orientaciones epistémicas las visiones más retrógradas del pensamiento comunista. Aunque las inconsistencias entre las ramas del marxismo ortodoxo y los enfoques más heterodoxos si existieron, estás fueron irrelevantes en la medida que las contribuciones académicas de este último no influyeron de modo político en la otra rama que se convirtió en una pastoral tosca y pragmática de como obtener el poder, generalizada en ese entonces. De algún modo trágico los descontentos históricos y la rabia acumulada a medida que se desmoronaba el viejo orden oligárquico hallaron en las proclamas comunistas una suerte de religiosidad política que venerar y seguir, ante el cambio ontológico. La buena acogida del marxismo en las clases subordinadas lo convirtió en un horizonte cultural que les dio seguridad fundamentalista, y esto porque transfirió al mundo moderno la enorme rabia y los rencores que la tradición colonial había introyectado en la sociedad peruana, que en ese momento se movilizaba. Este rencor ya organizado, se tradujo en una seriedad pragmática, en fe ciega a una pasión que recompuso la seguridad cultural perdida, pero que proyecto sobre la violencia un proyecto político de ira, que se convirtió rápidamente en lucha de clases, en guerra popular. Este pensamiento insano aún se enseña en los sindicatos y en diversas organizaciones populares y políticas, y es la razón de que el pueblo lentamente se ha apartado decepcionado. Esa fe es preferible a que se reconozca la propia miseria.

La modernización se tambaleaba y los enormes esfuerzos de reforma estructural del gobierno militar de Velasco Alvarado y la reacción conservadora de Morales Bermúdez, no consiguieron dar forma con autonomía a una economía nacional soberana. La escena autoritaria de los 70s, se empeoro, cuando los síntomas de crisis económica interna se revirtieron en pobreza y en la restauración de los enormes males de nuestra escena contemporánea. El poder se reagrupó y la cultura que fue invitada a ser parte de un modelo sinceramente absurdo y autodestructivo huyó a las fauces de la informalidad y de la anomia institucionalizada. La crisis fue sentida como parálisis de una promesa, como cancelación abrupta de todo un horizonte cultural y la vez político. La incertidumbre que sobrevino se convirtió en violencia, en necesidad para algunos de retomar el control de una modernidad que se desmantelaba, y que a la vez era la razón originaria de dicha inseguridad y desesperación. El camino fue la lucha armada, del Partido comunista Sendero Luminoso, y luego el MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru). Esta historia de la que no mencionare su proceso, ya lo hice en otra parte , fue a mi juicio, la consecuencia lógica de la irresponsable acumulación de pregones de ira y de celebración de la revolución del período de los 70s, así como de las inconsistencias morales y las ficciones estúpidas que se regaron al interior de una izquierda que no reconoce hasta ahora su gran insensatez. No quiero detenerme en este análisis, pero si hasta ahora esa ira política sigue viva aprovechando la discordia que desarrolla este sistema de civilización que sostenemos, es porque hay una falla de origen en el modo como se respira la felicidad y el bienestar a nuestro alrededor. El niño que se ha extraviado en las ilusiones del progreso al perder la inocencia no halla en la madurez, ni en los apócrifos malabares comunicativos de la democracia, ni en las políticas de concordia que consumimos, la promesa segura y libre de su propio crecimiento y realización. Ese niño que crece se ha transfigurado en el mal que nos consume y nos acecha a todos, porque no se le deja vivir.

La politología y la democracia.

Serían dos corrientes o estados de ánimo precisos que partirían con la asunción del sistema democrático como forma de gobierno. Una que se centraría en el optimismo de las ciencias políticas, para sostener las bases institucionales de la naciente democracia, y otra los iniciales estudios culturales e indagaciones psicoanalistas, que hallarían un terreno propicio en los enfoques de desarrollo de capacidades de las ONGs (Organizaciones no gubernamentales). En este acápite me ocupare de la primera corriente intelectual. Pero antes de desarrollar esta idea, quisiera precisar que ambas corrientes corresponden al sector de la intelectualidad del marxismo heterodoxo de los 70s, que salió más ilesa de la guerra interna y que no tomo partido por esta decisión.
Las consecuencias de la ideologización modernizante aniquilaron de sus planteamientos reflexivos a los sujetos que deseaban redimir. Como al principio de la república la reflexión social cometió el error de depositar la fuerza del análisis social en el formalismo político, sin tomar en cuenta a los miembros y a las subjetividades que son parte del contrato social. La sociedad desapareció de nuevo o se le arrogaron títulos organizativos y estructurales que desconocen sus mutaciones internas y sus imprevisibles mentalidades colectivas. El sujeto al que no toman en cuenta es definido al estilo de la razón cartesiana, como una mónada autoconsciente que posee razón y juzga, elige y participa. ¡Craso error¡ Ayer la equivocación fue ignorar la identidad porque la política era el todo; ahora la ignorancia es consciente y perjudicial, pues la sociedad existe, y requiere tener una identidad, para ser contrato social y político. De similar forma nuestro proyecto político y ¿porque no? nuestra ciencia política no conoce lo que pretende incorporar. Confía en demasía en la ingeniería política para producir las subjetividades que necesita su idea de comunidad política. Bajo la idea de Giovanni Sartori o los institucionalistas norteamericanos creen ciegamente que las instituciones políticas deben sembrarse en la cultura, y producir desde el Estado a la sociedad que requiere la división social del trabajo y el sistema económico. ¡Nada más autoritario¡

Esta confianza en el diseño antes que en la acción social para producir por si sola su propia configuración de comunidad política, es similar –aunque ellos crean distinguirse- de aquellos politólogos que ponen el acento en las condiciones históricos sociales de la constitución de instituciones políticas. Si bien no es similar en la forma en la que construyen la política, si son equivalentes en la idea que tienen de los depositarios del poder. El sujeto en los marxistas y en las posiciones republicanas europeas es un producto social, donde el sentido practico de estos esta cargado de racionalidad, pero en su definición éstos reproducen la arquitectura de un orden social que se tecnifica y especializa de modo organizado. Esta dialéctica no es tan real en las sociedades de naturaleza sacrificial como la peruana. Aquí no hay sujeto en el sentido clásico del término, sino culturas e identidades que son forzadas a serlo con el resultado de la fatídica erosión de sus tradiciones y saberes ancestrales. Al modelar una subjetividad individual hallan al ciudadano de su glorioso contrato social como clase o grupo de interés diluyendo los orígenes culturales de esta ciudadanía, y arrancando a las personas de sus raíces culturales por construir una autonomía y libertad negativa o positiva que no lleva a nada.

El primer fenómeno de abandono de la subjetividad recayó en el abandono paulatino del análisis de las formaciones económicas y el carácter social de la producción. La preocupación por darle vigor a los planeamientos sobre las transiciones a la democracia, luego de 12 años de dictadura y de severos conflictos de intereses hizo que se pusiera énfasis en los mecanismos formales de consolidación del régimen democrático, basado sobre todo en la partidocracia que emanaba de la reciente promulgada Constitución de 1979, situación que puso el acento en las relaciones de diálogo y de consenso como procedimiento para evitar conflictos y limar políticas públicas en ese sentido. La partidocracia que proponía la Constitución del 79, buscaba la consolidación de un régimen democrático que no fuera producto de una imposición de leyes ejecutorias no consultadas o discutidas, sino que sentaba las bases para una real convivencia de fuerzas políticas que antes buscaban eliminarse entre sí. Hubo lo que se dice una plataforma mínima de acuerdos de desarrollo que garantizaban la aquiescencia de la gobernabilidad y el equilibrio de poderes. Pero el problema es que la confianza en este marco democrático con ponderaciones de procedimiento y jurídicas, afianzo la disgregación estructural del país, porque la política cedería fuerzas a las sectores privados en el control de la economía, y ya los serias deudas estructurales, las pugnas internas en los partidos, y el ingreso con fuerza de la economía del país en un largo ciclo de recesión y de pobreza estructural ahondaron las distancia entre la cultura y la política que se sentía como sólo retórica y desorganización interna.

Luego de un fuerte ciclo dictatorial, donde el fracaso del reformismo militar devino en modificación sustancial de los basamentos políticos y económicos de la sociedad peruana, se ingresa a un período donde la democracia es sentida como la oportunidad de alivianar el severo conflicto de clases, las pugnas y la crisis en la modernización que las reformas provocaron en la economía. Las dos corrientes marxistas que hasta entonces habían interpretado a su modo el país y que hegemonizaban el conflicto de clases y la idea de revolución, como lógica de cambio pierden terreno en la medida que la dictadura y la politización interna generan las condiciones para el empobrecimiento de la vida académica y el alejamiento paulatino de la reflexión social de los nuevos actores que surgen. Una de ellas, conocemos la historia, se lanza al inicio de la lucha armada, y la otra corriente abandona el economicismo y las búsqueda de razones estructurales para explicar nuestra dependencia, y se lanza a pensar la necesidad de democratizar la sociedad, como mecanismo de reconciliación de las fuerzas políticas. En esta decisión la inteligencia abandona institucionalmente la posibilidad de pensar de manera autónoma nuestro carácter estructural, y por la presión relativa de la cooperación internacional, se lanzan a la fundación de centros privados de investigación, donde el énfasis en el análisis será un cambio radical en los temas y concepciones teóricas usadas. De cierto modo el pensar se vuelve un instrumento pragmático, donde la sociedad desaparece y prima el resultado de conseguir objetivos acorde a dogmas que no se cuestionan, y a su vez la inteligencia pierde cierta independencia para resignificar las modas teoréticas que llegan, y termina razonando en términos de conveniencias políticas, y no escuchando a las nuevas subjetividades.

En el período previo, la necesidad de evidenciar las razones estructurales del atraso, preparaban el terreno ideológico para revolucionar las estructuras, que bloqueaban tal consumación de la modernidad y de la autonomía social. Se creyó hallar en el diagnóstico de la economía la fuerza explicativa para conseguir tal objetivo, en la medida que se contaba con la fuerza política en actores organizados para generar el cambio social. El excesivo énfasis en la economía y en las clases sociales, alejo de su razonamiento la importancia de pensar la democracia y los sujetos y las identidades que la integraban, pues se creía que el cambio social los generaba automáticamente. Cuando las estrategias del desarrollismo y las lecturas dependentistas son disciplinadas junto con los actores que buscaban la revolución, de produce un giro hacia la política, hacia el estudio de los movimientos sociales, la cultura política, la sociedad civil y las transiciones a la democracia. El desclasamiento que se produce en la sociedad, y la aparición de nuevas subjetividades, acordes con la desintegración que esta sufre desvinculan a la cultura, que muta de forma imprevista, de la construcción de institucionalidad política.

Surgen las identidades juveniles, los reclamos feministas, los ecologistas y los movimientos de pobladores, que desentonan de las organizaciones sindicales y de partidos, en un contexto donde tal desarticulación del poder político deviene en la multiplicación de intereses y de representación de demandas producto de la pobreza estructural y de las expectativas que la modernización despertó en la sociedad movilizada. Se pasa de un análisis que pierde poder de influencia en la economía, y por tanto, en la conducción de la modernización, a un reduccionismo político, que abandona las visiones generales y que destaca los aspectos formales de la democracia. En esta preocupación el pensamiento social pierde injerencia real, y se vuelve en consejero institucional de las formas que debe adquirir la democracia, como mecanismo de convivencia política. Esto expresa una forma de sobrevivir como clientela, pero ya denota la incapacidad de las ideas para modelar una formación social en donde el poder de los actores privados es central.

Al aparecer la democracia como fórmula de consensos se obvia las condiciones estructurales para su ejercicio. No se piensa en los actores que la involucran, ni en los marcos generales en donde depositan sus intereses y despliegan sus esfuerzos, sino que se avistan sólo los procedimientos y marcos normativos que modelan a los miembros que requieren, no pensándose a la sociedad, ni el tipo de sociedad que se quiere construir. Se produce un proceso por el cual la política se explica a sí misma y se pasa a tener una confianza ciega en modelos políticos e institucionales que no se condicen con sociedades donde los niveles de desintegración, alarmante desigualdad social, distribución del ingreso, marginación económica, y de carencia de cultura ciudadana hacen de la democracia, y de su individualismo racional una fórmula del todo irreal e impositiva. El consenso que se explícita como mecanismo de negociación en una sociedad que se vuelve profundamente heterogénea hace que el discurso de la democratización se muestre como promesa perpetua, más que como herramienta real de resolución de conflictos y de gestión de necesidades. El conservadurismo de la política niebla las razones reales que generan el desmantelamiento de la sociedad, y pone el acento apócrifo en espacios de discusión y de toma de acuerdos, que no poseen real incidencia o vinculación política. Nuestro primer contacto con la socialdemocracia como fórmula de convergencia de intereses posee desde este real ejercicio de democratización a principio de los 80s, un marcado acento de improvisación que incorpora, incluye, pero no es capaz de construir, tomar decisiones o de gestionar materialmente el desarrollo que tanto oferta.

Por eso la naciente democracia que se instala en los 80s, luego de promulgada la constitución de 1979, no consiguió postularse como espacio público porque, como sabemos el desmantelamiento de la modernización, y el posterior ajuste estructural en los 90s que viviría la sociedad darían vida a la insurgencia como salida autoritaria. Ahí donde la democracia es defenestrada por la guerra interna, y por los serios reveses materiales e institucionales que sufriría el país esta terminaría arrinconada por dictadura y por el decisionismo Fujimorista que limpió el panorama estructural y a la vez psicológico para el reinado de un tejido atomizado y de un escenario de organizaciones privadas, donde la sociedad y sus culturas diversas quedan fuera de juego y olvidadas en la carencia de reconocimiento. La incapacidad de la democracia para unificar un conglomerado interminable de demandas y de intereses diversos se vuelve en un escenario donde ésta pierde legitimidad y se bate en la ingobernabilidad, donde es irrelevante la socialización de las personas y éstas son vistas a la fuerza como una multitud de individuos-votos coordinados en un mercado hegemónico. Nuestra democracia no es sólo insuficiente desde sus orígenes porque impone una realidad marcadamente diferente en cuanto a la recepción cultural y construcción de subjetividad, sino porque su partida de nacimiento es parte en nuestra historia de una postergación silenciosa del ser social plural que somos, que inquietó tanto a Arguedas. El error de la modernización que se impuso con el discurso economicista y de revolución, es similar al que comete la subordinación de los intereses a la gobernabilidad política: olvidar que la cultura no es un producto automático de esquemas y de administraciones diversas sino que ya de por sí es el elemento que hay que tomar en cuenta en sus raíces para lograr el compromiso de los ciudadanos, y a la vez permitir la consolidación de un sistema de vida basado en bases presuntamente modernas.

Y esta es la razón, del discurso anti-político que usaría Fujimori para permitirse la tarea de desmantelar todas las condiciones sólidas de la modernización populista. No sólo se arrogó la tarea de criminalizar la sociedad como estrategia para obstruir el renacimiento de la sociedad civil y favorecer la multiplicación de los agentes privados, sino que demolió toda posibilidad de reencuentro entre la sociedad y los sistemas político y económico; colonizando a la primera de una racionalidad empresarial que hace legítimo el poder del capitalismo aunque se sepa que la cultura no tiene sitio en él. El desencanto con la democracia, con los políticos y la política ante la incapacidad de los gobiernos por resolver nuestros males estructurales es también un desencanto histórico con el dolor acumulado en la idea soberana pero inconclusa de nuestra individualidad. Nuestra democracia ha vivido bajo el signo de la esperanza, pero también ha sido origen último de una gran frustración, porque la idea que sirve de columna vertical al capitalismo y la democracia burguesa, basada en la mónada individual, es un proyecto que atrae pero a la vez decepciona. Nuestra singularidad ha hallado en su expresión individual una sabia receta para desfogar sus elementos catárticos, con tanta intensidad que la fuerza alegórica y plural de nuestra realidad sacrificial no se reconoce más que en ella, a pesar que mantiene con eso en el olvido perpetuo nuestra oriunda felicidad étnico-cultural. En tanto la democracia no se ingenie el compromiso de la cultura con los sistemas más sofisticados que vienen de la vida y que la hacen posible, seguirá ahuyentándola hacia los submundos de la ilegalidad y de la violencia sin límites. El problema no es sólo que el capitalismo no es coincidente con nuestra frágil democracia erosionando sus promesas y políticas sociales, sino que en su misma base la forma en que ingresa el capital hace imposible el enraizamiento de formas democrática de vida social, porque la cultura ha huido hacia lo clandestino y lo deforme como lógica que protege el desarrollo de su privacidad.

Es menester decir que la pérdida de nuestra democracia en los 90s, y el inicio de la dictadura cívico-militar durante una década, fue el resultado del colapso de una forma de concebirnos como civilización moderna. La violencia terrorista, la corrupción generalizada, la debacle económica, la pobreza estructural, la crisis moral-cultural que asolaban el país son la prueba que no somos capaces de constituirnos como modernización técnica y la vez cultural. Desde la dictadura, los frutos del espíritu se verán cancelados por una cultura degradada e inculta que elegirá el protagonismo individual como ruta de expresión, mientras que las mutaciones económicas y organizativas perderán todo su interés y se privatizarán dramáticamente. El arrojo de la singularidad cultural en los confines del mercado y de su emblemático sistema de consumo será expresión de un cruel como ineluctable divorcio de la cultura con toda forma de organización que se presuma gobernarla. A pesar que los acuerdos y las discusiones legales seguirán su curso la política como telos de la historia y de construcción de la realidad perderán su eficacia, en la medida que las personalidades serán el resultado de una cruel violencia trasgresora y generalizada, donde la reafirmación a toda costa y agresiva del individuo serán la prueba de que la democracia ha abandonado toda concepción ética de sociedad, y se revela como dispositivos y procedimientos que defienden al individuo posesivo.

Demás esta decir, que la vuelta del estado de derecho en el 2001, y la recuperación de la democracia no han solucionado los graves reveses históricos que nos definen como civilización. El acuerdo nacional y los esfuerzos del gobierno de transición por erigir 31 políticas de Estado, como horizonte de desarrollo compartido no han eliminado la penetración del Estado por intereses privados. En nuestra época la ciencia política que piensa y repiensa las condiciones del ejercicio democrático siguen sin pensar el lugar de las subjetividades y de un proyecto de sociedad en ese marco político. Tanto las propuesta institucionalistas que ponen el peso de su esfuerzo en los rigores administrativos, como las propuestas histórico-estructurales que demandan una refundación del proyecto republicano, cometen el error en creer que la sociedad está devorada por el Estado, que la solución es hacer lo más parecido el Estado a las sociedades modernas. El centro de esta sociedad, cada vez más desarticulada y habitada por una racionalidad de mercado, ya no está en el Estado. En él se dan cita todos los mecanismos y dispositivos legales que buscan ventajas privadas, pero en sí la vida se ha diferenciado tanto que la presencia represiva e institucionalizada del Estado solo está presente para desmoronar por medio de la modernización la vida que presume gobernar. Una reconfiguración de la sociedad por medio de una redefinición del Estado, es tarde ya, porque la vida que ha hecho posible y las nuevas subjetividades que ha hecho nacer el crecimiento económico en la última década han desbordado con creces su capacidad de regulación. Si actualmente el estado tiene que hacer frente a un número interminable de conflictos y violencia común es porque el ámbito de la modernización que siguen inoculando los agentes privados, llámese empresas extractivas o de todo tipo, escapa a su control, y hasta lo permite.
Nuestro territorio y nuestra cultura queda grande ya para practicar en él una integración a la usanza de las sociedades modernas. No sólo como dije al principio de este acápite la idea de sujeto que posee la democracia moderna desconoce olímpicamente los submundos de la vida que gobierna, sino que además las sofisticaciones y las cirugías modernizantes que practica en su extensión ahuyentan a las culturas de su naturalidad ritualizada, disolviéndolas en una racionalidad del individuo donde cada quien es enemigo de los otros. La diferenciación que se obtiene con el saqueo modernizante, en medios antaño olvidados por el Estado, ha provocado un caos de representaciones y un espacio de poderes tan disímiles y con demandas tan heterogéneas que la forma de Estado que nuestra inteligencia moderna quiere sustraer a su estudio es del todo insuficiente para dar una unidad plural y más o menos gobernable a nuestra cultura. Es urgente en esta época en que los reclamos son álgidos y la modernización destruye las condiciones sobre todo culturales para el desarrollo de la vida, que la forma de Estado cobre autonomía de las formas del conservadurismo neoliberal, y de las recomendaciones Keynesianas que nuestros partidos inorgánicos expanden como solución.

En su lugar es imprescindible recuperar el examen de las condiciones vitales, de las nuevos imaginarios culturales que surgen, y de los submundos culturales, en si de toda aquello que la politología llama cultura política para hallar los fundamentos perdidos de aquel cuerpo magullado y aplastado que es la peruanidad. Es necesario restaurar las raíces culturales donde todo ejercicio del poder se afirma, para ofrecer a la vida un compromiso de evolución donde el control, el castigo y la vigilancia sean expulsados como mecanismos de consecución de resultados, donde la palabra gobierno sea la expresión incrementada y vital de los millones de lazos que laten y respiran, o acercarse tímidamente a este propósito. De no hacerse así la vida quedará atrapada en la apariencia de una institucionalidad que le obliga a regularse y a la que saca la vuelta, y sentidos que acumulan rabia y anarquía por no se sentirse expresados en el exterior extrañado. El poder debe ser el resultado del encuentro armónico y de expresión libertaria de las múltiples configuraciones culturales que una sociedad halla en su seno, una consecuencia de un espíritu que halla en sus entramados institucionales y su Estado, una forma organizativa y administrativa conducente con su vida libre y realizada. En este sentido, el Estado es la racionalización de todo lo que la interioridad cultural expulsa hacia afuera, y a la vez la obra de arte de los sentidos que han huido a su cautiverio administrado.

Los estudios culturales y el giro hermenéutico.

La llegada de la democracia, y la despreocupación de la cultura en los cada vez más sofisticados moldes institucionales de ésta, expresarían el hallazgo de una veta que recuperaría motivos del período arielista, pero en un contexto de sociedades de mercado y de franco abandono de las bases materiales que hacen posible todo proceso de constitución cultural. El redescubrimiento de la cultura, sería postulado en un momento donde la neurosis de la vida individual sería el resultado del incremento de organizaciones de control y de las consecuencias de estas, para la creación y la espontaneidad de una vida muy monótona y aburrida. En un contexto totalmente diferente las creaciones de la sensibilidad y del humanismo cederían su importancia ante un tejido social donde los tesoros de la cultura no hallarían más ubicación que ser combustible de un individuo atomizado que buscaría incesantemente reafirmarse.

La importancia por examinar las estructuras de la cultura, de las mentalidades colectivas y de los múltiples rostros de la subjetividad popular reposaría en la necesidad de guarecerlas de la erosión que sufrirían con la modernización mercantil, con el propósito de recrearlas y legitimarlas en una realidad profundamente estandarizada y empobrecida. Como nunca la mirada hacia la cultura amenazada por el avasallamiento de organizaciones y de las manipulaciones que la cultura de masas provocaría buscaría potenciar y salvar en nombre del desarrollo de capacidades, las grandes cualidades sensoriales encerradas en su seno, con el objetivo de incorporarlas y sofisticar el mundo de la plusvalía y del capitalismo cultural. Donde se abre un capitalismo de servicios que desmorona y confunde los cimientos culturales de la identidad en las sociedades populares, las posibilidades para reorientar la imaginación y los productos de la cultura se hacen escasas y paupérrimas, debido a que la misma noción de cultura y de su expresión concreta el individuo se desestabilizaría peligrosamente.

A pesar que al inicio el ingreso de los estudios culturales sería una preocupación por reservar un espacio de resistencia para las potencialidades intelectuales expulsadas del control y manejo de las estructuras económicas, pronto se convertirían en una actividad que mal-utilizada serviría de refugio para habilidades intelectuales recreativas y completamente alejadas de todo compromiso con el desarrollo objetivo de la sociedad. La idea era dar fuerza a las experiencias micro-culturales y locales en un medio donde el fin de la historia y la realidad administrada parecían hacer de la economía una fuerza incontenible. Potenciando a estas minorías se podía coordinar espacios y reservorios donde la vida social se rehiciera de la atomización y de la homogeneización que amenaza a la vida social. La cultura era un terreno de oposición en la medida que la modernización sólida, de la que hablaba Bauman, se desdibujaba y el peso de la dominación y de las nuevas tecnologías productivas se trasladaría a la psicología para hacer de la personalidad un espacio seguro de explotación y de manipulación de nuevas necesidades. Reorientar la producción de las subjetividades en un mundo donde las estructuras se diluyen o no mantienen la preocupación de las personas se convertía en un espacio de contra-hegemonía que permitía a la cultura crítica ampliar su campo de análisis del poder, así como desarrollar estrategias de intervención social más complejas e interdisciplinarias. Si la lógica cultural del capitalismo era a su modo de ver el campo de simulaciones más eficaces que mantienen a las conciencias ciudadanas alejadas de los manejos reales del poder, la inteligencia debía no sólo diagnosticar los nuevos rostros de la dominación simbólica sino deconstruir en favor de la concientización y de la resistencia organizada los poderes culturales que mantienen desviadas las energías de la diferencia y de la creación.

Lo que señala Boaventura de Sousa Santos era que en cierto período de su origen los estudios culturales cumplieron el papel de hacer necesaria y útil las energías de la actividad intelectual, frente al descrédito en que cayeron los intelectuales cuando las visiones tecnocráticas ganaron una fuerte legitimidad, pero pronto la posición de sus análisis desviaron y alejaron a la inteligencia del estudio de los fundamentos de la sociedad, y de las estructuras económicas en poder de los sectores privados. A pesar que la politización de la cultura con los estudios postcoloniales abandona posiciones celebratorias e intransigentes en el análisis de la realidad socio-cultural estas reflexiones seguían empapadas en promocionar la heterogeneidad del poder sin preocuparse en construir las bases de un nuevo poder institucional que haga posible tal diversidad cultural. Tanto las miradas interculturales desarrolladas en las reflexiones de la Amazonía, de la educación, como lo estudios de las culturas urbanas y antropológicas generaron y generan aún un abanico muy rico estudios de casos locales que carecen de grandes miradas o de panoramas de integración social, y que en especial, no se conectan con la tarea tan urgente de hacer de esas culturas indagadas diseños concretos de institucionalidad y de organización política. Mantener el estudio de la cultura en un humanismo ramplón no es sólo expresión de una hermenéutica que nunca ha poseído un gran conocimiento de como tecnificar las fuerzas de la creación del arte y de la sensibilidad, sino que además es una prueba de que la reflexión de la cultura legitima el poder de ciertas clientelas y de centros privados de investigación que se dedican a acumular prestigio, sin ocuparse en que sus diagnósticos sean ejecutados o aplicados de modo real.
Y esta actitud hacia las humanidades y la cultura, no es sólo el abismo que separó ayer como hoy a la cultura y la racionalidad del arte de toda injerencia en los destinos estructurales del país, sino que hacia la década del 90 es expresión de un cambio psicológico en los intelectuales y en la clase media que antaño se arrogaron los privilegios del análisis estructural y del pensamiento revolucionario. La cultura se ha convertido en un refugio para una cultura de clase media o de intelectuales en retirada que demuestran los síntomas iniciales de una gran depresión interna, y que hallaron o hallan en la inspección de la cultura una forma de lograr un renacimiento a sus visiones reflexivas, sin tener en realidad que intervenir o influenciar en verdad en los rostros del poder. El problema que visualizo es que nuestras preferencias en el estudio de la cultura están determinadas por cierta actitud existencial hacia la vida, que desconecta a la inteligencia de todo compromiso con la realidad, la desfiguran en provecho de sus clientelas y que han construido una forma de razonar donde prima el emotivismo, y el desconocimiento real de la naturaleza alegórica y popular de nuestra sociedad. La definición despotenciada de la cultura que posee nuestra hermenéutica contemporánea se basa en que han ontologizado como algo insuperable la idea de un sujeto desconectado de las estructuras, depresivo y profundamente desequilibrado, trasponiendo en la construcción de los conceptos y de las técnicas cualitativas con que se aborda la sociedad una forma de razonar que hace un excesivo énfasis en la fragmentación, en la descripción y en el testimonio subjetivista como modo de pensar la realidad.

El modo tradicional como ha sido construida nuestra subjetividad con fuertes matices religiosos y a la vez festivos, ha sido trasladada a nuestros tiempos modernos, con el resultado que la inteligencia que la piensa esta influenciada subconscientemente por una forma de razonar que vive en valores etéreos e idealistas, que hacen del estudio humanista una cuasi crónica fenomenológica de la acción social. Es decir, el estudio de la cultura, así como la vida cotidiana en nuestras sociedades postmodernas esta separada del contacto real con las mutaciones de la sociedad objetiva y de las estructuras, produciendo una individualidad que a medida que la sociedad se descompone o se convierte en un paraje caótico de organizaciones imperantes esta dispuesta a aceptar como realidad toda la gama de simulaciones e ideologías que fabrica el sistema audiovisual para distraernos. Nuestros sentidos no sólo están negados por una realidad administrada y de poderes envolventes que aceptamos como orden social, sino que las vigilancias y los sistemas de control que nos moldean y resocializan son el pretexto perfecto para la manifestación histórica de una identidad que halla en la fiesta, y en los sentidos desequilibrados un modo de evadir su responsabilidad con un mundo que padece la carencia de referencias, y por lo tanto, el dolor remoto de no tener raíces. El arte en ese mismo sentido, y las tendencias más organizadas de los estudios culturales hallan en la inspección de la cultura un modo de expresar subjetivamente la carga de un individualismo desconectado de todo proceso real, que hace de su dolor vital el fundamento para la expresión de una catarsis irresponsable e ideológica que no incrementa a los sentimientos, sino que los recluye en la emocionalidad y en la crisis absoluta.

El arielismo y en forma más genealógica la pluma de Arguedas intentaron conectar a esa vida sintiente que adolece de fundamentos con la edificación de un orden objetivo y soberano, expresión de un espíritu libre. El problema que acaeció fue que las condiciones objetivas para una resignificación de la modernidad de modo auténticamente peruano y con alcance nacional hallaron su fenecimiento prematuro en la transposición política de una forma de razonar cientificista y decadente en los 70s que mató una subjetividad y un conocimiento propio y oriundo del Perú. Si bien el concepto de cultura del arielismo no abandonó nunca el pregón esteticista e idealista que ha caracterizado a nuestro pensamiento social, lo cierto es que busco compenetrarse con la indagación holística y con la búsqueda permanente de una espiritualidad nacional, que vivía esperanzada con ser incluida en la praxis política; y de ese modo impregnar a la modernidad de motivos propios y auténticos que no deshicieran el sentimiento de vivir. No sólo las lecturas posteriores nos hablan de un concepto de cultura teñido de desfiguraciones clasistas o funcionales, sino que en la cara narcisista y humanista la cultura que late está cargada de una actitud alienada y doliente, como expresión trágica de una individualidad sin base, y carcomida por la soledad y la violencia del mundo moderno. Nuestra hermenéutica no fue resignificada pensando en nuestro particular carácter nacional sino que fue implantada para testimoniar los dolores de un sujeto extraviado y exhibicionista, que aunque sufre no tiene ni la más mínima intención de reconstruir nuestro orden social, y que suele a veces hacer un uso trasgresor del poder para poder predominar.
Nuestro supuesto giro hacia el lenguaje y hacia la vida en los discursos, no es tal. A diferencia de otras realidades donde la cultura a pesar de sus frivolidades y tendencias individualistas sigue conectada con el desarrollo de la economía y la política, en nuestros países el exagerado énfasis en el análisis coyuntural y biográfico del actor queda al servicio de un sistema de poder que requiere una idea fantasmal y emocional de la personalidad. La presumible traducción e interacción de saberes que postula la hermenéutica para hacer de la verdad y la sociedad una construcción negociada provoca una gran confusión en el reordenamiento de la realidad social, pues la rimbombante comunicación que sugiere para esquivar el conflicto y la mentira, no consiguen desactivar un espacio público y privado donde la máscara y el cinismo campean incontenibles, donde la idea de comunicación es más un postulado que una practica real. De ese modo las técnicas comprensivas que se despliegan para hallar a los interlocutores de un mundo anegado de lenguajes y discursos, se convierten en materia de entrampamientos y conversaciones interminables donde la real acción social es someter al otro, y hacer de la subjetividad una construcción traumática de poder. Nuestro mundo de la comunicación generalizada oculta los reales poderes que nos determinan, y a la vez obstruye el poder decisorio de una renovación moral y cultural que es tan necesaria en la actualidad. Los severos divorcios estructurales entre la cultura, sus singularidades y el mundo más complejo de la economía y de la técnica representan, hoy en día, el poco poder de supervivencia de una identidad común ante el determinismo de la tecnología y las fuerzas economicistas del poder global.

Hoy el acercamiento de los estudios culturales a metas de intervención social, hallan en los estudios postcoloniales y en los aportes de la interculturalidad, dos de las epistemologías más poderosas para comprometer a la cultura con el desarrollo objetivo. Por diversas razones que trataré en otro ensayo las observaciones sobre la colonialidad del saber carecen en nuestro país de un acertado conocimiento real de la cultura peruana, y por lo tanto, son lecturas más que todo proselitistas que reproducen los intereses políticos de una facción. El peso del análisis en el determinismo del poder para producir a las subjetividades oprimidas que deben rebasarlo, comete el error de hacer de la concientización o debelación de este poder simbólico un asunto de confrontación exclusiva, que desconoce que la cultura es más plástica y que en el caso del Perú nunca lo ha necesitado para acontecer. De cierta manera la inclusión de la cultura en este nueva plataforma epistémica se revela como un proyecto particular de poder, que es expresión cínica y decadente de una forma de razonar que se viene reciclando desde los 70s y que ha muerto hace tiempo.

En cuanto a los aportes de los maestros amazónicos, y con menos rigor de los pueblos andinos su lectura de desbordar de manera cultural la vigilancia del poder es correcta y propuesta de modo político, pero comete los errores de mover esta resistencia cultural en ámbitos aún locales, y que de cierto modo no han aterrizado las categorías de su horizonte cultural a proyectos materiales e institucionales de envergadura nacional. La victoria del fantasma selvático requiere pensarse como una resignificación de la modernidad, ahí donde la astucia de su racionalidad ya los ha erosionado. En cuanto a los Andes es menester señalar que el proyecto arguediano del mito quechua como sangre vital de una nacionalidad auténtica se ha visto desdibujado en la violencia y en el extrañamiento de la ignorancia de si mismo, y de una ciudad que habitan pero que los rehúye. En los Andes la coyuntura del conflicto es generalmente la única formula de resistencia ante el detenimiento del tiempo.

Nihilismo y pragmatismo.

Hoy asistimos a un vacío intelectual. La inmoralidad que cunde en el corazón mismo de nuestro tejido social ha alcanzado a los campos del saber, con el resultado que su denigración y corrupción preanuncia la decadencia y el empobrecimiento del análisis social. La preocupación por restaurar el orden social luego de asonadas revolucionarias y aires de anarquía – madurez intelectual declaman- ha devaluado la noble misión de pensar con certidumbre y compromiso la realidad. Lo que empezó como un sueño, hoy se troca en decadencia y en empequeñecimiento del alma. Nuestro intelectual debido a su poco reconocimiento en la sociedad ha tenido que acercarse a la política para afianzar sus ideas, o sencillamente intervenir, creando la consecuencia que las ideas se subordinan a conveniencias políticas, que no se discuten y no generan un campo del saber definido. La marcada oralidad de nuestra cultura, los bajos índices de ciudadanía y la desinformación de las personas debido al impacto de la era digital y de la cultura de masas han hecho que las ideas se muevan en un terreno donde reina el statu quo y los sectarismos de todo tipo . No hay renovación en las ideas, y estas quedan osificadas en dogmas y consignas que favorecen ciertos intereses, y que a la vez comprometen seriamente la vitalidad del pensamiento para acercarse a la sociedad a la que desconocen olímpicamente.

La urgencia en los últimos tiempos de acoplar el pensamiento a necesidades prácticas ha fragmentado las energías de la reflexión social, dejando, de este modo, visiones globales en una realidad que avanza de modo desarticulado. De cierto modo la influencia de una vida disociada y en permanente descomposición ha afectado las miradas intelectuales, y con ello ha generado que sólo de desarrollen miradas de casos y focales, que no permiten la acumulación del saber y la formación de ideas profundas. Hoy el debate que existe no es de calidad, se privilegia el pragmatismo en la difusión de las ideas debido a que no existen medios periodísticos que difundan y promuevan las ideas, y despierten así el interés de la sociedad. El desarrollo de la política ha obstruido históricamente la acumulación del saber y del debate, empobreciendo la formación de intelectuales, ya que la conformación de los conceptos y las preferencias en el pensar son delictivamente determinadas por una esfera política que no desea críticas y que reorienta la inteligencia en favor de intereses privados. De este modo, la labor intelectual es muy egocéntrica y a la vez dogmática en su accionar, ya que los pocos círculos intelectuales que se desarrollan en el país no promueven el debate y la interdisciplinariedad, lo que hace posible el poder de los sectarismos y de las vacas sagradas se afiance, de este modo, la renovación disidente en las estructuras del pensar. Esta determinación política en las ideas hace que el profesional se aleje de todo vínculo afectivo con las comunidades y culturas diversas que examina, y por lo tanto, se permite el desarrollo de una subjetividad que piensa como una diversión y que hace que el análisis no sienta, y por lo tanto no razone con audacia y erudición la realidad nacional.

Las ideas que se promueven son locales, de alcance pequeño, dejando su tarea de defender la democracia y de crear la identidad nacional a un lado. La inconveniencia de ser desacreditado o de perder la inestable carrera de educador en las universidades, ha hecho que el intelectual desarrolle visiones conservadoras, que se ajustan a la reproducción de una esfera política que vive en la completa privatización de su ejercicio. En el Perú no hay un campo intelectual constituido con una cerrera noble y sincera, sino que éste se halla capturado por clientelas que no reciben el talento sino que se basan en el amiguismo; de este modo interrumpen la aparición de la crítica de los nuevos valores y los incorporan de modo despolitizado. El nihilismo de la sociedad que he hecho que se pierdan los valores cívicos, afecta también al campo intelectual donde el modo como se mantiene el intelectual es en base a tribus particulares que desdicen con su vida y con sus acciones inmorales en las universidades y en los centros privados la noble tarea del pensar. Se mantiene diagnosticada la sociedad hasta el hartazgo, pero existe un abismo estructural consentido por los intelectuales que no les obliga a intervenir de manera racional en la sociedad. En este sentido, las universidades no producen intelectuales sino sectas de ideas muy primitivas que no se toman el trabajo de comunicarse entre sí, no debaten y sólo producen estudios risibles, de baja calidad académica y que se mueven entre consignas políticas absurdas. La publicidad barata domina el oficio del pensar la sociedad.

El Estado en este sentido, no promueve una carrera pública del investigador, que permitiría el acercamiento de las ideas a la creación de ciencia y tecnología. Si bien esta medida alteraría las condiciones económicas en que se mueve la vida intelectual, promoviendo la meritocracia, y el aporte de estipendios a su labor de investigador, dicha medida coaccionaría la urgencia de libre pensadores en una realidad donde hace falta reencontrar las bases sentimentales a ideales de nuestra democracia y contrato social. La sola tecnificación del pensamiento forzaría la realidad a dictados particulares y a favores políticos que alejarían aún mas el oficio del pensador de razonar los fundamentos de una revolución en las ideas y en la cultura, tan necesaria para involucrar a la vida que siente con el desarrollo objetivo de la sociedad. El estado actual de los intelectuales donde su actividad neblina también la descolonización de nuestro saber, es una de las trabas estructurales que mantiene en la agonía al sistema de universidades, y que ha hecho de la conformación de las ideas un oficio atravesado por una tara ideológica que no permite la resignificación y las síntesis en el pensamiento. Es urgente un reencuentro de las ideas con el movimiento concreto de nuestra espiritualidad social, pero esto no se hace, pues tanto a derechas como izquierdas la reflexión sigue atrapada en la insistencia de repintar una y otra vez sistemas de ideas como el marxismo, y el liberalismo que hacen y han hecho mucho daño al país y a la labor del intelectual.

La crisis de valores que enfrenta el país, no es sólo un síntoma reducido de lo que sucede a nivel mundial, donde la ideología del progreso pierde terreno, y la vida huye hacia el sinsentido de la existencia. Además es la prueba saltante de que las dos ideologías más poderosas -el marxismo y el liberalismo- que han conducido la reforma de nuestra formación social se han agotado o pierden la atención de los sujetos políticos en nombre de los cuales pretenden gobernar este país. Desde sus orígenes estos horizontes políticos han ignorado duramente el movimiento real de nuestras culturas, imponiendo una modernidad en los 70s con el desarrollismo, y en los 90s con el consenso de Washington que han evaporado en la frustración y en el nihilismo actual toda esperanza de conciliación entre la cultura y la conformación de una sana economía nacional. Como dije anteriormente, nuestro mundo sin atributos, para usar una expresión de Robert Musil, vive aferrado a una frágil película de ideologías y de simulaciones que es el resultado de la irresponsable como errado ingreso de nuestra vida heterogénea en las coordenadas desequilibradas de la modernización que ejecutamos como niños de pecho. Todas la fórmulas que se han pensado ejecutar, y que no son muy distintas entre las fuerzas políticas de todo tipo han colisionado negativamente con una cultura a la que no se le permite reorientar la modernidad y sus poderes técnicos de construcción de la socialidad.

El cinismo que campea y una socialización que pierde vínculos perpetuos con el desarrollo de la sociedad son expresiones de una modernidad que devora los propios cimientos estructurales donde reposan ligeramente las organizaciones privadas y saqueadoras del capital internacional. El agotamiento de la modernidad, que se manifiesta en los estudios testimoniales y depresivos de las ciencias de la cultura, como en el coyunturalismo de la politología, estuvo contenido ocultamente en el proyecto de modernidad que se ejecuto en los 60s. En vez que la racionalidad lograra el compromiso de la cultura con la institucionalidad y los sistemas de gobierno que en su nombre se han erigido, la ha alejado de todo afán de construir una sociedad ordenada. El caos que experimenta la realidad, donde la vivencia roza la ilegalidad y la violencia desmesurada, donde lo irracional y el policentrismo reinan, es consecuencia de una modernización que sólo es postulada como mecanismo de sujeción porque permite la reproducción de los grupos de poder, y de todos los proyectos políticos que lo desean. Es urgente una redefinición de la modernidad, más que una sola buena reingeniería, pero sobre bases que rompan con las recetas del mundo occidental, tanto a derechas como a izquierdas.

El vacío doctrinal que se siente en nuestras letras, ante la terquedad de no adecuar el pensamiento social a las actuales directrices de la realidad, es parte de la miseria de quienes la integran. La huida hacia la literatura, al arte protestatario, o hacia un pensamiento de etiquetas, que hacen fácil el adoctrinamiento y la confrontación, vuelven casi imposibles el surgimiento de nuevas sensibilidades que deberían repensar la sociedad y las condiciones del pensamiento mismo. Tal parece que la heteronomía de la tecnología y de las fuerzas de la economía vuelve inservibles las nuevas ideas y la sensibilidad de la cultura, ya que la sociedad se auto-reproduce y ya nada se puede hacer en ella. La cultura se convierte en un decorado o una justificación ideológica que sirve al poder, y que se vuelve tan banal como la cultura de masas a la que crítica iracundamente. La realidad se fragmenta y con ella las curiosidades de las ideas se fracturan con ella, acomodándose un mundo donde el show y la publicidad neutralizan los poderes libertarios del pensamiento.

La nada nos sumerge en la frivolidad y en el presentismo sin límites, pero tales actitudes son síntomas de una imposición ideológica más que de un destino de culminación o juicio final. La impotencia del saber hoy en día es la mascara de una agonía interminable que no permite nacer lo nuevo, y de que lo nuevo no tome el poder de la construcción de la realidad social. La perfección del poder y de sus sacerdotes a izquierda y derechas es la prueba de un gran miedo a que acontezca un gran descontento, un renacimiento que rebase sus intereses y que nos devuelva el control sobre la dirección de la sociedad. Mientras tanto el nihilismo y la estupidez que reinan en el pensar sigan interponiéndose a las grandes tareas de las nuevas generaciones, las condiciones intelectuales del saber seguirán distraídas en banalidades y en estudios sin real importancia. Y porque no el miedo nos evitará vivir la experiencia de obtener una sociedad redimida y sin violencia Nuestra falta de valores es la agresión en contra de la misma sociedad, donde las energías de la reflexión padecen hoy en día una regresión espantosa, pero que nadie se atreve a enfrentar con honestidad y sabiduría.

Conclusiones.

1. En la actualidad una de las formas que enmascara las deformaciones del poder se halla en la inteligencia que nos piensa. Su hiper-intelectualismo y las clientelas a las que sirve son una prueba fidedigna de que sus postulados arrogantes son grandes globos de aire sin contenido real No sólo no conocen la realidad sino que además han aplastado la posibilidad de que nuevas fuerzas surjan. El pragmatismo de los orgullosos ejecutivos y de los sacerdotes de la rebeldía son expresión de un gran muro de ideas apócrifas e irreales que no permiten a las nuevas generaciones tomar el rumbo de su propia vida y de su derecho a pensarse con claridad.

2. Ahí donde era necesario pensar la realidad de modo fiel y haciendo hablar a la vida se ha impuesto cada cierto tiempo conveniencias políticas y grandes intereses que han debilitado y han hecho perder la fuerza de la cultura crítica. En los 60s y 70s esta forma de pensar la realidad de modo disidente, pero con otras intenciones personales es la responsable de la decadencia de la cultura y de la miseria en la reflexión actual, pues abrieron nuestro espíritu a un gran engaño donde hoy gobiernan proyectos de poder que desfiguran y destruyen la vitalidad de nuestra vida.

3. De cierto modo las fórmulas políticas e ideológicas que han organizado al pueblo y le han dado un liderazgo a sus demandas han obstruido de modo permanente la posibilidad de que la vida se piense a sí misma, y se autorecree. Como nunca esa posibilidad de que los frutos del espíritu se encarnaran a fines de los 60s, fueron estúpidamente coaccionadas con la modernización y el desarrollo que se aplicó. Desde entonces el pueblo desorganizado, y consumido por un asociativismo despolitizado que favorece la corrupción y el mercantilismo es la consecuencia de que la clase media jamás se arrogó el afecto de entender nuestra sociedad de modo real. La leyenda de su esfuerzo político ha devenido en la ceguera de los representados que aún piensan que la disidencia existe.

4. Las fuerzas del arielismo y la necesidad de pensar la identidad nacional deben ser recuperadas como preocupaciones de las ciencias sociales. La razón de esta premisa es que la devaluación y el nihilismo en el que vive nuestro Estado y la sociedad en general, requieren repensar las necesidades de un nuevo contrato social. Todo aquello se mantiene en la fragmentación y la violencia es la prueba de que el espíritu de nuestros pueblos y culturas se halla destruido y descoyunturado. Ese idealismo y holismo que antaño imaginó una identidad debe volverse movimiento de renovación cultural y moral, y a su vez una energía que redefina nuestra modernización sin modernidad.

5. El ser y el significado se separaron con violencia con la decisión de dar el salto a una modernización que nunca fue resignificada. Los tropiezos y los errores que la ingeniería social del populismo y del ajuste estructural han encontrado para moldear nuestra cultura reposan en que nunca se ha pensado debido al coyunturalismo, a las conveniencias y a la estupidez de nuestros gobernantes los fundamentos globales de nuestro espíritu social.

6. Tanto el liberalismo y el marxismo son formas de razonar que nunca han sido impregnadas de nuestra alicaído sentimiento nacional. La particular dificultad para hallar esta identidad en sus proyectos económicos y políticos no es similar a la que se han gestado en otras latitudes del continente. El Marx de la Europa de clases no fue sólo malinterpretado como se ´piensa, sino que ha sido muy difícil conciliar sus recetas de politización y de revolución con una realidad sociocultural a la que nunca se quiso comprender. Lo ritual y mítico no calza con la idea de clases.

7. Hoy vivimos un período de decisiones cruciales. La desconfianza en nuestras propias ideas y el conformismo que reina en nuestra elite nos nublan el esfuerzo de encontrarnos como nación y cultura en la inmensa globalidad. Hoy como en el período de Mariátegui y del Perú previo al gobierno militar de Velasco, es urgente decidirnos por un curso autónomo y cabal donde se esquive el destructivismo del mercado y las proezas irracionales del Keynesianismo. Es necesario un reordenamiento de nuestras instituciones y la búsqueda de nuevos fundamentos que le den espacio a las nuevas generaciones que surgen, y esto a nivel material e infraestructural. Por ello, al nivel del pensamiento es necesario hacer una síntesis acorde con la planificación y la complejización de las políticas de Estado del gobierno. Aunque la ceguera nos va seguramente desviar de esta responsabilidad, en las manifestaciones protestatarias de la calle o en el egoísmo del ciudadano de a pie, es menester recuperar la dignidad de encontrarnos por primera vez. Cultura y Estado deben hallarse de nuevo, y rescatar de los submundos de la historia una identidad de coexistencia y de incremento de nuestra vida social.

15 de Octubre del 2013

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Generación contra clase. Acerca de la muerte de las promesas en nuestra cultura.

by on Sep.11, 2013, under Sin categoría

Ser joven es renovación de lo vivo, sobre el sentimiento exacto del lugar en el que vive, su tierra original

Ser joven es renovación de lo vivo, sobre el sentimiento exacto del lugar en el que vive, su tierra original

En el silencio de nuestros dolores y disconformidades va creciendo un gran océano de talentos y potencialidades que es cruelmente ahogado. Nuestros sueños y esperanzas frustrados alimentan el magma de mucha rabia y de rebeldías clandestinas, que permanecen irrepresentados en la soledad de los caminos de la supervivencia diaria. La candidez de una sonrisa, la profundidad de una mirada, aquel compromiso que surge como un juego, va trocándose con el tiempo en selvas de rufianes infestadas de promesas que perecen rápidamente, y que relatan la trayectoria de vidas desperdiciadas y olvidadas en los basureros del tiempo. Nuestra sociedad ya no es una niña que contenga la expectativa de seguir, sino es una anciana repleta de proyectos extraviados, y de decepciones persistentes que culminan en la mentira y en la inmadurez más ridícula. Es una sociedad que ha hallado en la destrucción de si misma como cultura, la manera de sobrevivir como patéticos consumidores. En el desamor a lo que no llegamos a ser como sociedad reside la apariencia de despiadados competidores económicos que desilusionados por todo lo que callan y no les dejan hacer se lanzan a crecer como ejecutivos orgullosos, pero sigilosamente carcomidos por un vacío existencial creciente.

Una cultura sin amor a si misma, y a todo lo que nace con la mayor de la inocencias se entrega a las adicciones más escandalosas y a los disfraces más delincuenciales con el sólo objetivo de esconder su gran miedo, y desesperación. Todo lo que brota con profundidad y en lo que anida la trascendencia acoge las mentiras con el paso de los años, y a la larga se va envolviendo en ellas paralizando lo que soñaba por dentro. Hoy no basta con ser noble, hace falta salir de sí mismo, llevar los sentidos por fuera, pero la infamia de la reacción, de calcular en la oscuridad, se convierte en las mejores ecuaciones donde mueren los apetitos de la interioridad, y con ella las ganas de vivir un solo rostro. Ya no hay con quien hablar, ni con quien comentar de sí mismo en confidencia. La desconfianza hacia fantasmas que han vuelto de la cultura y las relaciones sociales una zona de guerra por los bienes más escasos, hace que se diga cada vez menos, y se sepa cada vez menos de sí mismo. Solo se permanece por el terror a la vergüenza, y hacemos de lo siniestro y de la violencia una forma de placer, donde aquello que más se busca se pierde del modo más estúpido.

Hoy los peruanos hemos sido seducidos por el cuento de vivir aquí y ahora, pero no se puede respirar y reír con seguridad sobre la descomposición de culturas y de naciones diversas, sobre el carácter inconcluso y cada vez más atrofiado de nuestro proyecto de sociedad; hacer eso es no vivenciar más que un pedazo de lo que se puede llegar a ser, conformarse con poco, y ser un severo obstáculo latiente a los sueños sin representación de múltiples generaciones. Y eso es lo que es nuestra cultura con su indiferencia y su barata atomización individual, un gran cementerio de promesas y de proyectos, donde la dispersión y el caos originario de querer alcanzar apócrifos reconocimientos culturales terminan por sofocar en el marasmo la casi eterna como indistinguible indigencia que nos corroe como civilización.
Nuestra miseria, no es cualquier miseria, sino aquella que se arrincona en la estupidez y a la vez en la arrogancia, una cierta sabiduría practica que ha sido el motor de nuestra ininteligible supervivencia a través de la historia, y hoy de nuestro autodestructivo crecimiento socioeconómico, pero que se contenta con las migajas de la globalización, sin querer darle a ese sincretismo telúrico a esa audacia casi remota un modo expansivo de desarrollarse como singularidad social de modo público y compartido. Es esa falta de identidad, y de no saber como no ser descarrilados de los rieles de una historia cada vez más tecnificada y desarraigada lo que nos hace permanecer en los rincones de la mediocridad, agazapados en los localismos cuasi turísticos, en la nostalgia más desubicada, y en los conflictos entre hermanos más ridículos, la que no nos deja expresar hacia afuera un tipo de organización política que expulse, de los confines de nuestra más sagrado como mancillado honor, toda aquella nobleza y promesa de realización sociocultural, que termina, por lo general, mordiendo el polvo de la frustración y de la rabia más profunda

Y es en estos renglones sísmicos donde, precisamente, se narra la muerte de muchas generaciones. He querido hacer este paréntesis poético para mostrar que dichos cementerios de nuestra historia política y a la vez cultural han abierto hoy más que nunca heridas a flor de piel, y que para cerrar dichas yagas es urgente hablar con motivación cercana a la agresividad y la crítica cultural para desnudar los reales conflictos que nos cierran el paso como civilización. No hay que llegar a la imprecación panfletaria, pero si a la denuncia que ubique la crítica ante el verdadero obstáculo que impide el cambio cultural. Pues, lo sostengo, lo que hoy conocemos como los instrumentos conceptuales y políticos que profetizan dichos cambios a nivel de un conflicto de clases, de desposeídos en contra de opresores, neblinan de modo cuasi perfecto la real dinámica de cambio estructural y cultural que hoy se ha vuelto imprescindible. Nuestro problema de sociedad, es un problema de recambio generacional, de hacer nacer lo que permanece latente como nuevas subjetividades y darle a esa riqueza confinada en el arte, y en las diversas expresiones de la cultura popular una forma de organización institucional y a la vez política.

Conjeturo como supuesto a revisar que el modo errado como se ha construido nuestra sociedad en base al conflicto de clase desde buena parte de nuestra historia ha ocultado e incluso echado a perder la renovación y la consolidación espiritual de cada época en específico. Es necesario señalar aquellos momentos de pérdida de renovación cultural en la historia y leer de un modo distinto el desarrollo de nuestra historia basado en que los cambios que garantizan la premisa para todo cambio sostenible son cambios de orden político. Se debe decir que hoy como ayer los cambios de naturaleza política solo centran su fuerza en relevamiento de intereses; que la captura del Estado, y luego el uso de este aparato para imponer otra relación entre el Estado y la sociedad no garantizan nada en realidad. El solo planteamiento de que el problema del país es sólo un dilema resuelto por la lucha de intereses y del modo de distribución horizontal de los recursos a mano del Estado no dejan ver que el sostenimiento en el tiempo de estas política redistributiva o basada en la desigualdad jerárquica para afianzarse, debe alcanzar una forma de organización social y política que compatibilice y promueve la expresión de su cultura interna en específico.

Y eso es justo lo que no han hecho las ideologías que se han posicionado de nuestras energías políticas y de construcción popular a través de la historia: encontrar o poner en práctica una forma de organización social, política y en estos últimos años técnica que sintonice y exprese la emergencia de los productos culturales e intersubjetivos que las diversas generaciones han reproducido y manifestado a través del tiempo. Por lo general, ha primado como forma de dominación social y a la vez de un facilismo consentido a todo nivel, un armazón descoordinado y caótico de formulas y construcciones institucionales que han coaccionado los deseos y contenidos de realización de cada generación que ha nacido, ahogando con ello los apetitos de compatibilización de la vida social con las configuraciones y formaciones de poder público que no han alcanzado más que el rótulo de su inspiración. Tal vez el mayor daño que se ha hecho, es que la perdida en calidad y en compromiso afectivo de la vida cultural con respecto a los aparatos y configuraciones administrativas que se han impuesto ha sido que se ha generado una mentalidad de huida de la vida hacia los submundos del sincretismo y de la anomia social como costumbre y fijación psíquica que ha devaluado y sentenciado al desperdicio a todos los talentos e ingeniosidades que nacen en su seno.

Es esta no expresión abierta y horizontal de las promesas de cada generación o de cada singularidad histórica en los contextos institucionales en que se inscribe y que acontecen de modo fáctico, lo que se esta acelerando y acentuando de modo severo y peligroso, con el consiguiente resultado, de que el desarrollo afectivo y expectante de cada vida que busca vivir y expresarse se pierde irremediablemente en la separación, en la segregación cultural, y en los conflictos intergeneracionales. La acumulación de proyectos vitales que se pierden en la violencia y en la mediocridad ha fortalecido una forma de poder, que fue también un producto y una apuesta generacional, y que actualmente es la razón del divorcio y fragmentación de la cultura interna con respecto a una selva de diseños y técnicas de administración social cada vez más extrañas e incompatibles. Toda la cultura material y los diversos artificios técnicos que se han desarrollado a través de la historia no han sido el resultado de la osificación pacífica de los productos culturales que han emergido a través del tiempo, sino que ha existido, desde nuestros orígenes civilizatorios, una inorganicidad espantosa de la vida institucional, ocasionada por esta no explicitación emancipada de las culturas, lo que significa, en última instancia, la insuficiencia de los sistemas de organización social que se han practicado como el desinterés de la vida a conciliarse con esta realidad de organizaciones que la circunda.

Quiero señalar antes de examinar las vidas desperdiciadas de nuestro presente, hacer un ejercicio histórico de los momentos y etapas en que dicha emergencia generacional ha tomado su punto más álgido. Se sostiene en estos pasajes que estas coyunturas histórico-culturales han devenido, casi siempre, en el fracaso objetivo de estos poderes culturales, luego de haber propuesto una nueva forma de práctica política y una visión del mundo que los circundaba y que a la larga no consiguió institucionalizarse u osificarse. Con el paso del tiempo, la complejización de las sociedades y la sofisticación de la influencia de poderes técnicos externos esta condenando a este descontento y efervescencia de generaciones a una cada vez más incapacidad de plantear sus necesidades y demandas de modo político y en forma de concepciones de mundo. En la actualidad, para adelantar mis observaciones, se puede afirmar que el descontento ha alcanzado la forma de una violencia irracional y de histerias tribales que es la prueba real del desprecio al mundo organizado y extraño que los convoca, así como la prueba real, también, de la inconsciencia para darle a esa riqueza cultural y emotiva una forma de pensamiento y de nueva praxis política.

En primera instancia, se puede mencionar que la primera emergencia de esta energía generacional se produjo hacia finales de la Colonia. Aunque no poseo datos concluyentes, se puede sostener que todo el movimiento político independentista que arranca desde la Revolución de Túpac Amaru hasta las luchas de criollos hacia el final de la caída del Virreynato fue obra de una nueva espiritualidad que alcanzó expresiones políticas e ideológicas. Las luchas revolucionarias en Europa a cargo del secularismo francés, y las nuevas transformaciones materiales que introdujo la revolución tecnológica inglesa dieron el contexto perfecto y las herramientas ideológicas exactas para movilizar los apetitos de liberación de los pueblos subordinados a una Europa cada vez más hegemónica. La concepción de mundo que surgió de estos renacimiento de generaciones, fue el discurso nacionalista criollo, de tinte liberal y con cada vez más presencia en los Virreynatos mas alejados del centro político y más conservador del continente. En el Perú, dado el carácter ultraconservador de las elites limeñas, este pensamiento liberal y a la vez nacional no halló mucho eco afectivo en todas las clases sociales de su régimen de poder. A diferencia de las otras pre-naciones latinoamericanas donde los proyectos de liberación fueron más enraizados en sus sociedades y más homogéneos, en el Perú la efectividad del discurso liberal solo concito luego de la politizada rebelión indígena de Túpac Amaru solo levantamientos focalizados y aislados que fueron rápidamente sofocados.

La razón que explica este aislamiento de los intentos de subversión reside en la vinculación afectiva y en el sentido cultural compartido de los criollos en relación a la administración virreinal, lo cual bloqueo que ellos creyeran fielmente en las premisas liberales, aunque les sirvieran de modo instrumental para sus objetivos separatistas. Y la otra razón quizás más soterrada pero no carente de fuerza se ubica en que el aplacamiento sanguinario de los levantamientos indígenas de Túpac Amaru en el S. XVIII provocó en los sectores populares y más subordinados una desafección ante las causas emancipadoras. Aunque el discurso liberal si alcanzó a la ilustración de los grupos curacales la ideología que estimuló, sobre todo, su sublevación más allá de los intereses de reacomodo económico fue una mentalidad de separación netamente indigenista, influenciada por la lectura de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, y el revanchismo de las elites indígenas a recuperar una situación de independencia política. Como se sabe dicho intento fue sofocado y dejo enteramente la fuerza de la independencia a un timón exterior con la ayuda débil pero influyente de las elites mas esclarecidas de nuestras aristocracia criolla.

Y en ese no contacto movilizador de las clases populares de modo ideológico o sentimental, pues el milenarismo de las bases había sido liquidado décadas antes, resurgió la mentalidad sincrética y servil que luego los sectores criollos aprovecharían para hacer de la revolución emancipadora un cambio de poder que reforzó el feudalismo, y convirtió al país en una coraza de enclaves y feudos desconectados y en la anarquía total. Hay que decirlo de manera más enfática que los historiadores de la Independencia, la victoria de la aristocracia criolla, en apoyo a regañadientes de los ejércitos externos de San Martín de Porres y de Simón Bolívar no fue sino un proceso político que sentenció el nacimiento de una nueva unidad política en el papel nacional, pero con el costo de un gran sacrificio de energías y de pueblos que fueron ingresados a la fuerza y sin su consentimiento a un tipo de organización republicana y secularizada incompatible y que desorganizó aun más a las culturas internas del país.

La liquidación del proyecto proto-nacional de las rebeliones indígenas dejo al país naciente sin una proto-burguesía en el control económico y político, cediendo el poder del Estado en teoría republicando a una lucha de facciones y de clientelas de liberales y conservadores, que nunca buscaron en realidad la conformación de premisas de corte nacional, pues la fragmentación feudal y la anarquía de la nación les favoreció abismalmente. La derrota de los españoles también fue una derrota de las clases populares, que vieron disminuida sus influencia en los destinos del país, perdiéndose de este modo la gran riqueza generacional que las emancipaciones despertaron pero que el conservadurismo criollo manipulo y al final ahogó con la sofisticación del servilismo feudal y hasta racista. El desperdició de esta generación a la que se le dio erradamente el rótulo ideológico de liberal permitió al poder posterior, hasta la guerra con Chile, consolidar una visión política e intelectual que bloqueo la integración de los intereses del pueblo atrapado en los enclaves feudales; es decir, su administración política promovió la eficiente desnacionalización del país, con la consiguiente corrupción y concentración del poder que lo caracterizó. El predominio de un conflicto de clase entre criollos y españoles ocultaron el conflicto acumulado y generacional que realmente subyacía en los subsuelos de este proceso político: el conflicto entre los pueblos subordinados al control español y también a su manera a la parte criollo-liberal.

El marasmo moral y social que nos dejo la guerra con Chile posibilitó una ruptura generacional que no tuvo consecuencias políticas pero si culturales y a la vez intelectuales. Las razones de la debacle y de la ruina de una sociedad que volvía a su habitual indiferencia y desafección elitista causaron en mentes esclarecidas y radicales la aparición de los temas de realidad nacional que serían la bandera ideológica de los posteriores movimientos de masas de principios del s. XX. Mentes como las de Gonzales Prada, luego la generación del Arielismo o Generación del 900, y luego en esta etapa la generación de los años 20, con Mariátegui, y Haya del Torre se propusieron construir una visión integral de este país anarquizado y sin identidad. A su modo desde las proclamas de Gonzales Prada, pasando por las visiones cooperativistas del anarquismo sindicalista, hasta las propuestas sociales más elaboradas como las de José Carlos Mariátegui y Haya de la Torre se construyo una lectura de los problemas del país, que puso el peso de su comprensión, en el antagonismo histórico entre las clases dominantes y las clases oprimidas. Mientras que en la otra vertiente las lecturas hispanistas de José de la Riva güero, Belaúnde, entre otros, se obstinaban en señalar que los problemas del país se explicaban en el carácter inconcluso y desdibujado del proyecto republicano.

Dentro de todas estas posiciones se puede conjeturar que todas pertenecían a la órbita del ensayo arielista latinoamericano. Este pensamiento en esencia era un acercamiento histórico-culturalista muy erudito que empleaba el medio del ensayo político y muy literario para generar una comprensión de las realidades a las que se examinaba. Si bien en muy contados casos era un medio de expresión escrita que utilizaba medios de indagación empírica, se puede decir que era una forma de reflexión social ajustada a realidades poco cohesionadas, o donde la influencia de un pensamiento aplicado era muy rara. Ahí donde las conformaciones de sociedades industriales permitían un pensamiento social con orientaciones aplicadas y de alcance nacional, en contextos de sociedades desarticuladas o en formación se puede decir que la forma de inteligencia social apropiada era de modo especulativa y de corte ideográfico. Lo que no se unía de manera real, había que sentirlo de manera espiritual, o si quiera imaginarlo.

Y una de las conclusiones o hipótesis culturales que ensayaron era que una nación solo era el producto de una identidad generada y rebuscada en las raíces de la historia. En esos recorridos sumamente eruditos en búsqueda de fundamentos de las naciones, organizaron un sistema de informaciones y de fuentes históricas que permitieron la conformación de una intensa vida académica humanista y orgánica, que daría a las generaciones siguientes los postulados básicos y el ethos cultural nacional exacto para el cambio estructural. En una de esas premisas consiguieron detectar que la razón estructural de nuestra falta de identidad y de no haber alcanzado un desarrollo nacional era que nuestras sociedades estaban atravesadas por serios antagonismo de clase y de grupos de poder expresados en una estructura social que no permitía el desarrollo de una sociedad igualitaria, y con identidad nacional. Se puede señalar, que el máximo exponente de esa hipótesis es José Carlos Mariátegui, quien diagnosticó al Perú como una sociedad donde el grupo de poder oligárquico, en confabulación externa con los poderes trasnacionales, y los poderes señoriales en el Perú rural e interno poseían un control improductivo de la economía interna, en detrimento de las clases campesinas y el endeble proletariado. Es decir, la clave del cambio social en este período de la historia era ciertamente un conflicto de intereses histórico por el control del Estado, y que se hallaba en este aparato la herramienta política para construir o lograr el desarrollo socioeconómico.

No obstante, es lícito señalar que la fuerza intelectual de esta generación consiguió la expresión organizada de partidos de masas, que plantearon la lucha por el poder como un enfrentamiento entre las clases desposeídas y las clases oligárquicas. En otras palabras, la generación que arranca con el diagnóstico de la ruina nacional luego de la guerra con Chile halló en el Arielismo y en la visión nacional culturalista las herramientas conceptuales para lograr una visión global del país, y en el discurso marxista clasista la herramienta política para la realización de nuestra sociedad. El discurso de clase era representativo y aglutinaba en su interior los diversos antagonismos y luchas culturales que desgarraban al país, y era a no dudarlo un discurso político que movilizaba el descontento y organizaba demandas a nivel de las identidades dominadas. Incluso los severos antagonismos u búsquedas de identidad en el indigenismo político de naturaleza étnica hallaron en el discurso de clase un aliado muy rico y cooperante en que expresarse.

Culminando se podría decir que la fuerza genética de esta generación hasta los años de su declive político en los 60s, es la responsable de los cimientos ontológicos de lo que pondrían en practica la generación de la Nueva izquierda, y de los sentidos de realidad que actualmente vivenciamos como parte de nuestro país. Si se agoto su influencia fue porque el desplazamiento político y a la vez generacional que sufrieron por obra de la nueva sangre consiguió poner en el sentido común la necesidad de dar un paso hacia la modernidad estructural y secular, más allá de su sola mención ideográfica. El sólo posicionamiento de la crítica en los márgenes literarios del ensayo y las creaciones literarias, inclinaron a las energías intelectuales hacia un hábito poco calificado para convertir dichas premisas intelectuales en líneas claras de intervención social y técnica.

Ahí donde se buscaba el cambio estructural era necesario organizar las fuerzas de la inteligencia social en función de cuadros orgánicos y aparatos partidarios que lograran expulsar de sus restricciones arcaicas y tradicionales todas las promesas que el proyecto republicano no pudo ejecutar. Se puede sostener que los objetivos sociales e ideológicos de esta brillante generación se cumplieron de modo cultural, dejando a sus herederos de izquierda la tarea de concretar la construcción de una sociedad nacional e industrializada. A medida que nación y socialismo coincidían en el plano territorial de los proyecto de liberación latinoamericanos se generó la idea que el Estado populista estaba orientado a practicar un nacionalismo modernista, y que este era el estadio necesario para la ulterior practica de la patria socialista. Ambos movimientos generacionales encontraron en el discurso de clase un ente ideológico representativo para las búsquedas de realización y reproducción de sus sueños originarios.

Por diversos motivos es hacia esta época de ruptura con el mundo oligárquico que se dieron las condiciones históricas singulares para la liberación de todos los talentos y compromisos afectivos acumulados en las culturas diversas a través de la historia, con el producto consiguiente que su solo fracaso, como se dio, generó las disgregación intergeneracional siguiente, ya que esta época fue la que logro comprometer, como ninguna otra, a los heterogéneos deseos y aspiraciones de una tierra tan desarticulada. Lo que se abrió como una época de esperanza hasta de lo más íntimo halló en estos mismos postulados ya obsoletos pero aún hegemónicos las razones que explican el desmoronamiento social y sistémico que sufrimos hoy en día. Y me explicaré porque razones pienso esto.

Lo que hoy vivimos es una época de decadencia, de muerte sistémica de todo los que nace por carencia de un mundo que seguir construyendo. El discurso de clase, su antagonismo cualitativo que en su momento representó como ningún otro ethos la esperanza de un mundo redimido y materializado ha perdido su atractivo ontológico. No solo se ha desnudado como una pastoral paupérrima que plantea la solución a los problemas del país como un mero conflicto de intereses sino que ha perdido el compromiso de la cultura y de las nuevas subjetividades que nacen, por ser entre otros un discurso que no moviliza los subterráneos apetitos de realización cultural de las sociedades populares. Es más, el completo fracaso de esta cultura de clase estriba en que el modelo de modernización que se planteo y que al final fue el que se operativizó nunca fue compatible realmente con las aspiraciones generacionales y los deseos de liberación social de aquellas generaciones que se lo arrogaron como destino ineluctable del país. En si el salto cualitativo no fue, como he sostenido en otra parte, de ningún modo una decisión progresista, convirtiéndose hacia nuestra época actual en un discurso cuya osificación ha comprometido seriamente la expresión libre y pacífica de todo el milagro de la vida que nace.

Tanto la pastoral del exitismo de los sectores conservadores, que recibe fuerte acogida en la población, como el discurso negacionista de los sectores más radicales de la izquierda son expresiones similares y a la vez antagónicas de esta cultura que no deja nacer lo nuevo, que estrangula el contenido realizador de las nuevas subjetividades que acontecen y que se ha convertido en un muro de naturaleza psicosocial que cancela toda posibilidad de materialización de las culturas que nacen. Su éxito es tal que han logrado desconectar los deseos de realización de los grupos sociales de los espacios organizativos en que a pesar suyo confluyen, sentenciando a la sociedad a un envejecimiento vital prematuro, donde el impulso ciego y la violencia anarquizada son expresiones de todo aquello que no se sublima o se institucionaliza racionalmente. La vida no halla sistemas de usos y de costumbres donde referir con flexibilidad sus aspiraciones y desarrollarse, sino que halla una selva desordenada de organizaciones y de dispositivos técnicos que tiene que tolerar y asimilar por mor de la supervivencia. Pero estos no representan para si objetivaciones culturales adecuadas a sus deseos de expansión y de bienestar social, lo que se traduce en que las emociones y los sentimientos contenidos y desperdiciados no hallan más ruta que el desfogue primitivo de los impulsos, la depresión social, y la violencia como lógica de existencia social. Hace falta una urgente reconciliación entre la vida contingente y el mundo producido, de lo contrario las subjetividades e imaginarios que acontecen decidirán huir más hacia la trasgresión oscura y hacia la mascara, y el mundo producido perderá la savia de la invención técnica para reproducirse y evolucionar de modo legítimo.

En mis observaciones lo que vivenciamos aceleradamente es la imposición de una sociedad dominada por serias contradicciones de orden cultural, que no están siendo reconocidas de modo hegemónico. De modo falso y errado se sigue afirmando que la más severa conflictividad es de un antagonismo de clase, y que todos los contrastes de esta realidad represiva hallan su resolución en el desenmascaramiento de las exclusiones y los diversos rostros de la dominación social. La captura del Estado y su inmediata movilización política para modificar estructuralmente la realidad es la fórmula matemática precisa para desconectar los apoyos legítimos del capital de la vida que se libera. De modo equivocado y cegatón se publicita hasta la saciedad que la formula sigue siendo resolver el conflicto de clase en sus cimientos económicos, logrando constituir un mundo producido donde la sociedad administre su propia vida material y cultural.

Pero el problema es que esta fórmula keynesiana y a la vez estructural yerra en lo esencial. Pues hace ya bastantes décadas desde que la cultura decidió abandonar la sociedad y anidar en lo clandestino el Estado ha dejado de ser el centro desde el cual se puede alterar de modo orgánico a la sociedad. Las propuestas estatocéntrica y a la vez de mercado son eslabones secuenciales de un mismo proceso estructural, que impuso formas organizadas de poder y de asociatividad completamente ajenas a las disposiciones culturales que nacieron a través del desarrollismo y el ajuste estructural. Y que por lo tanto, el discurso de clase sentido aún en las izquierdas y con más razón en las clases dominantes son esquemas porfiados y anticuados ya, que intentan malamente explicar una realidad de imaginarios y de culturas que hace tiempo se ha escapado y que ha construido un Perú inexplicable. Es la ceguera por mantener el análisis en el antagonismo y en la confrontación politizada de la cultura la que no deja ver que la cultura es mucho más plástica que el poder, y que en todos estos años de informalidad y de sobrevivencia cultural, ésta ha conseguido edificar un Perú que reclama a gritos un nuevo contrato social, es decir, una nueva organicidad política visible acorde con esta sensibilidad, que nuestros conceptos sociales no han sabido nombrar con propiedad.

El problema de esta urgente necesidad es que la astucia y la creatividad de estas culturas rechazan su objetivación política y organizada. El habitual sincretismo en que se han visto envueltas y el disfrute anómico que han hallado a través de la cultura de consumo y de la multiplicación de estímulos postmoderna, divorcian a los contenidos culturales de las nuevas generaciones de sus objetivaciones tecnocráticas, así como de su aprovechamiento disciplinario en las construcciones más sofisticadas de la ciencia como del conocimiento racional. La fuerte desconexión afectiva entre los productos generacionales y el mundo producido, no es sólo provocada por el extrañamiento que experimentan en una realidad cada vez más rutinaria y mecanizada sino que las personalidades han hallado en el desequilibrio y en la crisis intersubjetiva que vivencian una oportunidad para hacer de sus adicciones y de sus prótesis sensoriales una nueva forma de vida autosostenible, que paga el precio, de tener que desvincular las energías instintivas de cualquier ámbito de la producción en donde se subliman o se convierten en técnica reconocida. El resultado es una desvalorización del trabajo, o la prevalencia de un ritmo de trabajo poco creativo y productivo; y también la desafección psicológica de las personas a querer formarse y desarrollar sistemas de conocimientos expertos que ayuden a conformar una tecnología propia. Hay por consiguiente, un abismo subjetivo y emocional hacia la necesidad de resignificar el mundo producido, porque las personas prefieren extraviarse en la cultura del consumo cada vez más erotizada.

Por ello deseo sostener, que la separación entre la razón y las nuevas sensibilidades que se afianzan en la juventud no es sólo el motivo estructural que ocasiona la dominación generacional, sino que ya de por sí las nuevas generaciones se definen en el desarraigo y en el extrovertismo evacuando toda posibilidad organizada y madura de hacer de cada promesa generacional un proyecto que imponga otro principio de realidad. El solo emotivismo y protesta sociocultural que se observa en las manifestaciones de la juventud posee una fuerte carga creativa y vitalidad social, pero en sí todo este magma riquísimo no busca ciertamente su osificación histórica, y mientras ello no suceda los contornos y perfiles de la sociedad a la que ven desde sus submundos se obstruirán e involucionar. Y en ciernes todo el rechazo que se alimenta en relación al sistema y sus diseños técnicos, y que a veces alcanza la forma de un izquierdismo ético, no será en realidad mas que un desperdicio de las energías que no confluyen hacia la construcción o redefinición de la sociedad.

A la juventud le hace falta darle a ese descontento visceral un tipo de organicidad política en el que se reconozcan y articulen todas sus demandas; y sobre todo un pensamiento social que sea la expresión del triunfo y realización de los movimientos sociales en los que viven y ríen. Y esto se hará si es que dejan de nombrarse con los idearios y proclamas de la izquierda marxista, pues ella en varios sentidos, su discurso de clase, ya no representa un motivo movilizador y articulador de demandas y de aspiraciones sociales. El conservadurismo de las clases dominantes no es el único muro en contra del cual deben vivir políticamente su liberación, sino que en su mismo seno de rebeldía se ven obligados sobrepujar una significativa renovación de cuadros y de concepciones de mundo, pues el discurso de clase se ha vuelto en el pretexto perfecto para la supervivencia vitalicia de una gerontocracia que no promueve tales medidas.

Por ahora hay cierta timidez para llevar a cabo esta tarea histórica que no es precisamente de modo amable, sino que es necesaria una lucha en contra de los conceptos, los idearios y los líderes viejos con los que en el fondo no quieren romper. No sólo basta un desplazamiento político de cuadros, hace falta una nueva concepción de mundo que se atreva a cuestionar en sus presupuestos esenciales aquel marxismo y retórica revolucionaria que es hoy por hoy muy reaccionaria, y a la vez poco eficaz para enfrentarse a los poderes dominantes. Ahí donde las contradicciones de clase han sido neutralizadas y a la vez justifican la represión en contra de los sectores oprimidos, es necesario privilegiar la lucha generacional, para que la osificación de su cultura y de sus proyectos vitales vivifiquen los perfiles de una nueva sociedad, que necesita otro tipo de oposición objetiva que articule las diversas demandas y antagonismos. Con esto digo que toda lucha política es el fondo la búsqueda de una renovación cultural, de una nueva religiosidad cívica y material que rescate a las diversas organizaciones de la sociedad, incluso las de izquierda, de la degradación y corrupción en que se han visto sumidas.

Es urgente invitar a los talentos y destrezas del pueblo y de la juventud a creer en una nueva sociedad, que nazca de sus experiencias concretas y de la búsqueda de una remozada identidad nacional. Hoy como ayer la deuda de la izquierda es dejar a un lado ese imprudente como desviante internacionalismo que le descoloca de su misión de constituir una nación. Sin la construcción de tal imaginario será imposible el compromiso del pueblo al que debe ofrecérsele un referente en el que creer, y un programa operativo y comunitario en el que vivir de modo concreto; y la larga sin la nación la juventud y la izquierda serán posiblemente responsables de la desarticulación política que el tipo de desarrollo que se practica en el país están provocando, y eso sería dispararse a los pies. Por ello el movimiento de expresión de esta generación esta emplazada a combatir con su liderazgo las diversas formas de poder y de exclusión social que atormentan al peruano de a pie, pero esto se hará si se atreven a conocer al Perú en realidad, y atreverse a pensarlo de modo auténtico, allí verán con sus propios ojos los rivales a los que se deben enfrentar. No dejemos que maten la promesa, pues la decepción es el origen de todo cáncer y huida del mundo.

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La comunicación política y la democracia… Ideas sueltas acerca de como construir un poder público.

by on Sep.05, 2013, under Sin categoría

En los últimos tiempos he oído con profunda ignorancia, pero con una dosis de ese realismo pragmático que a veces asquea la idea de que son sólo las estrategias de publicitación de un candidato y su mensaje las que deciden su triunfo electoral o no. El peso mediático y a veces decisivo en toda campaña de comunicación política, es el mayor canal de afirmación de una imagen política y sus propuestas. La problemática indiferencia de los electores hacia la actividad política hace que la empresa política dependa con mayor fuerza de la construcción estilizada y simpática de una oferta electoral que no tiene conexiones reales con las organizaciones sociales a las que pide su consentimiento. Ahí donde el proselitismo depende de la creencia y comunicación racional de la verdad política, las estrategias del marketing político que todos conocemos hacen variar el peso de la elección de juicios racionales a cierta empatía sentimental y carismática con el candidato. Esto nubla la relevancia de sus propuestas programáticas, las vuelve secundarias o también las envuelve de ese matiz comercial que no deja pensarlas con acierto.

El problema de darle un énfasis sobredimensionado a una imagen proselitista en una sociedad de masas que vive sumergida en el consumo es reforzar el hecho cínico de que las campañas electorales dependen con vigor de que tanto se engañe a los electores, y no de como el sistema de elección de los poderes representativos es la proyección social de como se construye partidos y sistemas de recojo de demandas y de recursos humanos calificados que le den estabilidad y legitimidad a ese poder que se elige. Una sociedad que elige ofertas simpáticas y que apelan a los estereotipos de la cultura de masas para conseguir empatía con la gente, logra la garantía de conquistar el poder, pero vuelve endeble la construcción de programas operativos y validados en las bases sociales que este poder requiere para sostenerse.

Toda coyuntura política no es la búsqueda de resultados auspiciosos de las refulgentes políticas públicas que se emplean sino de como se hace creer que estas decisiones son resultado de consensos y convenios de poder que les reporten estabilidad, sin que importen la sostenibilidad de una medida o acción de gobierno real. La inclinación de los electores a elegir aquello que les parece más simpático y vinculado a su opción emocional de cultura hace que la comunicación política sea un acto de persuasión y de retórica a gran escala que conmueve a las masas, pero que no las invita a ser parte de la formación del poder que se organiza en su nombre.

El principal problema en afianzar una oferta electoral sostenida sólo en la construcción mediática de una imagen estriba en dos dimensiones que a mi juicio son desalentadas en toda coyuntura de una campaña proselitista, pero que al no ser admitidas producen todos los problemas de gobernabilidad y construcción de poder que no repara toda apuesta política al llegar al control del Estado. Que el poder debe asentarse y ser resultado de una construcción social a todos los niveles de las organizaciones sociales en aquellos momentos donde las formas y configuraciones políticas que aspiran a la administración de la sociedad han perdido todo interés de conocer y de saber a ciencia cierta como gestionar sus demandas y conflictos internos. El sólo énfasis en la impresión mediática suele carecer de estos elementos, y reforzar los pésimos desajustes ideológicos y organizativos que mantienen en el marasmo estructural a la sociedad.

La segunda dimensión estriba en que la imagen de un poder que se exhibe, en aquello momentos en que la crisis moral es insostenible debe ser la expresión de un nuevo comienzo o renovación espiritual de las sociedades a las que se convoca. Por lo general un poder mediático que basa su atractivo en sintonizar con los estereotipos y prejuicios de una sociedad en específico para invitar a su consentimiento se convierte en una propuesta que refuerza la cultura política autoritaria que su programa intenta cambiar.

Y una tercera dimensión que no admite una comunicación encasillada en la mera impresión estética y publicitaria de una imagen política es que los electores en esta coyuntura especial que el país atraviesa, de necesaria consolidación cualitativa del modelo de desarrollo, están habidos de escuchar nuevas propuestas y ser parte de un poder que no asegura en su delegación espontánea la estabilidad de su ejercicio.

Examinando la primera dimensión se puede afirmar que toda estrategia de comunicación política que no caiga en la repetición absurda de las mismas ofertas electorales que la crisis de los partidos tradicionales incide, esta obligado a idear una forma de campaña y de acercamiento con los depositarios del poder. El objetivo no es sólo afianzar los mensajes y los programas políticos que le interesa ofertar sino generar una sinergia recíproca entre las bases y los esquemas de organización del partido para recabar y representar demandas que puedan ser sistematizadas y acopladas en los diversos programas y premisas políticas que el partido desea hacer suyas. Esta operación implica una construcción social del poder en donde se hace compleja la cohesión ideológica entre los militantes que se consigue adherir, sintetizar de modo articulado y plural una visión académica y global del país y sobre todo convocar a la fuerza de trabajo ociosa a diversos niveles de calificación que la organización del partido va a llevar al poder. Contar con adherentes y cuadros profesionalizados en los diversos niveles sociales del poder implica darle al poder que se dimensiona mediáticamente una estabilidad y solidez que le permitirá a las decisiones de la tecnocracia conseguir cambios cualitativos en la naturaleza privatizada de un Estado cada vez más obstruido y lejano de la sociedad.

En este sentido, es urgente sostener que las formas de desarrollo partidario que se han empleado hasta entonces para acompañar al poder y darle los cruciales votos que requiere hasta la fecha han echado mano de una red de operadores y de clientelas políticas a todo nivel que no permiten una nueva construcción social de la representación política, pues a inhiben y la obstaculizan con el sólo interés de reforzar y asegurar el poder de los centros políticos y de las figuras que van a la vanguardia de la conducción política. De este modo al asegurar el control vertical de una organización que remueve los cimientos y el entusiasmo social de los militantes y simpatizantes con el sólo objetivo de luego al conquistar el poder desbaratar todo el andamiaje de organizaciones a los que se ha convocado producen un poder desconectado de los cambios y la complejidad sociocultural que se produce en las bases, y por lo tanto este poder partidario no es capaz de transmitir hacia las bases ideas fuerza y sistemas de soluciones practicas que sean congruentes con los humores y estados de ánimos de la sociedades comunitarias. Yo diría que el sólo peso en figuras tradicionales y en mensajes carentes de toda conexión con los despliegues comunitarios de la sociedad obstruye el objetivo básico de toda nueva forma de organización política que es reconstruir las bases sentimentales de la política, y por lo tanto, regenerar la vida del pueblo en su ethos soberano e inmanente.

Por ello, la comunicación a varios niveles de representación esta obligada a estimular la vida asociativa y darle participación de modo regenerativo a todos los liderazgos que el pueblo articulado esconde, pues de no hacerlo el mensaje mediático corre el riesgo de apelar a los sentimientos y a las adicciones más viles de la sociedad disgregada produciendo su atomización y el descrédito posterior de toda empresa política que desea convocarla. Hasta la fecha como he sostenido las estrategias de remoción de los sentimientos políticos y democráticos del pueblo no han corregido el hecho de que todo poder viable y fuerte en el Estado es el resultado de la reconexión con una intensa vida asociativa que debe recomponerse. Es decir, el pueblo que ayudo a darle forma a una política y a un pensamiento social en la etapa del desarrollismo no es el mismo que el de hoy, y que por consiguiente, toda obstinación en acercarse al pueblo con armas devaluadas corre el riesgo de destruir todo vínculo afectivo con la democracia, y entregar a la sociedad a la violencia y al desperdicio vital que ocasiona un poder represivo.

Una segunda dimensión, que se cae de madura por lo antes dicho, es que toda estrategia de comunicación política debe no sólo alimentar conexiones ideológicas con los diversos sistemas de representación en base a la ironía y la impresión estética sino nutrir y potenciar las necesidades de la sociedad de encontrarse de nuevo. En otras palabras, en la coyuntura de inmoralidad y de desarraigo que enfrentan las culturas la comunicación política debe robustecer la esperanza en un nuevo comienzo afectivo y ético, pues en la movilización de los afectos y las carencias de reconocimiento sociocultural residen las oportunidades de firmeza ideológica de una empresa política que quiera hacer historia. El solo hecho de hacer de la publicidad y de la imagen política un cascarón vacío que simpatiza con los padecimientos y las desesperanzas de la sociedad, olvida que la imagen es también sinónimo de afirmación y de esfuerzo; que no debe apelarse a lo más bajo y risible para ganar sino intentar comunicar y persuadir en base al cambio cultural, una nueva forma de cultura democrática y radical que logre expresión política.

En este sentido, si bien la estrategia del publicista argentino Favre en las dos campañas políticas que llevo al poder ha sido eficiente, se puede argumentar que su decisivo conocimiento de la cultura de masas peruana, es decir, de potenciar mediante el sarcasmo y la manipulación los crueles antagonismos y desencuentros culturales y raciales que nos atraviesan no hizo sino afianzar el hecho que somos una cultura que hace de su anomia su mayor lazo de identidad. Por medio del negacionismo que vimos en la campaña de salvataje a la ineficiente alcaldesa Susana Villarán, con los memes en las redes sociales, en las agencias publicitarias, y con la fuerte campaña de asociativismo juvenil en diversos barrios se puede argumentar que se gano una elección, pero que el modo como se movilizó las rivalidades y los sentimientos de representación de las identidades no provocó la desactivación de la cultura criolla autoritaria que nos caracteriza sino que robusteció su hegemonía, y a la larga ha reforzado la fatal indiferencia y la cultura corrupta que hierve en todos los niveles de nuestra cultura. El no a un poder corrupto y cínico basa su pericia en el descontento y en la protesta emocional, pero este berrinche no garantiza para nada la estabilidad de la política que se defiende. Y es más movilizar la nobleza y las buenas intenciones acaba en mayor decepción y cansancio cívico, premisas que llevan a la corrupción como estrategia de sobrevivencia y de prevalencia en nuestra cultura.

Esto me lleva a la tercera dimensión de toda estrategia de comunicación política, que es más un imperativo que un diagnóstico. Es necesario dejar de lado todo conservadurismo en la persuasión que tenga una lectura escéptica y derrotista de nuestra cultura. Los electores están no solo persuadidos del engaño y de las ilusiones que se movilizan en su nombre sino que en un contexto donde las promesas son las mismas en todas las tiendas políticas, la gente esta habida de escuchar nuevas propuestas e ideas constructivas que les ayuden a consolidar todo lo ganado por este ciclo de bonanza económica que aún experimenta el país. Crear una nueva forma de hacer política no descansa sólo en la limpieza en las ideas, y en la naturaleza intachable de las imágenes políticas que se publicitan sino que se debe apelar a que nuevas ideas programáticas y tecnificadas se deben ejercitar. La gente ya no cree en la retórica, en el sarcasmo o en le negacionismo como forma de atraer voluntades lo que quiere es la madurez para convertir propuestas y lindos discursos en políticas responsables y en decisiones concertadas. La comunicación política, en este sentido, esta emplazada a ofertar ideas, discutirlas e invitar a recrearlas de modo racional, pues el elector racional que ha insurgido es de un realismo y de un poder de protesta distinto. Ahí donde la risita burlona, el polo naranja o los muñequitos juegan sus chances es necesario hacer política en base al posicionamiento de programas y de fundamentos que sean, ¡claro! bien comunicados a todos los niveles de la sociedad. En todo caso la comunicación y sus estrategias deben hacer accesible y comestible esa nueva cultura de poder, ahí donde el periodismo, los contenidos televisivos y de la informática carecen de transparencia y de todo sentido de informar con honestidad y realismo político.

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Pragmatismo e intuición…. Notas a acerca del sentido practico en nuestra cultura.

by on Sep.04, 2013, under Sin categoría

Hemos llegado a un punto donde se diviniza como única fuente de conocimiento el saber practico. Aunque en el origen todos los sistemas de conocimientos refulgentes y socráticos han provenido de observaciones pacientes acumuladas durante miles y miles de años, en estos tiempos se le da un peso desmedido a la completa inmanencia de la vida como único valor congruente de felicidad y de estimación personal. La consecuencia es la completa naturalización de lo que funciona y es útil para sobrevivir, es decir, la total aceptación de lo que existe como ámbito no cuestionable de existencia. Hemos decantado en un mundo donde el cansancio del sentido intelectualista y mecanizado de la vida ha devenido en una conciencia atrapada en la inmediata necesidad, con la consiguiente desvalorización de la experiencia y del bienestar.

Hemos advertido que el sentido práctico es uno y el mismo en todas partes, y que la vida cotidiana es el ámbito donde lo practico repetido y repetido otorga seguridad, y sentido de pertenencia a las personas. El reposo del significado en la repetición estandarizada de lo seguro anula el pensar y hace que la vida sin juicio y razonamiento caiga presa de un tipo de moral practica donde se echa mano de los recursos del entorno para darse sentido, con el resultado inmediato que queda la cultura individual y a la larga social presa de una asimilación consentida y a la vez inconsciente de los prejuicios y sistemas de saber dominantes que intentan controlar la vida social. Nuestro acontecer práctico refuerza los problemas y cuellos de botella de comunicación que existen entre nuestras culturas, provocando que una vida reproducida en lo meramente práctico quede expuesta ante las inmediatas calamidades de la realidad a las que no enfrenta sino soportándolas y no resolviéndolas como reales problemas. En una realidad donde el sentido de ésta queda inmaculado esta no sólo desaparece al ser no recreada de modo soberano por los sujetos, sino hace que a la vez el sentido que este reporta sólo resida en lo que el hombre de carne y hueso pueda hacer de sus esfuerzos, una y otra vez.

El acabamiento del proyecto ilustrado como lógica de domesticación de los afectos y de los sentidos del hombre, al apagarse su amanecer civilizatorio y ennoblecedor, se ingresa en una realidad donde los diversos proyectos nacionales y sociales de ilustración a varios niveles quedan sin efecto, ocasionándose que las jerarquías globales y los sistemas políticos complejos que se montaron para superar la naturaleza autodestructiva de la vida reproduzcan con mayor fuerza los eternos conflictos y luchas sin fin que la modernización se planteo superar. Con grados distintos de asimilación el regreso del sentido practico de las cosas como único eje articulador de la vida, ahí donde la moral científica pierde terreno expresa que los países menos familiarizados con los proyectos de modernización que se montaron para civilizarlos en nombre de la humanidad, se ven devorados y entregados a una cruel descomposición de sus cimientos sociales, y de sus vínculos vitales, con el consiguiente abandono de la subjetividad a su propia suerte, y porque no su disolución interna. Toda la cultura que sobrevive ya no es el resultado de controles verticales en cuanto a un orden social integrador, sino el producto de las interacciones y encuentros caóticos de los productos individuales y de sus esfuerzos espontáneos sin ninguna lógica concreta, donde el significado social es un producto sometido a constante justificación, y por ello sujetado a los vaivenes de los referentes sociales dominantes y a sus sistemas de representaciones también desequilibrados.

El único rol orientador que decide la suerte del sentido es la cultura del dinero, y los contratos específicos de mucha complejidad que establecen los actores para conseguir resultados al interior de una realidad anegada de un sentido empresarial. El utilitarismo que acompaña a esta cultura del resultado hace que los sistemas de representaciones y los entramados culturales que se someten a su carácter disolvente se reproduzcan al interior de una vida que posee el sentido de una empresa, enfatizándose los elementos negativos y las sabidurías prácticas más funcionales al intercambio constante que se presenta en la vida social, descartándose como insolventes o carentes de utilidad los valores solidarios y ennoblecedores de las culturas.

La consecuencia de todo esto es el ascenso de un pragmatismo que refuerza como cultura dominante una subjetividad trasgresora y oportunista de la vida que violenta las mismas bases sentimentales donde acaece la formación de las personas, invitándolas a reproducir en contra de sí mismas una violencia psíquica y intersubjetiva que les permite sobrevivir a costa de su necesario bienestar emocional. Invadidos de una lógica que castiga el desarrollo de la personalidad con el desprecio o el estigma colectivo, las personas cargan sus expectativas y sueños de realización de un penetrante predominio de la necesidad primitiva. Atascados en el ámbito de la necesidad y habituados a una cultura organizativa que no premia el esfuerzo ni el desarrollo del conocimiento, los sujetos y su sentido práctico de la vida desactivan las bases de toda necesaria institucionalidad y entregan la vida de las generaciones a un empobrecimiento e inestabilidad constante de la experiencia.

Ahí donde la racionalidad es desalojada como razón colectiva y soberana se da paso a una racionalidad que no ennoblece al sujeto sino que los adiestra y lo pragmatiza cruelmente para sobrevivir, anegando de esta lógica del exitismo todos los ámbitos de la existencia, sin que se admita o se logre alguna formación cultural expectante. No sólo este pragmatismo vulgar y que se niega pensar derruye todo compromiso de la cultura con metas compartidas y sentidos universales de realización sino que de algún modo se convierte una lógica que satisface de poder y de status a culturas y grupos sociales que no hallan sino en el desprecio, la discriminación y la explotación una forma de vida
hegemónica que les divierte y les otorga sentido.

En la completa aniquilación silenciosa de nuestras culturas a manos de una modernización descarriada y sin controles sociales que se ha vuelto nuestro desarrollo, las personas parecen ubicar un sentido práctico que les funciona aunque los mantenga en las tinieblas y en la más completo atrangamiento de las mentiras de todo tipo. Una sociedad que ha renunciado a su unificación o a todo sentido de trabajo común parece hallar en su ignominia y en el grito de desesperación clandestino en que se ha vuelto la sensoriedad, un camino seguro para vivir en la sociedad de la información generalizada como apócrifa. Nuestro ingreso en la fastuosa nada del lenguaje se da con la constante humillación de nuestros orígenes sagrados.

Por otra parte, este peligroso abandono de la razón conduce a lo que se denomina un regreso de la personalidad a la intuición como mecanismo de conocimiento y certidumbre. Las deficiencias de una racionalidad en su búsqueda de resolver las complicaciones internas de la subjetividad, a medida que el peso del bienestar se inclina sobre la sensoriedad, hacen que se confíe decisivamente en la intuición, en las corazonadas como mecanismo de certidumbre y orientación en una realidad plagada de mascaras y de simulaciones. Ahí donde la persona con todos sus secretos huye de la esfera pública, pues la razón de guerra y de violencia la somete, se produce un reencuentro de la conciencia con aquellos saberes o facetas de la vida que habían sido descalificadas o descartadas como nociones vulgares o elementales. La excesiva simulación de las personas y esa obstinada tendencia a ocultar lo esencial hacen que se apele a la lectura de los detalles emocionales como estrategia para conocer, movilizar o conseguir resultados en las relaciones interpersonales.

Es esta liberación de las intuiciones y de los instintos de sus captores y modeladores racionales lo que favorece que estos se amplíen, se incrementen, así como se vulnerabilicen. Pero estas emanaciones de señales se mueven en el terreno de una realidad sin estructuras y sin grandes referentes orientadores, es decir, de construcciones donde las sensaciones y las emotividades públicas se confunden con la severidad de las organizaciones y sistemas cada vez más privados y despiadados. El escondite a una realidad que se ha evaporado o que se derrumba rápidamente es mantenerse en el plano de la mentira y del engaño publicitario como recurso para sentir a las personas cada vez más inaccesibles como invadidas por expresiones de violencia y descontrol. Nuestra mascara actual ya no esconde una persona reprimida por los sistemas de control cada vez más ineficientes, sino sentidos y emociones disruptivas y desorganizadas que hallan en los símbolos y en la manipulación una manera para ocultar una subjetividad completamente invadida por el miedo y el vacío existencial. Sólo la intuición parece ser el recurso de conocimiento en una vida que se vuelve gaseosa, pero a la vez evidencia la fragilidad de una socialización cada vez más desguarnecida y sometida por los desequilibrios constantes.

Por eso no es extraño que frente un mundo que se ve desalojado de la razón la persona halle en el ocultismo, y en las tendencias misticistas un contacto seguro a sus precariedades individuales, lo que denota el no saber que hacer con la vida, desbocada ya de energías que no encuentran un canal apetecible que desarrollar. Es una vida desperdiciada en la miseria de oportunidades y de formulas organizativas que contienen los apetitos de gratificación personal lo que hace que los sujetos apelen a una vida allende en la irracionalidad, y en los límites de la manipulación de los sentidos. Sentir se ha vuelto una técnica de especulaciones y supersticiones, sometida al capricho de la racionalidad del cálculo y la sospecha, y por consiguiente, en las neblinas de los desiertos de lo real y de sus interminables escombros. Las energías incalculables y que nacen día con día no hallan más que en la postergación de sus gratificaciones conscientes la prueba real de un mundo que alardea sensibilidad, pero que carece de ella, y que se ve expuesto ante el sistemático empobrecimiento de al experiencia sensorial.

La indetenible marcha del sistema capitalista que deshace los órdenes sagrados a donde anida su lógica de convertir todo en objeto de explotación hace que la razón de guerra que lo caracteriza expulse a la vida a un espacio de frágiles películas y de sensibles ideologías, donde el sentido práctico de la vida queda sujeta a la permanente comunicación y la reafirmación incansable de la personalidad. El precio que hay que pagar por alcanzar las prerrogativas de la sensación fastuosa y de la gratificación liberadora es ubicarse en el engaño de un pragmatismo que solo admite con impunidad lo que existe. Todo lo que es disuelto, y que se mantenía en el equilibrio natural de lo ritual y mitológico ingresa en un pragmatismo que no garantiza sino el relativismo desafiante de la existencia, con el inmediato vaciamiento de toda la promesa moderna y la cancelación de la felicidad resquebrajada por el cruel poder de sobrevivir.

Sin embargo, el romance persiste agazapado en lo más remoto de nuestras sensaciones. Los afanes de humanidad y de amistad que vociferan en todo el planeta, si bien no alcanzan la esfera oscura y fría de las categorías materiales de la vida social, son una señal de que nuevos apetitos y ánimos de vivir nacen todos los días. No obstante, vivir con cinismo e indiferencia en una realidad anegada de violencia e incomprensión a pesar de todo, remarcan que la aventura de vivir con audacia persiste con soberana intensidad y que es necesaria hacerla ingresar nuevamente en la regulación de lo esencial para que pueda esta a su vez poder expresarse y realizarse. No obstante, saberse que lo esencial, es decir, las fuerzas de la economía, son ingobernables y que a su vez están también fracturadas en múltiples niveles de poder es requerible que sean invadidas por una vida cultural que ambicione las raíces y que materialice esa vida que sólo conoce el desperdicio y el goce compensador.

Las fuerzas de la producción, deben ser reorientadas en función de darle a la creatividad y a los sueños de realización concreta un mundo donde la acción práctica regrese a la repetición segura y armoniosa del mito originario, donde toda la promesa de la vida y de nuestros cuerpos salga de sí misma romantizando una sociedad y una civilización que sólo halla en la represión y en la vigilancia meros mecanismos de orden y de seguridad. Solo un sentido práctico de la vida que consuma la promesa del mundo material y tecnológico que se montó para hacerla realidad es capaz de hacer sumergir la soberbia del poder y de la ciencia en el sagrado ámbito comunitario de las cosas. Pero esto requiere nivelar el poder, y el encuentro de nuevas subjetividades que hagan de la voluntad de vivir osamentas unidas y a la vez hambrientas de un inextinguible afán de caminar juntos… Y esto requiere invitar al hombre a creer de nuevo en sí mismo.

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Nadie sabe para quien trabaja. La almeja y el Frente Amplio.

by on Ago.28, 2013, under Sin categoría

caricatura de Carlin

caricatura de Carlin

Complementando los alcances cortísimos pero fulminantes que hiciera Santiago Pedraglio en su columna de Perú 21 hace algunos días atrás, con el tema “¿Izquierda que estas haciendo?” a propósito del despliegue último de Frente Amplio, ensayare la opinión de un disidente y de un aguafiestas ermitaño que habla una y otra vez de la izquierda, sin cansarse pero con el animo de que se renueve y salga de sus cenizas.

Para empezar diría que este crecimiento de una izquierda mediáticamente unida como aparato y como encuentro de propuestas y líneas políticas, ha sido saludable. Luego de su abrupta salida de las esferas del gobierno ha intentado resituarse ante la opinión pública para no perder terreno, y se lavaron la cara como Ciudadanos por el cambio (CxC) en una primera oportunidad, luego Fuerza ciudadana ante la inminente revocatoria de Susana Villarán de la Alcaldía de Lima, y ahora hace casi más de dos meses como el vibrante Frente Amplio en el marco de los accidentados debates por el ley universitaria, la ley del servicio civil, y la abominable “repartija” en relación a la defenestrable elección de los magistrados del Tribunal constitucional, La Defensoría del Pueblo y del BCR (Banco central de Reserva)

Las oportunidades de crecimiento político de esta unidad de la izquierda están intactas. Pero por razones estrictamente internas de reacomodos políticos de vieja data, se esta perdiendo la oportunidad perfecta para sensibilizar a la población e influir decisivamente en una sociedad completamente desmoralizada y atravesada por severos conflictos sociales, que el modelo de desarrollo del saqueo esta ocasionando. Las coyunturas políticas en que se ha debido capitalizar el descontento para ofrecerle canales partidarios, y pasar a la ofensiva como verdadera oposición a un gobierno de comehechados y oportunistas han evidenciado a una izquierda, sobre todo limeña, que espera agazapada en sus cuarteles y que esta más preocupada por no ser desbordada por los ánimos de renovación generacional que existen en sus filas, o la emergencia de liderazgos regionales que puedan cambiar el tablero de ajedrez.

Luego de el triunfo pírrico por el NO en Lima de Susana Villarán, con la ganancia inesperada del aparato municipal para el PPC, debido a la caída de casi todos los regidores de Fuerza social, vimos que los diversos colectivos y organizaciones sociales de izquierda se movilizaron para no perder influencia electoral sobre Lima. Más que una victoria política fue una victoria moral en contra de los afanes delictivos y de impunidad de Alan García y de Luis Castañeda, acantonados en el Si a la revocatoria y que sirvió para ganar fuerte influencia en los sectores sociales populares, de clase media, y sobre todo juveniles, dándole un matiz de renovación y de frescura a un escenario, donde la izquierda a través del arte y la opinión del joven movilizado en la redes sociales y en las calles otorgaba a las opciones sociales un respiro digamos político por no perder peso político en la conservadora e indiferente capital del Perú.

En muchas evaluaciones internas luego de este triunfo pírrico que significo la captura de Susana Villarán por la derecha, esta remoción de la cultura política y cierto aire de democratización social en las bases sociales se interpretó como un triunfo social. Había nacido el aparato de la confluencia por Lima, y se estaban dando las condiciones para fraguar alianzas programáticas para la elecciones de Noviembre 2013, y para futuros escenarios políticos, como son las regionales y municipales del 2014, y porque no las nacionales en el 2014. Pero inesperadamente como sucede en nuestro escenario político esta efervescencia más emotiva que política se fue enfriando, debido a la clara naturaleza apartidaria de los simpatizantes sociales, y sobre todo por la vieja estrategia de los partidos centralistas de hacer bases, conseguir legitimidad abajo y luego ir despolitizando el movimiento social para ganancias personales o grupos de interés político que no quieren ver mellada sus espacios de poder.

Es de mencionar que el aparato juvenil por el No, del que fui un visitante esporádico confluyeron de modo no doctrinario ni ideologizado diversos líderes y activistas juveniles de todas las tiendas políticas, alcanzando incluso un protagonismo autónomo frente a la izquierda tradicional, pero por las mismas razones que vengo anotando se desmantelo o tengo entendido a quedado inoperativo; con esto se desaprovecho el caudal político suficiente para una organicidad independiente y generacional más allá de la emotividad y la eticidad romántica que caracteriza a los colectivos de la juventud.

Esta vieja estrategia política de abrir el espacio de oportunidades para la llegada de militancia y de obreros culturales y luego cerrarlo para capitalizar los espacios políticos que ante la opinión pública han conseguido, se denomina como el truco político de la almeja, pues se abre y luego cuando consigue su objetivo retrocede y pierde terreno. Sigamos examinando lo que sobrevino en este marco, para seguir apoyando esta conjetura.

Luego se abrió de paso otra coyuntura política imprevista que la izquierda no ha sabido capitalizar políticamente. Hace más o menos dos meses el gobierno en su afán de resistir la crisis interna que su mala gestión ha ocasionado, y en la línea de profundizar el capitalismo -como la torpe receta de succionarle a la sociedad las condiciones de su supuesto desarrollo- procedió a discutir una andanada de leyes de fuerte impacto estructural. Las más sonadas han sido la ley universitaria y la ley del servicio civil, leyes que buscan destrabar en teoría aquellos espacios de prerrogativas y de clientelas en que se han vuelto instituciones tan importantes como el Estado y las universidades públicas y privadas. Las ideas no han sido malas, pero la fuerza de los grupos de interés tradicional y los verdaderos intereses del Estado de controlar de modo políticos estos espacios, para sus clientelas particulares han viciado el proceso, en donde los más afectados como los estudiantes, y los trabajadores públicos no cuentan con verdaderos mecanismos políticos para reapropiarse dichos procesos de discusión y darle un giro a la modernización de ambas instituciones.

En este sentido, sostengo que el proceso se ha venido viciando pues se tuvo la lectura equivocada de aprovechar esta oportunidad de autoritarismo estatal, para desestabilizar las fuerzas ya melladas del gobierno y buscar el objetivo político de situar propuestas partidarias, dejando en el plano secundario la verdadera esencia de los debates. Lo sigo sosteniendo, se abrió otro espacio de oportunidad para darle línea a la clase política, pero ha sido la estrategia de sólo confrontar y lograr ganancia política local la que va a extremar las aplicaciones de dichas leyes, con la clara desventaja política de los verdaderos afectados. Y sigo en mi análisis de poder y de oportunismo que sólo hacen que te dispares a los pies.

Se convocaron a marchas multitudinarias para el 4 de Julio, la espontánea del 21 de Julio y las jornadas del 27 y 28 de Julio donde concurrieron los opositores ambas leyes, llámese los estudiantes organizados, y los trabajadores sindicalizados alrededor del mando de la CGTP (Confederación General de trabajadores del Perú). Mi hipótesis es de nuevo se desaprovecho toda esta marejada de descontento público, porque las direcciones de esta radicalidad ciudadana enfurecida por la corrupción estatal, y sus atropellos, tenían objetivos claramente de facción y conservadores. En el caso de la Ley del servicio civil, es claro el posicionamiento del Partido Comunista, en el control de este aparato para conseguir capacidad de negociación ante el Estado y no perder influencia en el interior de su clientela política; sólo le ha quedado intentar sabotear esta discusión y ganar una mesa de diálogo para la discusión de la dicha ley, que es vistosamente una forma de hacer retroceder la aplicación de esta norma, sin proponer nada constructivo. Y hay una estrategia de equilibrista de manejar las convulsiones y las marchas con una referencia que neutraliza el movimiento social y a sus activistas, aunque en el pregón se comporte revoltosamente, y la vez no descuidar sus espacios partidarios en el Frente Amplio y sus conversaciones con el Estado. El desinflamiento de la jornada del 28 de Julio habla claramente del descontento de muchos activistas.

En relación a los estudiantes y la ley universitaria la situación se presume de manera similar. La posición conservadora del Federación de estudiantes del Perú (FEP), con clara maniobra del Patria Roja, que piden rechazo o archivamiento, y las disputas inorgánicas con sectores estudiantiles que intentan reorientarla según una visión propositiva están regresándole fuerzas a los principales responsables, que fungen de profesores, de la atrofia institucional en que se ha convertido la mayoría de universidades públicas y privadas. El miedo a que la ley no sólo barra con las mafias y clientelas de operadores parásitos en que se ha convertido las universidades, sino que también alcance al movimiento estudiantil ya debilitado, ha permitido darle a los poderes fácticos de las universidades un poder de negociación o de tranzamiento político que va a viciar el proceso, y que solo la impregnará de un control político pero con los mismos actores mafiosos que la habitan. Los más perjudicados van a ser los estudiantes, y la juventud más organizada en sí, pues ha prevalecido en ella una intención romántica de influir sobre la opinión pública desinteresada con marchas emotivas y de violencia, expresando el gran magma de creatividad socio-democrática que hay en sus intenciones, pero sin desbordar a los aparatos y líderes conservadores que la mantienen neutralizada.
Y para muestra un botón. El sector más socio liberal del Frente Amplio ante la pérdida de terreno que la CGTP le infería en el sentido común de las protestas, le organizó un mecanismo de debate y de supuesta institucionalidad a los que buscaban una reforma de la universidad, tomando como contexto esta ley. En una reunión celebrada en el otrora local de la Inquisición de Lima, luego de la marchas del 4 de Julio, este sector político neutralizó al desorientado movimiento estudiantil captando a sus principales líderes políticos, con ganancia privada. No se si conscientemente o inconscientemente pero ha habido un consentimiento que le ha restado a mi parecer autonomía a los juventud organizada, y que anticipa la idea de que el aparato del Frente amplio ha sido creado para reprimir elegantemente al activismo emotivo pero a la vez comprometido en que se venía convirtiendo una juventud cada vez más unida en el corazón, aunque no en el programa.

Hay que mencionar, que la marcha del 21 de Julio mas desaforada con justificación, expresó el poder de convocatoria y las gruesas limitaciones de esta juventud organizada. Ante la bien llamada repartija de ese día en el nombramiento de los cargos claves y sensibles del Tribunal constitucional, la Defensoría del Pueblo y la BCR (Banco central de reserva) en el congreso de la República, se desató una batalla campal que le gano el sentido común al gobierno, y logró darle un golpe político de tal magnitud que los designados en esos cargos tuvieron que dimitir sus renuncias días después. Pero este poder casi desperdiciado no ha hecho sino aumentar la cultura democrática, la fe en una renovación generacional, pero sin que se den decisiones en ese sentido, sino que los principales focos de amistad que la izquierda ha ido ganando en la juventud han sido desactivados, procediéndose a un cerramiento silencioso, y a alianzas hacia afuera cada vez más descabelladas que han producido un fuerte descontento en sus bases juveniles y en sus nobles activistas. La táctica de la almeja, más oportunista que constructiva le esta impidiendo a la izquierda partidarizarse con todo este caudal político, y ganar espacio en el sentido común, y a la larga va a serle perjudicial pues va a serla porosa frente a los caudillos y los invitados dinerarios que empresarializan la política.

En las últimas semanas para culminar debo mencionar que el mas estúpido que racional pragmatismo de los principales líderes de la izquierda, y de su famoso Frente Amplio, están evadiendo la oportunidad para hacerle oposición al gobierno, con la consecuencia que el APRA, con su inefable líder Alán García ha ocupado dicha posición. Su vulnerable limeñismo, sin verdadera presencia barrial y regional, hace que este aparato sea sólo una promesa que se viene resquebrajando por los antagonismos megalómanos en su interior. No sólo no ha merecido la invitación del gobierno a las conversaciones partidarias que viene realizando con la derecha para parchar las enormes traspiés de la gestión económica, pues carece al igual que estas fuerzas de representatividad en la población. Sino que además en los mecanismos para elegir a sus representantes se ha demostrado, a pesar de ensayar unas primarias de un día para el otro, que existe una orientación corporativa y de fuertes disputas por repartirse las posiciones de sus candidatos para las coyunturas electorales que se avecinan. No creo que el mecanismo de las primarias sea malo, pero sin información adecuada y sin conexiones con los comités en todas sus bases sociales se presta a que solo los clubes de amigos y las clientelas corporativas se apoderen de las votaciones. Además, mi lectura es que la elección de los candidatos a los reemplazos de regidores en Noviembre del 2013, que se efectuaron, literalmente quema a los mejores cuadros que la izquierda posee, ante la inminencia en la victoria del PPC. No se cual sea el interés debajo de la mesa pero este mal calculo le quita fuerza a la izquierda para mover el sentido común del espectro político en las siguientes justas electorales, y pretender la presidencia.

Sin un candidato de fuerza en el Frente Amplio, su centralismo, y ante la única estrategia de fondo para jaquear al gobierno como es el uso a discreción de los conflictos sociales, es posible la debacle de este espacio político que ha unido mal que bien a la izquierda, por lo menos en el discurso. Creo que es necesario urgentemente otros liderazgos, un movimiento de renovación cultural y democrático al mando de los jóvenes, que desplace a los viejos y vetustos doctrinarismos, que vaya en el plano organizativo y que a le vez inocule una nueva fe ideológica a las vanguardias, en todos los sectores y organizaciones que se posee. De no hacerlo la separación entre el pueblo y la izquierda se hará abismal, y a la larga el país quedará expuesto ante el poder de los grandes intereses, donde la vieja izquierda, a veces parece ser un grupo de poder. Esto solo los jóvenes lo harán, que no se pierda otra generación.

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Los grotesco y el glamour… Apuntes para una sociología de los valores estéticos.

by on Ago.25, 2013, under Sin categoría

Noveo un hombre honesto.... Me tapas el sol.....

Noveo un hombre honesto.... Me tapas el sol.....

Siempre me he preguntado porque veo con cierta irrealidad o hiperrealidad el mundo de la moda y de los cuerpos lozanos que dictan los cánones sobre la belleza. Uno puede pecar de desconfiado o ser un aguafiestas al ver como la TV y la economía de servicios brindan todo tipo de modelos de estética, de diversión y de dispendio y pensar que no es nada natural o auténtico. Pero alguien de inmediato respondería que son las preferencias de la gente, y que estamos hartos de creer en cosas que no nos permiten vivir de modo real, y que sospechar de aquello que nos divierte y solaza es de por sí una incapacidad o descontento existencial. ¿Porque de improviso lanzar una interrogante socrática, y tratar de erosionar nuestros valores fundamentales? ¿Ya no hay acaso demasiado vacío y pobreza, para desvanecer nuestras ilusiones?

En este artículo breve ensayaré una socio-génesis de nuestros valores estéticos, como una especie de esbozo para un estudio más ambicioso de nuestra cultura. En sintonía con las apreciaciones de al escuela de Franfurkt diré que después de una razón instrumental que se rebeló como razón de guerra y de destrucción civilizatoria, “la existencia sólo se justifica como fenómeno estético” ( ¡Bigotón eras grande!). Frente a un mundo sin estructuras y sin reales conexiones vitales con las expectativas de la gente el poder ha perseguido a la vida hasta la misma savia de su romance con la vida y con las cosas.

Ahí donde los países pierden el control sobre sus procesos materiales, y otros ni siquiera han alcanzado el valor para completar el ciclo de formación de sus economías nacionales, la misma cultura y la construcción de la felicidad se refugia en el consumo y en el goce estético, como un modo de huir de una modernidad asfixiante y tecnificadora. Una economía liberada de todo control social, que sigue saqueando y arruinando a las sociedades y a la naturaleza, ha convertido a la experiencia cultural en una sensación caótica y espectral, donde la amenaza de quedar atrapado en el aburrimiento y en el stress masificado ha arrojado a las personas a recabar en la ironía, en la aventura y el goce orgiástico, como un modo de inventar desde el mito y la voluntad de vivir una dimensión donde la alegría y la risa sobrevivan a pesar de todo. Esta nueva belleza e ironía descansan en un mundo de simulaciones y mentiras, donde el mismo centro del arte narra los precipicios de una singularidad desconectada y absurda. El dolor y la injusticia han sido desafiados con poetas y museos que se atreven a salir de sí mismos. Una vida privada que se ha liberado de restricciones internas recrea el corazón del mundo y baila entre las ruinas de la civilización y la violencia administrada. Cuanto más el capital se atreve a modificar a su antojo los procesos materiales en que vivimos, nuestros cuerpos y mundo de objetos, tanto más la necesidad de diferencia y de autodefensa de la cultura se refugia en la excentricidad y en la música de un arte que cuenta la vida de un mundo que aún no es.

Y cuento este proceso del arte y al final y al cabo de nuestros valores estéticos, para narrarles que el arte y lo más intenso de vivir llegan no como la culminación exitosa de una arrogante Ilustración liberada de todo poder, sino como el síntoma de un mundo empobrecido y desbocado, donde la modernidad al hacerse trizas expone a las sociedades y a la vida a un océano de organizaciones y de determinismos económicos. El capital al perseguir la vida descontenta, a la creatividad y a la danza del mito hasta los confines de nuestros sentidos, neutraliza y reconvierte todo este magma de espontaneidad en un negocio que estimula necesidades provocativas y que nos amputa todo compromiso y afán de realización como singularidad y cultura, negocio que conocemos como la industria cultural y la economía de servicios.

El resultado es que ya no es un proceso de domesticación civilizada o de educación productiva, sino la encarnación de un proceso político que intenta desmantelar y desracionalizar a la vida que somete, proyectando en los valores más intensos y de mayor sensibilidad que promete, como el afán de diversión, erotismo y de afecto, relaciones complejas de dominación y de exclusión social que la soberanía del arte de estos tiempos pregonaba evadir. Con el consentimiento de nuestras emociones y de nuestro afán de deleite, la elitización del arte, y de los valores sociales de la belleza reproducen con mayor violencia simbólica las rivalidades y la falta de reconocimiento que las formas de explotación y de colonización de las culturas planetarias padecían. En este marco, con los específicos impactos y reinterpretaciones en cada sociedad del planeta, podemos sostener que las simulaciones de un mundo presuntamente cargado de arte y de ironía están peligrosamente deteniendo el ciclo de desarrollo integral de la especie, con la consiguiente evaporación de una economía y de un poder cada vez más oculto e implacable. La existencia se justifica al fin como fenómeno estético en el momento de mayor crueldad y miseria, y tal vez también del arte y lo íntimo.

He dado este rodeo macro para encasillar que los valores estéticos en el interior de un análisis político y estructural no están liberados de los procesos históricos en que nos movemos y vivimos como seres prácticos. Y menos en sociedades como las nuestras donde su llegada casi incontenible y seductora responde a los retrocesos y las descomposiciones que hemos vivenciado producto de la crisis económica y de la histórica desarticulación nacional, reforzando las enormes exclusiones y desprecio que nos han caracterizado como cultura.

Hacer una historia de los valores estéticos no es parte de estas reflexiones. Para hacerme comprender ejercitaré una pequeña revisión de la historia reciente, desde los 80s en adelante a modo de aproximación, para sostener que la llegada de la industria cultural con sus encarnaciones a varios niveles en el país han servido para despotenciarnos como economía articulada, permitiendo de este modo el desarrollo de una cultura individualista que ha contribuido a la crisis de valores del país actual. Y de modo preciso para sostener que su proyecto de Eros o del american way life esta acumulando mucho rencor y rivalidad, a medida que el despliegue de su estética absoluta va parejo con la penetración de un mercado cada vez más abusivo y delincuencial.

Hay que decir que en sus orígenes la industria de la cultura se mantenía bajo en concurso de una cultura popular más rica y repleta de organizaciones sociales. Hasta los 80s, época en que el proyecto populista empieza a descomponerse con mayor celeridad se podía conjeturar que la cultura de masas era casi indistinguible de las clases populares, reproduciendo en la TV, en su embrionaria cultura del consumo, o en su comicidad más de carnaval las motivaciones de una cultura nacional y democrática que no perdía su calidad. En las manifestaciones nacionales del folklore, de la festividad barrial, las asociaciones vecinales, en la música variada de los barrios, en el arte popular, o en una cultura del cine más realista, se observa a pesar de la violencia que vivía el país la aún no declinación de una diversidad de culturas populares que convergían en un proceso de integración nacional. Era una cultura previa y aún no tan impactada por la sociedad mediática y por lo tanto con mayores resistencias para elitizarse o ser corrompida por los protagonismos individuales. La precaria democracia que vivimos en ese entonces, garantizaba una cultura donde el ethos andino, expresado en las migraciones del campo hacia la ciudad permitía dotar a la modernización de un proyecto con arraigo colectivo.

Es con la dictadura que esta cultura popular muy rica y asociativa se cancela producto de la guerra interna que padeció el país. Las urgencias de sobrevivir, y la sistemática aniquilación del tejido asociativo producto de la violencia de Estado y de las políticas neoliberales hacen que los intereses prevalezcan y la corrupción que empalmo el régimen fujimorista por medio de resignificación privada de los medios de comunicación diera los elementos para el desarrollo de una cultura estética más banal, plástica, y degradada. La trasgresión y la delincuencia cultural de todo tipo que soportamos entre hermanos es proyectada con mayor violencia, en respuesta a una experiencia individual donde la libertad y los sueños de otras épocas son desbaratados, y lo único que queda es gozar con viveza y alardeo. Si recordamos el teatro de las vírgenes que lloran, la exultación desvergonzada de los periódicos “chicha”, el elitismo de una cultura televisiva muy aristocrática, trivial y a la vez basura, impactaron de modo perjudicial sobre las mentalidades, perdiendo desde mi punto de vista calidad nuestro ethos estético y una mayor desconexión con los productos culturales de un país tan diverso como el Perú. Se ha experimentado un quiebre donde la nostalgia poética de los grandes lances y fiestas barriales, de la música venida de la piel, y de los cuerpos sociales, del faite a lo Tatán y Calígula, y de los antiguos maestros del tañir y del lienzo, ha pasado a una decadencia de la estética, a una copia anómala y clownesca, adulterada y sin grandeza, de los creadores de hoy….

En las bienales y en las performances vivenciales sólo veo el deseo de escandalizar, y de que sean reconocidos como rapsodas y Erinnias. No hay emanaciones ni energía en el arte que sale… Sólo en cierto sector de la fotografía, en pintores secretos y en narradores paganos percibo esa fuerza…. pero el arte es expresión de aquello que debe ser. No el ethos devorado por un cine o cafetines que no sienten el país….. Sino miren a Vargas LLosa habla con brillantez del mundo, es el mejor escritor apátrida que he leído… No siento al Perú en sus novelas.. Cuando narra las escenas de erotismo,,,está hablando un personaje que sólo ve a las mujeres como rebaño al que se va matar… No hay endiablada seducción y delicias, ni musica al origen….

En una tercera época con la llegada de la democracia, para abreviar el debate, se puede conjeturar que con el restablecimiento del Estado de derecho esta cultura estética ya fabricada por el imperio de los medios penetraría con mayor audacia en todos los sectores sociales, no sólo en la principales ciudades, sino de modo cada vez más presencial en diversas zonas rurales, con la llegada de la TV, las radios locales y el internet. Se derrumbó la dictadura, como orden político represivo, pero se mantuvo y se promovió con mayor ferocidad una cultura del arte y del consumo que es arrojada en contra de todo atisbo de autoritarismo, pero que fue originada en los cimientos de este régimen mafioso. Ayudada por la recuperación económica del país y la fuerte reducción de la pobreza en las ciudades y menos en las zonas rurales, la búsqueda de mayores niveles de calidad de vida dieron los fundamentos mesocráticos para el renacimiento de las culturas musicales y del arte plástico, así como mayor festividad y una fuerte cultura de la noche, con contenidos de rebeldía aparente en contra del poder autoritario, pero con fuertes inclinaciones elitistas y despreciadora de los valores de las clases populares.

Los deseos de glamour y de acriollamiento de nuestras culturas populares reproducirían un ethos estético de los cuerpos y de las emociones que recrearían el racismo, la discriminación y la competencia desleal en los terrenos del afecto y de los sentimientos. La cultura estética hegemónica y de poco arraigo democrático ha alimentado los niveles de consumo y de demanda interna del peruano medio, no deteniendo a los empresarios populares en su afán de crecimiento y superación, pero ha dado el contexto para el desarrollo de una subjetividad donde la existencia que se justifica como fenómeno estético se da en los dominios de una realidad atenazada por la violencia y la crueldad explosiva. En este mercado que es absolutizado por nuestros medios de comunicación como salida a la pobreza, se practica un tipo de postmodernismo irresponsable y calculista, donde la máscara y la vulgaridad es la norma de satisfacción común, con la consecuencia que esta estética elitista pero a la vez masificada, niega y hace imposible todo aquello que promete. La destrucción orgiástica, de la que hablan los Nietzscheanos, no reparte un arte como salida al poder y a la explotación sino que hace más sofisticado y adictivo el dominio, ahí donde las personas de modo consciente han decidido ser completamente arrodillados por su impacto jerarquizador. En la noche la belleza es sórdida, porque esta tarada de formalidad y de un supuesto glamour ejecutivo.

Frente a esto yo creo que se requiere una reapropiación y reinterpretación de esta cultura estética que la vuelva democrática y de carnaval, ósea hacerla pública y sin máscaras. Hay que dejar de lado el sincretismo y el abandono privado del placer para poder redireccionar esta estética que sigue siendo represiva e ideológica. La estética sigue siendo la promesa de una realidad reconciliada consigo misma, la solución a un poder que nos debilita y nos vuelve mentirosos, pero esto sólo se hará si somos directos y polémicos en una democracia que necesita una pluralidad más rica y expresiva. Solo una sensibilidad popular, donde todos se rían de todos y donde las jerarquías se suprimen, que llamo ethos grotesco es la garantía para que los proyectos emancipadores logren la victoria. Si la liberación solo se queda en un conflicto de intereses o en la búsqueda de solución de la pobreza, no dejara de ser aquello que niega: un proyecto político que no crece desde sus raíces más lúdicas y sensibles, y por lo tanto seguirá aventando contra el poder ese arte y esa rebeldía sensorial que es la misma de sus opresores. Dejemos de sentir como derecha, eso nos vuelve hipócritas y enemigos de sí mismo.

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Thymos y Eros…. Notas acerca de la felicidad en nuestra cultura….

by on Ago.24, 2013, under Sin categoría

El talento y la nobleza requiere fuerza, sino se vuelve orgullo y crimen

El talento y la nobleza requiere fuerza, sino se vuelve orgullo y crimen

En una charla un tanto accidentada a cerca del etnocacerismo intenté salirme un poco del comentario o reflexión politológica, con el objetivo de ensayar una lectura filosófica de porqué en la historia de nuestro país a veces el descontento y la rabia toman la forma de proyectos políticos de Estado. Más allá de las anécdotas que supone creer en la radicalidad de sus líderes, hay que reconocer que el refrito de la familia Humala ha hecho historia, y ha canalizado en sus bases y simpatizantes la enorme ira y rencor que aún late en nuestra cultura. No obstante, ser a mi parecer un lavado de cara de aquellas tendencias radicales que ven en la violencia una partera de la historia, como lo fueron Sendero Luminoso y el MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) lo cierto es que pone en la mesa de debate como en el subsuelo de nuestra precaria institucionalidad democrática a veces emergen formas decisionistas de poder que intentan darle un sentido político al enorme espíritu de venganza que late en nuestras subjetividades.

Para los efectos de esta idea diré que es muy útil considerar que nuestra construcción política es heredera del legado del contractualismo europeo. En ese sentido, en determinado momento de la historia se concibió superar el caos en que se había convertido la Edad Media, luego de las guerras de las cruzadas, y con el relajamiento de las concepciones religiosas, que dieron vida a la reforma y a las guerras de religión, con un prototipo de orden social y político que superara el desorden en que se había convertido Europa. Sabemos que el contractualismo en las figuras de Hobbes, John Locke y Rousseau con sus matices parió la idea de que se debía dejar atrás la violencia y sus diversas formas para dar a luz a un hombre civilizado que en base a la entrega de su libertad al Estado pudiera desarrollar sus máximas potencialidades. Ahí donde la ira cundía, pues era propio de la edad media, y de la antigüedad entender que el hombre emocional y agresivo era el tipo de sujeto natural que prevalecía en estas épocas, se expuso como alternativa para canalizar esta ira masificada la construcción de una subjetividad, o psicología como refiere Foucault que viera en el autocontrol y en las políticas de amistad la forma perfecta para vaciar a la sociedad de la discordia y la venganza.

Aunque el punto de vista de estos ingenieros fue revertir esta violencia en base a un proceso de domesticación que moralizara al hombre y que sublimara dicha violencia en actividades que reprodujeran la vida social, lo cierto es que la violencia ingresó en la mente y dio forma a lo que conocemos como interioridad, o razón y los sentidos. El resultado fue que se construyó un ciudadano que en las primeras fases de la Modernidad halló en la política y en sus diversas formas ideológicas como el liberalismo, el anarquismo, el marxismo, y el conservadurismo los canales institucionales para desarrollarse con pasión autosuficiente. El proyecto del contrato no era sólo imponer por la fuerza una forma de gobierno sino moldear un tipo de ciudadano ya sea por el sometimiento de las disciplinas de vida o la educación nacional que legitimara y diera ordenamiento a la sociedad. En este sentido, el vaciamiento de la violencia del seno de la naciente sociedad racional consiguió dar forma a un sujeto que halló en la moral de la amistad, y del Eros un ámbito privado para sus realizaciones sensoriales., mientras en lo público y en el naciente mercado coordinara del modo más racional y público sus intereses.

Como sabemos, los términos de este contrato se agotaron. A medida que los poderes privados del capital erosionaron los valores de la democracia, la modernidad fabricadora de subjetividades racionales se rebelo como un gigantesco aparato de dominación, una jaula de hierro burocrática y tecnificadora de la vida que atento en contra de la existencia de sus gobernados. El contrato de civilizar al hombre había trocado en dominio, guerra y racionalización instrumental de todos los dominios de la vida, entumeciendo la misma savia de la risa y del sentir con libertad. La pasión de los comienzos de la modernidad se transfiguro en adicción, cinismo y relajamiento delictivo de los valores sociales y comunitarios; un hombre atrapado en la certidumbre de lo plano y programado, orgulloso de su juicio pero inhabilitado para vivir con romanticismo su propio mundo de la vida personal.

Aunque la vida fue más plástica y los términos del contrato social se volvieron un régimen de excepción que no ahogó la vida social, se puede decir que desde Mayo del 68 en adelante todos los afanes de rebeldía y de desobediencia que despiertan en contra de la dominación han sido escandalosamente incorporados como cultura del consumo y del mercado de servicios, neutralizando en el conformismo y el desenfreno hedonista toda capacidad crítica y política de vivir con autonomía y autenticidad vital. Hoy esta modernidad que desracionaliza a las personas y los divide entre el trabajo estandarizado y el solazamiento embriagador, fabrica los valores autodestructivos que necesita para su imperio del mercado, por lo tanto, la falsa apariencia de un mundo inundado de goce y de vitalidad plena es movilizada para despolitizar a los cuerpos y sentidos que forman parte del plusvalor que devora la maquinaria. En este contexto la modernidad y su conservadurismo político ha impuesto un régimen de existencia que niega la misma vida y la felicidad que promete, derruyendo las condiciones estructurales para todo bienestar perdurable y ahogando en el espectáculo de la imagen y de un esteticismo de osamentas y discursos toda posibilidad de que los hombres puedan realizarse con honestidad y sentido pleno. El capital persigue a la vida hasta los rincones más íntimos de nuestra existencia, pues ha hecho de nuestro propio afán, a pesar de todo, de decirle sí a la vida un macabro negocio de estupefacientes y mercancías sensitivas donde la irracionalidad y la violencia es la condición indispensable para penetrar la vida de toda ecuación empresarial.

Regresando a nuestra vecindad hay ciertas características que hacen presumir que esta sociedad del espectáculo, que narra muy bien Vargas Llosa en su libro de “la Civilización del espectáculo” produce un efecto distinto que el proceso histórico occidental. Mientras en las sociedades de bienestar y en las orgullosas culturas anglosajonas esta mentalidad de la frivolidad y de la vida anarquista es un resultado del agotamiento de la Modernidad racionalista y mecanicista de la que tanto se enorgullecen los europeos, y por tanto, es una consecuencia lógica de su proceso social, en las sociedades del mundo periférico esta cultura narcisista y de los valores postmodernos sirve como el desahogo de los destrozos y descomposiciones vitales que nuestras específicas experiencias de modernización del saqueo generan en nuestras culturas. Con esto quiero sostener que nuestro mundo postmoderno es ya de por sí un reforzador y encubridor hedonista de nuestra propia mediocridad civilizatoria para ser sociedades autónomas, y por lo tanto, el mecanismo de desmantelamiento exacto para atrofiar nuestros desarrollo nacionales y quitarnos el derecho a sobrevivir como culturas más allá del mito de la modernidad.

En el Perú este aceleramiento de la cultura postmoderna en las industrias del entretenimiento y del mercado de servicios no sólo contiene en la ahistoricidad del delito y el goce el desarrollo pleno de nuestra cultura sino que refuerza el traumático resentimiento estructural y las políticas de odio y discriminación que nos han caracterizado como historia nacional. En este sentido, el argumento es que la dichosa cultura de la amistad y del Eros privado que nos permite sentir concretamente como humanos se halla peligrosamente amenazada por una estructura de valores estéticos profundamente discriminatorios y elitistas que obstaculizan un mundo hambriento de amor y de reconocimiento cultural. Al contenerse Eros la sociedad es recapturada en todas sus dimensiones por una violencia cínica, donde la ira y la transgresión hacia el otro es la forma institucionalizada de vivir con sabiduría y satisfacción. Ahí donde la ira es parte del tejido sociocultural, la decepción de no ver alcanzada la felicidad sino es violentando la mismas bases afectivas de los relaciones sociales que nos circundan, hace que estos proyectos de ira, o totalitarismos retornen con mayor fuerza como salidas de purificación a una realidad inmoral y gobernada por los más fuertes.

Nuestro contrato social peruano es de por si sólo un diseño que no tiene la legitimidad de las culturas a las que gobierna. En ese sentido, es un régimen de excepción que sólo garantiza el adoctrinamiento individualista de los dominados a los que controla, manteniendo irresuelta la histórica discordia cultural y desunión que nos caracteriza. Pero hoy tal vez el problema es que no poseemos o no podamos poseer un contrato social reconciliado con nuestras subjetividades populares, sino que ya el odio silencioso y la inconformidad de cada uno de nosotros se han vuelto las fórmulas para sobrevivir con ventaja, a pesar que esto nos niega y a la larga no garantiza ninguna felicidad personal y pública. No sólo requerimos un nuevo Estado, sino una nueva fe, algo que movilice ese deseo de redimirnos y amar que en la seriedad de la autodefensa no queremos reconocer. Pero esto es parte de nuevos hombres, y de nuevos sentimientos….

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