Ni Atenas Ni Israel

Feminismo y cultura, apuntes.

by on Sep.01, 2016, under Sin categoría

Estas hipótesis que a continuación ensayo pretenden ser sólo eso premisas sueltas y esbozos para un estudio mayor sobre el feminismo y la mujer en el Perú. En los límites de este artículo se impone la idea que el movimiento de mujeres que se ha desarrollado en el Perú en los últimos años representa un avance en la modernización de la cultura, pero que en su misma organicidad este movimiento demuestra un mosaico variopinto de posiciones ideológicas, de las cuales las de mayor tinte conservador se vienen imponiendo en la conformación de la opinión pública en los últimos años. De ser un esfuerzo por imponer de modo sensibilizador el rol protagónico y progresista de la mujer en la cultura pública y laboral, el movimiento feminista ingresa en posiciones conflictivas y eurocéntricas que están distorsionando en mucho el sostenimiento saludable de la cultura de la familia y de la sexualidad en la estructura social del país. El mayor sesgo individualizador y egocéntrico que el feminismo publicita como poder político lo lleva a querer imponer como estructuras culturales de sentido procesos intersubjetivos que erosionan y desorganizan las raíces morales de los sectores populares, imprimiendo en la formación de la feminidad un rol cada vez más opositor a la interacción con los hombres, pues toda relación con ellos representa una pérdida de libertad y de mayor desarrollo individual. Creo que este protagonismo que la mujer ha conseguido ha desarrollado niveles de antagonismo con el machismo imperante, porque en la cultura del país se despliega todo un contexto de sentido discriminador y violento para confinar a la mujer en el ámbito doméstico, y que la ha llevado a tener que soportar niveles injustificables de violencia y agresión psíquica.

En un acercamiento sociológico el movimiento feminista representa y busca una real transformación intersubjetiva de la condición de mujer en el ámbito privado y público. Su pretensión es que se reconozcan derechos y posiciones de poder cultural que el machismo no había dejado transfigurar, para hacer de la mujer una ciudadana en el reconocimiento de su diferencia específica con iguales derechos que los hombres, que le den autonomía y capacidad para una realización cada vez mayor. Y para eso la pretensión es deshacer el control cosificador que el hombre ha hecho del cuerpo de la mujer, y ampliar toda una transformación radical de la sexualidad y de las relaciones de pareja que acaben con la idea tradicional y violenta del rol de la mujer como objeto sexual o propiedad privada de los hombres. Su mayor dominio de la cultura del diálogo y de las capacidades cualitativas en los sectores productivos y empresariales estaría empoderando a la mujer para emanciparse de relaciones patriarcales de poder que sólo intimidan al hombre y que la responden con mayores niveles de violencia en contra de la mujer.

Este rol cualitativo y amplificador del feminismo como poder público y cultural otorgaría al sistema productivo transformaciones sugerentes y mayores niveles de acumulación, que imprimirían en la cultura privada una real crisis de la masculinidad en su rol productivo. Arrinconarían al machismo en un mayor embrutecimiento moral en la constitución psíquica del hombre e indirectamente en la mujer que darían un escenario cultural para la aparición de transformaciones en la sexualidad con el surgimiento de la hibridación y de las posiciones intermedias en la cultura sexual. La polarización hombre-mujer se estaría desdibujando con la consiguiente erosión del mundo sólido de la sexualidad, haciendo presencia un proceso de socialización cada vez más inestable que pone en grave riesgo la conformación de la personalidad, y que la hace un proceso del cual el sujeto debe hacerse cargo para no verse arrastrado por la inestabilidad moral y la descomposición de la identidad sexual. El feminismo junto con el avance de una post-modernización cultural cada vez más desarraigante y erótica colabora para que se experimente una mayor fragmentación de los procesos de socialización sexual y se den cita experiencias de vida afectiva y sexual más empobrecedoras o tal vez más inestables. Esa despolarización del hombre-mujer de la que escribo despotencia y hace de las relaciones románticas experiencias críticas de vida, así como infla la vida social de un erotismo cada vez más político e impactante para la psique humana
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Aunque me he salido un poco de mi argumento inicial, lo he hecho para explicar cual es el impacto del feminismo en el mundo privado de las relaciones sociales. Toca ahora ver los cambios que ha instaurado en las relaciones sentimentales de la dualidad hombre-mujer. En este plano la mayor profesionalización y tecnificación de la mujer en su búsqueda de una mayor libertad ha provocado en su preferencia a la hora de escoger pareja exigencias que ponen la valla muy alta para los hombres sobre todo cuando las tergiversaciones que su identidad atraviesa no permiten una mayor madurez de su conciencia individual. Estas exigencias resultan arbitrarias para una subjetividad masculina que se deteriora o entra en un proceso de embrutecimiento o rechazo de las metas de la mujer. Entonces se produce el fenómeno que el feminismo de manera indirecta colabora con el desconocimiento entre los sexos, y hace del amor una relación desestabilizadora para las parejas que buscan afecto. De modo rampante el amor para el feminismo significa una atadura, y de forma liberal se sienten atraídas por los hombres que no buscan una relación estable o madura. El feminismo vulnera la capacidad de amor de la mujer y la deja desguarnecida ante el engaño o infidelidad de los hombres alfa. Aunque el poder de una mujer educada y con dinero puede tener al hombre que quiera, lo cierto es que no se sienten atraídas por la nobleza o educación de un hombre sino por aquellos de los que emana un instinto salvaje de romanticismo, aunque estos no se sientan interesados por amar. He ahí la paradoja de un feminismo conservador que desea controlar al hombre, pero lo que hace es volverlo más patán y degradado. Una mujer autoconsciente en si es una mujer solitaria, que aunque desea fervientemente amar, no desea perder su autonomía y orgullo. Es esta autonomía y orgullo la que hurta a la feminista la capacidad de seducción y la hace menos instintiva, y más intimidante para los hombres. No desean ver que el amor es una relación de confianza que no merece aprendizaje alguno, sino una practica inocente entre los sexos, hasta que la madurez de una relación de sus frutos

Hay que reconocerlo la mujer en los sectores populares es una fuerza organizativa, y una unidad económica muy sobresaliente. En los comedores populares, en los vasos de leche, y en todo emprendimiento económico la mujer resalta por su entrega y su amor por el trabajo. Y en ese sentido son una energía que rechaza la violencia de los hombres machistas. No sólo la mujer trabaja y se hace un espacio para la crianza de los hijos, sino que resulta un colchón de resistencia para soportar las crisis emocionales y de subjetividad que atenazan la conciencia en el mundo moderno. Ante la ausencia de los hombres que entran en un proceso de embrutecimiento machista y que se ven rezagados en su comprensión del rol protagónico de las mujeres en la vida social, la mujer se convierte en una fuerza social, un capital social que no permite la disociación del tejido social popular. Aunque se presenta el problema del embarazo adolescente y de la violencia sexual en los sectores populares, la mujer tiene la suficiente resilencia creativa para adaptarse a un panorama de crisis emotiva, y de carencias socioeconómicas.

Creo con algo de racionalidad que hoy en día el machismo debe ser detenido tajantemente. Pues es una psicología que no quiere entender que las mujeres tienen derechos y son libres como los hombres. Toda violencia irracional contra la pareja habla de un hombre que no sabe dialogar y que no tiene educación, que no es capaz de amar sin celos y autoritarismo. Si se desea ingresar en una relación de pareja se debe advertir si se posee la suficiente madurez racional para compartir y tener confianza en la pareja. El amor es un lazo que implica un proyecto de vida, y no una cárcel de dolor para la pareja. Aunque hoy la autonomía que desarrolla la mujer intimida al hombre y desata sus celos, el hombre no debe dejarse llevar por las intrigas y la maledicencia de las personas. Si el amor se acaba, se debe reaccionar de modo racional y aceptar que el cariño y el afecto no es el mismo. No debe imponer por la fuerza una atadura que lo daña psíquicamente, y que vulnera a la mujer. Aunque hoy en día la infidelidad está en todos lados las personas no deben recurrir a la violencia para imponer autoridad. Se debe dejar al sistema educativo y al rol de los hogares para que se eduque a las parejas a respetarse y quererse como un real proyecto de vida con hijos y emprendimientos económicos

No se debe condenar como retrogrado la sexualidad en los sectores de la sierra, y en el conservadurismo de los sectores populares. El cuerpo es una construcción que demanda autoconocimiento y emancipación. Y en ese sentido se debe modernizar las relaciones sexuales de los sectores rurales y populares entendiendo su matriz cultural de vida. No hay que imponer ideas eurocéntricas de liberación sexual, sino conocer la sexualidad de estos sectores para despertar un cuerpo más plural. Hay que enseñar que cada persona es dueña de su cuerpo y que la sexualidad es un regalo, que no debe chocar con la cultura tradicional de los pueblos. El conservadurismo de nuestra cultura debe ser barrido apelando a una liberación y desarrollo progresista de la cultura en su conjunto. Condenar a los sectores rurales como retrógrados es no conocer como despertar la sexualidad de estas poblaciones sin desagregar los hogares o las relaciones de pareja que se dan en estos sectores. El movimiento de mujeres debe entender que la transformación emancipada de nuestros cuerpos como cultura moderna, pasa por la transformación antropológica de nuestra cultura peruana, y en la manifestación de su esencia mitológica. El individualismo sexual debe erosionar el racismo implícito que se vive en el país; pues sólo una sexualidad enérgica es capaz de romper un racismo que separa los cuerpos en la medida que lleva la equidad de género a todas las culturas. Pero esta idea esta aún por reconocerse.

El feminismo en el Perú tiene hoy en día un destacado rol progresista. La mentalidad de género es un aprendizaje que debe ser transversal a toda política pública y educativa. A pesar del rol conservador de la iglesia, se debe enseñar a los adolescentes a saber hacer un uso respetuoso y racional de sus cuerpos. Hoy el erotismo debe ser practicado sin barreras étnicas y de clase. Y no debe verse como algo sucio e inmoral. En ese papel toca a las mujeres luchar por una equidad de género que también eduque a los hombres y los saque del machismo. Aunque en el coito exista violencia como placer, este no debe ser proyectado a las relaciones sociales entre parejas. Debe contenerse la energía erótica para sublimarla en otros menesteres, o en otros ámbitos de la vida social. El feminismo es una fuerza progresista en la medida que se una a las luchas de liberación de la sociedad civil, y transforme la mentalidad de género de las personas. Ese es su rol histórico y no conservador.


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