Ni Atenas Ni Israel

En recuerdo de mi tío el salsero

by on Ago.29, 2015, under Sin categoría

El que me enseño a amarrarme las agujetas de la mis zapatillas fui mi tío Víctor chico. No tuvo lo que se dice una vida exitosa, pero siempre nos cuido cuando pudo con mucho esmero y cariño. Me decía nunca te dejes en la calle, sino van a pensar que eres un cobarde. Juega como el viento y no le tengas miedo a la patada, pégale a si y así no tiene pierde. Era un tanto conchudo, pues se quedaba en mi casa hasta que apagaran el televisor, pero era bailarín como el solo. Sabia salsa, boleros, rock, cha cha, y mambo. Nos hacia reír a mis hermanos y a mi tía cuca mientras cuidaba a su perra tusa como entraba en la casa toda una reina.

Vivía cerca de nuestra casa en un callejón, en un departamento de soltero, y francamente le entraba al trago y al no hacer nada por la vida. Su esposa lo dejo por esas razones y el todo acongojado se dedico al juego y al abandono más solemne. Sin embargo era alegre y curioso para todo tipo de arreglos en la casa. Sabía confeccionar pantalones, se las daba de un buen sastre, pero no ejercía este oficio con regularidad. El mismo decía no me voy a partir el lomo por una mísera paga.
Su padre también llamado Víctor había sido muy duro con él. Al punto que lo tenía lleno de chinchones y golpes por todo el cuerpo. Su padre siempre tuvo la sospecha que no era su hijo; sospecha que su mujer, una persona muy malvada le hacía recordar cada vez que se sentaba a comer en la mesa en familia. Este tío abuelo también era muy duro con su hermana mi abuela por parte de madre llamada María. Ella se había llenado de hijos, todos pequeños y según este tío el tenía que mantenerlos. Mi madre entre esos niños era la mayor y tenía que hacerse cargo de toda la parentela ahí donde la abuela no estaba.

Pero volviendo al tío. Jugaba a las apuestas en los caballos, y le gustaba parar en fiestas, tomando y gastando lo poco ganado. Con el tiempo se deshizo de la autoridad paterna, y fue cayendo en una oscuridad y soledad irresistible. Aunque no era de buscarse pleitos, todos los choros de Coronel Zubiaga lo querían y respetaban. Y a su manera lo cuidaban pues se compadecían de un hombre que vivía en un romanticismo inevitable. Mi madre a veces lo ayudaba, y mi padre lo quería para ver los partidos del descentralizado y de la selección peruana. Era una persona gentil y reilona a la que yo estimaba, pero muy conchudo y dejado de la mala vida. Por un plato de comida mi madre nos ponía a su cuidado y ahí pudimos escuchar su filosofía callejera de la vida, y sus aventuras en todo el barrio.

Era una persona que escondía en su aparente carcajada una tristeza dura. Con el tiempo se conoció con una señora mayor que él, que le daba por compasión de comer. El podía trabajar y hacer su dinero, pero estaba tan decepcionado de la vida, que no ejercía su oficio de sastre y esta señora una seguidora de Ataucusi y los israelitas se encargo con el tiempo de él. Era un amor de amigos con mucho respeto y abnegación. Ella lo introdujo en la congregación de los israelitas del nuevo pacto universal y de cierto modo el estudio de la Biblia lo enderezo en lo moral y lo espiritual. Ella le enseñó a trabajar en el negocio del comercio ambulatorio y se hicieron de un lugar por muchos años cerca a las fábricas de ATE.

Recuerdo que por una mala decisión aceptaron cuidar el rancho en Cieneguilla de un fabricante que conocían por la zona donde trabajaban. La experiencia parecía ser como un retiro de los ajetreos y las amanecidas de todos los días. Pero la cosa se puso difícil, pues el trabajo en aquel rancho se convirtió en una explotación. Tenían que asear todo el rancho, el césped, la piscina y los interiores del lugar, situación que no aceptaron y dejaron a los pocos meses. Trataron de rescatar su antiguo lugar, pero el susodicho fabricante les negó tal lugar. La señora se puso mal de salud, y asi con la enfermedad trabajan de ambulantes en zonas cercanas a las fábricas de la Avenida Colonial. Recuerdo que lograron hacerse de un lugarcito en la Avenida Dueñas, y vivían cerca de ahí para facilitar el trabajo. En ese entonces se adentraron más en la religión y tuvieron el sueño de mandarse mudar a las colonias de la selva que tenía la congregación. No lo hicieron, pero en esas locuras fanáticas mi tío se puso la túnica del señor Jesús y se paseo con ella por el centro de Lima causando asombro y burlas. Recuerdo que nos contó aquel episodio con desengaño y perplejidad.

Con el tiempo volvieron a crecer en el comercio ambulatorio. Pero la enfermedad en los pulmones de su señora se agravó llevándosela al poco tiempo. La pérdida fue dolorosa para mi tío ya mayor y en completa soledad. Aunque no tuve una vida muy cercana con mi tío soy testigo de los muchos padecimientos que ha tenido que pasar. Y doy gracias al ángel de la señora Mina por enderezarlo ya mayor. Ahora que sepa yo se sigue dedicando al comercio ambulatorio hace sus ejercicios frecuentemente y sigue despertando carcajadas en plena calle con sus bailes y ocurrencias. Nos visita cada vez que puede y nos jugamos una partida de ajedrez. Ya no toma y se dedica a la lectura de la Biblia con frecuencia. Quiera el pelucón que la salud lo siga acompañando siempre en la vida.


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