Ni Atenas Ni Israel

Archive for septiembre, 2016

Femenicidios y sociedad. Apuntes

by on Sep.30, 2016, under Sin categoría

Buscar las razones de porque nuestra sociedad es tan violenta en contra de la mujer, y se llega al caso de los feminicidios es penetrar en la raíces estructurales de nuestra vida cotidiana como país. A pesar de los avances modernizadores del feminismo y del rol cada vez mas protagónico de las mujeres en la vida social, aun persisten en nuestro país grandes zonas grises de barbarie y antimodernización, donde la mujer es poco más que una reproductora del hogar doméstico. Y esto se debe a que como proyecto de nación la modernización sólo ha llegado a las ciudades más grandes y es ahí donde el rol empoderado de la mujer se hace sentir sin ningún atropello. Pero como no somos una cultura integral donde la energía de la modernidad se propague de modo homogéneo, es arraigado aún un profundo subsuelo de ignorancia y de tradicionalidad que no deja verter la racionalidad de la comunicación y de la deliberación en el hogar, y en las relaciones sociales más íntimas. Sigue subsistiendo la idea de que Lima es una esponja, un vampiro que se chupa lo mejor del desarrollo para sí misma, y deja a las regiones en el atraso y en la formación de una cultura colectiva sumamente escasa y violenta.

No solo el atropello en contra de la mujer es un síntoma de que la racionalidad de la comprensión no se extiende de modo democrático en el país, sino además que de modo histórico subsisten imágenes psicológicas de la mujer como un objeto de producción privado que es la base del rico asociativismo comunitario que vive el país. En su tarea de sostener el hogar la mujer ha extendido a las sociedades barriales la fuerza de un tejido voluntario que ha permitido en nuestras peores épocas sostenernos de la violencia y de la crisis económica. Este mundo de una economía de la subsistencia a través de los comedores populares y los clubes de madre ha hecho notar la ausencia de una figura patriarcal que nunca estuvo en su poder construir una poder público resplandeciente. Lo que vemos es que nuestra esfera pública es débil y penetrada por el patriarcalismo porque a los hombres les quedo grande constituir de modo democrático un Estado reprublicano. En su lugar el patriarcado nos ha hecho conocer una masculinidad peruana que ha hecho lo posible por hacer permanente el poder de la aldea y del latifundio tanto en las relaciones públicas como en lo privado. Y esto para hacer constante la figura de un señor todopoderoso que es dueño de tierras como de mujeres. En su terquedad por mantener un poder arcaico y atrasado han devastado la posibilidad psíquica de construir vínculos afectivos duraderos y democráticos, justo cuando la modernidad clamaba racionalidad para la sociedad moderna.

Es esta confusión entre lo público y lo privado lo que ha hecho que no desarrollemos una sexualidad liberadora. Y en su lugar haya sido casi incólume una racionalidad del sexo conservadora e hipócrita que ha hecho de la intriga, del sobón y del rajón, un vehículo cultural para hacerse de los favores del placer como para construir una sexualidad reprimida y enferma. A no dudarlo es esta manutención de una cultura colonial y patriarcal de la abstinencia lo que freno en la resignación al mundo andino y permitió a las oligarquías que pasaron por nuestra historia desarrollar una sexualidad más potenciada y libre. Es este desencuentro en cuanto al poder hegemónico de la carne lo que ha arrojado sobre las relaciones sociales más subalternas una personalidad atizada por el odio y la frustración. Y no hay que negar, si no funciono o no existió una cultura democratizadora y sin complejos de la sexualidad es esto lo que ha hecho fracasar el suelo para una cultura sin discriminaciones e igualitaria. Es una sexualidad y un amor conquistado a fuerza de violencia simbólica lo que arroja hoy en día sobre nuestra historia cultural una vida íntima atravesada por la psicología de la violencia y del aprovechamiento subjetivo y corporal. En este sentido cualquier proyecto para modernizar las relaciones entre los hombres y las mujeres debe entender los profundos abismos psíquicos que existen sobre nuestra cultura en relación a la sexualidad, y no seguir aventando al caballazo fuerzas liberadoras de la sexualidad sin comprender las heridas históricas y antropológicas que atraviesan al peruano.

En este sentido, explicar la violencia en las relaciones de pareja es comenzar a entender que el proyecto de diálogo y de amor que la modernidad propagandeo como injerencia para que nos entendamos y comuniquemos ha fracasado. Y que en su lugar regresan de modo microfísico y corporal proyecto de odio y de resentimiento donde la subjetividad del hombre de a pie se desgarra entre la soledad y una sexualidad violenta y traumatizante. Al escasear el amor, o al perder toda voluntad el hombre y la mujer para su aprendizaje, es de preferencia demostrar un poder impactante para las relaciones íntimas y sexuales como un mecanismo de compensación y de reconocimiento que amortigua la ausencia del afecto y de la comprensión entre las personas. En la medida que las personas no se esperanzan por conseguir un afecto duradero, y hacen del amor una relación vital difícil de sostener se genera una personalidad vengativa y llena de rencor que ve las relaciones de pareja como oportunidades para divertirse o cosechar historias anecdóticas e intensas. Es la cultura de la intriga y del chisme como mecanismos de comunicación en la relación a las relaciones amorosas lo que carga de tensión y de indignación a la salud mental de los aspirantes al afecto del sexo opuesto, y esto es lo que hace estallar cuadros preocupantes de violencia y de odio desmesurados. El empoderamiento de la mujer en nuestra sociedad lleva la carga de la intriga a sectores donde no deberían llegar y esto es lo que desata la violencia en las relaciones de pareja llevando la peor parte las mujeres. Es además el embrutecimiento en que ha caído el hombre, producto del relajamiento de la masculinidad lo que ha arrojado sobre el hombre cuadros de inconsciencia y de agresión.

No es mediante la penalización o la vulneración de la masculinidad como se va lograr un equitativo entendimiento en las relaciones de pareja. No es reemplazar una relación vertical de poder por otra como se va resolver el problema de una subjetividad vaciada de paz y de bienestar. Tanto los hombres necesitan de las mujeres como viceversa. Pero hay que entender que la aplicación de políticas públicas que tengan un decidido impacto sobra la cultura de las relaciones de pareja, pasa por hacer un minucioso estudio de la subjetividad y de la intimidad en nuestra cultura nacional; y eso es algo que el abanderado feminismo debería considerar, y no sólo imponer sin ningún conocimiento de causa políticas eurocéntricas que echan más fuego al caldero. Aunque hay resistencia fuerte en los hombres por renunciar a su poder opresor hay aún una decisiva fuerza espiritual en relación a que los sexos no se separen. El amor es una fuerza espiritual que hasta el más bárbaro desea en su corazón y no debería ser considerado los romances como situaciones susceptibles de crítica y de refunfuño. Es nuestra cultura conservadora la que refuerza que el amor se convierta en una relación de opresión y de pertenencia opresiva. Cuando debería verse el romance como un aprendizaje constante de práctica amatoria, donde el poder sobre el cuerpo no sea visto como una relación de dominio.

Sigo insistiendo, mientras la modernización siga siendo una fuerza destructiva que libera y confecciona individuos consumistas e impulsivos la violencia seguirá siendo el síntoma de una cultura que no ha sabido hacerse del control de la modernidad. Hace falta entender que el proceso de modernización reforzado hoy en las regiones con los procesos mineros y comerciales echa violencia sobre la cultura porque disuelve las tradiciones y los arcaicos sistemas de representación. Al disolver estas culturas locales la modernización es la contraparte de una intersubjetividad o de una cultura local que vive en carne propia el sin sentido de la vida y de la agresividad criminal como de hogar. El feminicidio, en este sentido, es la prueba que la modernización no disuelve sino ha reforzado la fuerza del machismo, y que el hombre se ve intimidado por el empoderamiento de la mujer en estas últimas décadas. El hombre aún no entiende que la fuerza de la mujer merece todo el reconocimiento cultural de nuestra nación, y no sólo entenderla como un objeto de propiedad doméstico o de placer. Aunque las mujeres de mayor valor social y sexual hacen uso de su belleza para sus emprendimientos propios, y eso concita la crítica conservadora y el dolor moral de los hombres, lo cierto es que esta habilidad no debería verse con menosprecio, sino como un poder que la naturaleza les ha dado. El problema que vuelve violentos y desquiciados a los hombres es cuando el amor o el afecto concita un precio, y eso es algo que no garantiza sino la infidelidad latente. Pero hasta eso debería ser parte de la costumbre. Por ahora evitar los feminicidios pasa por reformar el sistema educativo de modo transversal, y reforzar las culturas barriales y comunitarias para que la formación de los niños y los jóvenes permitan identidades más democráticas y asequibles. Sino se arroja amor sobre las relaciones sociales, cualquier cosa en su lugar es lo mismo que rencor y antagonismo.

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Feminismo y cultura, apuntes.

by on Sep.01, 2016, under Sin categoría

Estas hipótesis que a continuación ensayo pretenden ser sólo eso premisas sueltas y esbozos para un estudio mayor sobre el feminismo y la mujer en el Perú. En los límites de este artículo se impone la idea que el movimiento de mujeres que se ha desarrollado en el Perú en los últimos años representa un avance en la modernización de la cultura, pero que en su misma organicidad este movimiento demuestra un mosaico variopinto de posiciones ideológicas, de las cuales las de mayor tinte conservador se vienen imponiendo en la conformación de la opinión pública en los últimos años. De ser un esfuerzo por imponer de modo sensibilizador el rol protagónico y progresista de la mujer en la cultura pública y laboral, el movimiento feminista ingresa en posiciones conflictivas y eurocéntricas que están distorsionando en mucho el sostenimiento saludable de la cultura de la familia y de la sexualidad en la estructura social del país. El mayor sesgo individualizador y egocéntrico que el feminismo publicita como poder político lo lleva a querer imponer como estructuras culturales de sentido procesos intersubjetivos que erosionan y desorganizan las raíces morales de los sectores populares, imprimiendo en la formación de la feminidad un rol cada vez más opositor a la interacción con los hombres, pues toda relación con ellos representa una pérdida de libertad y de mayor desarrollo individual. Creo que este protagonismo que la mujer ha conseguido ha desarrollado niveles de antagonismo con el machismo imperante, porque en la cultura del país se despliega todo un contexto de sentido discriminador y violento para confinar a la mujer en el ámbito doméstico, y que la ha llevado a tener que soportar niveles injustificables de violencia y agresión psíquica.

En un acercamiento sociológico el movimiento feminista representa y busca una real transformación intersubjetiva de la condición de mujer en el ámbito privado y público. Su pretensión es que se reconozcan derechos y posiciones de poder cultural que el machismo no había dejado transfigurar, para hacer de la mujer una ciudadana en el reconocimiento de su diferencia específica con iguales derechos que los hombres, que le den autonomía y capacidad para una realización cada vez mayor. Y para eso la pretensión es deshacer el control cosificador que el hombre ha hecho del cuerpo de la mujer, y ampliar toda una transformación radical de la sexualidad y de las relaciones de pareja que acaben con la idea tradicional y violenta del rol de la mujer como objeto sexual o propiedad privada de los hombres. Su mayor dominio de la cultura del diálogo y de las capacidades cualitativas en los sectores productivos y empresariales estaría empoderando a la mujer para emanciparse de relaciones patriarcales de poder que sólo intimidan al hombre y que la responden con mayores niveles de violencia en contra de la mujer.

Este rol cualitativo y amplificador del feminismo como poder público y cultural otorgaría al sistema productivo transformaciones sugerentes y mayores niveles de acumulación, que imprimirían en la cultura privada una real crisis de la masculinidad en su rol productivo. Arrinconarían al machismo en un mayor embrutecimiento moral en la constitución psíquica del hombre e indirectamente en la mujer que darían un escenario cultural para la aparición de transformaciones en la sexualidad con el surgimiento de la hibridación y de las posiciones intermedias en la cultura sexual. La polarización hombre-mujer se estaría desdibujando con la consiguiente erosión del mundo sólido de la sexualidad, haciendo presencia un proceso de socialización cada vez más inestable que pone en grave riesgo la conformación de la personalidad, y que la hace un proceso del cual el sujeto debe hacerse cargo para no verse arrastrado por la inestabilidad moral y la descomposición de la identidad sexual. El feminismo junto con el avance de una post-modernización cultural cada vez más desarraigante y erótica colabora para que se experimente una mayor fragmentación de los procesos de socialización sexual y se den cita experiencias de vida afectiva y sexual más empobrecedoras o tal vez más inestables. Esa despolarización del hombre-mujer de la que escribo despotencia y hace de las relaciones románticas experiencias críticas de vida, así como infla la vida social de un erotismo cada vez más político e impactante para la psique humana
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Aunque me he salido un poco de mi argumento inicial, lo he hecho para explicar cual es el impacto del feminismo en el mundo privado de las relaciones sociales. Toca ahora ver los cambios que ha instaurado en las relaciones sentimentales de la dualidad hombre-mujer. En este plano la mayor profesionalización y tecnificación de la mujer en su búsqueda de una mayor libertad ha provocado en su preferencia a la hora de escoger pareja exigencias que ponen la valla muy alta para los hombres sobre todo cuando las tergiversaciones que su identidad atraviesa no permiten una mayor madurez de su conciencia individual. Estas exigencias resultan arbitrarias para una subjetividad masculina que se deteriora o entra en un proceso de embrutecimiento o rechazo de las metas de la mujer. Entonces se produce el fenómeno que el feminismo de manera indirecta colabora con el desconocimiento entre los sexos, y hace del amor una relación desestabilizadora para las parejas que buscan afecto. De modo rampante el amor para el feminismo significa una atadura, y de forma liberal se sienten atraídas por los hombres que no buscan una relación estable o madura. El feminismo vulnera la capacidad de amor de la mujer y la deja desguarnecida ante el engaño o infidelidad de los hombres alfa. Aunque el poder de una mujer educada y con dinero puede tener al hombre que quiera, lo cierto es que no se sienten atraídas por la nobleza o educación de un hombre sino por aquellos de los que emana un instinto salvaje de romanticismo, aunque estos no se sientan interesados por amar. He ahí la paradoja de un feminismo conservador que desea controlar al hombre, pero lo que hace es volverlo más patán y degradado. Una mujer autoconsciente en si es una mujer solitaria, que aunque desea fervientemente amar, no desea perder su autonomía y orgullo. Es esta autonomía y orgullo la que hurta a la feminista la capacidad de seducción y la hace menos instintiva, y más intimidante para los hombres. No desean ver que el amor es una relación de confianza que no merece aprendizaje alguno, sino una practica inocente entre los sexos, hasta que la madurez de una relación de sus frutos

Hay que reconocerlo la mujer en los sectores populares es una fuerza organizativa, y una unidad económica muy sobresaliente. En los comedores populares, en los vasos de leche, y en todo emprendimiento económico la mujer resalta por su entrega y su amor por el trabajo. Y en ese sentido son una energía que rechaza la violencia de los hombres machistas. No sólo la mujer trabaja y se hace un espacio para la crianza de los hijos, sino que resulta un colchón de resistencia para soportar las crisis emocionales y de subjetividad que atenazan la conciencia en el mundo moderno. Ante la ausencia de los hombres que entran en un proceso de embrutecimiento machista y que se ven rezagados en su comprensión del rol protagónico de las mujeres en la vida social, la mujer se convierte en una fuerza social, un capital social que no permite la disociación del tejido social popular. Aunque se presenta el problema del embarazo adolescente y de la violencia sexual en los sectores populares, la mujer tiene la suficiente resilencia creativa para adaptarse a un panorama de crisis emotiva, y de carencias socioeconómicas.

Creo con algo de racionalidad que hoy en día el machismo debe ser detenido tajantemente. Pues es una psicología que no quiere entender que las mujeres tienen derechos y son libres como los hombres. Toda violencia irracional contra la pareja habla de un hombre que no sabe dialogar y que no tiene educación, que no es capaz de amar sin celos y autoritarismo. Si se desea ingresar en una relación de pareja se debe advertir si se posee la suficiente madurez racional para compartir y tener confianza en la pareja. El amor es un lazo que implica un proyecto de vida, y no una cárcel de dolor para la pareja. Aunque hoy la autonomía que desarrolla la mujer intimida al hombre y desata sus celos, el hombre no debe dejarse llevar por las intrigas y la maledicencia de las personas. Si el amor se acaba, se debe reaccionar de modo racional y aceptar que el cariño y el afecto no es el mismo. No debe imponer por la fuerza una atadura que lo daña psíquicamente, y que vulnera a la mujer. Aunque hoy en día la infidelidad está en todos lados las personas no deben recurrir a la violencia para imponer autoridad. Se debe dejar al sistema educativo y al rol de los hogares para que se eduque a las parejas a respetarse y quererse como un real proyecto de vida con hijos y emprendimientos económicos

No se debe condenar como retrogrado la sexualidad en los sectores de la sierra, y en el conservadurismo de los sectores populares. El cuerpo es una construcción que demanda autoconocimiento y emancipación. Y en ese sentido se debe modernizar las relaciones sexuales de los sectores rurales y populares entendiendo su matriz cultural de vida. No hay que imponer ideas eurocéntricas de liberación sexual, sino conocer la sexualidad de estos sectores para despertar un cuerpo más plural. Hay que enseñar que cada persona es dueña de su cuerpo y que la sexualidad es un regalo, que no debe chocar con la cultura tradicional de los pueblos. El conservadurismo de nuestra cultura debe ser barrido apelando a una liberación y desarrollo progresista de la cultura en su conjunto. Condenar a los sectores rurales como retrógrados es no conocer como despertar la sexualidad de estas poblaciones sin desagregar los hogares o las relaciones de pareja que se dan en estos sectores. El movimiento de mujeres debe entender que la transformación emancipada de nuestros cuerpos como cultura moderna, pasa por la transformación antropológica de nuestra cultura peruana, y en la manifestación de su esencia mitológica. El individualismo sexual debe erosionar el racismo implícito que se vive en el país; pues sólo una sexualidad enérgica es capaz de romper un racismo que separa los cuerpos en la medida que lleva la equidad de género a todas las culturas. Pero esta idea esta aún por reconocerse.

El feminismo en el Perú tiene hoy en día un destacado rol progresista. La mentalidad de género es un aprendizaje que debe ser transversal a toda política pública y educativa. A pesar del rol conservador de la iglesia, se debe enseñar a los adolescentes a saber hacer un uso respetuoso y racional de sus cuerpos. Hoy el erotismo debe ser practicado sin barreras étnicas y de clase. Y no debe verse como algo sucio e inmoral. En ese papel toca a las mujeres luchar por una equidad de género que también eduque a los hombres y los saque del machismo. Aunque en el coito exista violencia como placer, este no debe ser proyectado a las relaciones sociales entre parejas. Debe contenerse la energía erótica para sublimarla en otros menesteres, o en otros ámbitos de la vida social. El feminismo es una fuerza progresista en la medida que se una a las luchas de liberación de la sociedad civil, y transforme la mentalidad de género de las personas. Ese es su rol histórico y no conservador.

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Algunas ideas sueltas sobre violencia y relaciones de pareja

by on Sep.01, 2016, under Sin categoría

Es complicado saber la razón por la que existe violencia sexual en los hogares o en las relaciones de pareja. El primer argumento que uno atisbaría es que el mundo se hace violento porque la retirada de la razón de las relaciones sociales hace que las relaciones y vínculos sociales se desequilibran y desagregan. Una época como la nuestra donde todo es episódico, precario, e inestable haría que también las relaciones en los hogares se tornen problemáticas y que lo que antes sugeríamos como solido y natural, la familia, hoy se vuelve critica y en proceso de transformación. Pero este dato es un tanto generalizador y no da en lo esencial y empírico del problema.

Si aterrizamos en la psicología cotidiana de los hogares peruanos veremos que la familia sigue siendo un campo de relaciones hoy todavía muy presente en los hogares peruanos. Y que a parte del sistema educativo la familia sigue siendo un colchón de resistencia frente a la crisis de racionalidad que experimenta el país. Pero en las últimas décadas sobre todo con el proceso de urbanización y la crisis cultural que vivió nuestra sociedad producto de la violencia terrorista de hace sólo dos décadas, esta se ve erosionada por una cultura de raíz autoritaria que hace que los hogares duren menos tiempo y las parejas no lleguen a entenderse.

En los últimos quince años con el proceso de desarrollo capitalista que ha vivido el país los procesos depresivos y el estrés colectivo han generado que las relaciones sociales también se vean impactadas por una racionalidad que multiplica la soledad y el sin sentido de la vida. El tejido de las sociedades populares aprovisiona del suficiente asociativismo para amortiguar el proceso de desencantamiento del mundo del que hablo Weber. Pero la modernidad que avanza inexorable inunda de violencia y desórdenes afectivos los lazos de la sociedad consiguiendo que los escenarios propensos a los sentimientos también se desarraigan, y que lo que antes era natural en su aprendizaje hoy se vuelva tema de educación competitiva. Los afectos no se dan de modo democrático sino que se entra en guerra por ellos. Se debe aprender a conseguirlos y practicar una moral de competencia para sostenerlos.

Como vengo diciendo existe una cultura autoritaria de raíz colonial que exacerba la violencia en los hogares. Muchos desean contraer relaciones de mayor afectividad como es natural, pero cada vez pocos están preparados para las crisis de convivencia que se dan en las relaciones de pareja. El naufragio en la racionalidad quita sensibilidad a las personas y las torna en una frustración constante por no hallar el afecto que desean. No siempre la cultura del éxito es la salida para hallar cariño y comprensión, pero la capacidad de la que se precian algunos es premiada con el reconocimiento y el afecto, aunque todo no sea más que provisionalmente. El autoritarismo con que se impone la modernización en nuestra cultura contagia de violencia las relaciones sociales y hace que la psique se vea impactada por un concierto de manipulaciones entre los géneros que atisba la violencia y hace que toda arda. Tanto la intriga como la violencia que la anterior genera envuelven de dolor y frustración a las personas y las empuja a hacer del amor un resultado que se paga con una racionalidad del delito y de la hipocresía.

En el aspecto estructural es la superposición de un diseño modernista en nuestra cultura lo que de modo indirecto ocasiona la violencia de todo tipo. Como es algo que no se puede parar sino algo a lo que nuestra cultura debe adaptarse, tal adaptación es complicada y aislada, haciendo que nuestra modernización suigeneris disuelva con el tiempo todo tejido social, y lo empuje a la segregación constante. Hoy esa modernización se hace no sólo un problema institucional o sistémico, sino que penetra en los vínculos más sentimentales y afectivos, creando una autonomía de la cultura autoritaria que vuelve todo efímero y ocasional.

Esto quiere decir que en el lado microsocial la violencia es vista como un momento irracional de autoridad que trata de imponer posesión sobre la persona. Se llega a la agresión porque la persona con la que se desarrolla un vínculo afectivo es vista como un objeto de propiedad privada y no como una persona con derechos y conciencia propia. En el lado machista, o con la crisis del patriarcado la idea de posesión, que es una idea de raíz masculina, hace que el hombre se vea arrastrado por el cuerpo de la mujer, y dependa psíquicamente de el. Cuando existe exasperación o crisis de pareja el hombre de modo irracional imprime autoridad y desata violencia porque el vínculo de posesión es más fuerte en él que en la mujer. Sin educación y desguarnecido por un individualismo que todo lo egotiza las personas no están preparadas para formar una relación de pareja porque el miedo y la racionalidad egotista con la que piensan no les permiten reconocer al otro en sus defectos y virtudes.

En la medida que las personas ven las relaciones de convivencia como relaciones temporales y de placer efímero, no llegan a entender el amor como una relación que puede perdurar y brindar un colchón de afecto constante. Esto es las personas temen que las relaciones de pareja los hieran o saquen a relucir los defectos su historia subjetiva, por tanto sólo prefieren jugar que estabilizarse y madurar. No ven el amor como una relación de confianza que puede desarrollar inteligencia emocional y racionalidad afectiva. Aun cuando se desea ardientemente sentirse amado prima el cálculo y la desconfianza, hasta que la costumbre y el idilio logren estabilizarse y conocerse el uno al otro. Se hace un mal uso de la libertad que la sociedad entrega, y el mal como moralidad que predomina en las relaciones sociales puede desatar crisis emocionales y exasperar los ánimos, llegándose al maltrato psicológico en incluso al feminicidio.

Mientras nuestra sociedad no llegue a controlar el proceso de modernización en que se ve inmerso el país desde una matriz de pensamiento propia y oriunda, la violencia seguirá presente en nuestro tejido social como una reacción neurótica frente a un sistema que provoca subyugación y un sinsentido de la vida. Los mismos movimientos feministas, y el protagonismo de las mujeres en los últimos tempos deberían ser redirigidos para entender como despertar la sexualidad de nuestra cultura sin desatar la discordia y el rechazo entre los sexos. Mientras sigan pensando las relaciones de pareja con fórmulas eurocéntricas, como si estuviéramos en Europa, se seguirá desatando una violencia irracional en los sectores populares, como una reacción a un proceso de modernización que todo lo disgrega, y que el feminismo no ha llegado a comprender, pues sólo ve el lado femenino de la relación de pareja en los hogares. La ira causada por la frustración de no ser feliz y libre infectaran las relaciones afectivas, y harán de las emociones escenarios de locura y desequilibrio psíquico. El drama de la libertad es que se llega a la acción inmoral porque se tiene que sobrevivir y prevalecer como conciencia, y ello se ha naturalizado como acción social legal. En este sentido la violencia se naturaliza como acción de sentido entre los sexos porque reordena el equilibrio frente a la intriga y la manipulación que ambos sexos practican como relación cínica en la vida.

Creo en la equidad entre los sexos, y en el amor que se pueden dar. Pero mientras se tenga miedo a ser amado y amar con todas las fuerzas, las relaciones se inundarán de indiferencia y dolor emocional. Tanto la masculinidad en crisis como el feminismo en ascenso harán que los sexos se dividan y no se conozcan, provocando que el afecto de pareja se vuelva una capacidad despiadada que hay que aprender por mor de la sanidad mental. Hay que volver los ojos a la familia y a la creación de valores saludables entre el hombre y la mujer. No hay que llegar a conocerse llenos de prejuicios y entendimientos baratos, sino simplemente amarse y dejar que todo fluya.

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