Ni Atenas Ni Israel

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¡Los políticos no saben bailar! De sacerdotes y guerreros.

by on Jun.27, 2014, under Sin categoría

Figura del leviatán

Figura del leviatán

Ronald Jesús Torres Bringas
ronsubalterno@gmail.com

Por ahí leí hace algunos días a esos comentaristas políticos señalando que en la actualidad en cuanto a concepciones sobre el estado y la institucionalidad política se requiere menos Hobbes y más Maquiavelo. Es decir, menos cristianismo y más la clasicidad grecolatina. Su argumento aunque a fin al tono de la ortodoncia demagógica de la época ignora un gran desliz en su verborrea que suena a saber, cuando es sólo frase de textos fantasiosos. Yo osaría decir, a fin a mis alergias civilizadas que ni Hobbes ni Maquiavelo. Hobbes representa la restauración del oscurantismo religioso, envuelto en construcciones matematizadas de controlar la vida, de sitiarla y domesticarla para salvarla del pecado de ser jovial y erótica. Su concepción materialista del Estado responde al programa de una clase cortesana y clerical de triturar el espíritu disidente del Renacimiento, de Rebeláis y de Montaigne, y volver su savia en servidumbre de nuevos súbditos llamados ciudadanos desaparecidos en un Estado autoritario llamado el aterrador Leviatán. Como revisaré en este ensayito de campesino su antibiótico a la vida anarquizada y lujuriosa partió de una hipótesis errada como convenida.

Su politología y su contractualismo es en realidad el pensamiento de los menospreciados y los tiranos disfrazados de caballeros templarios, y de nuevos monarcas despóticos. En cuanto a Maquiavelo, su sueño de que la política ingrese la coexistencia y la resolución de disparidades fuera del control de las religiones inflexibles en tiempos de guerras santas y cruzadas de evangelización, ha sido la alucinación de los antiguos ladrones y aventureros en que la virtud y la armonía retorne como forma de gobierno al servicio de los villanos y burgueses cansados de sus caravanas y piratería “indiana Jones”. En su afán de restaurar la antigüedad de Grecia y Roma se narra la idea de devolverle a Europa sucia y cargada de fanatismo un poco de ese honor que los argivos y los macedonios derramaron con sus espadas sobre Troya y Asia pérsica. En esta veta que luego revisaré, se halla la necesidad de darle al espíritu de los nuevos comerciantes y negociantes de Florencia y de la mafia de los Borgia, los ropajes de los antiguos héroes y volverlo liberalismo político: derechos liberales.

En esta antigua odisea, pues Odiseo fue uno de esos héroes que se le castigaba con la soledad y el naufragio por manipular la alegoría, el proto-burgués astuto y a la vez extrañado, se esconde la lucha entre la libertad política y la igualdad política, entre la tiranía y la democracia. Aunque Sartori haga piruetas fascistoides para señalar que la libertad negativa es más fácil de exportar como institucionalidad, que la idea democrática de la libertad positiva muy rara de anclar en todas las culturas y épocas, hoy lo que conocemos como Estado, política y la ontología de sus ingenieros y maestros de obras ha sido, es y será el proyecto de dominio, hecho arquitectura, que expresa de modo velado el ancestral conflicto entre los sacerdotes y sus esclavos. La discordia entre la alegría y la severidad. La guerra a muerte entre la antigüedad y sus exiliados modernistas por hacerse del control de la tierra y que la vergüenza de Europa no despierte a los pueblos originarios y ancestrales adictos de egoísmo liberales y de alucinaciones socialistas. Por ello ese reajuste permanente que ha existido entre las diversas versiones del contractualismo, es decir, las discusiones entre los elitistas y el institucionalismo sin alma tales como, Weber, Sartori, Popper, Hayek, Nozick; o los snobs irresponsables de todas las épocas, cuya idea de Estado es impracticable, como Rousseau, Marx, y hoy Bobbio, Negri, Habermas, o Laclau, o Dussel, expresa en formas de conceptos y propuestas rebosantes de Estado y organización social la idea Aristotélica de que las sociedades deben responder a una autoridad legítima que preserve la verdad regia en medio de un mundo lleno de barbarie y de afanes anárquicos de amor y sensualidad.

Aunque este no es el sitio para remover los cimientos históricos de la sagrada Europa, a través del psicoanálisis o de las reconstrucciones eruditas de Weber o Norbert Elías, sólo diré que en la arquitectura simulada de modernidad y de progreso técnico del mundo globalizado se propaga la alerta secreta de que las formas de gobierno signadas en los criminales derechos liberales de propiedad o en la alquimia de opio de los maestros de la improductividad se halla un acuerdo reproducido a través de la historia que refuerza el poder de la maquinaria y le entrega nuestra sangre y sueños. Tanto el liberalismo, hijos de los antiguos tiranos conservadores, así como sus hijos renegados, holgazanes, y opiómanos anarquistas y socialistas se siente el hedor de los Europeos por no abdicar a su poder y gobierno ¡ilustrado! sobre las selvas y los paraísos a los que desean con ardor. Esa antigua dialéctica, palabreja de amargados y arrogantes, ha permitido como metafísica de especialistas, una falsa lucha clasista entre los pueblos y sus hermanos para exportar como forma razonable de coexistencia, reordenamiento, reconciliación y deliberación el cáncer de los desiertos industriales y sus templos del consumo. Fausto y Mefistófeles son los hermanos de clanes y truhanes que beben y mataperrean todo el tiempo y que fingen ante la vida que nace, su eterna rivalidad aparente e indisoluble. ¡Goethe eras genial!

Dejando la insolencia desnudaré cómo las formas organizadas del poder como el Estado, y de cierto modo la empresa capitalista han sido producto de la represión sobre lo vivo, para servirse de la naturaleza y protegerse de su indómita rebelión. La producción y sus fábricas ingeniosas son formaciones desarraigadas de Estados y campos de concentración, de antiguas tiranías y monasterios de aterrorizados donde lo vivo y la alegría ha sido víctima de la oscuridad de lo más negro y enfermo del alma humana. Desde los antiguos tótems terroríficos, personificaciones de sacerdotes hábiles, hasta las formas más embellecidas de los manicomios, las mazmorras donde la biología y su química se vuelven armas de destrucción masiva, y los palacios de administración burocrática y policiaca se repite la remota obsesión de que la creación y los afanes de libertad natural no se expresen por si misma. Ahí donde el lenguaje del nombre conjura y representa la vida se da la analogía de los gobernantes y sus visires para administrar justicia sobre un territorio repleto de erotismo, violencia y superstición al que temían por haber perdido el encanto para enamorarse de la vida profusa. El poder como palabra maestra de orden e iluminismo es el altar solitario encarnado de impotencia a que no se pueda gozar con transparencia y regocijo. El poder es el muro que busca matar el apetito de lo vivo y lo desnudo, para construir sobre cuarteles y mansiones de nobleza y sublimidad un purgatorio secreto de burdeles y de administración de las orgías, la locura y la embriaguez donde la vida se avergüenza de sus cuerpos y sus pulsiones. El poder y la lucha política ama el orden y las reglas del funcionamiento porque confía en que la mejor forma de conocer lo que necesita y apetece es violentarlo y la amenaza de la muerte. No hay que comprenderlo y sentirlo, dejarte llevar o vivir sin límites. El saber como el poder ha entendido equivocadamente que el bien es producto del dominio estable y de la cosificación de lo más bello y excepcional. Bajo esta lógica el control sobre la plasticidad de la vida y sus delicias crece con la misma virulencia del auto-desprecio y envidia de los monarcas hacia aquellos que magnetizan con el amor arrebatado y a flor de piel. Poder no es en realidad conjurar, domesticar, sino crear vida, y más vida, amar más allá de todo lo existente. Poder es querer. Y el corolario de esta lección de pícaro es que el poder existe y es fuerte en la medida que el mal contagie la lepra de su desconfianza e imposibilidad hacia el querer a sus subordinados y esclavos y le llame con total sabiduría madurez racional. ¡Qué imbécil fue Kant!

En el pasado los maestros de la sabiduría como Jesús, Buda, Zaratustra, o Ghandi lucharon en contra de la barbarie del poder con las armas de la pasión y la energía del amor. Su mensaje no fue en esencia algo racional o que se volviera dogma de fe sino lo sublime de lo sagrado como forma de cautividad y emoción. Su poder fue conectar a los pordioseros y resentidos en base a lo que requerían con urgencia y que habían olvidado, vivir con honestidad, atreverse a conocerse en base a sus sentimientos y hambre de paz y de serenidad. En un mundo donde la gangrena de las despotismos monoteístas infectaba con su aires de nauseas por los instintos y la naturaleza a la última síntesis en que la naturaleza se volvía Estado y sagrada tradición cívica, el mensaje de los gnósticos y los antiguos guardianes de los bosques y paraísos fue hallar en la santidad derramada sobre una tierra descompuesta, un modo de sanar las heridas mortales que el odio a la vida causaban sobre los cuerpos y la libertad. Y en cierto modo en donde la mierda es una forma de alimentación lo excepcional y romántico es la leyenda de héroes y desertores desnaturalizadas que sirven para matar lo antiguo y construir nuevas servidumbres de mierda.

El poder ha garantizado su prevalencia enfermando a sus súbditos, y haciendo que cada época extravíe su misión de realización y completamiento, aglutinando cementerios de sueños y esperanzas, donde los vencidos ahora son fieles alucinados y hechizados por el ocultismo de un poder cada vez más secreto y oscuro. Todo lo que se dice es una forma de señalar su existencia, sin ubicarlo. ¡Vaya ardid! Cuando alguien dice poder quiere decir sin patria. Volver a la patria en base a al poder mismo es un ardid de los que desean el mismo poder y sus prerrogativas. El poder que sea un riesgo en contra de la esclavitud no procederá de la revancha o de un afán de disconformidad con lo existente, sino de la simpleza del querer por querer, del dar es dar (Fito Paéz). Será un acto de alegría y de erosión psicológica de la cultura establecida y sus programas de sometimiento biopolítico (como dijera Foucault ebrio en las calles) en base algo que no podrá ser pensado, sino sentido y seductor. Hoy el mundo vive sin amor, y cree conseguirlo o reemplazarlo con la astucia del consumo y las adicciones del cuerpo, pero se engaña. Los cuerpos hoy hablan como un principio de realidad original y mitológico, pero lo hacen aún en el pudor y avergonzados. Aún el sabor es cosificación de lo deseado y requiere las sombras para comer, y eso es algo que despotencia lo sagrado que en el placer existe. La droga del miedo y del poder sólo puede ser combatida por otra droga y no provendrá de lo lógico. La piel es droga de lo sagrado cuando vive su desnudez como inocencia. La promesa del habla y de lo escrito es que se haga travesuras de caricias y de hurgamientos públicos y que sin embargo la técnica y sus ciudades sigan intactas y vivas a la vez. La muerte del poder será un acto de histeria inconsciente, de emociones públicas, la evaporación de las formas.

El filósofo del martillo y su sequito de escritores malditos y anarcas vivieron con todo el veneno de lo sagrado. El vivificar a través del lenguaje a los dioses perdidos, y en ese intento morir en los textos osados y criminales que fueron producto de su desarraigo como del vivir en el peligro constante y que nadie lo supo. El poder que es en realidad principio de realidad, es decir, metafísica, no puede ser golpeada con otra metafísica o con alguna ética de la organización colectiva sino se imprime a los hombres valores de osadía y coraje. Su entrega no reside en el interés o en la eliminación de la pobreza material, sino en que resucite lo olvidado como alimento de inmortalidad. Esa fe y sus elixires sólo provienen de singularidades que han vivido en el sufrimiento de la sordidez, la locura, la gangrena y la miseria absoluta, y sin embargo, han prevalecido para hallar los aromas indicados, y propagarlos. Esos sentidores eran héroes de los pergaminos, antiguos guardianes que anhelaron toda su vida llevar a ethos personal y corporal la sangre que impregnaban en sus versos y aforismos, todo lo que despertaron para hacernos niños y leones a la vez.

Su resignación fue decirnos que lo vivo sólo conocía el confinamiento de lo escrito, y que en tiempos de indigencia y de guerras mortales el testimonio de lo vivo, y de la desesperación de la naturaleza como época del acero, era la manera más honrada de permanecer con vida. Si invención y su fuerza también fue su tumba. Esperaban a los guerreros de la palabra y de la danza, y desearon con todo su corazón ser esos santos vivificadores, ahí donde el olvido del dolor es lo mismo que ser estúpido. Eran fieles a Europa, y que lo despreciado por los gobernantes y la modernidad regresara sólo en esas añejas explanadas y ruinas de la antigüedad. Su mensaje cargado de vigor e ira fue usado como la presión para alimentar la guerra y la muerte en la sangre como oxigeno vital. Hoy como ayer su mensaje sólo sabe del estigma, cuando sus intensidades oriundas sólo cultivan el contagio de lo más vivo, que es volver al mana en tiempos del acero más insolente. La industrialización del todo como empequeñecimiento del alma es el desierto que ellos desearon volver selvas y jardines. Cuando no hay paz en el corazón asesinar y morir por nada se vuelve una forma de existencia que el dinero tampoco paga ni puede controlar, sólo espera escapar constantemente a la gangrena, sin esperar ninguna redención a cambio. Pero la naturaleza pare lo genial cuando ya nada puede ser peor. En tiempos de guerra democrática la violencia y la muerte se vuelven una forma de vida signada por el disfraz más sombrío y a la vez cínico. La tierra y lo más vivo que encerramos aguarda que redescubramos nuestro origen como el milagro del cual venimos, y eso es un acto de amor desenfadado como de sinceridad amigable. La tierra no es de nadie sólo de aquello que la protege y vive en comunión con ella. Los santos tienen la última palabra.

Hoy la civilización capitalista, la globalización como forma de resistir el embate de un nuevo desastre a través de la aniquilación velada y echa filmografía, es la cúspide de una técnica emancipada de cualquier control sintiente. El gran Estado universal que lo administra es la proyección de la obsesión por la exactitud y la matematización de la vida. Los grandes logros de la lógica y de la observación paciente de los ritmos impredecibles de la vida natural han hecho del pensar y los sistemas de conocimiento consignas que temen el accidente y que persiguen que todo permanezca igual aunque remasterizado. Su miedo no es al virus y a las monstruosidades que su insolencia tecnológica provocan sino a que lo múltiple y a la vez único resurja de los escombros de seguridad y vigilancia a toda costa. Su hambre de seguridad y orden niegan el progreso de la vida y la tornan atrofiada e insalubre. De la ira de los ofendidos y humillados el poder halla la sensibilidad que requiere para hacer más sofisticado su régimen de producción y de gobierno destructivo de la vida. Llenarnos de rencor y de confianza en la venganza, es la fijación implantada en las almas de los ejércitos de desplazados y esclavos para que la razón de Estado y sus tentáculos de estabilidad perfeccionen el poder y sus simulaciones de institucionalidad y deliberación trivial. La argamasa y las piedras angulares sobre las que reposan, una y otra vez los grandes reinos y estados sitiadores de la vida, esta echa sobre la sangre y la vena de sueños y expectativas arruinados en los pantanos del engaño y e ideas fuerza equivocadas.

La mejor forma de represión es aquella en donde la violencia es invocada como elemento de gobierno, en base a la corrupción y la destrucción de la moral y el amor por la tierra en la que gobiernan. Su programa es la eterna simulación de que las instituciones deben mejorarse o que los problemas irresolubles demandan mayores reajustes y vigilancia organizada. La técnica del estado es sólo perfecta como razón de vigilancia y de adoctrinamiento en base a la estupidez como felicidad. Sus gendarmes favorecen el desmantelamiento del orgullo de los ciudadanos, y alimentan y liban con sus antagonistas con la infección de la protesta y el descontento, provenientes de la ira y el desamor por no hacer nada útil por la vida. La pelea entre los sacerdotes y los esclavos es por el control del poder como seguridad ante el banquete de los cuerpos, pero los discursos y los señuelos son celadas ideológicas que remueven el miedo y la esperanza, para luego destruir los sueños y con ello la idea de que se merece ser amado como ser social. A nivel sanguíneo descomponer la mente y la imaginación es un modo de acceso seguro al cuerpo como objeto de explotación y de botín administrado luego de la competencia perfecta. En un mercado absoluto el dinero excita, y por ello la cosificación del cuerpo y las adicciones es el fin más buscado.

El milagro de lo bello y lo único es sentido como droga alucinante, y cada quien no esquiva ser objeto de consumo y de perversión sobre un ropaje civilizado de decencia y de normatividad costosa pero realmente hilarante. Los programas no son perfectos porque el control y el miedo sean totales, sino porque la disociación que eternizan los manjares corrosivos de la esfera pública, ofertados como necesidades, hace del espionaje y del chisme, como eterna comilona de basura, una forma de banalizar a las personas y a sus talentos, de hacer virtuosa la miseria afectiva y de ese modo castigar a los honrados y arruinarlos. Solo en lo peor de una sociedad que aparente a toda cosa equilibrio y limpieza, es posible el contrato social de los politólogos como forma retórica de gobierno y de impecables imbéciles. La estupidez y el miedo a la anarquía es el síntoma de una enfermedad llamada política, que se exhibe como farándula de seriedad y de cordura especializada. La polis, idea arrogante de donde salió lo político ha sido el refugio de los que creían avanzar hacia la libertad y la ilustración civilizada, sobre un ágora de magos y mentirosos que temían abrir claros en los bosques, o vivir en el eterno retorno de la naturaleza de la que fueron expulsados como incapaces de arder las malezas con poesía y amor del mas desmesurado. Los eternos defensores de la dialéctica como logoterapia de hallar un acuerdo en la deliberación del bien público retroceden a los anfiteatros o a las arenas de los coliseos sagrados donde la palabra era un recurso de alardeo y de ruptura con el misticismo para huir de la espada como cura a la gangrena. Ahí donde ha existido lo público se ha matado lo orgánico de la vida, y se ha transitado hacia un armonía de mito y logos, que en realidad aseguró el control de los tecnócratas y de los interesados sin corazón.

El interés desnudo como valor de cosificación y de materia inerte ha sido originado ahí donde la política, y hoy la empresa postmoderna como mejor Estado de succión psíquica, ha extraído a los pueblos de las selvas y las regiones bucólicas, y así desterrarlos a reservaciones y campos de concentración llamados ciudad, donde la descomposición del mana y de los puntos nerviosos de la vida, es el sentimiento de una inevitable necesidad de seguridad como de confusión del alma. En las masas agolpadas antes altares y hoy personificaciones emblemáticas de dirigentes y sacerdotes, en los mítines y en los conciertos rebeldes de hoy en día se respira el arcaico compromiso ante el poder como garantía de seguridad y de regreso a un origen que nunca llega. Occidente y sus atrios de operadores y visires, de asesinos y de emisarios, se ha construido sobre la obsesión de desarraigar a los pueblos y de hacer de sus saberes y energías formas arquitectónicas de protección y de encubrimiento de la desnudez, para su mejor devoramiento publicitario e hipócrita. Cuando lo vivo reclama o se desborda en sensaciones y atrevimiento la empresa lo vuelve insumo cualitativo de la maquinaria, o lo esconde con el menosprecio, o se adelanta a decirlo y lo excomulga como distorsionado o moda que luego aburre.

La empresa moderna de los políticos, y su proyecto de racionalización del mundo, como dijera el muy, muy, muy sensato Weber, es cambiar la realidad sobre la super-excitación del ojo a imágenes y reproducciones alucinadas libres de violencia donde la persona es adicta a las configuraciones de ciudades y de propuestas técnicas de modernización de la vida social, donde su energía y sueños de realización se despersonalización y se fisionan mientras las metrópolis y la obsesión del sistema es la integración total del mundo en medios de ruinas de alegría y de romances fugaces. El precio de la vigilancia es la seguridad exterior de los carteles, propiedades privadas y de las ciudades solitarias y extrañas, en base al miedo y los disfraces, mientras que en la atmósfera y en los vientos de decepción y descontento se respira el controversial hartazgo de la tecnificación de la vida sólo embalsamado por aires perfumados de risa y de jolgorio, donde la relajación y la depresión es la marca de un mundo que no esta conciliado con su sangre. Ese hartazgo se vuelve en agresión y vileza, delito y brotes de vandalismo o de histeria generalizada. Mantener la terror a la aniquilación total o a simular a veces escenarios de conflagraciones administradas es la treta de un estado y de sus sistemas de ciudades donde la ausencia de bienestar y de salud es difícil de esconder sólo bajo el estigma de la informalidad y lo suburbios de desarrapados. La anomia y el mutismo es la señal psíquica de un alma devorada por ciudades que se vuelven ruinas y escenarios de violencia, donde la persecución de la restauración urbana o la idea de un proceso lleno de museos, maniquíes y parques de diversiones es la elocuencia velada de una realidad matematizada, repleta de hologramas de felicidad, y donde la resignación, el tedio es el triunfo de la reacción y la exactitud robotizada riendo como la misma vida. En ello los bancos, y el crédito estandarizado son verdaderas maquinarias fabricantes de miserias presentadas como intenso amor al paraíso. Europa en ello ha sido genial, como mendiga de su propia destrucción. El estado no ha sido el espíritu llegado a su consumación universal, como dijera el gongoreano, Hegel, sino el síntoma de una megalomanía absurda por aparentar orden, proceso, historia, y producción organizada ahí donde imperaba la locura, el caos y la muerte. El Estado es el odio de los incapaces hecho cima del mundo, por imposibilitar que la vida viva, y despierte de los vacíos de represión y de saturación de miseria en que se revuelve el ser humano. Matar la música del mundo ha sido el proyecto de los especialistas y reyes, por evitar que explosionemos más allá de un beso, o cuando cerramos los ojos sin miedo a perder el equilibrio.

Los políticos y sus cortes de servidores, no han sido nunca lo que de ellos ha prometido los sacerdotes de filosofía política o los rufianes modernos de la politología moderna: nunca fueron verdaderos guardianes de la vida y sus secretos, de los niños y madres de los que esperaban decisiones salomónicas o la multiplicación de los panes y los peces. Su promesa de justicia en base a la movilización del mundo ha perseguido el enriquecimiento personal, o la huida a su mismo desprecio por si mismo. Cuando hoy se mata por no perder el poder, es más que el miedo a perder la apariencia de importancia o de nobleza que el miedo a perder el control sobre la administración de la política y su peculio. Cuando se dice política es similar a pedir ayuda, a pedir consuelo o amor. Es confundirse en el veneno que no te da ninguna cura. En ello los políticos están muertos, como sus antagonistas. No hay honestidad ni las razones adecuadas por hacer de la vida una maquinaria partidaria. El ridículo y vender el alma al diablo encorbatados, vive de la publicidad de honradez y amor por la tierra que no se tiene.

Sólo el Estado es amiga de la vida cuando cada centímetro o piedra en la que se desplace como magistrados de la tierra exhale el aroma que cada época y sus nacidos han consumado su misión de vida en cada rincón soberano de la nación, y sus parajes. Hay fuerza en el estado cuando su soberanía es frescura técnica y ciencia, sin que lo sientan los subordinados, ni que se sientan dominados. El Estado es el guardián de lo creado y de lo que nace y se incrementa, sólo si las nuevas sensibilidades y sus talentos son sedimentados en una forma de organización social original y nativa, que huela a pueblo y a juventud. Lo nuevo hecho poder no es dominio es nuevo lenguaje, requiere ser nombrado de otro modo, es algo inevitable. Cuando alguien dice pueblo quiere decir algo más que multitudes, o masas abrazadas y eufóricas, eso es similar a las orgías o a las discotecas. Pueblo es más que unidad es organismo, diversidad impredecible y sintiente, naturaleza que se expande e impera sobre las formas que están ahí para representarnos y protegernos. Pueblo es mana y no comunidad. En ello los marxistas erraron el camino. Bajtin y Rebeláis vieron el camino, pero no los escucharon.

La política ha sido la lucha por el control apropiado de las ciudades y del poder desnudo. El interés era la vida que los monarcas y hoy las sociedades de inteligencia bélica han buscado con afán y con beligerancia. Acrecentar el Estado o aparentar su desaparición ha sido lo mismo que volverlo lógica de dominio, reforzarlo. “Salvo el poder todo es ilusión” ha sido el santo y seña de los que han hecho de la rivalidad y la discordia motor de la historia, fingiendo tranquilidad. La violencia que araña controlar el Estado es el camino a la nada, y a la inercia, como lógica de la historia. Historia ha sido el obligar a la vida a que lleve uniformes o no ande desnuda riendo con holgura, a que se vuelvan migraciones de peregrinos camino a la Meca. Su energía se ha desperdiciado porque ha partido de la ira, y de la venganza, y eso no lleva a nada. Sólo el Estado ha dado felicidad y alegría cuando nadie lo ha sentido, cuando fue mimético con los organismos de la naturaleza, cuando ha sido una forma de vida imperceptible.

La filosofía política partió de que las personas se entendieran en base a la sinceridad, a la expresión acordada de vivir felices y con optimismo a pesar de las tragedias y las amenazas. La intensidad ante la muerte era la elección de lo sabios y valientes. Desde que los reaccionarios divergieron con Cristo, la Iglesia confeccionó el proyecto de los ulteriores politólogos. El Estado sería como los monasterios. Reservaciones aletargadas de acuerdos, y retiros para escapar a un mundo al que se temía y se llenaba de barbarie y de pecado. La infelicidad ante la antigüedad destituida, halló en las iglesias y sus pioneros de la hipocresía los sanatorios en contra de la tristeza por el mundo corrompido y lleno de esquizofrenia. Las religiones mono-teístas y luego sus cancerberos monárquicos, sus visires y sus ejércitos heredaron ese mandato y esa interpretación del mundo. La fantasía y la imaginación fueron expulsadas del mundo mientras su liderazgo se hacía necesario en base a la destrucción y la reconstrucción perpetua de sus urbes y proyectos productivos. Tanto los griegos como los procedentes de la tradición judía eran expresiones secularizadas de un mundo perdido, que creían en las ciudades como escondites ante su crimen ante lo sagrado, y ante el advenimiento de una naturaleza que se esta negando a morir, con la idea del desastre inminente. Cuando muera el amor todo será una gran mega-ciudad de hedores y perfumes: todo estará permitido. ¡Genial Dostoeivsky!

El antiguo antagonismo entre los antiguos y los modernos por el acceso al paraíso siempre ha sido narrado como el intento de la antigüedad hechas invasiones para unificar la antigüedad con lo moderno. En ello Alejandro, Napoleón y los alemanes han sido el intento de que la Ilustración en cada época no perdiera sus orígenes, accediera a la sagrada Asia, o al Edén perdido. Los modernos ganaron en cada intento, y su propósito es que los nativos del paraíso no descubran a donde esta el remedio de la vida. Los antiguos asoladores de ciudades y hoy los gerentes negociadores de armas de destrucción masiva son de la misma especie de la que ha nacido el intento de retornar al Edén extraviado. El Renacimiento de Europa, o el origen de su geo-cultura productivista de la que se sienten orgullosos tanto liberales como radicales sólo ha sido posible a base del saqueo de materiales, pero sobre todo de la destrucción de esos paraísos ocultos. Su fuerza ha sido beber la savia de estos orígenes y volverla un pacto de tecnificación perpetua. Hoy van tras los últimos reductos y no están ni en Asia ni en Europa. La democracia liberal y su amistad con los socialistas parte de esta misma ecuación, de hacer de lo vivo revitalización de Europa y hoy de sus bastardos endemoniados: EEUU, Rusia y China. Cuando alguien pone en la boca de Aristóteles “Los soñadores nos cansan…” esta queriendo decir que el poder sólo es la cuna de cualquier civilidad, de continuación de una vida a medias, sangrante y resignada, mientras avanza la instrumentalización. Como dije antes lo privado hace posible dicha instrumentalización, y es la marca de que sirvan las actuales versiones hobbesianas, o lockeanas, o Rousseanas del contrato social: la mejor virtud del ciudadano es que nadie se meta en nada, se calle, finja tolerancia y bienestar, acuerdo y coexistencia mientras el Estado hace lo que quiere y se privatiza. El chisme y el espionaje, y el sedentarismo son igual a democracia. La video-política y la protesta desde las redes sociales comparten esta sangre de crítica indecente. ¡Pero que más da! Cuando alguien dice racionalidad quiere decir acomódate, y madura. Indiferencia pura o que todo te lo de el estado mientras no se hace nada. La anarquía totalitaria y la desafección cívica son parte de la misma enfermedad: se añora la tierra, pero nadie lo reconoce. En la protesta o en el internet todos gritan algo que no pueden alcanzar, sino hay sinceridad, sino emocionan de nuevo.

No doy recetas ni fórmulas. Esa espera es de aquellos que aguardan un plan, una ética. Organizarse y partidarizarse por el control del poder es conspirar por la conservación de sus tristes mundos, de sectas y bucaneros. Sólo intento que nazca una nueva emoción, o se den cuenta de sus cuerpos y de lo que encierran en la piel. Si no temen al azar, y juegan de nuevo, sus arquitecturas y sus deseos de progreso serán lo mismo que emociones extendidas como pueblo. No temerán a la muerte, y sentirán todo de otro modo, sin formas ni ecuaciones, sólo figuras y emanaciones que se hallan. Europa esta cansada, y en unos años su circuito de protección la Unión Europea caerá en las garras de EEUU, o de la Asia armada hasta los dientes. La modernización desbocada, o esa idea de la sociedad del riesgo requieren a los europeos como soldados de las nuevas mafias. Arrastrarlos a la Guerra es la limpieza que ha hallado la modernidad, y la razón escoria, para que lo vivo no renazca. Hoy como ayer el intento es unificar Asia y Europa, para repartirse el mundo, y no es el interés el que buscan, es la cura al cáncer que han hecho nacer a nivel microscópico y que lo siguen viendo como negocio. En las alturas el mal y el bien, no permiten que vibremos, y volvamos a las selvas. Los malditos no pudieron vivir ese mundo, y no esta globalizado, porque no se puede ver con los ojos, o con el panóptico de los grandes sacerdotes. Requiere una nueva psicología ni Aristotélica ni Freudiana.

Por eso digo Ni Hobbes ni Maquiavelo, ni Israel ni Atenas, ni Marxismo ni liberalismo. Con todas las cirugías reencauchadoras de hoy en día esos proyectos luchan en contra de que los mitos y que la vida tome la palabra, o se sienta de nuevo con honradez. Su exportación al mundo como receta de orden o de salvación sólo mata a la juventud o la engaña. Es el show de que la vida cambia en base la lucha por el poder político, cuando el dominio es al nivel del tejido más secreto y delincuencial, de hordas y clanes de odio y de adicción. En América Latina las naciones en las que palpita la belleza y la seducción con ingenuidad y sueños de unidad, también son el teatro de este falso conflicto en donde cuando la vida se resiente el marxismo se vuelve instrumento de reanimación de las sociedades, para recaer nuevamente en el realismo empobrecido del mercado y su desafección total. Es el eterno conflicto para que señores y siervos no entiendan el origen de América latina y como organizarse, como sentirse de forma genuina.

Combatir esa infección de odio y adicción sólo es posible en aquella base corporal en donde son fuertes: en aniquilar la vida en base a la adicción y la inercia, en base al tiempo y el desconocimiento de sí mismo, en que el cuerpo no respire de nuevo y se conecte con la tierra y sus creaciones. Algo que es como las drogas, y que es más contagioso que la programación en base a la ignorancia, es el antídoto a que las células no perezcan. Y lo digo con todo el respeto es algo que no tienen los políticos y a los que sirven. Requieren danzar y…..! Y lo dicho es algo innombrable y lo puedo decir porque procedo de una de las culturas donde el daño de alma y el olvido de su corazón son más destructivo y consentido por sus propios ciudadanos. Ese algo cuando llegue no conocerá los discursos, es espectro aires huracanados, como cuando las selvas traen algo inaudito y excepcional.

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El Lenguaje y las formas. Las trampas de la objetividad.

by on Jun.24, 2014, under Sin categoría

Nuestras formas

Nuestras formas

Ronald Jesús Torres Bringas

ronsubalterno@gmail.com

Hablar ha sido desde siempre una forma de otorgar sentido a las cosas que nos rodeaban. Ahí donde había conciencia de lo que existía el lenguaje ha sido y es un reservorio de figuras y significados con los que se sabe de una cultura, esta conoce y se afirma en un mundo cada vez más misterioso e imprevisible. El afán de seguridad ha ido de la mano con la certeza, y con la búsqueda de la objetividad en el saber. Cada decisión es el producto de una interpretación sobre el mundo, un mapa de procedimientos que nos permite guiarnos entre cosas y materiales que nos sorprenden y que asemejamos a lo conocido. El lenguaje en cada cultura es la fuente de su idiosincrasia y de su lucha con una naturaleza indomable. El lenguaje es el instructivo con el que el hombre interactúa con lo existente, lo interpreta e interviene en él. Su urgencia por reafirmarse a cada instante y esquivar el accidente del que se cuida ha hecho que las palabras sean formas de conjurar y domesticar lo que acecha como una amenaza contra la existencia. El lenguaje es la red de sonidos y canciones en las que las personas retratan la red de energías y aires del que han sido arrojados, y de modo paradójico los sistemas complejos de iconos y representaciones con las que preserva su deseo de imponerse y cambiar una realidad a la que no conoce más allá de una razón instrumental. Conocer sigue siendo un acto de hechicería que ha extraviado su amistad con la tierra sorda y actúa desde la ceguera del poder para seguir aferrándose a ella.

Pensar y hablar eran lo mismo. En la inocencia las palabras eran sonidos musicales con los que se hablaba con las cosas que nos respondían. El lenguaje y sus expresiones eran música y devenir que narraba muchas historias pero a la vez hablaba de un mismo punto. El lenguaje era el canto con el que las culturas se conectaban y conservaban en una unidad viviente pero que tomaba muchas formas y rostros sin que se tuviera conciencia de ello. La tierra de la que somos tierra con vida creaba los sonidos con los que nos movíamos en ella, el lenguaje eran sonidos que emanaban de nuestros roces y conexiones emocionales con la tierra, eran parte de un cortejo con todo lo vivo. Cada palabra imitaba el sonido que la naturaleza ensayaba, era un recital de sonidos y guturaciones producto de la mimesis con las plantas y animales. Primero no fue el verbo, sino las emociones sonoras que nos permitieron estar entre seres vivientes que también resonaban y rondaban por ahí. Hablar y sentir eran parte de una misma psicología. Las cosas cantaban y reían, jugaban y acontecían. El lenguaje no era un reservorio ni una tecnología para diseñar y hallarse en el mundo, sino la sinfonía con que cada singularidad y pueblo se conectaba con el cosmos, y a la vez vivía entre dioses y hombres. Hablar era sentir como parte de la piel. El sonido mediaba a la vida con las capas y los misterios de un mundo cargado de sueños y era un modo de dialogar con el y transmitir y cambiar las cosas sin alterar su eterna integridad vital. Oralidad y cuerpo eran cercanos a una amistad con otros cuerpos a los que se les amaba y se jugaba con inocencia.

En un mundo donde el hablar era centralizado en un origen sin espacio y tiempo no se pensaba lo que se hablaba. Pensar seria luego un acto de ciegos tratando de recobrar lo perdido. Identificar lo que ya no se siente o se avergüenza de sentir haría del habla un acto de nombrar formas y por tanto de fragmentar la vida ya no como un sujeto con vida y que grita. Hablar y pensar sería un acto de cirujanos y de carniceros en búsqueda del combustible de la vida, o de la piedra filosofal que ya no se puede ver. Desde aquel entonces el miedo formaría sacerdotes especializados en cultivar conceptos como expresión rizomática y soberbia de disociar la vida, de analizarla y de descomponerla para rencontrar sus secretos y hallar, de este modo, las mezclas precisas que nos descubran la magia de los orígenes perdidos. Analizar lleva la premisa de volver a re ensamblar y potenciar lo orgánico. De cierto modo el ingreso en la regresión espiritual de los occidentales partió de alteraciones erradas producto de mezclas prohibidas, de enemistad entre elementos que desorganizaron los ecosistemas y produjeron las atmósferas hediondas y virulentas que se respiran en la sociedad de consumo. El hambre de sentido hace que los elementos extraídos del mundo natural, inanimados, cosificados sean convocados en forma de conceptos, medios iconográficos mediante los cuales se administra lo que se escabulle y se torna misterioso. La naturaleza al ser redescubierta como materia de consumo es disociada y estudiada para dar de tragar a los desiertos industriales, donde cada insumo arrancado arma ambientes y estructuras artificiales donde la necesidad es sanar un cuerpo que es resultado de dicha disociación. El concepto que es acercamiento a un algo que se pierde, produce en su búsqueda obsesiva por evitar la descomposición de los organismos enfermos, mas enfermedad que sólo se reequilibra con más destrucción de lo natural en forma de tratados y taxonomías. La saciedad de la que proviene todo sistema de consumo compulsivo, provoca con sus mezclas impropias y desordenadas un éxtasis de serenidad que se troca en toxicidad y exposición de la vida a un ecosistema enfermo y en constante guerra contra la vida.

De cierto modo impensar la vida inmediata conllevo a sentir el todo como una unidad sintiente. El inicio del pensar, es decir de cosificar la vida en forma de nombres, iconos y representaciones supuso la personificación de un poder, de un cuerpo que se diferencio de un mundo en el que se sintió por encima de la creación vital. Esa soledad enmascarada de soberbia y superioridad condujo a la necesidad de entender la vida como cargada de formas inagotables, de insumos y materiales que podían ser manipulados y mezclados al libre antojo de una entidad que sufre por ese arrojamiento la epidemia de formas en que se pierde y se vuelve insignificante. En el lenguaje el nombre ha sido la tecnología que ha presumido de fetichizar la vida incognoscible, y con ello ha multiplicado de conceptos y formas interminables a una sociedad artificial, donde cada invocación a las cosas no vivientes reposa en una seguridad acechada por el caos, y la destrucción permanente. Las formas que viven de lo que se debe ver y probado no han insinuado ningún entendimiento de ese todo huidizo e irrespetado, sino que al alterarlo en pos de la productividad implacable han simulado penetrarlo y concebir su lógica.

Ese acceso que ha reposado sobre formas unilaterales y simples de aprecio del todo, han realmente forzado la complejidad de la vida sobre la garantía de saberes superficiales que han pulverizado la armonía natural. De la curiosidad misteriosa de los alquimistas que intentaban recrear las configuraciones complicadas del mundo sagrado estropeado pasamos a la locura de la química de los estupefacientes incesantes, donde el experimento sobresaturado e inconsciente consume a los hombres en deliciosos venenos que prometen un placer que asesina la vida. Las mezclas intransigentes en las que descansa orgullosa la técnica nuclear, las principales multinacionales farmacéuticas, o la ingeniería genética modifican la vida en pos del control total de los secretos mágicos de la biología. Su real propósito es retratar el mito perdido como negocio de felicidad simulada, sobre el sitio de monstruosidades y alteraciones de vida muerta que sean completamente ignoradas por una conciencia que hace de su destrucción su mayor beneplácito paradójico. Una infinidad de formas producidas en laboratorios, en las ciudades y en los sistemas de conocimiento secular expresan la ignorancia para hallar el camino a mezclas apropiadas que nos acerquen al origen. Todo el desorden actual que es exagerado por negocio sucio se originó en una concepción materialista de la vida que le quitó a la naturaleza su armonía ancestral. La soledad y el hambre de sentido de un homo sapiens que requería calmantes para su desamor inacabable le ha llevado a construir por una megalomanía demencial y belicista a hacer del planeta y a los propios seres humanos en un laboratorio gigantesco de aberraciones y suplantaciones solo por producir, apropiar y comer desmesuradamente.

Como un comentario aparte el interés de este ensayo no es exactamente conversar sobre el origen de las morfologías en las sociedades humanas. De cierto modo consciente o inconscientemente las culturas son formas complejas sustraídas al curso misterioso y profuso del mundo natural, pero es en las sociedades avanzadas, es decir, en aquellas donde la locura de hacer de cada milagro que nace en la vida una formación descomunal, inexplicable y descontrolada de civilización, donde la terrible necesidad de recrear el origen perdido conoce desordenes tan peligrosos que la misma idea de forma o de orden ha desaparecido con el sentido que esta alardea proporcionarnos. Matar el espacio o suplantarlo en formas cibernéticas de vida artificial como el internet, el cine o la simulación a gran escala que intenta desterrar la fantasía de nuestros cuerpos, llamada industrialización, es a groso modo el remedio de conjurar el paso indetenible del tiempo. La conciencia sobre la muerte, sobre la corrosión de un mundo vital donde incurrimos en graves alteraciones sacrílegas nos ha hecho vivir en velocidades asfixiantes y laboriosas como síntoma de que las formas extrañas y amenazantes en las que vivimos no consiguen por ningún medio regresarnos esa ignorancia originaria donde la aniquilación de lo vivo era tal vez una imposibilidad como algo irrelevante. Un ser que ha hecho su inteligencia y su supremacía en base a la tortura de los animales y las plantas, de la tierra y sus dioses solo puede ser el castigo de la muerte como parte de la gran ignorancia de lo que es y puede llegar a ser. Una concepción distinta de las formas, una sensación distinta sobre su presencia alrededor de nosotros puede quebrar el aliento fétido del tiempo y de la nada como el fin de una ridícula fábula historia y antropocentrismo humano.

La forma promete que el contenido que vive en ella viva de nuevo. De cierto modo esa fue la promesa de la ciencia en Grecia, en las soledades psicológicas de Descartes, en la concepción epistémica de Kant, en Hegel y Marx. La vuelta a la patria originaria no era algo en discusión sino las fórmulas que llevaban a ello. La modernidad que arranca del concepto como forma central de administrar y expresar ese contenido vital, es de cierto modo el camino de grandes urbes y simulaciones consumistas donde ese origen esencial es buscado con ahínco. El poder actual como el de ayer halla su legitimidad en endulzarnos con ese corazón escondido, así como de detener su hallazgo o manipularlo para muy pocos. Hoy como ayer la concepción real de cómo retornar a esa esencia perdida, donde el mito es el destino, es desconstruir las formas complejas y añejas en que vive atrapado con modorra nuestro ser excepcional. Y no creer que la movilización de la totalidad como sistema organizado hacia un poder irreconocible e inconmensurable digamos también organizado y vigilante puede regresarnos sobre los escombros de luchas interminables y antagonismos demagógicos a ese punto inicial de paz y de equilibrio.

Una vida encerrada sobre formas extrañas y sofisticadas sólo puede ser de una dialéctica ilustrada y tecnificada reproducciones miniaturizadas de sistemas de control y de aprovisionamiento interminable de energía, en tanto esas vidas no decidan conectarse y mover esas formas y principios de realidad alterados, donde sus secretos vitales se desperdician en la locura administrada. Rebasar las formas y recrearlas es hacer que el ambiente como las conexiones vitales que le dan matiz y colorido animado expresen el espíritu expulsado y armonioso de una época. La promesa de la forma conceptual como la de los lenguajes y la Dialéctica de la Ilustración es la desnudez como punto de llegada a la realización de una vida cansada, reprimida y harta de no poder vivir sin límites y reglas, de levitar en el espacio sólo con desearlo. El desconocimiento de sí mismo como reproducción de una historia de abstinencias y de guerras estúpidas, ha llevado a que el olvido de lo extraordinario que reside en el ser humano se traduzca en saberes y sistemas de conocimiento que nos han alejado de la tierra y de nuestros cuerpos, sólo por hallar en la velocidad del esfuerzo productivo llamado tiempo infernal o en los sistemas inmunológicos de las urbes definido como espacio, contaminados y extraños, una medicina falsa a la idea y sensación de que cada época muere con todas sus promesas, y nosotros con ella. Es Lógico y a la vez absurdo que la restauración de todo equilibrio en las sociedades descanse en corroerlo en base a la muerte y a la indigencia de la vida. Es como escuche de un indígena el mundo esta hecho al revés, porque perdió su pureza.

Pero el camino que me ha llevado hasta aquí es hacer comentarios más precisos sobre el porque el conocer se aleja de lo que promete regular. En esencia el problema de hallarnos en laberintos de artefactos y de espectacularidades y sentirnos a pesar de todo tan solos y arrojados al abismo de la nada, exánimes, sin haber vivido con honestidad, es que el nombrar y asemejarlo a lo que representa se ha vuelto una trampa que nos pulveriza en el tiempo, y nos deja sin bailar y escuchar la música sin la que la vida sería imposible. Haber decantado en las formas y no poder ser más que una decoración de los habitáculos donde nuestras vidas pasan y se refugian responde a una mala lectura, a un error, a una ilusión de poder y de seguridad que nadie enfrenta y que se ha olvidado como parte de un Yo saturado de egoísmo. Como narre en mi ensayo “El Sujeto y la máscara” el desprecio de lo sagrado, del mana vital del que procede lo vivo, y a su vez el miedo a que retorne como amor contra el poder, ha permitido que la sabiduría y la curiosidad por rescatar ese saber sagrado mediante conceptos, y teorías halla succionado los néctares de las flores en las carcasas productivas del Estado y sus poderes agresivos. En esa aventura secreta de matar lo vivo para hacerlo objeto de uso, o tal vez para devorarlo como piel jugosa ha residido el despertar de lo diferente, de lo que es no igual a mí. Y eso sólo pudo surgir de la debilidad como de la envidia de no ser como un niño y un león lúdico, de haber tenido que cubrirse para abusar y saciar su soledad y terror originario. Representar ha sido un acto de atrapar lo vivo como algo estático, sin importar que esta viva, cambie y se mueve. El primer error de los sacerdotes y de los amantes de la inmortalidad fue contar la historia fatal de que se puede detener lo vivo. En esa seguridad en el saber y en cambiarlo sin respetarlo y saber como danza y juega ha residido la obsesión de los filósofos y de los oráculos por mentir y demostrar certeza. La identidad entre formas y vida es algo genuina cuando lo vivo se expande en la piedra, y la sangre clama vigor y animalidad. En ello conceptos como libertad, y luz partían de una naturaleza que se aventuraba a crecer y diversificarse con grandeza, porque lo nombrado era amigo de lo vivo, era su emisario a que los Dioses y lo hombres vivirían entre iguales.

El alejamiento de los nombres y lo vivo se inicio cuando la personificación del poder requería conservar su supremacía sobre lo que amaba y desdeñaba al mismo tiempo. El racismo y las diversas formas de discriminación y antagonismo han sido trucos para explotar lo que se deseaba con locura pero no se podía cautivar con una sonrisa. Perder la energía de la alegría ha conducido a las fronteras, a los Estados y a la guerra como forma de controlar lo deseado, de defenestrarlo para saborear sus aromas secretos. Los débiles, los despreciables cambiaron en base a la coacción las interpretaciones sobre lo que se redescubría y a la vez los métodos con los que se presumía conocer lo vivo. Ese atentado contra la vida forma legiones de escribanos y expertos en escribir sobre lo que no existe, y de desviar la inteligencia de la vida que se espanta de los maltratos y huye hacia lo más bello y accidentado. Lo que se esconde del poder no es sólo la coartada de lo vivo de que lo sagrado siga haciendo travesuras, es también parte de la negligencia y miseria de los pensadores de esconder lo excepcional y ocultar la vileza de la humanidad. Lo fuerte ha existido desde siempre, para acallar los talentos y los milagros, y siempre tendrá rapsodas y escribanos dispuestos a crear mundos que no existieron, así como ha modificar nuestras concepciones sobre nuestros cuerpos y riquezas para ser sólo soldados o el aserrín después de los grandes banquetes de la simulación y del cinismo. En este clima la vida halló en lo privado algo que es el surgir de la conciencia en base al sufrimiento de no poder ser alguien genuino. Y a través del tiempo por miedo o por simple venganza a lo que no deja vivir, por corrupción o porque cree que la máscara es fuerza y goce seguro también cambia lo que sucedió, y las fragancias que rodearon las épocas. En ese mundo los nombres y los conceptos han sido el resultado de mentiras convenidas, como de la desvergüenza de los rumores y los chismes por hallar un poco de protagonismo en una selva donde los hombres han perdido el valor para amar con originalidad y decencia.

Los extravíos de saberes esenciales, como las regresiones cognoscitivas en las que cae la historia de las civilizaciones han mancillado la grandeza del hombre en lo absurdo que resulta que el poder y ciencia sean la mancuerna que gobierna nuestra vida y sus alimentos. Lo cartesiano y las concepciones antropocéntricas de las que parte lo clásico como lo puritano han perseguido desde siempre matar la vida entre códices y enigmas de erudición pensante, de detener lo romántico y lo que tiene la osadía de contagiar la desnudez en base al control experimental y analítico de la naturaleza como un almacén de insumos inertes. Los arquitectos del contrato social, esos aguafiestas de lo vivo, así como los ingenieros de las relaciones sociales y la revolución política han partido de la evidencia, y de la contrastación empírica como formas de ahogar que la vida ría y haga el amor nuevamente. Los antiguos piratas y ladrones de los tesoros del mundo urdieron la idea de un amanecer del orden y progreso, de domesticación y de madurez. Su ciencia sacrosanta no fue como sugieren los amantes de la solidaridad una búsqueda curiosa por escuchar los regalos de la creación divina de otro modo sin faltarle al todopoderoso, sino el arma de la inteligencia para hacer de Europa el destino de una especie que se ha sentido desde tiempos inmemoriales poseedora del gobierno sobre la tierra llena de pecado y de pasión. En esa reacción lo científico de la guillotina, de las invenciones artesanales, si bien nacieron de los músculos y filamentos de un pueblo necesitado de higiene y de renacimiento pronto las grandes ideas han sido colecciones del poder, así como han reclutado a sus sacerdotes y su ingenio técnico para divorciar a la vida de cualquier pensamiento que reoriente a la ciencia hacia el mito y conviva con el.

Esa invención de la interioridad y exterioridad…. Cartesiana de marca…. Esa idea, “vi hacia adentro y encontré un mundo” frase realmente de cobardes, y esa soberbia idea de que la razón se respiraba en la pólvora de los marselleses y los revolucionarios franceses, como si fuera un espíritu que resurgiera de siglos y siglos de barbarie, es la expresión de como estados de ánimo que abrazan el poder y lo aconsejan han confeccionado métodos y técnicas de investigación que han reforzado la cosificación de la naturaleza, y han aplastado los ardientes deseos de lo sagrado. El mito de Europa es haber encontrado en la ciencia un método de dominación del mundo, para no sentirse perseguida por los fantasmas de su traumático error heredado, y haber contado la historia muy divertida que ellos son la cúspide de la historia y la encarnación de la razón. El control político de los saberes, como de las técnicas, y de los programas tecnológicos para modificar la tierra en base a una idea de dominio, y a una imagen execrable de odio, ha cometido el delito de asesinar la genialidad del mundo, y de convertir todo lo que es único y maravilloso en materia que mejora los rendimientos imparables de la producción. Ahí donde el progreso obedece a dar de tragar y hacer supervivir lo que tiene miedo, lo que se enorgullece de su fealdad, se desarrolla un mundo de campos y academias de saberes tradicionales, asalariados, y creyentes en desperdicios de vehemencia y rebeldía que tapan los avances despegados de una ciencia cada vez menos controlada e ignorada por la sociedad repleta de circos y adicciones. Lo técnico como lógica libre de regularidad social se aleja de aquello que con afán busca conocer y hacer suvenires, Y en ese fracaso sus logros y experimentos a medias son las chatarras que sirven para involucionar los sentidos y la inteligencia de los subordinados que viven como rebaño de idiotas llenos de orgullo y excitación en los ordenadores.

A modo de síntesis y de reordenamiento he contado que el origen de que la técnica y sus hallazgos estropeen la tierra para embellecer las ciudades y sus cuarteles de placer, reside en que 1. La identificación entre concepto y vida reposa en una limitación miserable que entiende la vida como inerte e inmóvil. La tierra cambia y es impredecible. Esta viva, y en la medida que esto se ignora los nombres se alejan de lo nombrado y pierden sentido para las personas. 2. He sostenido que el control político del saber así como la degradación de los enfermos de la historia a no poder vivir ni dejar vivir han extraviado joyas y jardines con los que la vida humana ha seguido presa de la indigencia y de la corrupción. Esa mancuerna entre ciencia y poder, que es la fuerza de los que han insultado a la Madre tierra no sólo hace del progreso una idea vacía y fétida sino que nos ha arrebatado de que la ciencia y sus piedras preciosas lleven impregnadas nuestros sueños y nuestras grandes preguntas por ser plenos y volver a la inocencia, a armonía de la inmortalidad. Lo dicho a cerca del mundo, la forma y sus técnicas para producir saber, así como las herramientas complejas para hacer de la sociedad una forma superior de naturaleza ¡ que buen chiste! Donde la ciudad es la cueva donde los ciegos quieren seguir siendo ciegos, las personas ya no son personas sino los artefactos y ambientes sin los que no podrían existir, sin los que no son nada. El extrañamiento del mundo es a no dudarlo el resultado de que las culturas no se sienten en sus herramientas y piedras, estas junglas de cemento no son parte de su sangre y sus risas. 3. Y en esa alteración que el poder ejerce sobre lo vivo, la vida huye, porque los ambientes y sus ecosistemas se derruyen y fisionan, no se derraman como emociones sedimentadas en proyectos institucionales de pueblos unidos y organizados. El mundo molecular y los secretos más energéticos de la vida, como la electricidad y el porque los aires y los cuerpos se mueven, es hoy el real propósito de la multidisplinariedad, pero lo estudiado cambia, en la medida que se lo disecciona o se le descubre. Todo lo que tocas lo cambias, porque la vida sensible y amenazada se pervierte y ataca a lo que considera una herida en su centro vital. Cuanto más se accede al mundo para tragárselo el poder se ve gobernando desiertos sin oasis, islas de náufragos donde el aburrimiento y la muerte lo desfiguran y conforman. Hoy se busca con ahínco lo que antes se desechó y temió, sin renunciar a los infiernos. Y de cierto modo esa idea que todo problema que la tecnología genera se resuelve de modo técnico, es similar a la idea más sabia que el comportamiento del homo sapiens, ósea de los planchaditos europeos y sus bastardos, es como el del virus que hoy nos ataca: “llegan a un lugar y agotan los recursos y luego se van en busca de otros mundos” (Agente Smith). No desarrollan un equilibrio con el medio de modo natural. El remedio esta en que la técnica se reencuentre con las emociones, se redefina en ella, que lo social y sus nuevas sensibilidades refresquen la frialdad de lo cibernético, sin que la iniciativa y las invenciones del trabajo se pierdan.

En mi país gran parte de esta enfermedad es que los sistemas de conocimiento en los que se apoya las simulaciones del gobierno peruano, las ideas fuerza que la historia ha contado, y las epistemias desde las que se investiga y forma ejércitos de profesionales sin ninguna afinidad afectiva con una idea de organismo social, han constituido desde antaño una tecnología de administración del espacio nacional que lo desintegra y lo entrega a la privatización del poder más nefasto. Si hoy es fácil que La bonanza como el cáncer convivan en esta tierra increíble, es que nuestra inteligencia así como sus compinches han infravalorado y desconocido los orígenes míticos de donde procedemos. Desde los cronistas, hasta los mercenarios del conocimiento el poder ha corroído el amor por esta tierra. Y si hay algo que debo presumir es que la obligación de que lo ganado y nuestros tesoros indescriptibles no se pierdan en las lágrimas del tiempo pasa por la responsabilidad de que la noble tarea del leer y escribir repiense al Perú desde el estado de ánimo exacto. Que genere las emociones y los sentimientos originales que fundamenten un espíritu que se osifique en nuevas formas de representación organizada, cultura material, economía y régimen de gobierno. Un nuevo lenguaje donde el peruano reviva la fuerza de una geología de quebradas y junglas donde se respira el eco de un remedio para el mundo. Lo paradójico de hoy es que el peruano ha perdido ese sentimiento original, lo desprecia y se avergüenza de él, y vive dividido entre infamias y leyendas estúpidas. Nuestra identidad y el pueblo pasan porque se vuelva a sentir cantar a las piedras pero con el respeto de un guerrero alegre que sabe que debe luchar contra la gangrena que trajeron los barbones….

23 de Mayo del 2014

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Mi ingrediente secreto

by on Jun.23, 2014, under Sin categoría

Hace como tres años llegue a un bar en el centro. Mientras charlaba y jugaba con los amigos, me iba fijando en alguien muy especial al frente mío. Uno ve el alma en la mirada, hablamos, y luego Salí. Me despedí y no le volví a ver. Por esas cosas que son simple milagro la volví a ver, no sucedió nada. Luego varias veces en dos años. Algo adormecía mi energía, pero en ella también algo estaba dormido, desconfianza que se iba tornando en amistad y en cierta afinidad. Había curiosidad, porque no atracción, pero no quería endulzarla con malicia, quería que me viera tal como soy…

Y se produjo algo que no entiendo, la fui perdiendo, por torpeza tal vez por excesiva fuerza o complejidad, o tal vez por dudas y silencios que no supe. Lo cierto es que no la desafíe, me aleje, se que vio mi energía y que había cierta inclinación a hallarnos.. Somos similares, intentamos ser originales, pero soy polémico y agresivo, libre, llevo al espíritu en la piel, y ella bota en los lienzos, en sonrisas que denotan inconformidad y en cada caricia a las hormiguitas que nacen a su lado. Yo hago la oscuridad luz, ahora mas que nunca, escribo en el aire, y no me atrevó a decirlo, pero ella aún se mueve con las reglas de astucia del mundo, aunque no este contenta con él.

Su arte es una mezcla de dulzura con inteligencia, pero hay miedo, miedo a perder su diferencia, porque no se atreve a perderse en aquello que ama. Le doy gracias, pues aunque no este con ella, algo sucedió, el polvo se volvió estrellas, y viajo con los manantiales. Se que me quedaría en la hondura de tus labios y grandes ojos, si tu melena de leona, y gestos impredecibles me lo pidieran, pero yo no puedo: hay un gran río que debo desbordar… Yo ya no soy yo mismo…. Ahora viajo como un espectro y cuando alguien viaja muy lejos lo hace por dos razones para hallar a un gran amor perdido o para hallar la muerte…. Debo hallar lo que estoy buscando, y es algo sagrado…

CANELA

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FICCIÓN 3…. La salsa y la piel

by on Jun.23, 2014, under Sin categoría

Ronald Jesús Torres Bringas

Lo más delicioso empieza como una sorpresa. Quien sabe el milagro de lo no planeado es incontrolable. En verano pasado fui a comprar unos muebles con un pariente a Breña… Había dudas por adquirir unos muebles, pues todos son periódico de ayer, pero había que arriesgarse. Entramos y vaya sorpresa, nos abordó un jardín con una gran sonrisa. Bueno era una venta, era amable, pero no pude dejar de sacarme los lentes oscuros, y no lo niego mi boca se abrió estupefacto. Ella sonrió no bajo la mirada, y empezó desafiarme, para que hablara…

baje la mirada, y sonreí para hacerme el que no estaba allí. Como criatura que sabe romper cualquier mesura, avanzó mientras revisamos los muebles, y camino de una manera tan cubana, que supe como se originó la salsa en esas dunas legendarías. Me quitó cordura, pero a la vez salieron los juegos y las palabras con interrogantes. Nos mostraba los modelos, y a cada demostración le lanzaba una ironía, jugaba con su mente, y empezaba a jugar con los muebles, como un duende travieso… Iba vulnerando su arrogancia, pues me sentaba con ella, y le decía si los muebles venían con ella, dormía como un cachorro en los sofás y en las tarimas, para impregnarle emociones en su mente. Me puse a cantarle una canción, y decirle a un fantasma de la zona que ella era la mas bella de la isla… me gustó su vocecita cubana, pero me ponía el parche pues estaba casada….Saben no me importó… Adquirimos los mejores muebles, con rebaja por supuesto, e inmediatamente guarde las armas…

Sacamos la factura, y cuando se iba le cogí el brazo y le dije, luego de verla a los ojos diez segundos que deseaba conocerle.. me dio su cel y la olvide unos días mientras llegaron los muebles… Viaje unos días y recibi una llamada, era ella, y luego de hablar con sequedad, le coquetié con el respeto más erótico que me produjo. Le llame otra vez y otra vez, y jugaba con mis palabras, hasta que Cuba quizo conocer al rufían. Le vi en Miraflores, en una restaurant cerca a Berlín me puse a conocerle.. Era una mujer muy bella, pero peligrosa. Su fuerza radicaba en que te mata con la pasión, tenía una hija pequeña, y un esposo empresario que viajaba en todos los sentidos… En su reticencia sonriente, me acerque, percibí a una mujer solitaria, pero que era un cuerpo sólo un cuerpo, pues buscaba la intensidad, y el desiquilibrio. Me anime a naufragar en esas playas, y el lenguaje atrevido y poético, fue encarnándose en besos y en movimientos sociales. No debía amarla, pues me destrozaría el corazón.. Ella sabía que yo era un don nadie, pero sentí que deseaba morir en mi piel. Justo tocaron una salsa, me sacó del polo, era willie Gonzales, y vi, sentí que toda aquella sirena era una revolución más grande que el castrismo… Nos acurrucamos como dos gatos, y no me dejo hacer golpe de estado. Una llamada de la CIA me la quitó…

Asustada de improviso se marchó.. Viaje de nuevo, y esperé varios días su llamada, empecé a llamarla, como alguien quien pierde posiciones, le deje mensajes, y me mandaron unos muy muy amenazantes para mi… Tire la toalla. Pero me acorde que debía recoger la factura de los muebles… Una excusa perfecta. Fui a la tienda… estaba en la puerta, y le pregunté donde podía recoger la factura, se hallaba indiferente, pero estremecida, como advertida. Se quería ir pero le ordene con voz monárquica que no lo hiciera… le pedí que me guiara a los servicios higiénicos… sabían que estábamos solos… Me dio rabia, y locura y la arrastre de la cintura a la estancia principal, y le dije… no hay mas que decir, mi piel hablará por mi… Se estremeció como un escualo ardiente, quería soltarse, la desnude y mientras me unía a su calor, los mas dulces motivos de mis labios y músculos, hallaron eco en esa piel caribeña… Explosionamos, y el instante criminal, culminó con un beso, con cabellos alborotados y con comisuras sangrantes…Me miró con afecto: “quiero estar contigo, pero no me pertenezco”- Lo sabía, por eso desde aquí solo somos huellas y recuerdos.. “Lo que no nos mata nos hace más fuertes” Me gustó matar al comunismo contigo, le di un último beso, y sentencié: “Halla la palabra mágica y el mundo empieza a cantar” L….h AR

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El sabor y las palabras… Ficciones y aires.

by on Jun.22, 2014, under Sin categoría

A veces dicen por ahí que un camino repleto de oscuridades y ausencias encierra la fuerza de una gran promesa. Lo que más falta se busca estúpidamente en todo lo que conocemos como la realidad civilizada. Es un modo elegante, exacto, cosmético, y a la vez soberbio, empobrecido de esquivar el derecho y la misión por la que la vida ha llegado a la tierra: amar sin condiciones. Protegerse y controlar aquello que mas deseamos, es lo mismo que perderlo y embarrarse de adicciones y de desconocimiento de sí mismo. La civilización propagandea que nos hará plenos, y se nutre de esa mentira. No dejarla no es la perfección del terror, sino la resignación de que hemos decidido atrincherarnos en sus comodidades sin intensidad….Una época que no sabe amar, y que se resguarda en el orgullo de atesorar y apropiarse se extravía en el desperdicio de lo que la vida encierra…

Partido entre funciones, vestíbulos relucientes, formas y procedimientos, y a la vez de excesos desestresantes, para purgarse de la hipocresía de sobrevivir, las personas olvidan por miedo y a la vez por desesperación como hallarse y acrecentarse. No conocerse es lo mismo que naufragar en las creaciones y en las adulteraciones que nos ofertan como medio de vida y de protección. En lo más libre la persona es más esclava. Comer lo falso es enceguecerse ante lo que duele, una forma de inmunizarse, pero a la vez perder y no tener derecho a que lo esencial perdure en nuestros cuerpos. Quien desea el poder, y se entrega a él pierde la fuerza para ser intenso, para ser un bastidor en movimiento. Lo que no despierta pasión o no emociona se refugia en el poder y en la mentira: es su modo de conseguir aquello que no puede capturar con sólo una sonrisa o un aire abrazador…. Es un modo de matar aquello que si juega y puede embriagar. Lo enfermo ya no escucha lo vital, no conoce los sabores, el bienestar es para el cine y superstición. Estos pasajes los suele olvidar por miedo a la vida misma.

El fin de los atemorizados y los productivistas es asesinar la seducción. La política y la economía es convertirla en supermercado. Lo único y excepcional es perseguido para volverlo objeto de lujo, para volverlo ciencia y gobierno. Pero esa locura de ser libre es incontrolable, y reside en que se sueñe y se busque enamorar, en que se realice en aquello que nos completa, en el ángel que lo sagrado ha puesto para nosotros en la tierra y redimirnos…. Y eso se logra cuando se es valiente, cuando uno se busca, viaja, y el accidente de lo no planeado nos responde…. Atreverse en las llanuras, conmover, y danzar es el modo de permear la indiferencia de lo silencioso… Seducir es la mejor forma amorfa de vivir con sinceridad todo lo que nos promete la sociedad. En lo privado la seducción es sólo un porrito fugaz, guiños desconfiados sin nombres y galones, objetos y a la vez comida subliminal. Es cobardía hecha discotecas: las personas bailan y se desean, pero no les importa conectarse, se escapan en cuanto se les conoce.

Por eso hallar el hechizo de ser completo sólo es un milagro de viajar…. Cuando se es un forastero se halla a si mismo de mil maneras. Escapa a los prejuicios porque se algo original un nuevo aire que cambia lo permanente. Y se viaja más cuando la óptica, se traduce en conversaciones, banquetes, carnavales, y aventuras locuaces…. Uno realmente aprende y vive cuando se da cuenta que la finalidad de educarse y formarse, de sacrificarse y obtener crédito es engatusar a la razón de nuestros sueños y cruzadas. Si se viaja es para retornar al origen del porque perdimos la inocencia: y ese origen es reconquistar lo que nos arrojo al mundo. El perder esas alturas nos corrompe y nos vuelve ciegos… Sanarnos es volver a la soberanía de esa piel y ese perfume luego de tantos peregrinajes e incursiones… Cada quien tiene su ingrediente secreto…. Yo la tengo, y cuando regrese por ti, el tiempo se detendrá, te cuidaré siempre. Eres el día y la noche en una sola piel…

Lo que más me arrojo a la aventura del mundo fue haber despertado en el purgatorio. No lo acepte…. Esa perdida no me hizo un rufián, un nefasto estafador…. Viví en las ideas para escapar a la fragancia de esos labios rosaditos, y esa figura cálida donde moría vivo….Cada vez que ella aparecía entre renglones reforzaba mis devociones a los pensamientos. Su dulzura desapareció, sus imágenes se volvieron iconos poéticos, altares políticos…. El golpe a lo que sentía me hizo correr toda una década en ideales en los que no creía…. No me corrompí…. No renuncie a mis sueños siendo un negociante impersonal de lo vivo, sino que respete lo sagrado, y lo que se atrevía a ser libre… Defendí lo que aportaba y era coherente, pero me olvidaba que era hombre, a pesar que creaba valores para los que vivían en la orfandad. Huérfano, apátrida, errante cada idea original era lo mismo que embriagarme o quedar varado entre amaneceres perfumados de fluidos y sudores… Amenazaba, y cuidaba lo honesto, a mis amigos, en base al miedo, y a lecciones de agresión, cuando había hipocresía y menosprecio a lo vivo, al inocente. No había orgullo en ello, ni cambio, era sólo un porrito que me permitía escabullirme de los castillos celestiales alimentados con las oscuridades y crímenes de un orate avergonzado, y lleno de cicatrices de guerra.

La fuerza de escapar a Angie (Mi mandrágora)…. La gitana del Callao, de mis 19 años, me hizo un volcán lleno de ira, y a la vez de una pasión por romper los escritos donde hablaba del mundo, pero donde en realidad testimoniaba cada uno de sus sonidos, y recorridos remotos perdidos… La historia de mis ensayos ha sido un acto de redención poética, un canto de curación que ha servido para que algunos amigos no se mueran y yo tenga que reiniciar mi camino…. Aunque a veces era la mentira andando, la torpeza como camuflaje, no se como sucedía, pero me transportaba a no lugares y cloacas donde no tenía límites, y todo era un experimento de miasmas y delicias… Entendí que la vida no se hallaba en las formas, sino en lo que se podía crear en sitios apartados con personas y mujeres sedientas….

La seducción era la mayor teoría. No había algo interno, sólo el secreto de que la vergüenza y lo prohibido nos deshacía de emoción… solo éramos pieles estresadas escondidas en la decencia de lo ejecutivo, que tristeza! Pensar y vivir se hayan en enamorar y dejarte enamorar, lejos de eso estamos divididos. Estaba desconectado, pero a la vez estaba conectado con extrañas a las que amaba pero no conocía; conocer no es algo hablado realmente, es sobre todo aire y magnetismos envueltos, no hay formas solo cuerpos….

Al perderla perdí su perfume… Fui deshonesto lo se. Toda mi silenciosa huida a la idea fue un modo de sacarme su sangre de mis huesos, y al vez un modo de recuperar el camino a su esencia extraviada. Era especial. Al besarla, me sentía en las selvas, y en la mansedumbre de un remoto mar…. Jugábamos como dos niños libertinos, y supe que era ser Dios, y loco a la vez. Aunque en cada beso ponía países y rebeliones, se fue porque yo no me conocía…. Lo entendí, y empecé a viajar, de mil maneras, en cuerpos, pergaminos y suburbios hediondos…. Me envolví de una gran soberbia y de un consuelo de osamentas traviesas… Al olvidarla, me desarraigaba de las cosas, y alcanzaba cierta habilidad para sentir el todo… Pensar en mi es una forma de entrenarme para volver al mito de esos niños reílones y enmarañados. En ese camino descubrí remedios y secretos, elixires y vetas ardientes… Al ser especial no volví a sentir ese aroma febril… Lo busque, y me acorace para dominar la tierra sólo por ella… La gloria, y lo que busco es un acto de redención con mi tierra pero a la vez un modo de que su fuerza reaparezca…había ira, dolor, y poder, pero mi corazón sigue intacto. Entendí que se esfumo porque el dinero, el poder y el terror, que no tenía me llenaron de sumisión, me vulneraron…. Completar el círculo es un modo de reencantar las cosas, de que los sentidos se vuelvan a hallar con honradez…. La misión es que el mito vuelva para que su sonrisa y sus sedimentos sanguíneos me reconcilien. Seducir al mundo es el modo de volverla a ver.

Al viajar y recorrer estas tierras cargadas de un magma oculto me preparo para esa explosión cósmica…Ser un errante, un viajante, un forastero es acrecentar mi conciencia, mis sentidos, y mover el todo. En estas selvas indomables me he liberado de mis torpes seguridades, y he amado el secreto de que todo debe ser evidente…. Lo privado es una mentira, hay que volver a la desnudez, y sólo el cuerpo no estigmatizado puede hacerlo. Y saben acá en las chacras y en chubascos desquiciados se perciben otros olores y sabores curiosos. No hay cosificación, sino afecto y soltura… El no miedo a lo que se desea hace que te vuelvas una planta que emana amor y una atracción indefinible. No hay límites. La insolencia esta en interpretar al sexo como abuso y aprovechamiento del otro. El coito es amor cuando amor y erotismo es lo mismo, cuando la posesión sin vergüenza genera una paz honda y pura… Sino todo se vuelve pornográfico y miedo a lo que ama. Ambos desean, y no hay enfermedad en admitirlo. Pensar lo que se ama es racializar la vida…. Si nos damos cuenta seducir no es algo visible es mera naturaleza de impulsos y emociones, es fuerza y juego, es volar al aire libre, y no saber lo que es el pudor….Lo interno debe morir.

Entendí esto con varias historias personales…. Hace años estaba en Ica… hacía un trabajito para una empresa y me hospedaba en un hotel de la ciudad. La insistencia de estar en ese hotel era que reconocí a la recepcionista… Se llamaba Ruth. Me había atendido antes en un restaurant de Nazca, y me gustaba su amiga Susana…. Le aborde en la recepción pues pensaba preguntar por su amiga de los licores traviesos… me contó a secas, con dureza que estaba casada y lejos de ahí. Baje la cabeza, y sentí su incomodidad. La saque, y me disculpe y enseguida capte esos ojos como dos lagunas turbias y dulces…. “Cuide esos manantiales, retornare…”…

Me hospede en la noche. Desayunaba en la mañana y al ingresar ella en su turno de las 9 am su geología de curvas y de melodías azabache me estremecieron… “tenia que ser mía…” Le insistí para salir, seguro y corto en mis expresiones…. Había como que vigilancia para esa belleza morocha… Le compraba alguna chuchería, preguntaba y jugaba con mis gestos… Era inaccesible, y no había que ser directo. Cuando alguna seña aparecía ingresaba un halago o comentario astuto, y le atrapaba en silencios llenos de miradas, y mi palma que acariciaba su cabello, para espantar algún mosquito vagabundo. “Perdone estoy orate y me han dicho que sus guiños curan el estrés, y que sus labios el cáncer, sálveme y nos casamos”…. Abrió sus ojos, y sonrió levemente, y para no cargosear me esfumaba…. Trabajaba todo el día y le mandaba misios poéticos y atrevidos…. Era terca…. Lo que me gano su voluntad fue la curiosidad de hacerme el mudo y hablarle con cartulinas, y caritas mal dibujadas. Una fotito de esas lagunas negras me alegraban el día….

Salimos para la vendimia… Era modelo de las uvas, tenia 18 años y era de Chincha… Le gustaba la salsa y leer novelas. Me cerciore que cuando hablaba en esa noche era una mujer a la que le restaba un gran camino por la vida. A pesar de sus arrebatos de juego y de bailes en medio de la calle, era una muchacha que tenía carácter, fuerza y de objetivos definidos… Andaba a medias, y sonreía lo justo, pero con personalidad y dulzura….Solo las impresiones degüellan a estas vacas sagradas y bellas, pensé…. Mientras la plaza se agolpaba de vinos y acholados, murmullos y sonidos inconciliables, aromas y petardeos…. La miraba y se ponía hermosa…. Me conecte con ella cuando el sopor del pisco, me dio el salvoconducto a su cabello y a sus resonancias internas… Su aroma era cafecito, sus ojos irradiaban los colores eternos del medio y su fuerza era análoga a lo que el licor me hacía decir… En cada verso yo moría en el sueño de matar al lenguaje, pero ella también se abandonaba a mis emboscadas de roces y palabras…. “¿sabes para que existe todo esto del mundo, de las ciudades, sus riquezas, edificios, ropas y funciones?” “No atrevido…”• – Para decir sin hablar cuanto las amamos y no las entendemos, que mayor estuche de joyas que conectarse con esta mano de almaceneros y esta manita de sopita seca, ve huele rico”…. “Loco, jajajajaja” se estremeció y oculto la mirada mientras nuestros aires se mezclaban… Un piquito osado siguió a una bachata del grupo “aventura” que me hizo sentir cada sinfonía brutal de su cuerpo…. En un momento en que le daba vueltas y “sácala a bailar y apriétala, hay apriétala…” le ordene tibiamente que me besara un dolorcito en un cuello… Su boca de ciruelas derritió la mía….

Estábamos ebrios… Hervía en quitarle la ropa y hacerla volar, pero tenía que tolerar esa falta de respeto… tenia que estar sobria, pensé…. La lleve en moto taxi hasta su casita, mientras ella se nutria de mis brazos y me besaba como a un peluche malcriado…. Retorne a mi hospedaje, como un guerrillero con el oasis aún no sitiado e invadido…. En la mañana le vi en recepción… Estaba esquiva y seria…. Se molestó ¿porque no le lleve al concierto o es que ya me mando a comprar pan? Me pregunte… no le cargosié. Se que era de carácter…. Me volví a mi cuarto a bañarme…. El chorro me empapaba cuando un sonido se escurrió en la estancia principal… Salí medio desnudo y estaba Ruth con una bandeja y mi desayuno…. “Sorry Joven, solo dejo esto y me voy” se sonrojo y su cabello perfumado me volvió creativo…. “No te preocupes Ruth, hay algo en el baño que deben componer, mira…” se fue a ver, y me eché en la cama me despoje de la toalla, y mi demonio sísmico cobró vida… Salió Ruth y se avergonzó al verme desnudo, y a la vez el deseo se apoderó de ella… “Cúrame estoy loco Ruth…”….- “Eres es un maldito no vales nada” cerró la puerta y se abalanzó sobre los caramelos… su cuerpo lleno de un sabor cada vez más penetrante y saladito, me aceleró la sangre….Sus dunas sagradas, y sus jardines secretos me corrompieron el alma… Mientras los sonidos y los idiomas remotos me quemaban confirmé que era una mujer a la que nunca olvidaría. Sudamos, y recorrí cada espacio de ese cuarto con sus flamas… Su mirada y sus labios entraban en mí, su cabello me volvía ciego… Esa energía que había percibido en su forma de ser, cobró un olor embrujado y denso al estar en ella…. En la oscuridad todos somos iguales… solo hay que ser niño y león ala vez….Recrear el mundo es aun acto de seducción completa… Estuve con ella cinco horas, ebrio, con vinos consumidos y las extremidades revueltas… “Esos montes de Diosa… Ruth…. Mi hada de las uvas”. Una mirada larga y sin lenguaje penetró en mi rostro… Tuve una duda… ¿Ella era el ingrediente secreto?… Nos bañamos desnudos, y gran rato nos contemplamos como cristales vivos… Ese diamante iqueño de 18 años me remecería el viento por varios meses.

Seguí trabajando por varios lugares. Regresaba a Ica cada vez que el tiempo lo requería…. Los encuentros eran fuego, y decantaban en exhibiciones de miradas y contemplaciones devotas. En su cuerpo cálido, y en esos ojos astutos me sentí envuelto en el origen… Ruth era esa mujer que te conmovía por la fuerza que expedían sus formas canelitas, por la droga meliflua que segregaba su piel en la oscuridad de habitaciones donde ruidos y competencias de alaridos, nos devolvían el derecho a ser animales ingenuos. Esas camas gritonas jamás las olvidaría…. El trabajo me alejó de ella, y eso no lo perdona nadie cuando hay que hacer el esfuerzo de estar juntos…. Regresé luego de varios meses en la jungla, y la note apartada de todo… Tenía ahora una pareja con la que convivía y que era dueño del Hotel… La entendí pero igual no respete. Ella se negó tajantemente. Ni preguntas ni respuestas, los celos se apoderaron de mi corazón. Igual me hospede en ese hotel y me sentaba cerca a la recepción para dinamitarla con mi hervor e indiferencia….

Ella era inexpugnable y dura… Sabía que algo nos unía, pero los antecedentes de la realidad también juegan en las decisiones. La bombardié con mensajes y conversaciones indirectas sólo para atraer su atención. Una mañana mientras parlaba como un loro babilónico, una pareja de gringos bajo de las habitaciones… Katherine me deslumbro, con esa melena de bucles dorados, y esa presencia de escaparate que atrapaba la estancia. No me miró, pues son como gente que no se altera, ni se inmuta. Indagaba en esa lengua mascada de inglés cómo llegar a la Huacachina… Me adelanté con gruñidos de datero y le oriente que la moto-taxi les cobraba 4 soles… “No le pague más dama…. Son abusivos, cóbrame como peruana dígale, diviértase” Una mirada con el iris encimando eso ojos celestes duro como 15 segundos, solo sonrío…. Su desgarbado gringo indiferente y Ruth la tetera ardiendo completaban el paisaje de insolencias… Me fui a chambear por el campo todo el día… Al regresar me tope con la gringa, rodeada de mochilas a punto de irse… Esos ojos de luciérnaga se condensaron en cordialidad instintiva por primera vez… No le volvería a ver, así que le desié suerte mientras le despedí con un beso interminable en el cachete muy cerca de su oído, “regrese cuando lo disponga, hay un turismo que no se puede fotografiar”
Eran como las seis de la tarde. A punto de anochecer hice mis reportes y estados de cuenta, y baje a comer alguito. Ruth me atendió risueña, pero distante… Su aroma me seguía atrayendo, pero la huella de la gringa me ventilaba un poco. Aburrido salí a jironear un rato, pensando en como limpiarme de este día de sobrevivencia y de tareas deshonrosas… La noche era fresca e iluminada. Las hormigas serias del día, eran ahora zancudos danzantes y ebrios de aventuras. Cuando ya el hastío me turbaba, y estaba decidiendo refrescarme un poco, la vi sentada en plena plaza de armas entretenida tomando fotos. No se percató de mi, y yo si…. Le salude con sorpresa y un rubor muy humano se dibujó en su sonrisa de halcón, mientras le mandaba un besote, un saludo nocturno… Me senté a su lado y conversamos de mil cosas exóticas y de lugares enigmáticos. Su interés era viajar y probar lo diferente, era algo hermética y entregada a su incisivo interés de visitar y de aprender de lo subdesarrollado. Un máximo respeto y gentileza emanaba de su interés por estar ahí… Sabía que si le proponía algo repentino pasaba algo. Pero yo quería conocerla y no ser solo una revista parlante, o un paisaje más que visitar… Su frialdad me hizo perder por un rato los ánimos de volverme un escritor audaz en esa piel blanquita, y brillante. De pronto nos cruzamos para caminar un rato y la piel de su brazo tembló cuando le roce de casualidad… Me cerciore que son ópticos, y que su fuerza es solo aparente, y exterior… El juego de lo que no se ve y de los humores la volvió un escualo de acuario. Sus bucles rubios, y esa piel de gansa empezaron a enrojecerse cuando apretaba el acelerador de excusas y juegos de muertito sólo para rozarla y tomarle fotos… Una energía muy perfumada y a la vez infantil me alborotaron las venas… Su belleza épica me acumuló las ganas de viajar un rato, de saborear la piel del país mas fuerte del planeta, y saber en que consiste su dominio…

Me engatuse con la obsesión, de secuestrarla en mis estancias nocturnas, y lo que era sólo tonalidades formales de TV, se tornó en sofismas, y juegos capciosos para derrumbar ese tempano que sonreía, y que curiosamente me quemaba hasta los huesos…. Mis sonidos declamaron el comentario de que la mano hay que leerla… sofismas y celadas que atrajeron una emoción de estímulos en su rostro, mientras tocaba sus deditos de bombones… “Pero la oreja y el cuello también se pueden leer, pero no con los ojos, sino con la boca, como una requisa para detectar agentes sospechosos…” “así Ron… como así…. No se” Le bese, por aquí y por allá, y a cada catadura de esa piel inventaba historias sobre el futuro, y psicologías inexistentes… “Eres un agente de la CIA… te tengo que hacer una inspección, esta detenida”…. Su embajada supervigilada por funciones se hizo mantequilla. En mis aposentos tercer mundistas la requisa y las torturas de hechicero en busca de algo sospechoso culminaron en caricias y en hurgamientos desembozados… Ella empezó a buscar, a los Incas y a la yacumama… Yo encontré a Hollywood en profundidades rosadas…

El fuego del exterior siguió siendo una refrigeradora: quería hacerlo todo como un libro y no sabía hacer nada…. El deseo era mutuo, pero era sin afecto solo turismo sexual carente de aromas y de sonidos anti-gravedad… Éramos cosas el uno para el otro….Su pasividad de pensar lo rico me sobresaltó y le di lo que buscaba sólo violencia cosificadora: sus sonidos y respiraciones agitadas eran dominio e insolencia… Su superioridad era inmadurez de los sentidos, vacuidad en lo intenso; le hice de todo y la llene de descargas y de sabores que no podía fotografiar… “Su raza no sabe hacer el amor, espero que no todos, pensó este simio…” No puedes pensar el coito, es un atentado a la creación… Esos gringos son sólo pantalla de TV, no saben usar sus lenguajes secretos… en esa habitación donde antes sentí varias veces el origen, esa gringa era sólo un trofeo de macho… De ellos nació esa torpe idea de que el cuerpo es un objeto de uso y de placer, nunca alcanzarán lo sagrado pues quieren verlo y fotografiarlo… El sabor es un acto de acabar con la palabra, movimiento y baile puro y atrevido…Su música acaba en la ciencia de reaprender hacerlo… Nunca más vi comedias románticas, sólo simulaciones de algo que no tienen…

Quise volver con Ruth. Ella sabía todo y sabe lo que vale… La gringa se fue a seguir de turista, buscan algo que necesitan urgentemente, pero que quieren comprar, como una estampita…En esos días entendí que debía seguir buscando el ingrediente secreto…. Y que la fuerza no reside en lo que tienes y adquieres sino en como cautivas y envuelves. Mi aire debía incrementarse, errante hasta que mi gitana renaciera… Cada tierra pare una diosa y cazadores… Los sentidos deben ampliarse ahí esta el remedio a la ignorancia de razonarlo todo. Sino amas hasta los huesos, siempre serás una cosa, algo que irrespetar, algo que se compara y queda hambriento… Cuando amas no hay ninguna razón, solo te atrapa una enjundia que no se puede nombrar…. En mis selvas el libertinaje como pureza, como afirmación del cuerpo es el camino al acrecentamiento del ser… El mundo de las ciudades esta parado de cabeza… El cine nos quita y nos banaliza lo esencial; nunca podrán filmar el espectro de lo mítico.

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Lo que se ama no se ve

by on Jun.22, 2014, under Sin categoría

Ronald Jesús Torres Bringas

No sabía andar sin linterna. Mientras me internaba en las matas y en los recovecos de la selva, para orinar o tener que jalar algún fruto o planta para tomar, me sobrecogía un miedo visceral. Veía, si es que esa es la palabra como las sombras y las figuras innombrables se escurrían en la oscuridad. En una tierra de Dioses y hombres conviviendo, mi cuerpo debilitado por la razón y la vergüenza de sobrevivir en las ciudades, sentía los sueños, y la realidad nebulezca, acorazada por miles de sensaciones y peligros que respiraban en mi nuca. Lo bello y lo extraño son lo mismo, cuando no se es más que un forastero enfermo de seguridad. En esas noches la contingencia de que la muerte llegara, así como la impresión de que naufragaba en un paraje de nuevas riquezas y dominios, me hicieron poco a poco, envolverme con la naturaleza, y conversar a gusto con ella. Lo que se piensa es temor, es algo chato, ahí cercado por miles de mosquitos, y el acoso de fieras y sombras empecé a escapar a mi indumentaria de higiene, y me deje llevar por el origen de lo que permanece y vuelve a nacer. El perfume de algo salvaje, de algo que se transmite como energías descomunales me reinventaron, me dan fuerza.

Lo espiritual y lo instintivo son lo mismo. Lo que es caliente no procede de la astucia sino del juego y del amor sincero. Lo que arde sólo es sinceridad y osadía inocente. Cuando algo te atrae, no hay cortejo ni formas, lo tomas y lo embrujas. En la selva, no hay leyes para lo distinto, uno se quema porque los cuerpos piensan y no se esconden. Lo que no tiene vergüenza posee salud, y fuerza para enloquecer. Solo hay que tener confianza para ser, lo demás aunque reticencias y simulaciones es un juego que va atrapando a la piel, y que culmina en los infiernos. Aquí en la selva entendí esta idea esquizoide, esta propiedad natural

Una noche me quede sin amigos en mi chozita. La familia que me acogió gentilmente en Yarinacocha tenía un cumpleaños en las cercanías del puerto de Pucallpa, y me habían dejado al cuidado del terruño. Solito con mi linterna, mi perro viejo Lucas, y los gatos endiablados que jugaban a mi alrededor, me fui quedando en penumbras. Las personas volvían de los ríos y de las chacras y se escabullían en la oscuridad entre los matorrales hablando ese dialecto juguetón y amable de los shipibos. A pesar que me había puesto repelente los zancudos y los mosquitos gigantes me tenían como menú preferido. Los sapos enormes paseaban, y entre los suburbios, se sentía algún gruñido o se deslizaba alguna estimada tarántula o serpiente.

Por mi seguridad me refugie en la chozita que no estaba mal equipada. Por esas cosas del destino esa noche agarró la TV, y me puse a ver Esto es guerra y luego ALFHS. Mientras me había bañado en las sombras y me fume un mapacho para las malas energías. Me senté en la estancia en las cercanías de mi mosquitero y me puse a ver algo de Lima TV. Al sentirse el sonido en la ventana de la chozita se presentaron dos sirenas: Helly y Shirley. Eran dos jóvenes traviesas que deambulaban todo el tiempo por el lugar, muy curiosas y con ganas de quitarse la ropa. Se treparon a la ventana, y me saludaron con timidez, soltaron su cabello y mi boca se abrió de improviso… les hablé con cierto respeto, y cada cierto tiempo, en los comerciales las empecé a conocer. Me atreví a saber de ellas les sonreí y les converse con cariño….

Eran hijas de un ex militar vecino, y que no estaban con marido y que les gustaba bailar y divertirse. Eran unas niñas, pero su aroma era misterioso y encantador. Aunque se que no comprendían mis palabras, pero si mis indicios corporales de locura, mis halagos de la selva me ganaron su sonrisa, y su lenguaje a susurros, y esos ojos primigenios me permitieron jugar con las fotos. Se que tenían vergüenza, pero su interés no reside en las palabras ni en lo que se ve. Sino en la atracción directa y en lo nuevo…. Les invite a pasar a la estancia para que vean mejor la Tv, además tenía meloooo, y ellas eran mis jaguares… Lo pensaron, si es que esa la expresión, insistí y se precipitaron a mi lado…. Un aire denso se apodero del lugar.

Mientras las olía, y me tropezaba para estar cerca de ellas, mis versos de curandero y mis arrebatos de colegial me permitieron bailar con ellas, y abrazarlas mientras afirmaba que todo lo que tocaba era de mentiras y que era muy sospechoso que fueran tan bellas. Requería más pruebas, mas evidencia, les reclamaba. Me dejaron tomar fotos mientras les besaba como prueba de científico, y lentamente los alientos se mezclaron y se aceleraron. La sugerencia de quedar en silencio y de que se fuera la luz eléctrica, de improviso, dotaron a mis investigaciones de más pruebas: “lo esencial es invisible a los ojos”. Tomamos unos siete sabores, y fumamos unos mapachos mientras las risas remotas se acallaban en búsquedas y allanamientos osados…. Su intuición infernal de saber de anatomía en la oscuridad, y ese riesgo de que lo intenso es eliminar lo seguro y todo orden consciente me permitieron sentir que lo más delicioso y a la vez inocente sólo reside en amar con todo lo que se lleva dentro… Su piel febril me comunico una gentil necesidad de hurgarlas y remecerlas, mientras sus sonidos y temblores de shipibas, y ese aroma raro pero deletéreo de sus cuerpos me secuestraba. Fue tan intenso y a la vez natural que pase bastante tiempo con ellas, mientras abrazados me quedé con un sopor inevitable. En sueños una luz dorada y un aire lejano se apartaron de mi ser. La oscuridad es una forma de vida. Sobrevivir es una linterna muy paupérrima…

Me desperté al otro día y no estaban. Me bañe, y me comí mi pescado y bellaco mañanero. Llegaron mis anfitriones.. y en secreto le narré lo acontecido a mi amigo D….. Y me dijo que no existían en la comunidad tales muchachas, tales vecinas…. Y de inmediato me preguntó si me había acercado a la quebrada y había visto algún bufeo. Recordé que unos dos días antes si había visto dos rosaditos, mientras chapoteaba en la orilla….. “te han venido a buscar las sirenas… Algo te han querido decir… que loco” dijo D… De inmediato me cercioré de que perdí el miedo….. Me habían enseñado a ver en la oscuridad,,,, solos somos plantas descarriadas, pensé…

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El sujeto y la máscara. Hipocresía y cultura en el mundo contemporáneo.

by on Jun.15, 2014, under Sin categoría

Ronald Jesús Torres Bringas.
ronsubalterno@gmail.com

Una perdida del origen.

Es irrelevante preguntarse sobre las consecuencias negativas de la mentira y el cinismo en el mundo actual. Lo valido es cerciorarse como se originó esta manía espiritual en el mundo moderno, y como de cierto modo imperceptible los grandes sistemas de conocimiento, y sus aplicaciones prácticas en la realidad social y material, no son formas categoriales y juiciosas de acercarse a los subsuelos de la verdad. La premisa de la que se parte es que no hay nada que subyazca en realidad a las grandes ilusiones, sino que el sentido del que parte la acción social, es ya por si misma una lectura aproximada, una interpretación sesgada del movimiento objetivo de la realidad inmediata. Cuando se nombra objetividad se quiere mencionar algo probado, y que resulta existente para los ojos. La razón en ese sentido, es un arma para brindarles seguridad a las personas, un gobierno de control y de orientación, que persigue estructuras más o menos regulares en el mundo para cobijar la reproducción de la vida social, y permitir la supervivencia de una civilización signada por el miedo, y las ansías de poder.

La búsqueda de la verdad ha descansado en el interés perpetuo de vencer el miedo a lo incomprensible, a aquello que se teme pero se siente atraído. Cuando un mundo sagrado se hace trizas, o se percibe que en él las orientaciones rituales naturales se deshacen, la inteligencia sacerdotal busca nuevos fundamentos y crea la ilusión de que el caos de impresiones y discursos es perverso y muy peligroso para la conservación de la especie. Hablar de verdad es ya por sí mismo el interés de dominar y modificar la realidad en base a ciertos presupuestos, es un modo de negar la transparencia de los sentidos y de los desnudamientos cuando estos son señalados con envidia. Conocer ha sido un atentado en contra del espíritu, cuando las reglas de la indagación tuvieron que hacer de lo cercano y lejano cosas inanimadas sometidas a la auscultación, mutilación y alteraciones irracionales. El lenguaje, y las formas más sofisticadas de teorización son preocupaciones obsesivas por someter la plasticidad de las cosas vivientes, perdiéndose el acceso claro a su naturaleza. Hablar de verdad, y de conocimiento es ya un acto de sometimiento a lo distinto, a lo que no se entiende, más que una iluminación a las regularidades que el mundo expresa, pero que ha profundidades de mayor complejidad no existen. En ese sentido nombrar por semejanza es un acto de seguridad frente a lo que resulta misterioso, y la vez una forma de imposición homogénea que empobrece y que define un mundo que cambia, y que no se percibe como tal.

De ahí que la develación de lo oculto, de lo que no se constata este obstruida por un lenguaje inapropiado y que se comporta como mecanismo cultural de dominación. Las ilusiones y las mentiras de las que parte la certidumbre de lo real, no son sólo como piensan los maestros de la ideología artefactos que esconden la dominación de clase. Son estados de ánimos reactivos, falta de honestidad por aquello que no se entiende, se aborrece y se desea. Ocultar una gran verdad parte del sentimiento de no soportar la responsabilidad de querer mejorar. Donde pesa la obligación de expresarse con vigor y desenfreno, se provoca una fuerza negativa que hace del orden social, y las relaciones artificiales de poder formas convencionales de esconder la negativa a vivir, y el miedo horrendo a que otros lo hagan. Justificar la pobreza de la vivencia se representa con la moralidad de denunciar lo distinto y de lo que se atreve a la creación.
Pensar es entonces un acto arbitrario de identificar las cosas que nos rodean con un proyecto hegemónico de poder, con una conciencia y un estado de ánimo aterrorizado. Pensar es un poder de conocer que somete la pluralidad de lo real de modo superficial y heterónomo, y que no le importa respetar las emociones que emana de aquello a lo que no se escucha, y no se entiende. Ahí donde hay más poder de modelación sobre la realidad, hay mayor impotencia y anarquía. Conocer y guiarse con ese conocimiento es un acto de ceguera, una desviación y alejamiento del corazón de las cosas vivientes a las que no se escucha sus gritos de desesperación. Cuanto más se conoce más se prevalece pero menos se ama lo que se rodea. La razón sostenida sobre evidencias que se repiten y que evaden el desgobierno, es como una linterna queriendo alumbrar el cielo de la noche negra, y persistir con obstinación en esa miseria. Desde que se abandonó erróneamente lo sagrado, el poder del saber conceptual ha descansado sobre el reordenamiento neurótico de una realidad que no posee ninguna lógica, y de la cual no se deriva ninguna regulación técnica, sólo dominio y mayor anarquía y enfermedad.

La oralidad y los conceptos.

Pensar y actuar sobre la realidad eran parte de una misma sensación, y actividad sobre el medio circundante. No había ese principio determinante de causalidad en el examen de las cosas vivientes que rodeaban el mundo del hombre. Antes que buscar regularidades provenientes de un pensamiento identificante, se actuaba por corazonadas, por vinculación instintiva con el medio, y la tierra a la que se pedía consejo. Las culturas y pueblos accedían al saber por medio de las recreación permanente y religiosa de sus mitos originarios y de consagración afectiva sobre la naturaleza y sus misterios amigables. No pensaban lo que hacían, sino que cada acción práctica era una contingencia creativa integrada al paso cíclico y eterno de las cosas. Y la resolución de un problema o la acción ejercida sobre el medio era una extensión intuitiva de los flujos y energías que el cuerpo concebía en relación a la naturaleza. Antes que explicar se ejercía una especie de intuición musical de las cosas vivientes que rodeaban a las poblaciones, y toda la supervivencia de las culturas dependía de que tanto escucharan y se conectaban emocionalmente con el medio al que no se entendía en términos de espacio y tiempo.
Ahí donde hay afirmación de la vida, donde hay contacto emocional y festivo con la tierra el pensamiento que actúa sobre la realidad es un campo de redes interminables y sensoriales de información inconsciente, donde el sujeto se sumerge, y en su defecto hace de los grandes peligros de la vida un tema susceptible de contingencia a la que se resta importancia. Cantarle a las cosas y desarrollar por acumulación de conexiones vitales una memoria interminable de los orígenes sagrados y de los saberes ancestrales de los pueblos, conduce a un saber que se comporta como música, y es más que sensaciones empíricas, sino un holismo de imágenes infinitas que se transmite de modo oral. Ahí donde no hay nada que subyazca, no hay necesidad de no actuar con sinceridad y alegría. Un estado de ánimo en el que se ve el espíritu en la piel y en el rostro sólo puede producir un saber como acto de recreación orgánica, como un registro inconsciente de felicidad y de que las personas son genuinas y ven con todos los sentidos de modo integral.

La descomposición de estas sensibilidades religiosas fue interpretada como un acto de confusión cósmica, como un derrumbe peligroso de las redes emocionales y los universos afectivos que las culturas habían construido. El colapso de este espíritu terreno al que se llamo mana, y en el que las impresiones fácticas de la realidad posterior como espacio, y tiempo no caben, no fue precisamente un colapso. Sentimientos inferiores que habían quedado rezagados en estas emanaciones exteriores de energía percibieron que el caos abrumador que se intensificaba no era armónico, sino una amenaza para la supervivencia de lo sagrado. Ahí donde la mutación del mana se volvía poder creativo, la repetición de la memoria oral se interrumpe, y se cae en la necesidad de corregir a la sagrada tradición del origen. Esa interferencia se ejecutó como un reordenamiento político del espíritu. Lo estético como experiencia divina se sintió como inicio de la muerte, para los inhibidos, para los débiles.

Ahí donde había necesidad de poseer y sentir amor, los que sintieron la finitud del alma, abandonaron el saber de los sentidos, y abrazaron torpemente la seguridad de los conceptos, y del poder del verbo. El poder de la verdad, y su forma fáctica de conjurar aquello que no se poseía y se deseaba, a lo que se temía y a lo que se aborrecía, fue llamado filosofía, ciencia, política, la ciencia de los que interpretaron la lucha festiva y ritual de los cuerpos como un acto de injusticia y de violencia pura. La búsqueda y administración del amor hacía las cosas se convirtió en negocio de especialistas y magistrados. Amor fue identificado con mesura y equilibrio. El poder es un acto de impotencia inmanente que nos alejó de lo sagrado. La envidia hacia la vida que no se tiene, se convirtió en contrato, y en normas comunes. Ahí solo podía residir la decadencia del todo, y la muerte de la trascendencia a través de la piel que se atrevía a todo.
La gripe del cuerpo natural se convirtió en un acto de desarraigo colectivo, un cáncer interminable. La salida accidentada de los sentidos, de la inocencia inmortal depositó la seguridad de la vida en el conjuramento represivo del lenguaje. Las imágenes que se presentaban como dimensiones envolventes de una piel que recibía sin detenerse las impresiones amigables de las cosas vivientes a su alrededor se trocaron por un acto de control obsesivo en metódica, disciplina y registro organizado de datos de la realidad. El concepto hizo de las imágenes, destellos visibles probados y lógicos de una existencia que pensaba su exterior. Eso incremento el control e influencia sobre los cuerpos, pero detuvo el diálogo con dimensiones plurales y sagradas de la vida en las que el hombre es una especie de unificador natural. El poder no es un acto de seducción, sino coacción por intermedio del dinero, el terror, y la adicción. Nombrar se volvió un acto violento de usurpación y de asemejamiento político de los seres vivientes a su nueva clasificación funcional de cosas e insumos materiales. Conocer y hablar se volvió una disciplina de irrespetuosidad ante los seres vivientes, vistos como materia y recursos para una humanidad que se restregó en su poder, como su impotencia ante la falta de sentimientos. Representar lo que se sentía en medio de palabras fue una primera forma de negarse a si mismo, y volverse ciego en la objetividad ante las dimensiones y planos de conciencia múltiples que se desvanecieron por puro orgullo, como por puro miedo y terror a la vida intensa.

Pero el lenguaje fue una manera de conjurar la realidad, de brindarse seguridad ante una atmósfera desolada y amenazante. Pero a la vez los sonidos fueron formas aún plásticas y creativas de jugar con una naturaleza aún rebelde y jugosa. En la medida que las culturas eran redes de energía envolventes y locuaces, cada representación de la realidad, que se dividía y empezaba a verse como espacio de relaciones infinitas eran ya entidades vivientes que morirían en los escritos y registros de cronistas, pero aún eran símbolos vivientes que transmitían alientos y sabiduría. Hablar era un acto de juego, de carga emocional, y de unificación de criterios que aún expresaba un mundo festivo, y a la vez que entraba paulatinamente en el ruido, y en el silencio espantoso de la soberbia estatal.

El campo de relaciones en que se integraba la vida, se fue dispersando. No sólo la ceguera ante lo que se aniquilaba como innecesario para regular el caos escondió aspectos fundamentales de la vida ritual, sino que la emergencia compulsiva de formas de nombrar las cosas por miedo a perderlas hizo que la realidad se partiera en sistemas, sectores, y partes. Ante la mejor forma de organizar las cosas vivientes que se evadían del poder, la memoria musical en que recaían las formas infinitas de sentir y de ver la realidad se agotó en el olvido de lo sólo instrumental para la supervivencia. El poder de gobernar el mundo basto, lo convirtió en ámbito enfermizo de dominio y de saqueo, ante el terror de que la naturaleza desalojada regresará a recobrar su posesión estética sobre las cosas vejadas. Arruinar la vida fue una manera de sojuzgarla y de construir un nuevo espacio de protección donde guarecer la identidad ante la enfermedad que se volvió absurdamente en moral y orden político. Cada nuevo surgimiento de plasticidad creativa, de emoción excepcional ha sido sitiado como insumo para la producción, para la arquitectura de una sociedad artificial donde la muerte de la vida es ladrillos para inmunizar a los arrogantes y temerosos de su esquizofrenia ante el mundo del que fueron expulsados.

El lenguaje fue un modo de apoderarse del mundo vital al que no se conocía, sino al que se obligaba a modelarse sin escuchar su riqueza. Hablar conecta, pero también separa, almacena el talento y las creaciones que se pierden. Si hay miedo, desconfianza, y urgencia por prevalecer en una realidad que se violenta, la memoria se interioriza, y es requerible inmortalizar el saber de los pueblos y sus secretos vitales. Ya no se habla a secas, o se confía en la oralidad que se distorsiona en las personas por tener que defenderse de un espacio normado y repleto de guerra. Ante las mentiras que se vuelven dominio, acontece la necesidad de gestionar la sociedad con los secretos de la antigüedad que se olvidan. Escribir acerca de ese mundo perdido, hace del libro una fuente de inmortalidad, de búsqueda de permanencia ante el miedo a morir, y ante la inminencia del accidente inesperado del que se huye. Escribir es un acto de rebeldía, de iluminación en las malezas de los susurros y de las alteraciones de los hechos. Cuando la vida pierde su memoria, los pensadores reclaman la representación lingüística del centro extraviado como un modo de recrearlo y volver a la armonía cultural anterior en tiempos de los Estados tiranos.

El libro es una carta que conserva la fuerza de una vida legendaria, y a la vez las historias de emociones que nadie se atreve a vivir. Guiarse con el libro es un acto de educación formal, de escapar con grandeza de un mundo infestado de patrañas y tragedia. Pero a la vez es un rincón para el miedo, para el elitismo de los héroes rendidos. Soñar que lo escrito volverá vivir, o que se contribuye al crecimiento de la inteligencia con lo escrito es ya un comentario excesivo. Nadie es peligroso con leer o escribir, pues lo que se inmortaliza es ya un medio de rechazo a si mismo, de envidia de lo que si vive. Eternizar lo vivido es un modo de acabar con el, una tecnología de recursos para modificar lo que se resiste al terror. Todo lo que conocemos como técnica y disciplina de civilidad y de domesticación de lo irracional es una institucionalidad para hacer de las letras un negocio que engaña y detiene a los que se atreverían a pensar y vociferar. Ante las urgencias de las multitudes y las divisiones en las que cae la economía de sobrevivir, hallar una verdad traslúcida es un momento extraño de soledad y de grandeza. Lo que se descubre es un sistema de ideas que permite la reproducción del poder, y también su culminación, pero difícilmente la vuelta al mito. Lo escrito es creer que se ve lo que no se puede ver, un acto de secularidad y de miseria científica ante el poder de crear que se vuelve literatura o poesía de jovenzuelos atemorizados. Si la pluma no invita a la palabra que se vuelva piel, lenguaje corporal, entonces el libro es sólo ficción y arte de dominio y de ruina.

Por ello la academia es un medio de consejeros y visires que no han viajado ni vivido más allá del turismo de los libros. Su lenguaje es el sentido de corazonadas infantiles, de conceptos muy superficiales. Registrar lo nuevo con los ojos de la objetividad es hallar lo que se necesita para la producción. Datos acumulados a través del tiempo son formas hidalgas de conservar lo excepcional, pero a la vez advertencias ocultas para que nadie se atreva a volver unir a las personas. Los consensos frente a los que los investigadores rinden sus descubrimientos, son formas de contener el nacimiento de nuevas sensibilidades hechas ideología, y a la vez espacios para vigilar lo nuevo. Cuando alguien piensa el mundo que rodea con la materia escrita de lo actual, sin sentir eso que esta afuera, entonces cae en repetir lo dicho, de nombrar lo nuevo con las categorías de lo viejo, de simular lo que no se intuye. Cuando se requiere que la vida reflorezca la idea de los especialistas puede ser una forma de estigmatizarla para que no alcance la forma de organización o de proclama. Hoy dolientemente eso que es el magma de lo nuevo, no tiene forma escrita de cambio de realización social, sólo es celebrada como ornamentos para repintar la hipocresía del poder. Pero lo escrito no trasciende hoy, su verdad aún contiene la amenaza de que los dioses retornen, por eso el habla sincera y feraz es devorada por la imagen, la publicidad y la selva de la electrónica. El ojo hoy esta esclavizado, y sólo se enfoca en flash electrizantes, no tiene tiempo para escapar a su soberbia miseria, pues aligera el dolor con la desinformación, y la ingesta de banalidades.

Ciencia y cultura.

La verdad sagrada no reporta seguridad. Lo escrito que sugería bienestar y seguridad para los gobernados no acapara un mundo, que se hace por el contrario, complejo, oculto, y que se desorganiza hacia la natural anarquía. Ahí donde los sistemas de protección social, los usos y costumbres de la vida social se deshacen, la sociedad se reordena en sectores sociales, con influencias y roles específico. El poder atraviesa a la sociedad, y es el laboratorio y mercado para el uso experimental de lo que la inteligencia hace con el saber heredado de la antigüedad. Ahí donde se pierde toda habilidad para entender la magia, y las transferencias de energía, se hace necesario analizar y desmontar los secretos de la naturaleza para extraer los recursos para la manutención de la sociedad y así poder conservarla del accidente. Cuanto menos se entiende lo que pasa con la vida y lo que se deja atrás tanto más se define a la vida, y a la materia viviente como meros fenómenos de investigación y de análisis. La lógica del dividir permite separar los elementos del medio ambiente, y mezclar sus propiedades de acuerdo a ciertas necesidades y criterios hegemónicos de poder. Pero es esta tarea no compatible con el regreso a la viviente olvidado hace que las miradas, y las acumulaciones de invenciones e intervenciones sobre esta realidad la desmiembren aún más. El método observa lo exterior, e ingresa al ente, no como ser, sino como entramado al que desconstruir sin saber ensamblarlo. Toda apertura es una perdida de lo mágico y energético que lo uno y lo hace vivo.

La ciencia queda impregnada por el hecho de que los saberes deben obedecer a un fin instrumental y de reproducción del poder. Cuando el interés es sólo funcional, lo que se dice, y como se interviene en la realidad impone una lectura superficial del fenómeno viviente al que se accede, y porque no una estrategia de sólo sobrepujamiento de la realidad. Actuar sobre el cascarón de los objetos, es verlos como muertos y simples, es decir se descarta capturar las realidad más compleja de la vida porque no es relevante. El pensar profundo sobre las cosas, y sus relaciones se deposita en la causalidad de lo inmediato, y se confía en que lo útil para proteger los sistemas sociales es hallar regularidades confiables. Todo lo que no se ajusta a la lógica del método, es superstición debe ser desechado. La sociedad y sus certidumbres se levantan sobre las ruinas de un mundo al que se ignora, pero que es fuerte. El conocimiento basado en el poder ofende a ese mundo natural al que no se escucha, y construye ciudades y culturas masivas sobre el acallamiento de sensibilidades a las que saquea y devora como fuente inagotable de recursos. La comodidad y la huida del dolor del trabajo se alcanza sobre modelar la naturaleza, desorganizarla, y volverla mero medio de seguridad para el hombre atemorizado.

Ese alejamiento del ser de la conciencia natural, hace que descanse su seguridad en una ceguera, en una falta de identidad originaria que crece como una locura mítica. Busca la integración de la sociedad, pero vive de desintegrarla, de desordenar todo lo que toca. La pertenencia a un medio expropiado y cercado ante el temor del horror vacui, acaba en destruir todo lazo con la tierra, en la mecanización exterior de la vida urbana, y curiosamente en la metástasis de la cultura, de la que la gente se siente avergonzado. El sentido común se levanta sobre la negación del origen, de nuestros sentidos atrofiados. El instinto de sobrevivir en un medio arrancado a lo sagrado, hace que la experiencia viva en el engaño de ocultar su desastre interno. La violencia es desalojada de un mundo policiaco, pero las inconformidades y las discordias se alojan en la idea de una psicología interior de la que la mayoría se siente orgulloso, como desperdiciado. La herencia genética de los saberes sociales, son sólo convenciones generales que permiten la convivencia, pasan como verdades a las siguientes generaciones. Una sociedad que dice cada vez menos y no vive lo que crece en la piel, extravía la riqueza social para los siguientes períodos, y se apoya con soberbia en películas muy tenues. El poder reprime para unir y mantener articulado, pero la vivencia se hace menos real, más solitaria, más miserable, pero a la vez más egocéntrica. La complejidad de lo que no se manifiesta y tiende al olvido hace que la ciencia se escape al control social, y se particularice peligrosamente, en la búsqueda de los secretos no nombrados. Investigar se vuelve una receta para recopilar y armar, sin sentir esas cosas con las que se topa la inteligencia. Se mezcla y se separa con arbitrariedad, generando más desorden e incapacidad del método para contrarrestar a la naturaleza que se vuelve viral y rebelde.

El modo como se ha buscado la salud del hombre cartesiano ha quebrado toda armonía de lo que nos rodea. La simplicidad de la sociedad ha vivido de descubrir leyes simples, que permitían un cierto orden. A medida que el medio es alterado por la ambición de la industria, y por el crecimiento de las ciudades toda se vuelve desierto, pero a la vez se pierde toda conciencia de lo que puede pasar. Cada solución a un sismo, o una epidemia causa mayor daño del que se quiere resolver. Las limitaciones de la técnica hallan su triunfo en esconder en las grandes metrópolis mecanizadas por el poder de la ciencia, la atribulada identidad de un espíritu que se vuelca en la violencia y en el desarraigo adictivo. El cinismo y la cobardía de no responsabilizarse por la enfermedad de la cultura, hace que se pierda todo control sobre la ciencia, la que es empresa de un poder arrinconado por el terror de que lo genial acontezca. La técnica y la producción viven de erosionar la sociedad a toda costa para volver las enfermedades y compulsiones en sistema de consumo. La degradación es un negocio y a la vez un medio de evitar que la naturaleza sacerdotal retorne. Todo talento es encapsulado y previo aviso incorporado. De esta forma vive de la pobreza de los ojos, y hace de su ignominia un estatus profesional. Cada vez es más cierto que los problemas de degeneración celular que ha ocasionado el tiempo de los débiles, sólo se resuelven escondiendo el veneno y enamorando con una técnica que hace del desarraigo y el sedentarismo un máximo placer de felicidad engañosa.

El olvido de sí mismo, o su remembranza en pequeños espacios privados donde se administra con desconfianza el afecto hace que la fuerza vital de una época se pierda en la privacidad de desahogos efímeros. Amar se ha vuelto una técnica, una capacidad de gobernar y de capturar, y con ello los lazos vitales dependen de lo que es el cálculo y la responsabilidad de la mesura. Lo que se ama no se controla se pierde. Lo que insiste en volver al amor, y a la pasión ámbito de dominio basa su captura en el dinero, en la coacción y en el terror. Los cuerpos son objetos deseados, pero no comprendidos. Se los ama como productos de supermercado, pero no se echa raíces, pues el miedo a descubrirse como mediocre y vació de poesía hace que el deseo descanse sobre el odio, y la violencia de un instante. Al esfumarse el amor, o no pregonarse, las personas se separan en el orgullo. Su erotismo actual, y las adicciones en que cae el ser humano para olvidar su falta de completamiento cósmico son formas menos gratificantes de amarse sin límites más allá del alardeo de un mundo frívolo.

El debilitamiento de los cuerpos ante la falta de afecto, y de una intensidad sexual natural, hace que el placer no institucionalizado, en estables relaciones sociales de afectividad y de nuevas familias, se transmita a la violencia y al control oscuro de los cuerpos, que empiezan a hallar en el maltrato una forma de existir. Lo que no se comprende, y se desea termina en fuente de manipulación. Ahí donde las personas han maduramente entendido que las personas no aman para siempre, sino en base a criterios racionales de confianza y de seguridad, el afecto se entrega cada vez menos. Se evacua por una vida descontrolada y adicta a lo nuevo, como forma de olvidar de que se quiere ser genuino. Ver a los cuerpos como objetos de placer, hace que no se entienda que somos, y que son los hombres y las mujeres. Se dice lo que se quiere escuchar, como un hechizo, pero no importa lo que se conquista. Cuando las personas han interiorizado que lo más melifluo e irónico depende de mentir, sin tener intención de quedarse, las personas ponen muchas exigencias, y los sexos se separan, entran en guerra. Hoy el medio técnico de consumo y la ciencia de la psiquiatría viven de esta separación que se ha dicho evolutiva. La promesa es juntarse, luego de inmunizarse frente a un medio despersonalizado, confiando en que el prestigio y el poder de la educación resuelvan por uno los mejores partidos.

El amor es un producto que se entrega a los que se esfuerzan, pero no sus corazones intactos. La atracción no se basa en la educación, ni en la sabiduría, es algo que debe estar libre de todo juicio. Lo estable no puede controlar y enseñar a seducir y ser seducido, es un arte que depende de que la piel cobre autonomía. Lo salvaje, y como se presenta en comportamientos es lo más estético. La pureza reclama la sordidez y que todo sea subvertido, devorado. Lo que menos es domesticado atrae la locura, pues concentra una brutalidad natural que cautiva. El orden de los roles de género sueña, con el caos originario. Educarse ha sido una forma de echar prejuicios y miedos sobre nuestros cuerpos. La seducción no posee formas ni lenguajes en su esencia real, es sólo magia del que se atreve, del alquimista que halla los ingredientes secretos. El destino es no pensar lo que se ama, sino fusionarse. Esto no se puede tecnificar, pero resulta un arte, que es la proyección de un cuerpo que piensa más que con los ojos. El poder más noble y más peligroso es saber amar en todas las regiones. Amor y erotismo no deben estar separados, ello comunica miedo, y hace pensar que las personas se aprovechan de que las amemos. Amor es poseer, sólo así se puede llagar al siguiente nivel que es contagiar la pasión social, y romper con lo privado. Lo que se posee con ferocidad no se violenta se invita a la perdición consentida, solo así el cuerpo comunica su liberación hacia el querer. El cuerpo es cuerpo sólo cuando retoza, ahí es sagrado, y se vive con todas las dimensiones de la vida. Quien se avergüenza de su cuerpo, recurre a la calumnia, y al poder, a la moral hipócrita, y por tanto no es escucha la magia de los mitos. La mayor espiritualidad del que se busca con autenticidad, del que no vive en le cálculo y en la máscara de lo social alcanza un deseo ingobernable. Lo más deseable es aquello que emana amor, no lo que sugiere astucia, eso es miseria.

La ciencia con su técnica de dominio ha arrancado a los hombres del gobierno sagrado del mundo. Por ello inconscientemente se hurgan como esclavos que no se comprenden pero se desean. Eso sólo puede hablar de un placer despotenciado en que las formas extrovertidas de darse, son formas de venganza ante el amor que no llega. Las nuevas formas de identidad sexual que proliferan viven de negar que exista el amor, y toda su confianza reside en la anarquía empobrecida de la industria del sexo. Programados en su ausencia de cariño y de afecto, el poder puede hacer de la técnica de dominio un oficio liberado de toda rendición de cuentas. Degradado en la perdida de sentido y equilibrio social, puede asegurarse que de la división violenta de la humanidad aflore un laboratorio gratuito sobre la naturaleza reproductiva del hombre y de la mujer. El ingrediente secreto que permite un control mágico de lo existente reposa en que lo excepcional sea descubierto, ante tanta banalidad orgullosa. Lo que imprime aire a lo reensamblado puede garantizar la evolución de los poderosos, a un siguiente plano de conciencia creativa. De la genialidad de los que se sienten inconformes nace toda sofisticación de la técnica de dominio, y nuevas vetas de investigación real. La ciencia quiere intuir, y pensar más que con conceptos, quiere hacer del saber pleno técnica mejorada y productiva. Pero lo distinto no obedece a procesos y métodos de control, sólo quiere incrementarse, y anegarse. Lo que es libre debe ser estigmatizado, persuadido de su locura, pero lo que concentra lo vivo se las arregla para hacerse voz, o piel. El mayo riesgo para un mundo sitiado es que lo libre haga de la seducción salvaje e espiritual una forma de remoción de las emociones bloqueadas.

Lo genial busca conectar las almas, impregnarlas de un aire, y fragancias que rompan las jerarquías, y los feudos aristocráticos. La verdadera meta de la ciencia debe ser unirnos, así como proclama indirectamente el arte sedimentado en galerías y bienales. Lo que podría redefinir nuestra actitud hacia las cosas vivientes y las personas se mantiene encerrado, o administrado como arte o ciencia de poder. Pensar científicamente es preocuparse de la reproducción de una sociedad que se ha distanciado de su reinserción en el cosmos. Los caminos de nuestra ciencia es apoderarse de las formas de racionalidad mítica que no importaban; de ese modo neutralizan su probable sublevación, y de ese modo nutren a sus desiertos industriales de nueva savia para la producción inclemente.

La ciencia no investiga lo nuevo, lo que conduce al progreso, sino que mantiene lejos del bienestar social los secretos a lo que ha accedido en los últimos tiempos. El estancamiento que vive el mundo de hoy, hace de la falta de comunicación y de cercanía, terreno para las tecnologías que nos desvían de hallarnos en el cosmos. Lo virtual es ser tragado por el olvido del cuerpo. Con esta programación la ciencia, y el sujeto moderno se aseguran de desnaturalizar lo que nos rodea, y sostener al capital que en esencia vive hoy del saqueo, y del filisteísmo financiero. La matematización de la ciencia, y el financiamiento interesado de investigaciones, campos del saber y sistemas educativos precisos, por empresas multinacionales, son expresiones de que se busca el origen de las cosas para volverlo fuente de energía. No escuchar nuevamente a la naturaleza sería no poder evadir el nihilismo en que ha ingresado, y reforzar el extrañamiento en que se vive actualmente. Un método único, y por lo tanto un sistema de gobierno único que es la democracia, acaban en el colonialismo científico y tecnológico, y no en la reapropiación de lo llegado. La vida que se rebele no sólo es una explosión cultural que inunda la realidad, debe osificarse en técnica y orden social. Pero estas no serían las palabras, pues las nuevas emociones liberadas cambiarían lo nombrado. La ciencia ya no busca la observación desinteresada, o el determinismo, ahora comprende y trata de saber que es lo que permanece vivo y nos une. Pero aún le falta la sazón, y eso sólo es algo entre la tierra, y los seres que nacen en sus fronteras. Lo nuevo no puede ser fabricado, sólo puede ser reprimido, y luego copiado.

La ciencia y el poder que la financia, han desviado la inteligencia y el amor por los secretos del universo de las grandes intenciones. No sólo se han levantado sistemas ortodoxos, y medios académicos para contener en cada tiempo colapsado el germen de lo nuevo, sino que el control de estas ideas mediocres y ruines han permitido el desperdicio de grandes amores y romances de la juventud con la tierra y todas sus riquezas. El amor por la vida, ha hecho que la injusticia haya sido desafiada con recetas y pathos ideológicos que han destruido toda sustancia de lo vital, y la promesa de cada generación, arrinconándola en el odio, y en los sentimientos de desobediencia y anarquía. La fuerza de la vida ante la ceguera del poder al que rebaten, ha caído presa de una gran decepción, desidia y de interpretaciones sesgadas del mundo que a lo único a lo que han conducido es a más represión y delincuencia. Las formas necesarias de las que parte todo sistemas de degradación y de consumo humano, han requerido la rebeldía no pensante y no sintiente para generar ofertas y consuelos adictivos. La fuerza de la domesticación sobre la libertad humana ha partido no del control conspirativo del poder, sino sobre todo de los fantasmas deshonestos e irresponsables en que se solaza el rebelde para negar el sistema. La falta de honradez para hacerse una vida de modo autentico ha generado el resentimiento como teoría del cambio social, cuando no se sabe en que usar la fuerza que nos secuestra como singularidad. El no abrirse hacia más cosas que pensar, ha hecho que el conformismo, se vuelque en retórica bohemia, y con ello en un negocio de mata-talentos. Las disciplinas y los campos académicos de los que parten estas utopías de falso progreso han sido y son formas de encubrir la real naturaleza del poder sobre las relaciones humanas, y porque no sistemas de envidia y de ira para que lo nuevo no nazca y el rostro mítico de lo genial no acontezca. Lo peligroso no puede provenir de estas interpretaciones y medios académicos, eso es absurdo. Confundir información con genio es tanto como hablar maravillas del mundo observando una postal o leer una revista de consultorio. Lo alternativo proviene de lo excepcional, y de como este sale de las sombras y del hedor más inconcebible. La liberación provendrá del exterior.

El despegue de la ciencia hacia los límites ignorados del poder, ha generado en las disciplinas asociadas a ese propósito campos del saber del desperdicio, y sistemas de productividad inservibles que permiten el desfogue de las expectativas de progreso social. Estos sistemas de conocimiento, y la información que usan han reportado el principio de realidad actual basado en la economía de servicios y en el trabajo desregulado. Su objetivo es la creación de vidas desperdiciadas, y el ocultamiento de una lógica secreta de poder y ciencia de alta tecnología que se ha liberado de todo control de la sociedad. Su espacio impensado de exploración y de experimentación son las áreas de menos regulación de la vida social, que han escapado a los rigores de la programación política, y que son los rincones de recreación que la vida haya para prevalecer en medio de la guerra objetiva. Esos campos ya no se detienen en el examen de la vida inorgánica, sino que son temas de investigación que corresponden a las preocupaciones de la física cuántica, las energías biológicas y las plasticidades esotéricas de la psicología humana. SE busca controlar lo que se resiste a la vigilancia, y volcarlo de modo bélico para conservar lo heterónomo que nos rodea. La programación de la vida ya no descansa en la coacción, sino en la manipulación indirecta y ruinosa de la vida social en la que se basa la emergencia de sentidos y nuevas energías creativas originarias de lo que escapa del dolor social. Los descubrimientos y aplicaciones de estos campos de la nueva ciencia garantizan un control más sutil de la vida que sucede con libertad, alterando los fundamentos del medio ambiente, a un nivel tan superlativo e imperceptible que las desestabilizaciones que se provocan son el riesgo latente del que parte la locura de alta tecnología escondida de los poderes actuales. La descomposición esquizoide de la realidad abre paso a nuevas dimensiones olvidadas por la razón política. Es un acordarse de la magia y de lo viviente para contagiarlo de la espuria técnica y volverlo negocio para desarraigados vitales, y a la vez aprovechar la insurgencia de que lo nuevo no se vaya por otra alternativa. El poder productivo parte del desequilibrio que incide para retornar a un nuevo equilibrio.

La máscara y la cultura.

La gran decadencia en la que ha sido devorada la vida ha buscado volcar todo lo interno que se ha escondido y olvidado en osificaciones productivas para aparentar por fuera una seguridad y una sofisticación que no se posee. El olvido del ser, del que habla Heidegger, en pos de hacer de la savia de la vida una concretización tecnocrática de certidumbre y protección ante lo misterioso que sigue vivo ha hecho del milagro de la creación el combustible de un sistema de relaciones artificiales que no cesa en su hambre de expropiar y aglotonarse. El terror ante la sensación de que el accidente y el acoso de las enfermedades se escabullan favorece la multiplicación de los sistemas de control, así como la reacción natural de que la actividad vital de las personas se inhiba de expresarse y expandirse. El miedo que es la base del poder, así como el origen de que la conciencia se arranque a lo que siente, hace que el desastre en que queda silenciada la cultura que nace y se forma, quede petrificada en inventos y en sistemas de producción estandarizado que devuelven en vez de realización de lo sentido falsos nutrientes y quietud adictiva. La urgencia de que lo que late en la piel, y que no sale se puede liberar de la represión con que se define la identidad hace de la madurez en un encubrimiento de estrategias y de artefactos personalizados donde la salud y el juicio es un acto de incansable reafirmación como ilusión auto-motivada.

La persecución de los sueños sólo por vehemencia y con las armas de un mundo esclavizado por la creencia en lo fáctico que oferta control, hace que la magia se reproduzca como una simiente condenada al uso estandarizado. En lo producido el hombre aterrorizado halla el sueño de que lo único y excepcional permanezca como forma eterna de felicidad, como supermercado de piedras filosofales. La obsesiva marca de la separación y la mezcla indiscriminada en que cae el mundo producido, ofende al mundo sagrado en que respira lo empobrecido y sintiente a la vez. La soledad de una singularidad que no concibe su propia expansión más allá de un mundo condicionado y de seguridades publicitadas no permite a la persona que se busca conocerse con honestidad. Aquietado por un espacio sentenciado a la rutina y al hambre global de estupidez, ignora la fuerza de su milagro acontecido. Debilitado entre impulsos y emociones que no cuajan, como remedios venenosos ante los que rinde sus humores dolientes las personas huyen de su propia autenticidad poética. Su universo vive dormido y desconectado de los otros. Cosificados, idos de sí mismos, y sordos a los que se lleva como trayectoria de huellas y recuerdos las personas son sólo mundos extraños a los que se desea sentir y vibrar, pero a los que se tiene miedo de verse en un espejo. Lo mágico vive ahí en cada potencia que camina y respira, pero el conformismo ante lo que no se ve, y el miedo de que lo que más añoran los golpee cuando los confronte con su gloria soñada, los engarrota en el hábito de tragar miseria y autodestrucción. A cada época acumulada de no haberse completado se le agrega la emergencia de milagros atrofiados donde la responsabilidad de desenlazar lo que se ha enterrado vivo late como una herencia sangrante que no oye más que patrañas organizadas.

En los orígenes la unidad de las cosas era sentida como un universo en que las dimensiones, y los elementos inundaban algo único y a la vez infinito. No había la sensación de algo lejano, y condenado a la muerte. La materia era algo viviente e integrado a impresiones que se conectaban y se desvanecían en un universo sagrado y musical, todo cabía en un punto pulverizado y a la vez se sentía la intensidad de un paisaje interminable y que nos sorprendía con muestras de creatividad y de invenciones inquietantes. Nuestra singularidad era un milagro acaecido en un océano sagrado de múltiples formas y dimensiones que se entrelazaban y que envolvían a la vida y a los instintos en una mansa corriente de energía. El mana que animaba el todo nos expandía, y nos acogía en la humildad de que los tesoros del mundo se hallaban presentados sin misterio, y conectados como niños traviesos en junglas sonrientes. Éramos el mismo río sintiente del devenir, y por tanto no teníamos conciencia de las formas y del modo de nombrarlas. Sentir era algo que nos atrapaba en el todo, pues éramos algo que sentía el todo, y lo que se creaba se sumergía en la inmensidad de una interminable y repetitiva armonía indescifrable. El sueño y la realidad, el espacio y el tiempo, las palabras y las cosas, eran sólo flujos, y agregados de huellas y de impresiones que nadaban en la complejidad de una inexplicable inocencia. Sentir el todo era amarlo, ser tierra y magia a la vez. Lo singular, y el hecho de que se respiraba y andaba, perseguían acontecer en la universalidad de emociones que se conectaban y que amaban estar en todas partes y desaparecer de todas partes. Crear y desear eran la misma cosa, ya todo estaba ahí y nada se escondía. En esa eterna ignorancia del todo se era por el contrario vivo.

Advertencia: Nombrar y hacer que imaginen este origen mítico es ya una falta de respeto y un atentado. Haber olvidado y sólo tener melancolía de nuestra grandeza perdida, a través de palabras es ya un hurgamiento patético y estúpido. Desfigurar las cosas, es sólo un resultado de invocar lo que se ha extraviado a modo de imágenes visuales, y teorías insensibles; hay que ver y probar para que se le declare vivo, y existente, ¡es un buen chiste! Lo que no se comprende y se le teme ha generado que las grandes verdades hayan provenido de exageraciones, conceptos vacíos, chismes, y calumnias para matar lo que no se permite vivir y no se puede sentir. Nombrar algo que surge es destruirlo, desconocerlo, controlarlo y volverlo insumo de un mundo producido, donde apropiarse y tecnificarse es la obsesión por escapar al naufragio, a la soledad de no escuchar nada, y que se habita entre escombros. Nombrar algo y no renovarlo es la adicción del homo sapiens de volver piedra y fierro todo lo que le rodea para protegerse e ignorar que se esta enfermo de conocimiento. Al final la nada es la amiga de los que no miran de frente, y no aman.

Perder esta inocencia original ha generado todo lo que se ha considerado, ¡qué gracioso¡ un avance cualitativo. Aunque este es un tema que amerita otra historia (tema de otro ensayo), quiero sólo decir que la orfandad en que se halla el mundo moderno es un resultado de un enfermizo desarraigo del hombre (perdonen el insulto) con la tierra y consigo mismo. No escuchar, ni conectarse con las cosas vivientes que le rodean, y creer que en ello se basa su poder es desperdiciarse, enloquecerse. Buscar la sanación en una jungla de significados y representaciones publicitarias, es sólo prepararse para sobrevivir, cansarse y llenarse de hastío ante la vida que no vivimos. La inteligencia de los exiliados es escapar al dolor con la que protesta su esencia menospreciada, en la comodidad autista de las ciudades, de sus ilusiones depresivas y de tecnificaciones espectaculares. Alejándose de los secretos del universo por no tener el valor de escuchar nuestros propios corazones, el hombre se restriega en la soberbia de los desiertos industriales. Sin saber que esta indiferencia ante nuestras potencialidades nos empobrece y a la larga nos hace olvidar que el cáncer del mundo moderno, proviene del miedo a desnudarse y sincerarse en todos los rincones.

Esa obstinación y engreimiento al no reconocer que la falta de amor a las cosas y a la vida, es lo que ha fortalecido la religión de las mentiras, favorece la cosificación de las personas. Negarse a buscarse y a mejorar, lleva a la irrelevancia del otro como fin de sí mismo. El que no se enfrenta, y no es honesto consigo mismo, miente para aplastar el avance de su insignificancia y de su terror crónico. Halla en la mentira y en la simulación, en la celada y en la diplomacia una forma de saciar sus apetitos sin tener que responsabilizarse por sus sueños y obligaciones frente al mundo inmediato que le rodea. La suplantación y el hablar a medias, llevan a la desconfianza y al placer de abusar del otro. Quien no es lo que dice, quien se atemoriza ante el hecho de ser conocido o desnudado al final se vuelve despreciable e incapaz de oír su misión en la vida, se vuelve la mentira y el maquillaje que ha montado de si mismo. Toda la habilidad de la supervivencia y de pasar desapercibido frente a la sociedad conduce a la enfermedad de convertir todo en ámbito de dominio y de un antagonismo criminal.

No expresarse es lo mismo que odiarse a sí mismo, pues quien no se proyecta en el mundo en el que vive se atrofia, y queda preso de las mentiras que ha fabricado para no sufrir y sin embargo, controlar lo que más ama, sin que logre despertar jamás ese amor que tanto busca. No sólo el poder y sus elites odian al mundo al que desean, sino que su dominio parte del miedo de que los subordinados descubran sus potencias sensibles dormidas. Su control se nutre de la obsesión de que las personas se preocupen más de la seguridad ante el terror que nos acecha, que de redescubrirse en contacto con los otros y las cosas vivientes que le rodean. Ingresar miedo a la vida acrecienta el deseo sobre aquello que requiere espontaneidad para conseguirlo. Hace que las personas se vuelvan más hambrientas, y por tanto más necesitadas de espiar y cosificar al otro para apropiarse de las adicciones que no sacian su apetito. Su obsesión por escapar al dolor hace que prevalezcan modos alternativos al amor al que se teme, modos que acrecientan el olvido de sí mismo, así como un inevitable desprecio ante aquello que es más vital, y por tanto hacia sí mismo como persona incapaz de crear amor real.

El avance de la nada sobre las cosas es no sólo el error o intransigencia de sólo nombrarlas sin querer en realidad conocerlas, es en esencia la sordera o ceguera ante el hecho de que la vida completamente cosificada y perseguida huye de nuestros propios corazones, porque no queremos inevitablemente conocernos más allá de una chata razón que nos imprime odio ante nosotros mismos como ante la vida inmediata que nos atemoriza, pero a la que deseamos con insaciable afán conspirativo. El accidente de que amemos nos enfrenta contra el doble desafío de no sólo superar las limitaciones que nos derruyen por conservar al ángel que lo sagrado puso para nosotros en este infierno, sino sobre todo ante el descubrimiento de que cuando amamos a alguien más allá de nuestro torpe envoltura de egoísmos nos topamos sin desearlo con la tarea de amar al todo que nos rodea, de incrementar nuestra vida y con ella contagiar a todo el universo de esclavos de una nueva fe intramundana. Concientizarnos no es parte de una historia objetiva donde el mundo halla coherencia en la medida que desoculta las nefastas relaciones de poder que nos desperdician, sino un acto de intencionalidad agregada donde cada quien se busca en relación al otro por un acto sagrado de crecimiento espiritual y de aprendizaje de lo que la vida nos obsequio para realizar. En la máscara, en lo privado los homo sapiens viven desgarrados en la soberbia de un mundo producido, donde se cree hallar sosiego, y a la vez en un alma esquizoide donde los sueños quedan mutilados en miles de adicciones y apropiaciones, donde la cabeza ya no reconoce lo que desea y sufre de su propia falta de honestidad. Los sueños olvidados quiebran la razón y nos alejan de escuchar las potencias dormidas que nos constituyen.

La historia de la mascara es la historia de una gran abstinencia. El poder ha basado su fuerza en hacer de la enfermedad y sus epidemias afanes vibrantes. Los suplicios que proceden de una gran sordera y terquedad han asfixiado a las personas entre jardines de compresas y relajantes. La ignorancia de lo que cada época hace surgir, así como la negligencia de lo que cada época no enfrenta y no desoculta refuerza el dolor originario del que se pretende escapar. La indiferencia ante el dolor, la tolerancia ante el accidente del que se acoraza desvía a las personas anhelantes de bienestar a los parajes del funcionamiento y del conformismo alucinatorio. El olvido de lo que se es lleva a la desorientación de cómo llegar a ser lo que se puede ser. Desconectarse de lo que está vivo es arrancarse de lo que requiere para existir, es volverlo atesoramientos y propiedades para una apetito insaciable de confortes y estupefacientes. La fuerza sobre la enfermedad es negar lo que nos acecha, aislarse, alejarse de lo que nos daña. La salud es saquear y rodearse de pertenencias incalculables para sentirse que se existe. Se es lo que se posee, lo que nos avitualla de apariencias y poderes para maquillar nuestra originaria impotencia. Es un modo de olvidar las heridas y cicatrices La madurez de lo vivo reside en alejarse de lo auténtico de lo que grita como sueño sagrado y nuestra amistad.

La propiedad material, lo que se cosifica, es la forma de inmunizarse ante el acoso de lo insalubre, es descansar plenamente de jornadas llenas de simulaciones, oficios agotadores e insignificantes para poder prevalecer como material viviente, como pieza de trabajo. Estar exhausto o estresado es la prueba de que la supervivencia en la maquinaria consiste en alejarse de lo que nos constituye como fuerza vital. Mantener vivo el cuerpo como herramienta de trabajo es atentar en contra de los sentimientos y sueños personales. Dejar de soñar es envejecer y protegerse en un medio doméstico donde lo vivo se limpia y se prepara para nuevas jornadas de lucha y de hipocresía. Uno es los objetos que le rodean, los medios inmunizadores donde se resguarda, las esferas higiénicas donde se esconde de los vientos huracanados de infección y de descomposición en que se ha convertido la sociedad resultado de una abstinencia y terquedad originaria. El desequilibrio de las personas en los medios sociales es un ser consumido en los medios de producción en los que se gana el pan, en los que se enriquece o empobrece. Dormir e incluso reprimir los sueños donde se descansa de un cuerpo instrumentalizado es volver al mito originario de donde nunca se escapa, pero al que se menosprecia como visiones de un sistema nervioso que sólo desfoga e imagina. Los vestuarios y los medios protectores de los que vive lo que no quiere vivir con originalidad, es el laberinto de máscaras y de camuflajes materiales de los que hace dinero el mundo económico. El mundo civilizado lleno de tecnificaciones en curso y de espacios repletos de limpieza y espectacularidad es la cumbre de configuraciones y esqueletos donde el alma colectiva es deshecha en innumerables soledades y disfraces audaces. El dolor en un mundo de espacios desencantados y racionalizados sólo es combatido a base de una gran distracción o de un empoderamiento oscuro que parasita y vive en paralelo al mundo saludable de convenciones que todos hablamos.

La mentira como la máscara de la actualidad vive de una atmósfera donde las personas se hallan separadas e irreconocibles, donde el poder para no estar sólo y alimentarse de lo esencial parte de una gran desconfianza como de la necesidad compulsiva de vivir en creencias idílicas de desinformación y estupidez auto-consentida. Ser lo que se pone uno para seguir respirando es o hallarse en las circunstancias peligrosas de nadar en los submundos oscuros y aberrantes desde donde se maneja realmente el poder, un mundo donde el nombre no existe para controlarlo todo, o por conformismo blando residir en relaciones idílicas y despreocupadas donde la frivolidad como el cuerpo buscan el estar en forma para consumir o ser consumido con la astucia más cosmética. Ambas máscaras agitan un poder que requiere el escondite y las trincheras ya naturalizadas como forma de ser o conducta, y su génesis es propia de la decisión como del cinismo para desconocer con rabia y educación la misión natural y sagrada de saber amar lo que nos rodea. En estas culturas que se traslapan el cuerpo y su acceso complaciente es el destino como negocio y como supuesto opio que nos da salud y reconocimiento. La privacidad como premisa para existir es la clave para adquirir la seducción que no se tiene. Hoy una sociedad que no escucha y que se excita con lo que apropia, es un habitual comensal de estos mundos de la posesión corporal donde la decencia al ultranza es la única base de personalidad que se puede tener para no avergonzarse de insignificancia progresiva.

Desde que lo moderno y la soberbia de los socráticos persuadieron al mundo de que la naturaleza y los sentidos son peligrosos para la supervivencia de lo humano las sociedades han fabricado camuflajes para obtener poder como para conseguir salud. Una primera ilusión de ello lo conocimos como la idea de un misterio religioso único, que fundó el monoteísmo de los desiertos. Esta tendencia se modelo de forma secular con la filosofía y el magma de la verdad oculta. Estos son lo amaneceres de la ideología. La sociedad esta repleta de nociones vulgares y de mentiras convencionalizadas que no dejan paso a la objetividad pura. La ciencia y la sospecha de que el sentido común esta impuesto por los poderosos que nos engañan para prevalecer parte de esta premisa: todo tiene estructura y hay que descubrirla para reordenar el mundo vacío de orden y de salud. La modernidad y su cruzada en contra de la superstición y la inmadurez han bebido de esta urgencia por desmantelar los escondites donde se protege las grandes verdades esenciales, para ganar equilibrio y saber caminar.

Pero hoy se ha decantado en una transformación sacrílega. Hasta los años de la gran planificación y de las guerras mundiales el poder buscaba programar de modo sistémico las conductas y comportamientos que requería para reproducir la vida productiva como principio. No había nobleza sino la seguridad de que la heteronomía basaba su eficacia en que la íntegra tecnificación de todo lo vivo daba mayor margen de ganancia y de productividad. Una época abstraída por la búsqueda del orden a ultranza, por modernizar lo vivo heredaba el proyecto remoto de anular esa originaria responsabilidad de que lo sagrado busque su restitución. El sistema ha sido esa idea de sitiar lo vivo y de impedir el retorno de los sentidos y de la naturaleza. Y lo ha logrado con el proyecto nefasto de hacer de la vida que nace y de la conciencia un medio ambiente de degradaciones y de destrucciones psíquicas. Alterar los medios de vida, los medios físicos que nos rodean, desconectar a las personas y re-afianzar el cinismo histórico de los ciudadanos que golpean como mecanismo de defensa y de intransigencia ha provocado un caos destructivo e infeccioso. En la fragmentación de lo orgánico y de los ecosistemas naturales y culturales del mundo el poder busca inmunizar sus palacios y cuarteles rodeados de escombros y de ruinas cada vez más ignoradas. Hoy no hay ideología, no hay nada que esconder, pues esto presumiría que se puede verlo, desenmascararlo, y hacerlo ciencia. Nada de eso. La urgencia de existir a través de la apropiación continua ha hecho que las singularidades desconectadas, sin que se las pueda integrar en un orden sistémico, devoren y sean las máscaras y los antibióticos que la cultura de masas y la sociedad del espectáculo han producido para aliviar ese olvido originario cada vez más depresivo e insano.

Como dije en pasajes anteriores la división es la base de toda infelicidad y de todo proyecto de dominación. Aunque esta es otra historia el no saber amar a las personas y vivir en la desconfianza ante lo que te da bienestar ha sido birlado mediante estrategias históricas de hacerse de los amores esenciales sin saberlos amar, apropiarse de ellos, sin querer y sin saber como hacer que te quieran y sean tus aliados incondicionales. El no saber amar, y por defecto no encontrar amor ha generado las dos culturas de máscaras que mencionaba líneas atrás. Una por supuesto proviene de la violencia oscura y de la coacción como forma segura de conseguir poder, y por supuesto las delicias del mundo. Y la otra máscara proviene de esa habitual sutilidad, influencia indirecta y manipulaciones culturales que no buscan sino el lujo y la estética como ámbito de bienestar y de veneración. Como señalo la espontaneidad y la generosidad natural siguen cosechando laureles en las mentes y cuerpos, pero se han vuelto deficitarias para esa búsqueda de seguridad y de control que define al hombre de hoy. Se ha naturalizado como moral y como forma de acción que cosificar con elegancia y mentir es la salud y la felicidad. Esta idea psicosomática es ya el rasgo secreto de cada persona de que se enfrenta el sufrimiento y la miseria de las cosas de modo cínico y cruel, de que nos defendemos de la contaminación cultural ejerciendo violencia sobre los otros y hallamos en ello placer y respeto.

La máscara política y lo masculino.

Hablar de los hombres y lo masculino es parte de otro trabajo. Aquí sólo voy a comentar de manera aleatoria lo que es necesario para pensar la máscara de la violencia, que por naturaleza procede de los hombres. En el Perú hemos conocido como la influencia del cristianismo y de sus enfermedades en el fondo de nuestra cultura, academia y organización política nos han hecho vivenciar un machismo y una construcción cultural de la masculinidad profundamente autoritarios y con secuelas violentas en todo el tejido socio-cultural de nuestra sociedad. Como en todas las culturas de hegemonía greco-judaica la cultura dominante sobre la que se organiza y progresa la sociedad se ha sostenido sobre la acción y psicología de los hombres. Aquí ha calado el espíritu desde antaño de que la historia de la sociedad obedece a saber administrar y dirigir con dureza la hacienda o espacio familiar que se hereda. Somos una aldea que se transmite de generación en generación y se pide de los hombres que la heredan fiscalizarla con una esencial rectitud, como con un rentismo palaciego.

Nuestro poder y sus extensiones proceden de una genealogía que ha hecho de los hombres actores indiferentes ante las culturas que dependen de su hacienda, y por ello, duros represores cuando aquello que les pertenece y no comprenden busca liberarse de su hermetismo como crueldad. Esa hosquedad como confianza en que lo que se posee es el camino seguro a saber ser macho lo han vuelto sordo a los cambios que han sufrido las culturas en el proceso de una modernización que lo ha desmantelado todo. El rentismo improductivo y la ilegitimidad de un poder político que sólo ha explotado y olvidado la amistad con la naturaleza, han debilitado la eficacia de la coacción y de la amenaza como forma de control. Su sordera histórica ante lo vivo y ante aquello que más ama los han refugiado en la violencia del poder de todo tipo y en la apropiación delictiva. Al mismo tiempo la incomprensión ante lo que los ama, lo han construido como incapaz de ser modelos de vida para las subculturas de niños y niñas que llegan, así como ha los ha vuelto indiferente a todo alegre romanticismo y preocupación por los intereses de la mujer. La masculino es cosificar y garantizar que la fuerza se reproduzca sea como sea. Hablar y saber comprender es lo mismo que ser afeminado o cursi.

Aunque la historia para regresar al origen ha sido el proyecto noble como rentable hecho por lo hombres, hoy el dominio en que se mueven es la marca de su esencial enfermedad de soledad, como la hacienda secreta desde donde niegan el ablandamiento de la cultura y ese humanismo recalcitrante que llena a la sociedad de modales hipócritas. La violencia de lo masculino es parte de su infravaloración como ese rechazo visceral a ser más productivo y romántico. La ausencia de amor los refugia en el poder de todo tipo, y cuanto más sólo e inestable más comprometido con formas de poder corruptas y terroríficas que son las premisas para saciar ese insaciable hambre de aquello que no comprenden, que se rebela, que es huidizo, a lo que a veces odian pero que desean con un incontenible deseo trasgresor. En todas las culturas y niveles sociales ese deseo insaciable es traducido en formas criminales de poder que convierten lo más vivo, bueno y bello en posesión suculenta, en algo que corromper. El ascenso cultural de las mujeres, como esa conspiración para separar a los sexos mediante el miedo a todos los hombres como fuente segura de agresividad y de falta de libertad han violentado la sociedad y la cosificación de aquello que más se desea. La miseria ha sido combatida en “la jungla de cemento” como cantaba el finado Héctor lavoe principalmente no con búsqueda de educación y éxito económico, sino con la huida hacia la trasgresión y el saqueo mafioso. Deseducar a las personas o privarlas de un sistema educativo que entienda nuestras culturas con propiedad ha provocado una regresión hacia la violencia y la ira en lo masculino. La mejor forma de destruir nuestra esencial magia mítica ha sido divorciarnos de la historia de la nación, así como empobrecer a los hombres con la obscenidad publicitaria y con la estigmatización de su cultura como retrógrada y fuente de violencia. Ablandar a los hombres y estresarlos los corrompe, violenta, y los vuelve secuaces seguros de un sub-mundo de poderes donde la violencia y el crimen es una forma de vida original. El objetivo: que el Perú como otras culturas no quieran su tierra y no tengan valor.

Dejar sin amor a los hombres los vuelve lo que son ahora. Su excesiva confianza en que el poder político, la coacción, y el dinero rápido y mal habido son el camino a que te quieran ha facilitado el avance de la violencia en las calles, el tráfico de drogas, el servilismo político y profesional en todos los niveles de poder estatal y privado, y la lujuria infartante que alimenta la pornografía y la trata de blancas. La máscara de la violencia ha levantado en la opinión pública que las instituciones públicas, las organizaciones privadas y sociales son las depositarias soberanas del poder social. Se bebe de un esencial cinismo como ingenuidad. No sólo la pobreza material sino el escepticismo ante una vida que no ofrece certidumbres afectivas ha hecho que la criminalidad se vuelva una actividad que florece sin escrúpulos. Hace de todo lo inocente y deseable negocio rentable, de todo lo vil y nauseabundo empresa lucrativa. La reproducción de este poder requiere invadir de forma secreta todos los niveles organizativos y culturales de la sociedad para no desaparecer y para acrecentar el goce oscuro y enfermizo. Ahí donde el contrato social republicano y la hipocresía de las personas matan el talento y la bondad, el hombre acechado por el racismo, y la fobia a lo que carece de dinero y de modales, acrecienta su ingreso en las esferas de un poder corrupto que vive de la violencia y de la política destructiva. Conseguir fortuna y amor depende de saber nadar en el peligro de una vida accidentada y violenta que es en esencia el verdadero poder oscuro, como el requisito para mantener la degradación y decadencia de la cultura de la que se nutre la psicología de consumo. Medicarse en esta cultura es ser valiente para proteger a los seres queridos y que no se enteren nunca de los riesgos y aberraciones que acechan a las capas más inocentes y frágiles de la sociedad. Esto último es quizás inmunizar como el rasgo cultural que hace posible el despliegue de la otra máscara de las relaciones sociales.

En fin, esta forma de encubrimiento ha sido clásica y es de la que dependido la conformación de las sociedades estatales. Ahí donde no hay guerra y sólo antagonismo político esta máscara se transfigura no en las relaciones culturales hegemónicas sino ya esta sedimentada como hechos objetivos y culturas materiales en las formaciones organizativas y funcionales en los que se divide la sociedad. Las culturas y sus medios pedagógicos de transmisión de saberes sociales convierten estas máscaras, etiquetas y publicidades de formalidad en formulas operativas desexualizadas que aseguran la vida genérica de hombres y mujeres. La técnica organizativa y sus incrustaciones arquitectónicas en las ciudades son objetividades de usos y costumbres que son netamente masculinas. Neutralizar su poder pasa por cambiar estas configuraciones organizativas, y no sólo cambiar las disposiciones o actitudes culturales que se sirven de ellas. Emociones nuevas y que sienten al mundo de forma distinta como las mujeres requieren lentamente que sus sensibilidades se objetualicen en otra cultura material y técnica propia de su género expresado. Hasta ahora este programa femenino es sólo de una epistemia centrada en relaciones cotidianas de vida y personales. Y diré luego porqué no se avanza hacia el movimiento objetivo de la sociedad, y a su reconexión en un nuevo poder estatal y unificado con los hombres.

Aunque no es este el lugar para hacer de médico de la cultura sólo podría observar que en nuestro país el remedio a este mal que nos separa y que es el factor central que esta haciendo crecer al narcotráfico y a toda forma de poder ilegal que corroe la sociedad, es reencontrar al hombre con su destino originario, con su pastoreo de esta tierra sagrada como protector y como guerrero ante las amenazas que nos desarraigan y fracturan como nación. Esto es esencialmente enamorarlo nuevamente de las cosas vivientes, y emocionarlo con una nueva fe cívica. Esa decisión no es fácil y no sólo depende de los hombres, sino que los trasciende como cultura y como cuerpo. Ser hombre en el Perú es trabajar duro, saber emocionarse, y guerrear si el destino de una sociedad lo amerita. Ese secreto es tema de otro ensayo.

La máscara y la simulación en lo femenino.

Si hablo de mujeres es porque el derecho y el deber de relacionarme con ellas permite a todo hombre la obligación de conocerlas y quererlas. Se sabe de ellas a través del desarrollo genérico de un hombre en la medida que se habla con ellas y se logra sacarlas de su habitual privacidad cosmetizada, es decir, que se enamoren de uno. En las relaciones formales los hombres y las mujeres están conectados por legislaciones y procedimientos que no permiten acercamientos profundos y mayores relaciones afectivas. En las formas en que se hallen los hombres y las mujeres están desconectados por los roles y los estereotipos que producen los resultados y calificaciones que produce la trayectoria de una persona. La razón de que los hombres y las mujeres busquen la mejoría de sus condiciones de vida es escapar a las privaciones propias de la pobreza, pero sustancialmente conseguir la aprobación y el afecto del otro sexo mediante su empuje para progresar y enfrentar la vida. Aunque en las relaciones sociales el poder materializado y los prestigios conseguidos favorecen cierto acercamiento y la salud emocional de que te quieran y respeten, lo cierto es que las formas que se adquieran y en las que se viva no son determinantes para profundizar una relación afectiva. El romance requiere lugares y manejo de relaciones sociales pero esencialmente enamorar y querer es una acción y una fuerza que nos hace iguales a todas las personas, y que se consigue por una educación personalizada de contactos y compartir momentos de alegría y dificultades. Trabajar nos hace fuertes y duros, pero amar y saber seducir nos hace emocionarnos y conseguir la felicidad. El medio es sólo una condición, la seducción un arte de conexión y de lenguaje corporal que no se aprende en ningún lado, sólo en la práctica asertiva y constante.

Por eso hablar sobre las flores requieres saber regarlas. Ir más allá de las palabras y las circunstancias. Es conocerlas en aquello que no son disfraces y que es inconsciente. Saber como acceder a su afecto y su entrega febril es un acto de seducción animal y segura. Cualquier hombre esta capacitado para hacerlo sólo es cuestión de hallar su propio ritmo. Es una cuestión de aires y energías, y por supuesto un acto de compromiso con sus intereses y con un proyecto de vida si el propósito es quererlas y compartir un tramo de la vida con ellas. La seducción es un acto de juegos y de creaciones constantes. La sociedad no posee jurisdicción sobre ella. Cuando se ama y se erotiza la vida cambia porque el acceso a lo sagrado y a los orígenes, no depende de palabras y de representaciones, sino de estar con ella a pesar de cualquier obstáculo. Respetarlas y amarlas es al mismo tiempo desnudarse con ellas y no cosificarlas, cambiar las cosas y los aires que las envuelven, es crear todo el tiempo algo nuevo y excitante, reír, luchar, conversar, halagarlas e invitarlas a que todo sea directo y sin bochornos. La sociedad y sus sistemas se suprimen cuando se ama. Cuando se enamora nos damos cuenta que el poder no es dominio sino creación de vida y de perfumes, humores y locuras. Haber naufragado en los islotes de lo privado y cosificar a las mujeres ha sido una insolencia al único remedio que mitiga estos infiernos de simulaciones: el amor al todo a través de ellas.
Aunque el origen de la conducta femenina en la actualidad lleva a contar una historia secreta de como se origino el poder y el miedo, aquí sólo diré que la causa a varios niveles de la falta de plasticidad masculina en el mundo de hoy, obedece a que ambos sexos han decidido separarse el uno del otro por varios prejuicios. Desarrollar esta idea requiere un estudio de los orígenes de la vergüenza y del funesto divorcio entre el amor y el erotismo. Sólo presupondré que la fuerza de los débiles se basa en separar a los sexos, y que toda la civilización que se ha montado para hacernos felices parte de esta incrementada desvinculación. Haber elegido que el acceso a lo deseado y que no se quiere amar se hace mediante el poder, ha sido un asunto de avergonzados y reprimidos, y esto es una responsabilidad tanto de mujeres como hombres, no hay diferencia. En algún lugar de la historia se empezó a propagar que el cuerpo es una carga, un objeto que no permite el acceso a lo espiritual, a la gracia divina. La mentira y su desarrollo evolutivo ha partido de esta vergüenza y de que amar es que se aprovechen de tu cuerpo. Avergonzarse de tu cuerpo o hacer del sexo una experiencia necesaria pero sucia, ha introducido que el amor como el sexo es violencia y un acto desigual de goce y de afecto. Incrementar este prejuicio ha sido el centro de poder de las grandes religiones conservadoras, como de los amantes del contractualismo y de la razón de Estado. Modelar a las mujeres bajo esta idea ha asegurado su administración como rebaño aparente de deleite, y a la vez ha generado una zona oscura de la historia donde la manipulación del alma, y el encubrimiento de la magia de lo femenino, ha conformado el miedo como el odio de las mujeres.

La historia de la abstinencia es también la historia de que lo decente esconde la indecencia. El autoritarismo de los sacerdotes y de los soldados ha perseguido controlar con violencia y diplomacia este deseo incontrolable e inexplicable. Para ello han impuesto representaciones y adoctrinamientos que intentan reducir la magia inconsciente del deseo femenino, estigmatizándolo y haciéndolas olvidar su energía primordial, haciéndolas sentir que el hombre las caza y las devora. Hechizar e influenciar al lado de la violencia a la que se teme es un acto de mujeres. Ha sido su respuesta para sobrevivir y satisfacerse. Aunque también han incorporado como forma de ser las convenciones que el poder vende para visualizarlas en el lenguaje de la sociedad, es la simulación histórica de que viven en mundo común con los hombres lo que ha garantizado el desarrollo de su astucia para luchar por el amor. Y lo que también, las ha desfigurado en la cosificación de su ser a medida que el erotismo de las grandes pasiones ha muerto en el drama de la moralización y sólo quedaba la simulación y las tretas para saciar su apetito de intimidad. Su esencia es lo privado y la máscara en las grandes relaciones. Su desconfianza ante el poder de los hombres que las han martirizado, y sólo protegido las ha vuelto indiferentes ante las tareas de recuperar lo sagrado y el mito originario.

Su marca es renunciar al amor que buscan a medida que el hombre se corrompe compartiendo dicha corrupción como objeto de deseo de los hombres, y ocultando dicha verdad con la desaprobación y la decencia. Dicha actitud de inexpresión y privacidad a ultranza las divorcia del movimiento objetivo de la sociedad en la que sobreviven y reproducen con lealtad ciega. La lucha por un lugar en ella, por una cultura de la equidad, se reduce al logro de respeto y estatus mediante el empoderamiento económico y el continuo antagonismo con lo masculino. Su fuerza como su tragedia es la instrumentalización psicológica de lo que desea, ignorando que su máximo poder de cautividad no está en la cultura y sus ficciones, ni en las capas periféricas de las relaciones sociales a las que Alfred Schütz llamo “realidad inminente”. Negarse a enfrentar las relaciones más oscuras de poder por el miedo a la violencia originaria es desconocer lo que despierta la ira del hombre y su manipulación a través de la coerción. Construir su personalidad sobre el olvido permanente de esta oscuridad es caer en la mentira, y padecer de ella, es buscar la seguridad de lo que las protege y las venera en la riqueza y en las demostraciones de poder como condición de un idilio lleno de rosas y simulaciones que las fascina.

Reforzar la condena que pesa sobre su etiqueta de sólo objeto sexual es parte de un proyecto que interpreta mal al amor y al erotismo, es la idea equivocada de que los sexos se aprovechan y se abusa el uno del otro. Sentirse fascinadas y diosas parte de que se las desee, de que se despierte el interés por sus cuerpos. Señalar que su cuerpo es una cosa, una flor a la que hay que mantener inmarcesible de los abusos de los hombres es lo mismo que perder sensualidad y amargarse. Hoy como ayer el poder al que recurren es parte de la incapacidad de despertar ese deseo, no hay iluminación en ello y su programa. Olvidar su sexualidad o privarse de amar con locura es enmascararse y desquitarse de los hombres, y contradictoriamente adorar cada ilusión y espectáculo que ellos fabrican para poseerlas. No hay moral en ello, no hay buenos y malos hombres de manera sustancial. Lo que atrae y las cautiva es el manejo secreto de los aires y los secretos que ellas se niegan a reconocer y eso es algo animal y primitivo. Vivir el estigma de su sexo en el antagonismo constante al que prometen cambiar con su empoderamiento en una realidad infernal es desperdiciar su fuerza vital en la aceptación de lo existente. Aires de libertad y camuflaje al mismo tiempo es conseguir lo que se quiere al precio de caer víctima de lo que más señalan odiar, pero más aman con locura: la habitual politización de un hombre que destruye el todo sólo por ambicionar el amor de su ingrediente secreto.

La mercantilización del mundo halla el origen de la cosificación y el extrañamiento de la vida en haber objetualizado a la mujer y su cuerpo y que ella haya echo lo mismo consigo mismo y con los hombres. Todo el realismo de lo objetivo y el exilio permanente del misterio de la vida al que no se quiere vivir reside en la naturalizada separación de los hombres y las mujeres. Hoy el desorden que padece el mundo se despliega sobre la coexistencia de dos mundos que se ignoran pero que se complementan con cinismo. La economía especulativa y criminal del capital, que vive de la decadencia infinita de las personas es sostenida por la violencia de los hombres, en donde el film de alegría y turismo utópico que hurgan las mujeres es el modo que haya la cultura que nace, de inmunizarse del infierno que se cuela como accidente y guerra en las calles. Como dijera por ahí Adorno lo más bello que puede fabricar el show del capital se levanta sobre un espacio de ruinas y de padecimientos originado por la obstinación de no saber amar. Lo privado como búsqueda incisiva de placer y de autoconocimiento es el lugar de una herida mítica que sólo se cura cuando las personas se conecten y se amen sin pudor. Mientras se oculten las personas estas no vivirán todo aquello que los define, estarán muertas. Será como el país de donde provengo donde su identidad es avergonzarse todo el tiempo de su origen, y vivir con orgullo de las grandes mentiras a las que adquiere y desarrolla. Esto que es la marca de su gran miseria, como riqueza. Recuerden: sólo en la tierra en que más se esconden sus habitantes y no se conectan, en aquellos que tragan adulteraciones con avidez reside un gran secreto de como reunir a las personas. “Lo que no mata te hace más fuerte”

15 de junio del 2014

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Simulaciones y ridiculeces… (La política y la ignorancia del desarrollo)

by on Jun.02, 2014, under Sin categoría

Magaly solier indignada ante camaras

Magaly solier indignada ante camaras


Ronald Jesús Torres Bringas

Anclado en la selva me tope frente a frente con las noticias del canal N (8) y luego de curioso el 10 de RPP (radio programas del Perú)…. Había decidido no volver a tomar en serio los simulacros de acciones políticas que no llevan a nada y el desperdicio de verborrea tecnocrática que nadie ejecuta y es capaz de llevar a su correcta aplicación. Más allá de un sentimiento anarquista o desobediencia escéptica que la mayoría de irresponsables cometen, el estado de ánimo del que partían mis consideraciones era vagamente emocional e insuficiente…. Se requería modelar esa actitud en ideas, diagnóstico y porque no en propuesta…… Esto último es más complicado y dejo el ejercicio para lo inicial. He de observar que el desprecio ante la política en el ciudadano común es un sentimiento razonable, pero a la vez conveniente para la privatización del poder. Y a la vez, en contraposición, la actitud de criticar la indiferencia de las personas ante el proceso de la cosa pública es también una premisa equivocada…. Pues la disposición afectiva hacia la política parte de que la vida en ella no sea un desperdicio de tiempo, y no conlleve al gran show en que se ha convertido…. Ambas actitudes son emociones larvarias y confusas a las que hay que darles una lectura racional del lugar en que se hallan, y cuales son las acciones pertinentes para liberar a la política y a su ingeniería institucional de teatros, viajecitos, y seminarios con cocteles, y parrilladas sensibilizadoras…. Hay que dejar de lado esa escena triste de que se le saca la mugre al capital o se decide el destino del mundo desde ágapes en hoteles cinco estrellas, o desde salas de reuniones con conversaciones al aire….

El arte de los peruanos ha sido la verborrea espectacular, inservible, crítica, moralista, pero a la vez complaciente e incapaz de llevar las fastuosas recetas que exhibe a la acción concreta y a su sostenibilidad social. El gran abismo entre la palabra y la acción técnica ha sido un arte que ha favorecido el florecimiento de poetas, literatos y dramaturgos, y por tanto de personas y generaciones de eruditos que sólo han comerciado con ficciones y mentiras. Los grandilocuentes castillos de ilusiones que han dominado nuestra imagen de nación milenaria han escondido la poca voluntad para concretarlos, o el poco esfuerzo para socializarlos. El sentido común a lo largo de la historia se ha construido en base a silencios y tergiversaciones, a ficciones y psicologizaciones que sólo han perseguido el disfrute y el jolgorio personal. Las ideas clericales y rebeldes de las que han bebido nuestros jóvenes han surgido de un estado de ánimo que sólo ha buscado la diversión y el dispendio a base de poco esfuerzo. Ha sido una empresa de seductores y de ociosos, que se han convertido perjudicialmente en ideas y programas que dominan nuestra realidad y de cómo actuar en ella. El Perú se ha construido desde una cantina, o desde un aquelarre de floripondios rodeados de libros y hologramas.

El daño que ha ocasionado olvidar este divorcio esencial ha conducido a lo ridiculez que escuchamos en radios y en programas considerados serios, donde me respondo que el origen de nuestra ocurrente ironía y sarcasmo popular parte del disparate y la incoherencia para enfrentar los problemas que nos rodean como país. Nos reímos de la estupidez que nos rodea. Doy ejemplos. En esos días que me hallaba encerrado en habitaciones cálidas hurgando en la TV de la selva para saber de pesca y de salud natural mientras me tope con el escandalo de Magaly Solier. Luego la vergüenza de los sistemas de bloqueos de señal de celulares en el penal de Trujillo. Y por último la consabida entrevista al Presidente Ollanta Humala Tasso, en varios canales de señal abierta. La TV se ha convertido en un espacio de simulacros y de performances que se presentan como serios y reales, donde la noticia es una forma de información que refuerza aquello que critica y vapulea. La desinformación no parte de que no se exprese lo que acontece, sino en la forma como se interpreta, en la forma como se distorsiona una acertada lectura de las cosas y de como se frena toda acción ante ella. La noticia así como la farándula de Peluchin parten de que se banalice lo que pasa, y se vuelva un chisme que inhibe la decisión, y la acción juiciosa.

En primer lugar manifiesto mis respetos por la consecuente Magaly Solier. Lo que se le sucedió en el servicio del Metropolitano de Lima con ese fracaso de hombre, pervertido, es un ejemplo de lo separado que se hallan los sexos, y de como la mujer en este país es aún un enigma incomprensible para nuestra sociedad y para el machismo. Indignada por la frustrante escena que tuvo que experimentar, cuando un imbécil que no sabe respetar ni considerar a una mujer se masturbaba detrás suyo, denunció ante cámaras en RPP (Radio Programas del Perú) que el acoso contra la mujer es insoportable, destructivo y que debe acabar, que alguien debe hacer algo. Su polémico testimonio y la actitud desde la que su irritación se publicitaba es una prueba de la situación desfavorable en que se halla la mujer en el Perú, a pesar de lo que han ganado y de su ascenso social educativo y organizado en las últimas décadas. No se ha comprendido que el empoderamiento del sexo femenino no es sólo laboral o político sino que es sobre todo un proyecto cultural que persigue equidad de condiciones en la sociedad patriarcal, así como un viraje moral en cuanto a la idea de la mujer y la expresión de su cuerpo y sexualidad. Hasta ahora ese ascenso ha sido leído por los hombres, en una buena proporción, y por lo sectores conservadores, y retrógrados del país como un desafío ante la naturaleza de las cosas, como un reto que vulnera la seguridad de los hombres y de su inherente hombría.

El ascenso del feminismo, y la incomprensión de los hombres, no ha erosionado esa idea autoritaria de que el cuerpo de una mujer es un objeto que tiene un precio, y que debe ser tomado y vilipendiado cuando el machismo lo requiera. Se le ha enseñado con más cinismo que antes que comprender y estimar a una mujer es un acto de afeminados, y de cursis, y que el único camino para conseguir placer y la fidelidad de una mujer se basa en el poder económico, en la coacción, en la demostración política, en la suplantación o en el espionaje. No comprender, ni considerar los sueños y el mundo de las mujeres, conduce a no saber enamorarlas, a no saber llamar su atención ni a quererlas. El deseo sobre el cuerpo de las mujeres, su exagerada cosificación, crece con cada incomprensión de lo que piensan y sienten, de lo que logran y conquistan en la realidad. Ahí donde no hay esfuerzo ni poder para impresionar se accede al acoso, a la violación y a la pornografía viviente, y por tanto a la desviación de lo que es hombre, sin que se crea en el amor, porque se odia a las mujeres, a las que se desea. Sentencia: Todo hombre que piense a ciegas que conseguir la sonrisa de una mujer, o su alma con el carrito que le pones delante de su casa, de los galones que se ha conseguido, con el dinero, o la amenaza en el negocito que le pones, no es hombre, da risa y pena…. Hombre es algo que no se aprende en ninguna universidad, o con el status que se nace, no requiere del dinero, sólo es ser león y niño a la vez, alguien que tiene fuerza y romanticismo. (Esto es otro tema).

Esto es quizás un tema aleatorio y que se da de fondo. Pero el tema más mas indignante y a la vez vergonzoso sucedió luego en otra escena de RPP, cuando ya se trato específicamente de la denuncia. Ante el agobio y frustración de Magaly Solier, y el encaramiento de la periodista de RPP, al Gerente de PRONTRANSPORTE del Metropolitano de Lima Ítalo Fernández, que sólo se justificaba con el seguimiento del caso y la exposición de un protocolo de denuncia que es un saludo a la bandera, ella sólo atino a testimoniar: “Que denuncien las mujeres si están pasando por esto y yo voy a llegar hasta el último con este hombre”, afirmó. “Y si ustedes no hacen justicia, yo voy a hacer justicia. Este tipo de hombres hay que castrarlos, cortarles desde abajo, eso es lo que voy a hacer” (Fuente de RPP. http://peru21.pe/espectaculos/magaly-solier-denuncia-acoso-sexual-bus-metropolitano-2185572). La ley no sirve, pues una perorata de intenciones, diseños y propuestas que nadie tiene la voluntad de aplicar, y que en realidad no es efectiva.

En la actitud de Ítalo Fernández de sólo mencionar los mecanismos que se iban a utilizar para resolver este escandaloso hecho de vergüenza pública se dejo sentir la misma indiferencia y desafección por los ciudadanos que constató Magaly Solier cuando pidió ayuda en el bus del metropolitano para detener a esa basura de hombre, que no debe respirar. ¡Debieron ver la cara de la periodista y de Magaly Solier al escuchar los pretextos del gerente! No sabía si avergonzarme o ponerme a reír. En su sólo cumplir con escuchar se dejó sentir la simulación de institucionalidad y de resolución de problemas en que reincide El Estado y sus autoridades. Estaba fastidiado y con aires de soberbia, pues no pedía perdón, y la verdad no va hacer nada, pues es un huevón que esta en un cargo que no entiende…. El abismo entre la letra y la acción, es una realidad de ausencia de voluntad, pero a la vez de un profundo desconocimiento institucional y organizado de los problemas que les suceden a las mujeres. La mayoría de leyes y disposiciones son sólo represivas y letra muerta, consultorías, recomendaciones y acuerdos protocolares que piensan que desde el Estado, y desde la ilustración pública se puede hacer algo. La verdad es que el cinismo y la hipocresía de esta época nos hacen creer esa barbaridad de la preocupación de nuestras autoridades, cuando es un tema eminentemente cultural y de cambio psicológico. Un poco de sinceridad no le vendría mal a nadie, pues solo la sociedad puede alterar esta situación de violencia en contra de las mujeres, cuando cambien sus valoraciones en relación a la mujer y sus cuerpos.

Un segundo tema que llamo mi atención fue la vergüenza que ha pasado el gobierno al apurar la instalación de Un sistema de bloqueo de celulares en el penal “El Milagro” en Trujillo y en Chiclayo. Siendo un problema para el combate al crimen que las órdenes centrales del crimen organizado se dictan desde los capos de las cárceles, se ha forzado la aplicación de un sistema de bloqueo electromagnético de la señal de los equipos móviles desde los penales de máxima seguridad. El congresista José León de Perú Posible, comprobó su operatividad el lunes 26 de Mayo pasado, desde un lugar preciso del penal, y su llamada pudo salir hacia afuera del penal. Aunque se especuló que hubiera cierto sabotaje o hackeo del sistema que el gobierno piensa emplear, señalado por el Director del INPE (Instituto Nacional Penitenciario) José Luis Pérez Guadalupe, lo cierto es que se mantiene en un período de prueba por 30 días, luego de lo cual se sabrá su adecuada utilidad. Hay de modo formal una apuesta por desactivar las comunicaciones del crimen organizado, y de potenciales rivales políticos presos, pero lo real es que se ha pagado mucho dinero a una empresa privada, sólo para dar la idea a la sociedad de que hay un combate vertical hacia los tentáculos de la delincuencia, cuando su gestión tendrá un manejo claramente político, que no interferirá con el desarrollo del crimen.

Se propaga una solución ceremonial para contentar a la opinión pública alarmada por la inseguridad ciudadana, cuando se sabe que el delito ya ha corroído las esferas medulares del poder público y sólo es un obsequio tecnológico, que no oculta la escasa organización y los pocos recursos de la institución policial para hacer frente al delito que ya es un tejido social acendrado en la sociedad. Las planillas doradas de la oficialidad burocratizada, los sueldos de miseria, y los escasos efectivos policiales, así como la corrupción en varios sectores de la policía permiten pensar que el problema es de capacidades y de preparación y no de los juguetes que se adquieran. El avance del delito no es sólo producto de la descomposición cultural que ha potenciado la desordenada modernización del Perú, sino una premisa necesaria de erosión de los valores morales de las culturas, ahí donde es necesaria la adicción y la degradación para el consumo y la ignorancia.

Como sostuve en otros escritos, los diseños y las propagandas en relación a la resolución de una crisis institucional esconden que la aplicación de formas técnicas impropias para ciertas condiciones culturales no examinadas, no consiguen modelar las respuestas organizadas que se prometen, sino que el objetivo es empeorar la vida anómica que se piensa combatir…. Una solución técnica frente a una cultura trasgresora se enfrenta pensando que la fuerza de las medidas, el sobrepujamiento de los pesos y contrapesos normativos, así como la adquisición de ornamentos tecnológicos de vigilancia es suficiente para construir una cultura organizativa eficiente. Un pathos enfermo en el Estado, o en cualquier historia organizada sólo cambia en base a un compromiso con un nuevo poder, con una nueva fe cívica, y eso debe sedimentarse en modificaciones normativas, reglamentarias y diseños técnicos originales ambientados a la cultura de los gobernados. Es un impase no focal o funcional sino sistémico y espiritual.

En una cultura tan compleja e indescifrable como la peruana, tan poco consciente de sí misma, la integración tecnocrática es un acto de reunificación anímica que atraviesa el cuerpo social, de construcción de un pueblo sintiente. Y eso es algo que sólo puede generarse desde renacimientos culturales que conecten a la gente en relación a una nueva creencia cívica, un secreto único que los peruanos y su inteligencia han extraviado en los estertores de la historia. No hay que redefinir lo que se ve sino como se siente originalmente lo que nos rodea. Sientan lo que habitamos, eso es el principio de una renovación popular. La toma del Estado no es la salida, no se puede cambiar nada desde él, eso de que si es un cuentazo, pues no es un organismo soberano de múltiples formas. Quienes patrocinan esta idea lucran con ella, o plantean el cambio social de modo equivocado para aniquilar el nacimiento de nuevos sueños y expectativas, que sólo refuerzan el poder. (Esto es otra historia)

Como tercer ejemplo de este abismo se menciona la curiosa entrevista que periodistas políticos Augusto Álvarez Rodrich (canal 9), y Roxana Cueva (canal 5) le hicieran al presidente constitucional del Perú Ollanta Humala Tasso, el domingo 1 de Junio del 2014. Se puede comentar largamente a cerca de los pormenores de la entrevista, el énfasis puesto en justificarse ante la deslegitimación de su gobierno y de su persona, y los comentarios ácidos de sus rivales políticos en sesiones aburridos de politología y de proselitismo inservible atizado de emplazamiento moral, pero no lo voy a hacer. Creo con firmeza que criticarlo por el lado del estado de la política, o de la erosión del régimen de gobierno es un supuesto vulgarmente maniqueo. El es sólo un político tan igual y semejante como el resto. Responden a un sistema y a un estilo de razón de Estado que hace de la cosa pública una aldea o una chacra de grupos privados de poder que sirven o hacen ridiculeces para el poder económico o los poderes paralelos. Su negocio y su hábito como el resto es fingir que conduce, sabe y toma decisiones, cuando sus dos actitudes razonables entre ese mundillo de sirvientes encorbatados son, en primera instancia, saquear y corromper las culturas locales, y luego permitir la penetración exacerbada de los intereses económicos. Su gobierno consiste en romper las sociedades locales, sin que importe que sus profesionales, y aliados laborales de desarrollo enarbolen la preocupación de saber lo que pasa con el Perú.

Había que ver a Humala carente de información sobre su cargo, sin conocimientos técnicos, sin rendición de cuentas, sin saber al detalle como va un programa o el desarrollo de una medida. Sus ejemplos de colegial y su actitud bastante rústica, además que sólo mencionaba los listados de medidas y de leyes, como si con promulgarlas ya se hubiesen ejecutado, es una expresión en miniatura del gran abismo que existe en el Perú entre lo que la academia, los saberes de universidad, las ideologías políticas, las ideas fuerza erradas que nos han educado, y la realidad espiritual ignorada de los peruanos manifiesta. La vida misteriosa del Perú, ignorada por los propios peruanos bajo su consentimiento o sin él es el fundamento de una forma de gobernarnos que nos empeora y nos corrompe.

Y esa es la marca de Humala y de otros políticos tanto de derechas como de izquierdas: presumen por verborrea que saben, pero en verdad no saben, no poseen ninguna habilidad para planificar la sociedad, ni se sienten responsable de sus tareas. Lo perfecto en ellos es ser sectas de maestros del engaño, personajes que han hecho su poder en base al alarde y la falsificación, a la espectacularidad y el montaje, y no gente que se haya hecho producto del trabajo duro y el aprendizaje constante del servicio público. Son por lo general gente sin preparación y estúpida. Por eso no conocen del Perú más lo que recogen de sus consultores o del internet. Desde sus escritorios su maña de operadores políticos es obstruir toda propuesta o idea buena que pueda amenazar los intereses de sus mafias y su truhanería ejecutiva, inhibiendo los desarrollos profesionales y atiborrando los almacenes de supuestos y estrategias cada vez más lejanas de lo que sucede en el Perú. Un saber estatal involucionado y desconectado del movimiento del país, sólo puede conducir a que nos gobiernen los peores elementos de la sociedad, y a que la acumulación de saberes técnicos adaptados a nuestro territorio, expresados en una estructura profesionalizada híbrida, sea solo un sueño extraviado en la locura de que la foto, llevar papeles, organizar eventos, traicionar, o acostarse con un político de turno es el camino a una buena carrera.

Y a las pruebas risibles me remito. “Mas que ver un hombre que ha perdido sus sueños”. Idea bien cojuda que sigue haciéndonos creer que lo malo no fueron sus ideas sino el hombre real que dio una patada en el culo a sus banderas ideológicas originales. La verdad es que el hombre es una hechura de político que se ha dado cuenta que la mentira es la forma de alcanzar el cielo, y que no hay preocuparse por prepararse y tecnificarse, sino que hay que depositar la fuerza de un político en la demagogia, y en la retórica moralista, para luego flojear y no hacer nada. Todo hablador que no cambia lo que dice, y que sólo alza la voz, es por lo general un golfo. Si el poder es la envestidura de una ley, o el apoyo de los poderes fácticos entonces la gestión pública del oficialismo de cualquier tienda es sólo simular preocupación o diligencia televisiva para vampirizar las arcas públicas a favor del libre comercio o entregarse a la locura de cambiar la sociedad, cuando ambas actitudes robustecen la corrupción de las clientelas estatales.

Por ello las cualidades de un político se han hecho chatas y viles; pues el hábito de sólo simular a través del tiempo los ha hecho carentes de liderazgo, faltos de carácter, con tendencia a la arrogancia, a equivocarse con desfachatez y sostener la mentira a pesar que nos cause risa. Por eso en los últimos tiempos han sido penetrados por una visión cercana a la farándula, pues sólo ver la TV seria llena de líos, de comisiones de investigación, de show mediáticos, de escándalos, y de psicosociales con portátiles infantiles a cualquiera le despierta una considerable vergüenza o comparar este espectáculo con el especial del humor, o los cómicos ambulantes…. La devaluación de la política es un resultado de que la sociedad peruana este al revés, pues el talento está desperdiciado porque se ha socializado que ser mediocre y simular extraordinaria probidad es la fórmula para alcanzar el éxito.

Estos son ejemplos que no sólo abundan en la TV, donde la exageración de nuestros defectos se hace entretenimiento y los refuerza, sino que los confirmamos a todo nivel de la sociedad organizada. De manera general – pues esta indagación seria materia de un estudio más ampliado de los silencios y de las impropiedades de haber nombrado mal al país- sólo diré que el desinterés por no comprometerse con esta tierra, y no desarrollar una identidad articulada y plural en base al trabajo y al amor a nuestra cultura es el producto negativo de haber olvidado lo que somos, de tener vergüenza de nuestros orígenes. Hemos empotrado compulsivamente un sistema de ideas, de usos y costumbres, y una cultura material de organizaciones y de técnicas completamente ajena al movimiento vital de nuestra naturaleza, que nos ha desarraigado y que ha constituido una mentalidad atizada por el resentimiento y la frivolidad. Querer escapar de la incomprensión de no entender esta tierra, pues los barbones nos metieron el miedo y diluyeron nuestra sagrada antigüedad mítica en la soledad de los andes y los desiertos, nos ha arrojado a querer buscar la felicidad y la libertad en aquello que mas nos destruye y divide. El egoísmo y la indiferencia que nos caracteriza habitualmente es una propiedad que evidencia que lo que somos se haya encerrado en nuestras singularidades, que la forma en que vivimos desconectados, siendo nuestros compatriotas sólo medios de uso, cosas deseables, nos aleja de realizarnos como personas y como pueblo orgánico.

Hoy la economía moral que nos ha hecho grandes y geniales supervivientes a través del tiempo se ha vuelto empresa y posibilidad de desarrollo cualitativo. La emergencia de los sectores de exportación y la acumulación que le imprimen al país el capital minero han generado en desorden un circuito de redes económicas y de recursos de trabajo, que lentamente hallan en el trabajo intensivo y en la comercialización a todo nivel un fundamento para una diversificación y planificación productiva de mayor calado. Es necesario canalizar ese dinero que ha entrado a la economía, y la ingente demanda de mayor calidad de vida, para integrar al país de modo territorial, comunicacional, económico y político. No hay que desaprovechar este momento de largo crecimiento y volverlo sostenible con reformas estructurales. Pero la verdad es que esta recomendación que ya he merecido varios libros y debates, sólo es un slogan que nadie ejecuta, por tres razones esenciales, que son las más importantes, pues hay más.

Una es la falta de voluntad para echar a adelante esta maquinaria de medidas, de parte de los grupos de poder que gobiernan este país. No conviene dejar sin efecto el negociazo que es mantener el libre comercio, y la mercantilización de nuestra cultura, pues comprometer a la sociedad sería dejar atrás las enormes fracturas sociales que son el origen de la fuerza de nuestra oligarquía, y es mejor vivir en el rentismo que dejar que el trabajo duro haga una economía más compleja.

Una segunda, es que a pesar que la TV hable de una mejor preparación de nuestros profesionales, y de un mayor conocimiento de la cosa pública la verdad es que no se cuenta con las experiencias ni las habilidades a gran escala para reestructurar socialmente nuestro territorio. La falta de sapiencia se expresa en que se requiere una forma de desarrollo y de acoplamiento sistémico que recoja los saberes organizativos y productivos de nuestras culturas, es decir mueva la materia gris, y eche a andar a nuestro recurso humano en modo de legitimación como mano de obra es constante especialización.

Pero la tercera idea que nadie ve, y que es un misterio para nuestra inteligencia es que hacer este enorme movimiento de voluntades y de recursos sólo se puede hacer si es que la construcción de una cultura material, técnica y científica, – ¡si es que estas serían las palabras!- sólo puede ser el resultado de liberar los sueños encerrados de nuestras culturas y de nuestros cuerpos de modo que se busque la articulación de un pueblo reconciliado con la tierra, y este mito liberado edifique por fin un tipo sui generis de organización social. No desaprovechar esta bonanza y creatividad pasa por volvernos una nación, de modo espiritual y material, Pues el desconocimiento de nosotros mismos es la prueba de que hay un secreto en estos parajes salvajes que espera ser escuchado y potenciado, que el poder más oscuros no quiere que despierte. Sientan a la tierra y se vera el modo de cómo pensarla, y de cómo levantar una nación unida y plural en ella. Lo demás es otra historia.

Magaly Solier indignada ante cámaras

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