Ni Atenas Ni Israel

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Límites secretos del proceso de descentralización y democracia en el Perú

by on Abr.28, 2014, under Sin categoría

Las conjeturas que se aterrizarán en este artículo son sólo eso supuestos de gabinete. Un estudio pormenorizado de estos supuestos acarrearía rehacer nuestras percepciones epistemológicas y metodológicas sobre la sociedad, alejándose de la certera objetivad. Como la idea debe ser soltada en la medida que el hecho este fresco, es menester desarrollar sus argumentos a un modo de ensayo, denuncia y testimonio personal antes que la vida la mate… Por eso el tenor de estos argumentos conectará con el sentimiento conspirativo y la carga emocional, para sopesar la necesaria prueba con la energía del discurso.

A la fecha el proceso de descentralización iniciado durante el gobierno de Alejandro Toledo , y continuado en los siguientes gobiernos se ha rebelado como un cuello de botella donde son más grandes las dificultades que los avances. A ciencia cierta, el argumento de combatir la enfermiza concentración del poder fáctico y político en manos del Estado dictatorial del Fujimorismo, se ha trocado en un modo de derramarlo perjudicialmente en nuestras organizaciones sub-nacionales y en nuestro rudimentario tejido social.

La recomposición del Estado de derecho para blindar los intereses de los grupos de poder económico, requería entre otras cosas iniciar una radical reforma de distribución del poder político y administrativo, que cancelará el poder real de la mafia y que diera competencia legales y a la larga de gestión social a los poderes locales, como una forma de modernizar a nuestras identidades políticas locales y llegar a acuerdos de gobernabilidad . Uno se buscaba como premisa, por supuesto, rescatar a los ciudadanos de formas autoritarias y clientelares de gobierno que habían sembrado la corrupción y arruinado la moral pública. Dos, se buscaba crear plataformas de gobernabilidad en las que las organizaciones sociales se sintieran escuchados y representados por sus autoridades locales, y de ese modo llegar a acuerdos legales sobre la introducción de obras, mejoras sociales y educación acelerada de la mano de obra. Tres, se perseguía preparar sostenidamente a los gobiernos locales para negociar en los mejores términos el ingreso de las inversiones privadas, de modo democrático, legal y con responsabilidad social. En lo político, el diseño buscaba alterar el centralismo cultural del país, combatiendo la plaga del “fujimorismo cultural” y en el tema organizativo dotar al estado de agrupaciones y clase gobernantes nuevas que dieran un impulso a la gestión de los territorios y al desarrollo social.

Esto sólo fue pura retórica. Las categorías siempre llegan tarde o encubren los verdaderos procesos reales que suceden. Aunque se sostenga como ducho académico, que la política de Estado en un marco democrático es un proceso lento, pero perfectamente digerible, donde hay que hacer responsables ajustes sobre la base del ensayo y el error, lo cierto es que los intereses y la mañosería política van por otro lado . La sugerencia que suelto, es que esta modernización de los niveles sub-nacionales, no pasó del documento o del te de tías de las ONGs. El motivo real y que aparecería paulatinamente era en el aspecto cultural y psicológico alterar y descomponer sin ningún atisbo de consulta las tradiciones locales y los saberes políticos del Perú profundo, con el objetivo de posibilitar la aparición del individuo y de contextos de consumo. A nivel de la gestión urbana, mejora insuficiente de los caminos, y la llegada cada vez más publicitaria de los medios de comunicación social, se ha producido una cultura anexada a la modernización irreversible de los espacios locales, donde llegan avances visibles, pero que descolocan y que generan la pérdida irreversiblemente saberes locales y equilibrios con la naturaleza. La respuesta frente a ello inconscientemente o de un modo desesperanzador es la llegada severa de problemas como el delito, el alcoholismo, la corrupción, la violencia familiar, la contaminación ambiental, y a veces la respuesta agresiva de movimientos sociales que toman la forma de protestas socio-ambientales con ciertas agendas determinadas .

Un segundo motivo real, y que no tiene nada que ver con el mal diseño de la política, descansa en que los gobiernos locales se vuelven sucursales dependientes del poder central . Uno no existe, sino de modo muy bloqueado capacidad real de gestión de los recursos que llegan del canon minero y de los impuestos vecinales. Hay como se sabe un control clientelar e irresponsable de los recursos públicos que amerita un mayor control. Existe una displicencia administrativa: es decir, no hay mayor interés por mejorar aspectos sensibles del desarrollo humano y profesional de las regiones pues una mayor educación y organicidad del tejido social sería una seria oposición a los sistemas de poderes mafiosos que subsisten y se disputan el control de los municipios y gobiernos regionales. El resultado es la declinación del desarrollo profesional y la carencia de mano de obra calificada para dar saltos cualitativos a la industria local, que sigue en el terreno de las microempresas, en la agricultura de subsistencia, y en el nivel del trabajo intensivo y no especializado. Y tres, al debilitarse el poder real de los municipios y gobiernos locales para el progreso de sus territorios, se provoca que el poder central recapture las decisiones de sus niveles sub-nacionales, con el objetivo de beneficiar inescrupulosamente inversiones de gran calado, concesiones y grandes obras, donde la corrupción y las prebendas neutralizan cualquier desarrollo de la democracia.

El análisis del proceso de descentralización requiere pruebas y datos explícitos que son dirigidos con una voluntad epistemológica incorrecta, que oculta la vida real de los intereses. Hay que hacer un ejercicio de desocultamiento audaz del poder real, e intentar pensar e intervenir como no lo hace la academia y por lo tanto la clase política. Reflexionar y actuar de modo político se ha vuelto en el país una mera transacción de falsa institucionalidad, un eterno retorno de apócrifos remedios y soluciones que nadie ejecuta, pues no sirven aunque den dinero y una gentil credibilidad. Pero volviendo a las artes.

Un tercer motivo real que es más inverosímil como necesario de sentenciarlo es que a veces las malas aplicaciones de diseños políticos, son resultado de acuerdos secretos para generar cambios de poderes o variar los intereses de rivales que se disputan el control de ciertos de espacios o de sistemas políticos globales . Para decirlo con todas sus letras, pero en sentido categorial, el regreso de la democracia requería pacificar a los actores que podían interrumpirla, y que habían sido anulados parcialmente con el final de la violencia política. El fujimorismo, a través de su servicio de inteligencia, había incorporado a los principales cuadros políticos, y a los sistemas de organización alzados en armas en su proyecto de levantarse el país, como el remedio para derrotar a la subversión. Con el regreso del Estado de derecho, esos pelotones fueron liberados o se les dio la venia de ingresar en los poderes locales, como un modo de buscar la reconciliación nacional. Ya no eran resueltamente insurgentes, sino organizaciones y redes de amigos que buscaban infectar con sus intereses de grupo los principales niveles del sistema político y tornarlos delincuenciales, auspiciando enriquecimientos ilícitos, o utilizando la democracia y las venas institucionales del Estado y de los gobiernos locales como un modo de reconstruir empresas de poder privado. La corrupción de lo público es una premisa necesaria para derrotar la moral cívica, y garantizar la multiplicación de inversiones e intereses privados, que favorecen a los grupos de poder, y a las clases políticas que son financiadas por estos.

En el plano real, la función de los poderes locales de servirse de los recursos institucionales y de la voluntad popular para amasar lentamente fortunas y clientelas, produce lentamente una cultura autoritaria que naturaleza el discurrir de esos poderes . Se crea una piscología que internaliza la violencia y la anomia como forma de vida. Se pone en peligro aspectos fundamentales de las culturas locales, como la formación educativa, la salud de las familias, la cultura de género, el cuidado de los menores, y desórdenes afectivos que favorecen el abuso y la destrucción negociada de las relaciones sociales en donde descansa el progreso objetivo de la sociedad.

Pero ¿porqué tanta permisividad? Si uno responde que son los costos de la modernización, se daría inmediatamente cuenta que la estabilidad no es algo que se alcanza. Que aunque hay dinero y más oportunidades de trabajo, esta legítima acumulación y movilización de los recursos del capital en las regiones enmascara tras el cemento y construcciones inútiles un serio problema y una predicción espantosa: que así como la democracia en su momento fue un presupuesto inobjetable para desarrollar el capitalismo en el Perú, basado en la minería y en los circuitos comerciales que ha generado la inversión privada, hoy es necesario restringirla y porque no cancelarla. Sobre la base de la libertad de asociación y de organización que permite el Estado de derecho se han creado cuellos de botella y restricciones políticas a los intereses de los grupos de poder que exigen una vuelta a la centralización de las decisiones. Los excesivos marcos legales, el crecimiento organizado de la sociedad, más informada y con cierta capacidad de sabotaje, la captura de sectores claves de la institucionalidad por facciones parasitarias de poder, y los factores externos de las crisis del capital global empujan a los dueños del Perú a acelerar el control sobre nuestros recursos y esquivar la urgente deliberación. En ese sentido reformas claves como la Ley de Reforma del Estado, del sector salud, la Nueva ley universitaria, etc, son expresiones enmascaradas y disolventes de las resistencias cívicas. La democracia de modo cultural y por decisionismo político degenera en tiranía.

Y eso para señalar ejemplos esta sucediendo en varias regiones de nuestro país. El acelerado desarrollo comercial y económico de varias ciudades en el Perú esta creando obstáculos sociales y políticos al capitalismo extractivista .
Para ellos es insuficiente contaminar de delincuencia a las sociedades.Ahora es necesario, sobre la justificación del reordenamiento y la paz social expandir Estados de excepción para garantizar la supervivencia de la sociedad peruana, de su aldea. Las condiciones para este futuro negro de la democracia se están cocinando en Lima, Ancash, en Tumbes, en varios distrito de Ica, el sur de Lima, en Lambayeque, La Libertad, varias zonas de Huánuco, Piura, Madre de Dios. Bajo la modalidad de violencia de sindicatos, criminalidad, redes de narcotráfico, mafias políticas, crisis de las universidades, desorganización de las juntas vecinales, corrupción de los comedores y vasos de leche, informalidad, violencia intrafamiliar, drogadicción, trata de blancas se esta reproduciendo una piscología que le arrebata a la democracia toda fuerza para su desarrollo . Todo esto no es producto exacto de una conspiración bien planeada. Aquí no hay cerebros para ello. Es sólo resultado de un patrón de descomposición de la política y de la modernidad peruana que se ha vuelto autopoeítico, como diría Humberto Maturana , a nivel mundial, y que lo estimula la programación perversa del Nuevo Orden Mundial .

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Un mal planteado debate, una mala planteada solución. Acerca de la luchas de las minorías sexuales en el Perú actual

by on Abr.13, 2014, under Sin categoría


El que escribe es un heterosexual. Alguien que no se ampara en la moral y en las buenas costumbres para observar y describir de modo prejuicioso la conducta del movimiento Gay y de su legítima lucha por vivir con libertad y sin discriminaciones. Hay en este tema que se nos abre un deseo por modificar la naturaleza hipócrita de la sociedad peruana, pero a la vez un falso planteamiento en las formas y en las consecuencias que nadie percibe. Las discrepancias que se suscitan en torno a la lucha de minorías sexuales y de género parten de lecturas y esquemas de pensamiento que proceden de otras realidades, y por tanto, encubren que los intereses y las prerrogativas que se buscan no van a cambiar las mentalidades culturales conservadoras, pues no se quiere observar la pertinencia de esta lucha en la sociedad actual. Este debate, es una lucha por derechos de grupo que sólo se desarrolla en Lima, y que se siente y se mueve a la Europea, no viendo la evolución y los imaginarios que los peruanos han construido en relación a sus cuerpos y sexualidad. Ver así las cosas es sólo imposición y va a traer más antagonismo y doble moral que la que se quiere derribar. Irse por la ley es una conquista política pero no psicológica. Es un reflejo jurídico que va a erosionar más la alicaída autoestima que las personas producen en relación al amor y al erotismo, pues nuestra salubre frivolidad y excitación no es un síntoma de afirmación y de libertad, sino de más desarraigo y anomia por un dolor originario.

Nuestra cultura es autoritaria no sólo en las formas que nos gobiernan. El tejido social y los vínculos más íntimos han sido producto de confluencias que ocultan mucha frustración y violencia en contra de nuestros cuerpos y sentimientos más nobles. Hablar de nuestros deseos y más locuaces fantasías linda con la desaprobación, la vulgaridad y el pudor más cínico. Esto último no es moralidad ni virtuosa armonía sino vergüenza por no expresar lo que sentimos y lo que queremos poseer y enamorar. Nuestra sexualidad es a escondidas y linda con la calumnia, y la instrumentalidad. Por ello se acerca a la perversión y a la violencia sólo por búsqueda de placer. Pero hay decencia, formas y condena moral que no tiene lógica. Aparentar control no es sino astucia por ocultar que hay mayor descontrol y locura que la que se cree. Lo que se quiere poseer no es el camino a una relación estable y duradera, sino la premisa para usar y obtener placer, ahí donde se ha naturalizado la idea represiva de que el amor es algo que no existe. El miedo a enamorarse, hace que lo que buscamos este cargado de muchos requisitos para hallarse, y por lo tanto se lo pierde.

En nuestra historia la abstinencia por constituir una realidad común, ha generado una identidad que halla su seguridad ejerciendo poder sobre los cuerpos a lo que desea. El racismo que nos atraviesa es la ideología de rencor en contra de aquello a lo que queremos someter y que debe estar bajo el control de nuestras expectativas sexuales. No se permite su propia construcción sexual, sino que se le aplana y se le disminuye. En eso el cristianismo y los falsos valores actuales han desempeñado una maquinaria de desprecio formidable en nuestra cultura. Si muchas culturas se hallan detenidas en el tiempo, y en su progreso objetivo, es el resultado de que el desprecio y el racismo que ha impactado en nuestra historia a generado una atrofia instintiva, y a la vez un desorden afectivo tan brutal que no hay ánimos para buscar el desarrollo y la empresa moderna.

Por ello la vigilancia y la destrucción de nuestro deseo ha sido desde siempre el proyecto para dividirnos y domesticarnos. La humillación y la burla por nuestra piel, ha cuajado en una arquitectura de estereotipos sobre los sonidos, los olores, los rituales y las supuestas depravaciones que a alimentado el odio y el resentimiento. La gran lucha de poderes por el control de nuestra soberanía se ha convertido en una pugna por imponer un gobierno sobre los cuerpos, y recluir a las mujeres a espacios de control como botín de guerra. De modo casi superlativo, la modernidad y los gigantescos avances de la técnica y su administración, todo a eso a lo que los europeos han llamado civilización, no ha sido sino el gran invento por tener al servicio de los impotentes los deliciosos manjares corporales de los que se atrevían a vivir y gozar.

Su incapacidad para amar sin atenuantes, ha construido una dictadura de las emociones en donde la diferencia y la búsqueda de los híbridos ha sido negada para el pueblo, para las mujeres y para todas aquellas minorías que se salían del molde de lo supuestamente natural. Ahí donde cultura y cuerpo no coinciden necesariamente, la sexualidad es una ontología que no tiene límites ni formas. El deseo esta en nuestra cultura, pero se ha construido la palabra cultura, conocimiento y ciencia para domesticar y modificar el deseo de aquello a lo que no se comprende y no se quiere comprender. Con ello la cultura ha despotenciado a nuestros instintos, y ha hecho que de nuestro miedo a vivir de frente surja una identidad que basa su gratificación en violentar y trasgredir las leyes y las instituciones que nos mantienen unidos, y esto va a ir más allá. La poesía tal vez vaya por otro lado, pues mantiene el hechizo de la metáfora sobre los cuerpos. Pero ahí donde incluso lo más esencial es visto en términos de cálculo el cuerpo es un fruto que si posee precio, y que se puede exhibir como trofeo. La belleza es algo decorativo que alimenta nuestras ganas de devorar y violentar.

En el ser humano en cuanto al sexo todo es posible, señala Lacan. Pero esta es una premisa que exagera y que anticipa el gran atentado en contra del mundo. Sólo en el homo sapiens esta fenomenología cobra un sentido enfermizo y es la marca de su poder. Su miedo por estar sólo lo cargo de miedo a si mismo. El poder es la huella de una gran impotencia visceral. Las otras civilizaciones no vivían bajo esta mediocridad, sino que de cierto modo los deseos y las construcciones en cuanto al cuerpo eran algo común, visible y religioso. No era una vergüenza escuchar a nuestra piel. Nuestra conciencia era nuestra piel, y era una forma de instinto que no había degenerado. Agresión y goce, no basaban su manifestación sobre la base de la muerte y la negación de la vida, sino que era una alegría el sentirse parte de una creación, donde decirle sí a las cosas y a las criaturas nos permitía el placer preciso, y era todo sagrado.

La historia de aquellos que orquestaron la transformación del caos sensorial acabó mal. El mundo es un desierto donde lo intenso es un instante glorioso de eternidades que no siempre reconocemos. El poco amor que estamos dispuestos a recibir, y a dar ha quedado recluido en el ámbito privado, de donde no quiere salir y que lo hace evanescente. Es esta evaporación de aquello que nos mueve a estar vivos lo que ha dirigido nuestros ímpetus y locuras al lado del erotismo, la noche y los contactos fugaces que se han vuelto un agregado de historias y delicias que nos atan a la vida. Donde amor, pasión y juego se divorcian siempre hay insatisfacción y aburrimiento. El ego de quererlo todo y no estar en ninguna parte, nos ha hecho ciegos a lo más esencial, nos ha arrancado de la historia objetiva del mundo, y ha acrecentado nuestra soledad aunque sólo quede la ironía y la desinformación como formas de olvido. El poder con que esta construida la realidad moderna, y los sujetos que la reproducen no hacen sino hacer un uso administrado y mercantilista del deseo, porque a la vez se tiene el terror de que este alcance formas subversivas y plenas.

Llegando al punto que me hizo escribir esta nota. Todas las formas de poder han sido proyectos para controlar y devorar la belleza inexplicable del mundo. Cuando estos deseos, cuerpos y religiosidades estéticas han acumulado fuerza para escapar, y modelar las posibilidades de una nueva realidad se han expresado en revoluciones y en rebeliones en contra de los regímenes que sitiaban la vida. En todos los aspectos las revoluciones del pasado han sido interpretadas como la búsqueda de libertad frente e un poder tirano y expoliador. Grecia, el Primer Cristianismo, el renacimiento, las revoluciones democráticas, las revoluciones socialistas, las grandes revoluciones culturales como Mayo del 68, y la juventud, han acontecido para dar progreso a los sentidos e incrementarlos.

Sin embargo, ha sido la pésima lectura de que la razón, y los contratos sociales son formas de dar institucionalizar a los deseos, y ese desgano que ha caracterizado al europeo de quitar fuerza a su esperanza, lo que ha dado vigor a la idea de que las causas libertarias han sido discursos y estrategias de movilización colectiva manipuladas para provocar cambios de dirección en la naturaleza del poder que siempre se ha mantenido oculto e integrado. Liberar al espíritu de sus captores estables y racionales, ha sido el pretexto perfecto para redoblar el dominio, y pulverizar la salud de nuestras mentes. La última dimensión donde el deseo pudo reconectar con la antigüedad y la vida afectiva murió con la Segunda Guerra Mundial, las sociedades totalitarias, y la sociedad de consumo actual. La vigilancia sobre nuestros cuerpos y sentidos ha cedido el paso a un multiculturalismo de los gustos y las formas, que no es expresión de una gran creatividad sino los síntomas de una severa miseria, una gran necesidad por hallar en las formas y en sus prótesis adictivas caminos para salvar la vida.

En ese sentido, los estímulos que se han multiplicado y la vez degradado, han creado identidades y minorías cuyas proclamas de libertad son formas de escapar a la miseria psicológica que nos inunda, y accidentes provocados para desestabilizar y quitar aplomo a las personas y a las sensibilidades que surgen. Bajo esa lógica los originarios movimientos Feministas y de la Homosexualidad que rompían el corset autoritario de la sociedades machistas y organizadas sobre la base de la violencia y el no diálogo se han redefinido como formas que incrementan la descomunicación, el tribalismo, la rivalidad y el desamor entre las personas y los sexos. Ahora todo lo natural se ha convertido en capacidad, ventaja para hallar dominio, y algo que se desaprende. Pero la personalidad desea construirse y realizarse, vivir y expandirse, eso es algo instintivo. Alejada la vida de su reconciliación con las cosas, se desarraiga, pierde control sobre sus emociones, y se entrega a la hibridez, y a la diferenciación de sus cuerpos y placeres. Eso ciertamente es un antídoto provisorio, pero decanta en lo más oscuro, en lo sectario y en el odio a lo que se ama. El desconocimiento de lo que más deseamos amar recae en narcisismo y en eugenesia acelerada, en displacer y en destrucción de los vínculos afectivos. Se ama con milagros inesperados, pero pronto se cae en lo absurdo de vengarse, de desquitarse dejando al otro sin placer, y sin afecto. Reclamar un espacio como género y sexualidad sin querer comprender al otro, se ha trocado en erosión de todos los fundamentos de la vida social, y en un complot perfecto para desorganizar a las sociedades y quitarles aplomo en relación al mundo. El empoderamiento de los subordinados y las minorías sexuales ha devenido en el extravío de aquello que se quiere conquistar: reconocimiento y bienestar. Al entenderse menos las personas y los sexos, aflora la multiplicación de las identidades intermedias, y los híbridos, respetando la conveniencia de un mundo organizado para sobrevivir, pero que las personas no honran y destruyen con la cosificación de todas las personas, sus cuerpos y pulsiones. La irritación por no saber a donde van nuestros cuerpos nos quita sentido para conectarnos con la vida, y la seducción se convierte en una química que busca más la sorpresa, el poder, mediante el engaño, el chantaje y la calumnia.

El movimiento Gay y el feminismo en el Perú atesoran lograr una igualdad que en la práctica es muy complicada y que sus reales vivencias no respetan. Las razones hay que buscarlas en el propio conservadurismo o exclusividad que pronuncian y heredan estos grupos de nuestra cultura peruana. Una de las razones que veo es que estos discursos en su mayoría acabarán reforzando el poder y la fragmentación en nuestra vida social, porque si bien buscan alterar la naturaleza de la vida pública y sus valores, lo hacen sin dejar de lado prácticas segregacionistas y de rivalidad en contra de lo que se considera su opuesto. El desprecio hacia sus formas de vida raya en insultos, y agresión. La expresión de una cultura con una falsa decencia y moralidad es verdad un racismo y odio incomprensible hacia la igualdad y la cultura popular. No se puede ver acontecer nuevos deseos que cobran forma. Esto denota envidia y elitismo. Con esa lógica Los homosexuales, para los conservadores e hispanistas, son sacrílegos de un poder que sólo quiere ver nuestra infelicidad y desunión, por eso se muestran antagónicos, y no negocian en realidad. En este sentido, no veo mucha lógica en que su cruzada altere las actitudes de las personas sino enfrentan el odio con la sinceridad, y con la mayor publicitación de los estímulos que los gobiernan. Aún ahora las practicas reales de estas minorías ocurren sin dar un ejemplo de no rivalidad en el mundo privado, pues prevalece la máscara y la mentira como forma de expresión. La máscara de la violencia del patriarcalismo la combaten con una máscara más sutil, la mentira y manipulación psíquica. Bueno son culturas que deben defenderse, si sus apuestas no evolucionan. Y lo cierto que el poder real se aprovecha de estos desconciertos para aniquilar toda unidad cívica.

Una segunda razón que hallo para no albergar esperanzas en el desenlace de esta propuesta es que comunican raíces de una reproducción del poder que desean combatir. Esto es una hipótesis polémica cuyo enunciado invito a probar y a tomar en serio. La razón de la discordia que devora desde antaño a nuestra cultura descansa en la pésima como injusta distribución del gusto estético en sus expresiones a todo nivel de la sociedad. Esta desigualdad del saber estético, si bien no ha detenido la vida íntima y la variedad de placeres que existen en nuestra cultura, ha garantizado que todo ingreso del desarrollo y la auto-superación sean modelados sobre criterios de un arte, de gustos y hábitos que asumen mucha exclusión y desconocimiento de lo peruano como expresión estética y festiva. Si tengo que nombrar una razón del odio que ensangrentó a nuestro país en épocas pasadas ha sido la exclusión de porciones importantes de las identidades populares de los frutos del placer, frutos del placer que no son oriundos, y que nos infravaloran. Ahí donde a reinado formas apolíneas y refinadas de conducta se ha escondido una cultura inmoral y homosexual que ha servido de modelo y expectativa imposible para descomponer al pueblo y llenarlo de rencor. En cierto momento rasgos de nuestra postmodernidad se han rebelado como proyectos secretos e inconscientes de ingeniería social para sembrar erosiones a nivel de la familia, y de la formación embrionaria de la personalidad, con el objetivo de confundir y quebrar la voluntad para crear más allá del mezquino como empobrecedor principio de realidad que nos inunda. No se si a ciencia cierta este resultado es perfectamente consciente por los líderes que patrocinan estos movimientos, o por sus innumerables miembros. Lo que si se es que la prerrogativa de alcanzar una validación cultural es más fuerte que los detalles en que se inscribe su empresa justa. Al coche de esta evolución se han subido políticos e intereses que sólo neutralizan su energía, y a la larga hacen saber que su conquista política y jurídica es conceptual y simulada.

Como observación de carácter propositivo diré que para que el vigor de estos movimientos alcance el tan ansiado cambio cultural se les debe sugerir que abandonen las mismas prácticas sociales y corporales que comparten con sus opresores de género. Si alimentan un amor, y no el desarraigo en el que viven su apuesta conocerá el valor y el apoyo de los heterosexuales homofóbicos a los que desean convencer de su justa propuesta. Cosificar al otro dentro de su erotismo al igual que los heterosexuales hipócritas nutre mayor soledad de la que se puede combatir con la diversión y el desenfreno del que hacen gala. Su apuesta no solo autonomía y libertad sino responsabilidad por velar por la integridad de los que llegan y quedan. El niño debe asimilar los cambios que se acercan, a nivel del cuerpo y sexualidad pero sin perder seguridad y esa fuerza emocional que es la base de la madurez que pregona el mundo global.

Una cuota de sinceridad, y confianza en aquello a lo que se oponen y a lo que a su vez desean, hará que la masculinidad tampoco recaiga en la violencia y en la degradación como esta sucediendo en el mundo actual. Debe recordarse que una sociedad que desahoga su descontento en el sexo, sin institucionalizar esa energía en organicidad y técnica acaba perdiendo los dientes y ahogarse en el sinsentido y la lenta anarquía. No hay que retroceder en su sueño de concordia y aceptación final por la vida que han abrazado. Si combaten a lo resentidos y racistas de género con la paciencia y la introducción de nuevas emociones que no rivalicen, la cultura lentamente se moverá, y los heterosexuales y los hombres machistas legitimarán su existencia social. El estigma sólo se borrará con esfuerzo y buena química.

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Racismo y cuerpo en el Perú. Notas de campo.

by on Abr.12, 2014, under Sin categoría

Edita Guerrero... Un Angel victima de la mierda de sociedad que la rodeaba... Al que la racialice hay que mandarle la moto

Edita Guerrero... Un Angel victima de la mierda de sociedad que la rodeaba... Al que la racialice hay que mandarle la moto

Es una costumbre que a la sana hipocresía que nos inunda se produzcan de improviso ciertas manifestaciones de discriminación y de desprecio que nos hacen parecer que en realidad no sabemos vivir juntos en este país. Como por ahí dijera de modo poético, pero bastante directo Joaquín Sabina: “el Perú es una gran selva de diplomáticos”, es decir, que aparentamos por autodefensa o estrategia convivir, pero ahí donde los intereses son alimentados por elementos de origen étnico-racial no es fácil evitar el insoportable odio que nos constituye como sociedad peruana.

Baste recordar situaciones que la farándula ha potenciado con síntomas de risa o con momentos apócrifos de reprobación pública. Como los episodios de racismo y violencia en que el desadaptado hijo de la reconocida actriz Celine Aguirre protagonizó en contra de una familia de esposos en un conocido cine de la capital metropolitana. Los comentarios viles y racistas de Gloria Klein a cerca de la autoestima y origen social de los peruanos, expresando la superioridad de las clases altas limeñas mezclados con matices de delicadeza. El escandaloso rechazo de la Universidad del Pacífico a Yaqui Quispe Lima, alumna de beca 18, sólo por ser de origen andino, o de una condición social que pudiera afectar el prestigio emblemático de esta casa de estudios, alegando una equivocación en la admisión de la ingresante.

Las simulaciones creadas por el colectivo Dignidad en algunas casas de estudio para comprobar como se mezclan estimaciones de racismo con clasismo para diferenciar a los peruanos, y al final negarles derechos en una sociedad presuntamente democrática. Las múltiples discriminaciones que han llegado hasta el maltrato en diversos establecimientos de diversión privada, al imponerse el bendito se “reserva el derecho de admisión” sólo para la gente de color blanco. Los casos ridículos como de atropellos que se cometen todos los veranos en las playas cercanas a la capital, cercadas y privatizadas para la diversión de las clases exclusivas, negando el derecho de ley que obliga a que las playas sean públicas y que todo ciudadano tiene derecho a ellas. O los últimos casos de desprecio e insulto racial a figuras emblemáticas del espectáculo solo por su búsqueda de ser admitidos en aquello que llamamos éxito y fama, como lo fue la desaparecida Edita Guerrero, de la agrupación de cumbia “Corazón Serrano”, y últimamente el imitador del recordado “Chacalón” Juan Carlos Espinoza, en el programa de canto “Yo Soy” de Frecuencia Latina.

O de modo inverso los casos de todos los días donde ciudadanos que alcanzan cierto rango en la sociedad a pesar de origen provinciano adoptan manifestaciones de racismo, y de búsqueda esquizoide de blanquiamiento de la piel y de su cultura, maltratándose entre peruanos, y negando el derecho a opinar, a vivir tranquilo. No esta demás asegurar que esta distribución totalitaria de una mentalidad racista, permite la hegemonía de un patrón de bienestar social, llamase burgués-blanco-oligárquico, que imposibilita que los esfuerzos de adaptación de los emprendedores no hallen cobijo cultural en los espacios de poder,- sino es por el dinero- y este se democratice o simplemente se apertura a más actores. Lo más perjudicial es que estas manifestaciones culturales se encarnan en la forma como se construyen las instituciones públicas, y empresariales, cierran y dividen a la sociedad por ciertos criterios de secta y superioridad cultural-racial. Este es un proceso que viene retornando con fuerza, y que de cierto modo es la razón que explica el porqué hay bloqueos de orden cultural que no permiten la acumulación o conformación de circuitos regionales o proyectos económicos de modo horizontal en el país. La mayoría de los esfuerzos y las innovaciones de las clases populares se hallan sólo en el terreno de la promoción de asociaciones de micro-empresarios, que se ven obstaculizadas con trabas legales y políticas tan pronto se proyectan expansiones económicas de mayor calado. Trabas que son expresiones particulares de una cultura profundamente dividida y etno-céntrica. El racismo, es en cierto sentido en el país, una ontología de los cuerpos, y de sus territorios que favorecen la fragmentación, y divorcio material y político entre nuestros varios niveles de poder.

Pero ¿Porqué ha sucedido esto en nuestra cultura? ¿Cuál es la razón interna a histórica de porque estamos tan incomunicados de modo humano, aunque tengamos que soportarnos? Y ¿porque este proceso viene complicándose en todo el mundo, con el regreso del tribalismo, y los odios étnicos-raciales en toda Europa, EEUU, que fracturan el mundo cívico, y la tan condimentada democracia occidental? De la indagación que arranca en estas líneas no esperen hallar forzosamente argumentos sólidamente probados. Lo que ensayaré son nuevos caminos a partir de la observación subjetiva, y corporal de los nuevos actores sociales, y como los estados de ánimo nos ayudan a releer la historia. Abro estos claros en el bosque porque creo con seguridad que el modo como se interpreta este problema en la actualidad encubre, no resuelve y a la larga echa más fuego al rencor que recorre esta actitud. Que se diga que las recomendaciones que se derivan de estos debates y discusiones insufribles deben acabar en políticas públicas, merecibles pedagogías, y sensibilizaciones masificadas es sólo un acto de mera transacción comercial, y no una solución que cambie la actitud hacia los cuerpos que provoca estos ghettos de odio, y de constitución del poder.

Además se debe posicionar un corolario que se debe mencionar como línea maestra. Si hoy un día una preocupación de los demócratas es como detener y denunciar esta plaga de ira, que inunda de nuevo nuestra civilización, creo que no hay como comunicarla por medio de la TV, la radio, prensa, internet, no hay que cifrarse esperanzas. Todos estos medios ya son la expresión privatizada, reducida y a la vez fantástica de un mundo que aleja a los individuos y mentalidades colectivas de la realidad, y que a la vez confeccionan las expectativas y necesidades que requiere el sistema de consumo. El deseo y la mecánica subliminal que emplean le quitan seriedad a cualquier mensaje de reflexión y de crítica, pues las personas en un mundo de la información acelerada ya no saben diferenciar entre las fantasías y la realidad. Ha llegado a ser claro que la moral cívica ha sido devorada por el mundo de las autopistas virtuales. Que todo lo que esta a fuera, de manera casi instantánea, es sólo un ámbito donde prevalece la violencia y la inseguridad en todos los sentidos. La segregación y el espionaje que provoca las redes sociales de cierto modo refuerza el racismo de la actualidad.
Empecemos por la segunda pregunta. En el plano mundial, hay ejemplos interminables de conflictos étnico-raciales que se reavivan producto del cambio acelerado que ha producido el mundo de la globalización, la crisis del capitalismo, y la desintegración superlativa de las grandes decisiones de gestión bajo el control de las sociedades. La premisa de la que parto es la razón actual de la desintegración del sistema moderno-europeo de poder hay que buscarla en el modo como se ha producido su ideal de superioridad, y de hegemonía política. En cierto sentido, que hay que demostrar estas escaladas de civilización y de producción de sociedades con mejores niveles de organización han sido producto de la distinción binaria entre luz y oscuridad. En algún momento del tiempo, hubo la necesidad de superar la supuesta oscuridad de violencia y barbarie en que se hallaban las sociedades, sumergidas en la naturaleza. Una de esas maneras, fue el monoteísmo y la distorsión que significo concentrar lo sagrado en una personificación autoritaria y distante, que arrebato animismo al mundo y a todas sus criaturas. De cierto modo, esta secularización del animismo en el plano psicológico fue el resultado de un odio terrible, de un sueño de poder y de venganza que despotenció al cuerpo, lo desvalorizó y hizo recaer la vida buena en ideal de abstinencia y de control rígido de los sentidos. Sólo en una cultura despreciada e incomprendida, de los desiertos y resentida pudo surgir un ideal tan maligno de sueños de gobierno y dictadura de lo esencial. El mana y los mitos acabaron con la decadencia de una luz de racionalidad contra el espíritu.

La otra manera acontece de una gran perplejidad, como de una gran debilidad. Cuando el caos provoca miedo aparecen los grandes pensadores, los desnaturalizadores de la tierra. “Su lanza es la única que puede curar la herida que ella misma es” suelta Hegel con intransigencia. La verdad no ha sido el remedio a una situación de desgobierno y frustración, sino el síntoma de un exhibicionismo y arrogancia, por interpretar mal los movimientos del mundo. La verdad de la que partieron Sócrates, Platón, Aristóteles de todos los demás impotentes del saber, es la verdad de aquellos que no se sintieron bien en un mundo de excesos y festividad. Es el ideal de los que quieren controlar la vida sólo por el hecho de que el caos los sobrepasa. Grecia si bien ha sido el amanecer de las ideas que supuestamente siempre han levantado al mundo de las guerras y la violencia ya era de cierto modo una sociedad que se sentía la luz en relación a todo el oscurantismo que la rodeaba. Su proyecto que parte de la música, la memoria y de un arte trágico como festivo degeneró en el poder de aquellos que hacen del miedo a morir, y a perder su épica sagrada en tecnología de escribir y de inventar imágenes que han detenido el ideal de vida de los pueblos. Su poesía y retórica es un escape a la naturaleza, sobre la base de una imaginación y curiosidad teorética que acabó en la vejez y la muerte del mundo Eurocéntrico: su caballo de Troya actual. De cierto modo los espartanos eran algo diferentes.

Pero estos ideales de luz y control, sólo pudieron significar en sus inicios, orden, armonía, bienestar, felicidad, democracia, libertad, educación y conocimiento. Y todo lo que era oscurantismo era barbarie, anarquía, ignorancia, superstición, locura, fetidez, y porque no irracionalidad instintiva. En el algún momento del tiempo estas actitudes y creencias de lucidez dieron fundamentos a un mundo racionalizado, histórico, tecnificado, organizado sobre la base de Estados represivos, al que llamaron luz, la cúspide de la civilización. Israel y Atenas se hallaron de tal modo, que vaciaron la savia de la vida de la que partieron los programas de desarrollo y progreso ilimitado, a la que llamaron plusvalía. Su poder actual no puede continuar sino succiona las ganas de vivir, sino sitia la vida y la desanima, sino corrompe todo aquello que promete de modo educado y salvífico. Sus refinados modales, su diplomacia, su humanismo risueño que han encarnado en cuerpos y en un canon estético del deseo oculta su gran soledad. Su gran incapacidad para amar con pasión y intensidad, ha sido sedimentada en la idea criminal que su raza blanca caucásica, y su ideal de cuerpos es la expresión de una hegemonía interminable sobre el mundo que sufre los riesgos de la corrupción y de la fealdad del terrorismo. Su gran miedo es que lo sagrado y lo mítico descubra sus desiertos. Ahora intentan rencontrarse en aquello que sus sueños de poder y revolución le quitaron. A eso le llaman turismo, o rebelión postmoderna.

En el nivel interno la dinámica es un juego de espejos más complicado. El Perú y su pasado ha sido el producto de una gran humillación cultural, y corporal. Más que el abuso y la explotación los antiguos murieron por ver secuestrados sus deseo de creer, y porque sus dioses y huacas los abandonaron. El cataclismo interno que vivió la psicología de los andes, fue nefasto. Alimentó el gran trauma, escepticismo y a la vez desarraigo sensorial que nos ha constituido como nación y proyecto de sociedad, y que han vivido todas las esferas sociales de la sociedad. Ya en el mundo precolombino existía mucha violencia y brutalidad. Nuestro territorio era un medio complicado que exigía mayor fiereza y sentido de la unidad que otras culturas. No éramos unidos, sino fragmentados. Lo que heredó la Colonia y el futuro ha sido, una tierra donde hay sensaciones inculminables como amenazantes, donde el ser pleno es una promesa que jamás se ha visto reflejada en nuestra organización social, sino que se ha quedado encerrada en un gran misterio, terror y rencor osificado que ha devenido en anomia e incomprensión esquizoide. Nuestro ideal de organización y de reordenamiento social ha sido la banalidad del que nunca habla claro, y del que busca las alcantarillas para ser lo que es. La luz sólo ha sido una mentira bien decorada que nadie ha cuidado y respetado: la devoción, la república, el socialismo, la democracia, y hoy el liberalismo a medias. Todos estos ideales y narraciones han sido refugios deshonestos para la terquedad por no vivir juntos, y proyectos donde el poder ha sido nuestra única condición de vida.

Y el cuerpo ha sido ese locus donde ha crecido el poder. En la luz un gran racismo, que al igual como Europa ha sido el pretexto para negar lo que le aterra, y que ha servido para que las periferias del espíritu no se sientan bien con su piel y formas vitales. El racismo ha sido una forma de diferenciar, de construir servilismo, e introducir esa idea que viene de antaño de que la vida es dura, no hay amor, y que sólo hay que sobrevivir con honor. Desde que hemos existido como sociedad, el racismo ha sido la marca que nos ha divorciado y que no ha permitido construir un Estado resultado de la conexión y acumulación de las emociones que casi nunca han salido. Con el tiempo un alma colectiva que no saca nada hacia afuera, y que recurre a la adicción y a la violencia para desahogarse e irse del mundo, se ha manifestado en proyectos de poder, donde el presupuesto para solventar el orden social ha sido avergonzar a los peruanos, a los andinos y a las culturas subordinadas pregonando que sus cuerpos y deseos son enfermizos y feos. La estética que ha formado esta idea, es la estética del que es capaz de negarse como singularidad por hallar una satisfacción que nunca llega en el acriollamiento del que busca la modernidad, y las formas del gusto que las elites y Europa han incrustado desde antaño.
Pero nuestra oscuridad en una cultura pública separada por diques de desprecio y negación de la vida, ha estado acompañada en lo privado de una gran atracción anárquica producto del odio y la desolación que produce la hipocresía civilizada. Nuestro deseo es a pesar de las grandes esperanzas de amar y será amado un jardín secreto de trasgresiones y traumas sexuales, donde el erotismo actual y del pasado ha merecido nuestra vergüenza, de nuestros cuerpos y de lo que ellos encarnan como personalidad y cultura. Nos deseamos todos de manera cínica, constituyendo un placer que sólo es la conquista de manipulaciones y de calumnias, donde nuestro calor y juegos requieren los silencios para colisionar con el cuerpo de lo que se desea y a la vez se rechaza. El racismo es en el Perú una forma de control de aquello que se desea controlar para abusar de él, de aquello que se etiqueta que no debe vivir su propio cuerpo ni formar su propia experiencia de sexualidad. De arriba a bajo el racismo es una treta para evadir el gran deseo que nos despierta la debilidad como el poder. La decencia y la moralidad corporativa que nos acompaña el día de hoy encierra un deseo no liberado, no institucionalizado, donde el mundo privado del que se precian los géneros es una postergacion constante, una ilusión que sólo se contenta con instantes de descontrol y embriaguez. El racismo nos erosiona y nos esconde, y a la larga es la única forma más estable de sentido, ahí donde cunde la ignorancia, la obsolescencia y la brutalidad de la existencia peruana.

Pero el racismo no es fácil de desactivar. Ha sido y es el pretexto para sembrar el odio visceral y transfigurarlo en proyectos de poder. Ahí donde las personas y sus mundos de la vida se ven divorciados de los sistemas políticos a los que poco hacen caso, la raza es una forma de hallar seguridad, apariencia y porque no organizar nuevas tribus. La clase ha sido una forma de encubrir este viejo debate, pues la democracia y la política quisieron llevar el antagonismo por otro lado hasta tener arruinado a nuestras mentes y regresar luego al etnocentrismo, para dividir y crear simulaciones y pseudo-revoluciones como en el pasado.

Si se desea derribar el poder hay que partir de una premisa muy sencilla. El poder ha controlado y controla nuestra percepción sobre nuestros cuerpos de tal modo que modela y usa nuestras sensaciones contra nosotros mismos. Avergonzarse de lo que llevamos ha sido un modo astuto de ingresarnos miedo y prohibición. Lo sagrado puede morir como resurgir sí es que se replantea esa vieja idea cartesiana como muy británica de que el interior nos da equilibrio, y que la razón es un instinto que nos permite no ser destruido por nuestros propios fluidos. Ir en contra esa idea, es decir llevar hacia afuera todo lo que late en nuestra piel es el santo y seña de cómo derribar la fuerza del poder que es esencialmente distorsionar nuestros deseos y afectos. El racismo morirá si matamos el mundo privado, y las emociones sinceras saliendo lo reencantan, pues toda la vida es hoy son materia muerta y saqueo indiscriminado. Y ese papel le corresponde con mayor vigor a la sexualidad. Pero no como objeto de poder, sino con entrega y dispuesta a darlo todo. Sólo así se reconectará con el amor, y el racismo, como el sexualismo vacío perderán vigencia coherencia y gratificación creativa ante la sexualidad y realidad de una nueva especie.

Hoy el mundo se atreve a todo pero aún en el mundo privado. En ese sentido es más la creencia que el otro es sólo un cuerpo, una raza sobre la que hay que ejercer dominio y placer. La hegemonía del poder se tambaleará entre otras cosas si lo sagrado y los cuerpos se vuelven a encontrar. Oponer el erotismo, lo pornográfico, y las distinciones más desenfrenadas en contra de un amor que se piensa escaso y gaseoso es a fin de cuentas rendir culto a las razas que más despiertan nuestro deseo, y caer en el padecimiento más democrático. Los varios cuerpos hay que vivirlos en la mayor pluralidad y creación posible, sólo así no habrá rivalidad. Pero esta vivencia es un algo que cada pueblo debe sentir sin modelos y presiones. Pues de estos elementos depende la reconciliación de las personas y sus vidas afectivas con el mundo de las instituciones y la técnica más amplia.

En nuestra cultura este desafío es complicado como discordante. Corroer el odio que existe en nuestra historia psíquica depende más que de un atrevimiento que de una nueva fe en las cosas y en las criaturas que nos rodean. Si alguien se atreve a seducirnos nuevamente como país, será alguien que despierte mucha esperanza como miedo. Y lo hará desde aquello que moviliza nuestros apetitos e inconformidades, pero eso es un peligro, como ahí donde reza la salvación.

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