Ni Atenas Ni Israel

Archive for agosto, 2013

Nadie sabe para quien trabaja. La almeja y el Frente Amplio.

by on Ago.28, 2013, under Sin categoría

caricatura de Carlin

caricatura de Carlin

Complementando los alcances cortísimos pero fulminantes que hiciera Santiago Pedraglio en su columna de Perú 21 hace algunos días atrás, con el tema “¿Izquierda que estas haciendo?” a propósito del despliegue último de Frente Amplio, ensayare la opinión de un disidente y de un aguafiestas ermitaño que habla una y otra vez de la izquierda, sin cansarse pero con el animo de que se renueve y salga de sus cenizas.

Para empezar diría que este crecimiento de una izquierda mediáticamente unida como aparato y como encuentro de propuestas y líneas políticas, ha sido saludable. Luego de su abrupta salida de las esferas del gobierno ha intentado resituarse ante la opinión pública para no perder terreno, y se lavaron la cara como Ciudadanos por el cambio (CxC) en una primera oportunidad, luego Fuerza ciudadana ante la inminente revocatoria de Susana Villarán de la Alcaldía de Lima, y ahora hace casi más de dos meses como el vibrante Frente Amplio en el marco de los accidentados debates por el ley universitaria, la ley del servicio civil, y la abominable “repartija” en relación a la defenestrable elección de los magistrados del Tribunal constitucional, La Defensoría del Pueblo y del BCR (Banco central de Reserva)

Las oportunidades de crecimiento político de esta unidad de la izquierda están intactas. Pero por razones estrictamente internas de reacomodos políticos de vieja data, se esta perdiendo la oportunidad perfecta para sensibilizar a la población e influir decisivamente en una sociedad completamente desmoralizada y atravesada por severos conflictos sociales, que el modelo de desarrollo del saqueo esta ocasionando. Las coyunturas políticas en que se ha debido capitalizar el descontento para ofrecerle canales partidarios, y pasar a la ofensiva como verdadera oposición a un gobierno de comehechados y oportunistas han evidenciado a una izquierda, sobre todo limeña, que espera agazapada en sus cuarteles y que esta más preocupada por no ser desbordada por los ánimos de renovación generacional que existen en sus filas, o la emergencia de liderazgos regionales que puedan cambiar el tablero de ajedrez.

Luego de el triunfo pírrico por el NO en Lima de Susana Villarán, con la ganancia inesperada del aparato municipal para el PPC, debido a la caída de casi todos los regidores de Fuerza social, vimos que los diversos colectivos y organizaciones sociales de izquierda se movilizaron para no perder influencia electoral sobre Lima. Más que una victoria política fue una victoria moral en contra de los afanes delictivos y de impunidad de Alan García y de Luis Castañeda, acantonados en el Si a la revocatoria y que sirvió para ganar fuerte influencia en los sectores sociales populares, de clase media, y sobre todo juveniles, dándole un matiz de renovación y de frescura a un escenario, donde la izquierda a través del arte y la opinión del joven movilizado en la redes sociales y en las calles otorgaba a las opciones sociales un respiro digamos político por no perder peso político en la conservadora e indiferente capital del Perú.

En muchas evaluaciones internas luego de este triunfo pírrico que significo la captura de Susana Villarán por la derecha, esta remoción de la cultura política y cierto aire de democratización social en las bases sociales se interpretó como un triunfo social. Había nacido el aparato de la confluencia por Lima, y se estaban dando las condiciones para fraguar alianzas programáticas para la elecciones de Noviembre 2013, y para futuros escenarios políticos, como son las regionales y municipales del 2014, y porque no las nacionales en el 2014. Pero inesperadamente como sucede en nuestro escenario político esta efervescencia más emotiva que política se fue enfriando, debido a la clara naturaleza apartidaria de los simpatizantes sociales, y sobre todo por la vieja estrategia de los partidos centralistas de hacer bases, conseguir legitimidad abajo y luego ir despolitizando el movimiento social para ganancias personales o grupos de interés político que no quieren ver mellada sus espacios de poder.

Es de mencionar que el aparato juvenil por el No, del que fui un visitante esporádico confluyeron de modo no doctrinario ni ideologizado diversos líderes y activistas juveniles de todas las tiendas políticas, alcanzando incluso un protagonismo autónomo frente a la izquierda tradicional, pero por las mismas razones que vengo anotando se desmantelo o tengo entendido a quedado inoperativo; con esto se desaprovecho el caudal político suficiente para una organicidad independiente y generacional más allá de la emotividad y la eticidad romántica que caracteriza a los colectivos de la juventud.

Esta vieja estrategia política de abrir el espacio de oportunidades para la llegada de militancia y de obreros culturales y luego cerrarlo para capitalizar los espacios políticos que ante la opinión pública han conseguido, se denomina como el truco político de la almeja, pues se abre y luego cuando consigue su objetivo retrocede y pierde terreno. Sigamos examinando lo que sobrevino en este marco, para seguir apoyando esta conjetura.

Luego se abrió de paso otra coyuntura política imprevista que la izquierda no ha sabido capitalizar políticamente. Hace más o menos dos meses el gobierno en su afán de resistir la crisis interna que su mala gestión ha ocasionado, y en la línea de profundizar el capitalismo -como la torpe receta de succionarle a la sociedad las condiciones de su supuesto desarrollo- procedió a discutir una andanada de leyes de fuerte impacto estructural. Las más sonadas han sido la ley universitaria y la ley del servicio civil, leyes que buscan destrabar en teoría aquellos espacios de prerrogativas y de clientelas en que se han vuelto instituciones tan importantes como el Estado y las universidades públicas y privadas. Las ideas no han sido malas, pero la fuerza de los grupos de interés tradicional y los verdaderos intereses del Estado de controlar de modo políticos estos espacios, para sus clientelas particulares han viciado el proceso, en donde los más afectados como los estudiantes, y los trabajadores públicos no cuentan con verdaderos mecanismos políticos para reapropiarse dichos procesos de discusión y darle un giro a la modernización de ambas instituciones.

En este sentido, sostengo que el proceso se ha venido viciando pues se tuvo la lectura equivocada de aprovechar esta oportunidad de autoritarismo estatal, para desestabilizar las fuerzas ya melladas del gobierno y buscar el objetivo político de situar propuestas partidarias, dejando en el plano secundario la verdadera esencia de los debates. Lo sigo sosteniendo, se abrió otro espacio de oportunidad para darle línea a la clase política, pero ha sido la estrategia de sólo confrontar y lograr ganancia política local la que va a extremar las aplicaciones de dichas leyes, con la clara desventaja política de los verdaderos afectados. Y sigo en mi análisis de poder y de oportunismo que sólo hacen que te dispares a los pies.

Se convocaron a marchas multitudinarias para el 4 de Julio, la espontánea del 21 de Julio y las jornadas del 27 y 28 de Julio donde concurrieron los opositores ambas leyes, llámese los estudiantes organizados, y los trabajadores sindicalizados alrededor del mando de la CGTP (Confederación General de trabajadores del Perú). Mi hipótesis es de nuevo se desaprovecho toda esta marejada de descontento público, porque las direcciones de esta radicalidad ciudadana enfurecida por la corrupción estatal, y sus atropellos, tenían objetivos claramente de facción y conservadores. En el caso de la Ley del servicio civil, es claro el posicionamiento del Partido Comunista, en el control de este aparato para conseguir capacidad de negociación ante el Estado y no perder influencia en el interior de su clientela política; sólo le ha quedado intentar sabotear esta discusión y ganar una mesa de diálogo para la discusión de la dicha ley, que es vistosamente una forma de hacer retroceder la aplicación de esta norma, sin proponer nada constructivo. Y hay una estrategia de equilibrista de manejar las convulsiones y las marchas con una referencia que neutraliza el movimiento social y a sus activistas, aunque en el pregón se comporte revoltosamente, y la vez no descuidar sus espacios partidarios en el Frente Amplio y sus conversaciones con el Estado. El desinflamiento de la jornada del 28 de Julio habla claramente del descontento de muchos activistas.

En relación a los estudiantes y la ley universitaria la situación se presume de manera similar. La posición conservadora del Federación de estudiantes del Perú (FEP), con clara maniobra del Patria Roja, que piden rechazo o archivamiento, y las disputas inorgánicas con sectores estudiantiles que intentan reorientarla según una visión propositiva están regresándole fuerzas a los principales responsables, que fungen de profesores, de la atrofia institucional en que se ha convertido la mayoría de universidades públicas y privadas. El miedo a que la ley no sólo barra con las mafias y clientelas de operadores parásitos en que se ha convertido las universidades, sino que también alcance al movimiento estudiantil ya debilitado, ha permitido darle a los poderes fácticos de las universidades un poder de negociación o de tranzamiento político que va a viciar el proceso, y que solo la impregnará de un control político pero con los mismos actores mafiosos que la habitan. Los más perjudicados van a ser los estudiantes, y la juventud más organizada en sí, pues ha prevalecido en ella una intención romántica de influir sobre la opinión pública desinteresada con marchas emotivas y de violencia, expresando el gran magma de creatividad socio-democrática que hay en sus intenciones, pero sin desbordar a los aparatos y líderes conservadores que la mantienen neutralizada.
Y para muestra un botón. El sector más socio liberal del Frente Amplio ante la pérdida de terreno que la CGTP le infería en el sentido común de las protestas, le organizó un mecanismo de debate y de supuesta institucionalidad a los que buscaban una reforma de la universidad, tomando como contexto esta ley. En una reunión celebrada en el otrora local de la Inquisición de Lima, luego de la marchas del 4 de Julio, este sector político neutralizó al desorientado movimiento estudiantil captando a sus principales líderes políticos, con ganancia privada. No se si conscientemente o inconscientemente pero ha habido un consentimiento que le ha restado a mi parecer autonomía a los juventud organizada, y que anticipa la idea de que el aparato del Frente amplio ha sido creado para reprimir elegantemente al activismo emotivo pero a la vez comprometido en que se venía convirtiendo una juventud cada vez más unida en el corazón, aunque no en el programa.

Hay que mencionar, que la marcha del 21 de Julio mas desaforada con justificación, expresó el poder de convocatoria y las gruesas limitaciones de esta juventud organizada. Ante la bien llamada repartija de ese día en el nombramiento de los cargos claves y sensibles del Tribunal constitucional, la Defensoría del Pueblo y la BCR (Banco central de reserva) en el congreso de la República, se desató una batalla campal que le gano el sentido común al gobierno, y logró darle un golpe político de tal magnitud que los designados en esos cargos tuvieron que dimitir sus renuncias días después. Pero este poder casi desperdiciado no ha hecho sino aumentar la cultura democrática, la fe en una renovación generacional, pero sin que se den decisiones en ese sentido, sino que los principales focos de amistad que la izquierda ha ido ganando en la juventud han sido desactivados, procediéndose a un cerramiento silencioso, y a alianzas hacia afuera cada vez más descabelladas que han producido un fuerte descontento en sus bases juveniles y en sus nobles activistas. La táctica de la almeja, más oportunista que constructiva le esta impidiendo a la izquierda partidarizarse con todo este caudal político, y ganar espacio en el sentido común, y a la larga va a serle perjudicial pues va a serla porosa frente a los caudillos y los invitados dinerarios que empresarializan la política.

En las últimas semanas para culminar debo mencionar que el mas estúpido que racional pragmatismo de los principales líderes de la izquierda, y de su famoso Frente Amplio, están evadiendo la oportunidad para hacerle oposición al gobierno, con la consecuencia que el APRA, con su inefable líder Alán García ha ocupado dicha posición. Su vulnerable limeñismo, sin verdadera presencia barrial y regional, hace que este aparato sea sólo una promesa que se viene resquebrajando por los antagonismos megalómanos en su interior. No sólo no ha merecido la invitación del gobierno a las conversaciones partidarias que viene realizando con la derecha para parchar las enormes traspiés de la gestión económica, pues carece al igual que estas fuerzas de representatividad en la población. Sino que además en los mecanismos para elegir a sus representantes se ha demostrado, a pesar de ensayar unas primarias de un día para el otro, que existe una orientación corporativa y de fuertes disputas por repartirse las posiciones de sus candidatos para las coyunturas electorales que se avecinan. No creo que el mecanismo de las primarias sea malo, pero sin información adecuada y sin conexiones con los comités en todas sus bases sociales se presta a que solo los clubes de amigos y las clientelas corporativas se apoderen de las votaciones. Además, mi lectura es que la elección de los candidatos a los reemplazos de regidores en Noviembre del 2013, que se efectuaron, literalmente quema a los mejores cuadros que la izquierda posee, ante la inminencia en la victoria del PPC. No se cual sea el interés debajo de la mesa pero este mal calculo le quita fuerza a la izquierda para mover el sentido común del espectro político en las siguientes justas electorales, y pretender la presidencia.

Sin un candidato de fuerza en el Frente Amplio, su centralismo, y ante la única estrategia de fondo para jaquear al gobierno como es el uso a discreción de los conflictos sociales, es posible la debacle de este espacio político que ha unido mal que bien a la izquierda, por lo menos en el discurso. Creo que es necesario urgentemente otros liderazgos, un movimiento de renovación cultural y democrático al mando de los jóvenes, que desplace a los viejos y vetustos doctrinarismos, que vaya en el plano organizativo y que a le vez inocule una nueva fe ideológica a las vanguardias, en todos los sectores y organizaciones que se posee. De no hacerlo la separación entre el pueblo y la izquierda se hará abismal, y a la larga el país quedará expuesto ante el poder de los grandes intereses, donde la vieja izquierda, a veces parece ser un grupo de poder. Esto solo los jóvenes lo harán, que no se pierda otra generación.

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Los grotesco y el glamour… Apuntes para una sociología de los valores estéticos.

by on Ago.25, 2013, under Sin categoría

Noveo un hombre honesto.... Me tapas el sol.....

Noveo un hombre honesto.... Me tapas el sol.....

Siempre me he preguntado porque veo con cierta irrealidad o hiperrealidad el mundo de la moda y de los cuerpos lozanos que dictan los cánones sobre la belleza. Uno puede pecar de desconfiado o ser un aguafiestas al ver como la TV y la economía de servicios brindan todo tipo de modelos de estética, de diversión y de dispendio y pensar que no es nada natural o auténtico. Pero alguien de inmediato respondería que son las preferencias de la gente, y que estamos hartos de creer en cosas que no nos permiten vivir de modo real, y que sospechar de aquello que nos divierte y solaza es de por sí una incapacidad o descontento existencial. ¿Porque de improviso lanzar una interrogante socrática, y tratar de erosionar nuestros valores fundamentales? ¿Ya no hay acaso demasiado vacío y pobreza, para desvanecer nuestras ilusiones?

En este artículo breve ensayaré una socio-génesis de nuestros valores estéticos, como una especie de esbozo para un estudio más ambicioso de nuestra cultura. En sintonía con las apreciaciones de al escuela de Franfurkt diré que después de una razón instrumental que se rebeló como razón de guerra y de destrucción civilizatoria, “la existencia sólo se justifica como fenómeno estético” ( ¡Bigotón eras grande!). Frente a un mundo sin estructuras y sin reales conexiones vitales con las expectativas de la gente el poder ha perseguido a la vida hasta la misma savia de su romance con la vida y con las cosas.

Ahí donde los países pierden el control sobre sus procesos materiales, y otros ni siquiera han alcanzado el valor para completar el ciclo de formación de sus economías nacionales, la misma cultura y la construcción de la felicidad se refugia en el consumo y en el goce estético, como un modo de huir de una modernidad asfixiante y tecnificadora. Una economía liberada de todo control social, que sigue saqueando y arruinando a las sociedades y a la naturaleza, ha convertido a la experiencia cultural en una sensación caótica y espectral, donde la amenaza de quedar atrapado en el aburrimiento y en el stress masificado ha arrojado a las personas a recabar en la ironía, en la aventura y el goce orgiástico, como un modo de inventar desde el mito y la voluntad de vivir una dimensión donde la alegría y la risa sobrevivan a pesar de todo. Esta nueva belleza e ironía descansan en un mundo de simulaciones y mentiras, donde el mismo centro del arte narra los precipicios de una singularidad desconectada y absurda. El dolor y la injusticia han sido desafiados con poetas y museos que se atreven a salir de sí mismos. Una vida privada que se ha liberado de restricciones internas recrea el corazón del mundo y baila entre las ruinas de la civilización y la violencia administrada. Cuanto más el capital se atreve a modificar a su antojo los procesos materiales en que vivimos, nuestros cuerpos y mundo de objetos, tanto más la necesidad de diferencia y de autodefensa de la cultura se refugia en la excentricidad y en la música de un arte que cuenta la vida de un mundo que aún no es.

Y cuento este proceso del arte y al final y al cabo de nuestros valores estéticos, para narrarles que el arte y lo más intenso de vivir llegan no como la culminación exitosa de una arrogante Ilustración liberada de todo poder, sino como el síntoma de un mundo empobrecido y desbocado, donde la modernidad al hacerse trizas expone a las sociedades y a la vida a un océano de organizaciones y de determinismos económicos. El capital al perseguir la vida descontenta, a la creatividad y a la danza del mito hasta los confines de nuestros sentidos, neutraliza y reconvierte todo este magma de espontaneidad en un negocio que estimula necesidades provocativas y que nos amputa todo compromiso y afán de realización como singularidad y cultura, negocio que conocemos como la industria cultural y la economía de servicios.

El resultado es que ya no es un proceso de domesticación civilizada o de educación productiva, sino la encarnación de un proceso político que intenta desmantelar y desracionalizar a la vida que somete, proyectando en los valores más intensos y de mayor sensibilidad que promete, como el afán de diversión, erotismo y de afecto, relaciones complejas de dominación y de exclusión social que la soberanía del arte de estos tiempos pregonaba evadir. Con el consentimiento de nuestras emociones y de nuestro afán de deleite, la elitización del arte, y de los valores sociales de la belleza reproducen con mayor violencia simbólica las rivalidades y la falta de reconocimiento que las formas de explotación y de colonización de las culturas planetarias padecían. En este marco, con los específicos impactos y reinterpretaciones en cada sociedad del planeta, podemos sostener que las simulaciones de un mundo presuntamente cargado de arte y de ironía están peligrosamente deteniendo el ciclo de desarrollo integral de la especie, con la consiguiente evaporación de una economía y de un poder cada vez más oculto e implacable. La existencia se justifica al fin como fenómeno estético en el momento de mayor crueldad y miseria, y tal vez también del arte y lo íntimo.

He dado este rodeo macro para encasillar que los valores estéticos en el interior de un análisis político y estructural no están liberados de los procesos históricos en que nos movemos y vivimos como seres prácticos. Y menos en sociedades como las nuestras donde su llegada casi incontenible y seductora responde a los retrocesos y las descomposiciones que hemos vivenciado producto de la crisis económica y de la histórica desarticulación nacional, reforzando las enormes exclusiones y desprecio que nos han caracterizado como cultura.

Hacer una historia de los valores estéticos no es parte de estas reflexiones. Para hacerme comprender ejercitaré una pequeña revisión de la historia reciente, desde los 80s en adelante a modo de aproximación, para sostener que la llegada de la industria cultural con sus encarnaciones a varios niveles en el país han servido para despotenciarnos como economía articulada, permitiendo de este modo el desarrollo de una cultura individualista que ha contribuido a la crisis de valores del país actual. Y de modo preciso para sostener que su proyecto de Eros o del american way life esta acumulando mucho rencor y rivalidad, a medida que el despliegue de su estética absoluta va parejo con la penetración de un mercado cada vez más abusivo y delincuencial.

Hay que decir que en sus orígenes la industria de la cultura se mantenía bajo en concurso de una cultura popular más rica y repleta de organizaciones sociales. Hasta los 80s, época en que el proyecto populista empieza a descomponerse con mayor celeridad se podía conjeturar que la cultura de masas era casi indistinguible de las clases populares, reproduciendo en la TV, en su embrionaria cultura del consumo, o en su comicidad más de carnaval las motivaciones de una cultura nacional y democrática que no perdía su calidad. En las manifestaciones nacionales del folklore, de la festividad barrial, las asociaciones vecinales, en la música variada de los barrios, en el arte popular, o en una cultura del cine más realista, se observa a pesar de la violencia que vivía el país la aún no declinación de una diversidad de culturas populares que convergían en un proceso de integración nacional. Era una cultura previa y aún no tan impactada por la sociedad mediática y por lo tanto con mayores resistencias para elitizarse o ser corrompida por los protagonismos individuales. La precaria democracia que vivimos en ese entonces, garantizaba una cultura donde el ethos andino, expresado en las migraciones del campo hacia la ciudad permitía dotar a la modernización de un proyecto con arraigo colectivo.

Es con la dictadura que esta cultura popular muy rica y asociativa se cancela producto de la guerra interna que padeció el país. Las urgencias de sobrevivir, y la sistemática aniquilación del tejido asociativo producto de la violencia de Estado y de las políticas neoliberales hacen que los intereses prevalezcan y la corrupción que empalmo el régimen fujimorista por medio de resignificación privada de los medios de comunicación diera los elementos para el desarrollo de una cultura estética más banal, plástica, y degradada. La trasgresión y la delincuencia cultural de todo tipo que soportamos entre hermanos es proyectada con mayor violencia, en respuesta a una experiencia individual donde la libertad y los sueños de otras épocas son desbaratados, y lo único que queda es gozar con viveza y alardeo. Si recordamos el teatro de las vírgenes que lloran, la exultación desvergonzada de los periódicos “chicha”, el elitismo de una cultura televisiva muy aristocrática, trivial y a la vez basura, impactaron de modo perjudicial sobre las mentalidades, perdiendo desde mi punto de vista calidad nuestro ethos estético y una mayor desconexión con los productos culturales de un país tan diverso como el Perú. Se ha experimentado un quiebre donde la nostalgia poética de los grandes lances y fiestas barriales, de la música venida de la piel, y de los cuerpos sociales, del faite a lo Tatán y Calígula, y de los antiguos maestros del tañir y del lienzo, ha pasado a una decadencia de la estética, a una copia anómala y clownesca, adulterada y sin grandeza, de los creadores de hoy….

En las bienales y en las performances vivenciales sólo veo el deseo de escandalizar, y de que sean reconocidos como rapsodas y Erinnias. No hay emanaciones ni energía en el arte que sale… Sólo en cierto sector de la fotografía, en pintores secretos y en narradores paganos percibo esa fuerza…. pero el arte es expresión de aquello que debe ser. No el ethos devorado por un cine o cafetines que no sienten el país….. Sino miren a Vargas LLosa habla con brillantez del mundo, es el mejor escritor apátrida que he leído… No siento al Perú en sus novelas.. Cuando narra las escenas de erotismo,,,está hablando un personaje que sólo ve a las mujeres como rebaño al que se va matar… No hay endiablada seducción y delicias, ni musica al origen….

En una tercera época con la llegada de la democracia, para abreviar el debate, se puede conjeturar que con el restablecimiento del Estado de derecho esta cultura estética ya fabricada por el imperio de los medios penetraría con mayor audacia en todos los sectores sociales, no sólo en la principales ciudades, sino de modo cada vez más presencial en diversas zonas rurales, con la llegada de la TV, las radios locales y el internet. Se derrumbó la dictadura, como orden político represivo, pero se mantuvo y se promovió con mayor ferocidad una cultura del arte y del consumo que es arrojada en contra de todo atisbo de autoritarismo, pero que fue originada en los cimientos de este régimen mafioso. Ayudada por la recuperación económica del país y la fuerte reducción de la pobreza en las ciudades y menos en las zonas rurales, la búsqueda de mayores niveles de calidad de vida dieron los fundamentos mesocráticos para el renacimiento de las culturas musicales y del arte plástico, así como mayor festividad y una fuerte cultura de la noche, con contenidos de rebeldía aparente en contra del poder autoritario, pero con fuertes inclinaciones elitistas y despreciadora de los valores de las clases populares.

Los deseos de glamour y de acriollamiento de nuestras culturas populares reproducirían un ethos estético de los cuerpos y de las emociones que recrearían el racismo, la discriminación y la competencia desleal en los terrenos del afecto y de los sentimientos. La cultura estética hegemónica y de poco arraigo democrático ha alimentado los niveles de consumo y de demanda interna del peruano medio, no deteniendo a los empresarios populares en su afán de crecimiento y superación, pero ha dado el contexto para el desarrollo de una subjetividad donde la existencia que se justifica como fenómeno estético se da en los dominios de una realidad atenazada por la violencia y la crueldad explosiva. En este mercado que es absolutizado por nuestros medios de comunicación como salida a la pobreza, se practica un tipo de postmodernismo irresponsable y calculista, donde la máscara y la vulgaridad es la norma de satisfacción común, con la consecuencia que esta estética elitista pero a la vez masificada, niega y hace imposible todo aquello que promete. La destrucción orgiástica, de la que hablan los Nietzscheanos, no reparte un arte como salida al poder y a la explotación sino que hace más sofisticado y adictivo el dominio, ahí donde las personas de modo consciente han decidido ser completamente arrodillados por su impacto jerarquizador. En la noche la belleza es sórdida, porque esta tarada de formalidad y de un supuesto glamour ejecutivo.

Frente a esto yo creo que se requiere una reapropiación y reinterpretación de esta cultura estética que la vuelva democrática y de carnaval, ósea hacerla pública y sin máscaras. Hay que dejar de lado el sincretismo y el abandono privado del placer para poder redireccionar esta estética que sigue siendo represiva e ideológica. La estética sigue siendo la promesa de una realidad reconciliada consigo misma, la solución a un poder que nos debilita y nos vuelve mentirosos, pero esto sólo se hará si somos directos y polémicos en una democracia que necesita una pluralidad más rica y expresiva. Solo una sensibilidad popular, donde todos se rían de todos y donde las jerarquías se suprimen, que llamo ethos grotesco es la garantía para que los proyectos emancipadores logren la victoria. Si la liberación solo se queda en un conflicto de intereses o en la búsqueda de solución de la pobreza, no dejara de ser aquello que niega: un proyecto político que no crece desde sus raíces más lúdicas y sensibles, y por lo tanto seguirá aventando contra el poder ese arte y esa rebeldía sensorial que es la misma de sus opresores. Dejemos de sentir como derecha, eso nos vuelve hipócritas y enemigos de sí mismo.

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Thymos y Eros…. Notas acerca de la felicidad en nuestra cultura….

by on Ago.24, 2013, under Sin categoría

El talento y la nobleza requiere fuerza, sino se vuelve orgullo y crimen

El talento y la nobleza requiere fuerza, sino se vuelve orgullo y crimen

En una charla un tanto accidentada a cerca del etnocacerismo intenté salirme un poco del comentario o reflexión politológica, con el objetivo de ensayar una lectura filosófica de porqué en la historia de nuestro país a veces el descontento y la rabia toman la forma de proyectos políticos de Estado. Más allá de las anécdotas que supone creer en la radicalidad de sus líderes, hay que reconocer que el refrito de la familia Humala ha hecho historia, y ha canalizado en sus bases y simpatizantes la enorme ira y rencor que aún late en nuestra cultura. No obstante, ser a mi parecer un lavado de cara de aquellas tendencias radicales que ven en la violencia una partera de la historia, como lo fueron Sendero Luminoso y el MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) lo cierto es que pone en la mesa de debate como en el subsuelo de nuestra precaria institucionalidad democrática a veces emergen formas decisionistas de poder que intentan darle un sentido político al enorme espíritu de venganza que late en nuestras subjetividades.

Para los efectos de esta idea diré que es muy útil considerar que nuestra construcción política es heredera del legado del contractualismo europeo. En ese sentido, en determinado momento de la historia se concibió superar el caos en que se había convertido la Edad Media, luego de las guerras de las cruzadas, y con el relajamiento de las concepciones religiosas, que dieron vida a la reforma y a las guerras de religión, con un prototipo de orden social y político que superara el desorden en que se había convertido Europa. Sabemos que el contractualismo en las figuras de Hobbes, John Locke y Rousseau con sus matices parió la idea de que se debía dejar atrás la violencia y sus diversas formas para dar a luz a un hombre civilizado que en base a la entrega de su libertad al Estado pudiera desarrollar sus máximas potencialidades. Ahí donde la ira cundía, pues era propio de la edad media, y de la antigüedad entender que el hombre emocional y agresivo era el tipo de sujeto natural que prevalecía en estas épocas, se expuso como alternativa para canalizar esta ira masificada la construcción de una subjetividad, o psicología como refiere Foucault que viera en el autocontrol y en las políticas de amistad la forma perfecta para vaciar a la sociedad de la discordia y la venganza.

Aunque el punto de vista de estos ingenieros fue revertir esta violencia en base a un proceso de domesticación que moralizara al hombre y que sublimara dicha violencia en actividades que reprodujeran la vida social, lo cierto es que la violencia ingresó en la mente y dio forma a lo que conocemos como interioridad, o razón y los sentidos. El resultado fue que se construyó un ciudadano que en las primeras fases de la Modernidad halló en la política y en sus diversas formas ideológicas como el liberalismo, el anarquismo, el marxismo, y el conservadurismo los canales institucionales para desarrollarse con pasión autosuficiente. El proyecto del contrato no era sólo imponer por la fuerza una forma de gobierno sino moldear un tipo de ciudadano ya sea por el sometimiento de las disciplinas de vida o la educación nacional que legitimara y diera ordenamiento a la sociedad. En este sentido, el vaciamiento de la violencia del seno de la naciente sociedad racional consiguió dar forma a un sujeto que halló en la moral de la amistad, y del Eros un ámbito privado para sus realizaciones sensoriales., mientras en lo público y en el naciente mercado coordinara del modo más racional y público sus intereses.

Como sabemos, los términos de este contrato se agotaron. A medida que los poderes privados del capital erosionaron los valores de la democracia, la modernidad fabricadora de subjetividades racionales se rebelo como un gigantesco aparato de dominación, una jaula de hierro burocrática y tecnificadora de la vida que atento en contra de la existencia de sus gobernados. El contrato de civilizar al hombre había trocado en dominio, guerra y racionalización instrumental de todos los dominios de la vida, entumeciendo la misma savia de la risa y del sentir con libertad. La pasión de los comienzos de la modernidad se transfiguro en adicción, cinismo y relajamiento delictivo de los valores sociales y comunitarios; un hombre atrapado en la certidumbre de lo plano y programado, orgulloso de su juicio pero inhabilitado para vivir con romanticismo su propio mundo de la vida personal.

Aunque la vida fue más plástica y los términos del contrato social se volvieron un régimen de excepción que no ahogó la vida social, se puede decir que desde Mayo del 68 en adelante todos los afanes de rebeldía y de desobediencia que despiertan en contra de la dominación han sido escandalosamente incorporados como cultura del consumo y del mercado de servicios, neutralizando en el conformismo y el desenfreno hedonista toda capacidad crítica y política de vivir con autonomía y autenticidad vital. Hoy esta modernidad que desracionaliza a las personas y los divide entre el trabajo estandarizado y el solazamiento embriagador, fabrica los valores autodestructivos que necesita para su imperio del mercado, por lo tanto, la falsa apariencia de un mundo inundado de goce y de vitalidad plena es movilizada para despolitizar a los cuerpos y sentidos que forman parte del plusvalor que devora la maquinaria. En este contexto la modernidad y su conservadurismo político ha impuesto un régimen de existencia que niega la misma vida y la felicidad que promete, derruyendo las condiciones estructurales para todo bienestar perdurable y ahogando en el espectáculo de la imagen y de un esteticismo de osamentas y discursos toda posibilidad de que los hombres puedan realizarse con honestidad y sentido pleno. El capital persigue a la vida hasta los rincones más íntimos de nuestra existencia, pues ha hecho de nuestro propio afán, a pesar de todo, de decirle sí a la vida un macabro negocio de estupefacientes y mercancías sensitivas donde la irracionalidad y la violencia es la condición indispensable para penetrar la vida de toda ecuación empresarial.

Regresando a nuestra vecindad hay ciertas características que hacen presumir que esta sociedad del espectáculo, que narra muy bien Vargas Llosa en su libro de “la Civilización del espectáculo” produce un efecto distinto que el proceso histórico occidental. Mientras en las sociedades de bienestar y en las orgullosas culturas anglosajonas esta mentalidad de la frivolidad y de la vida anarquista es un resultado del agotamiento de la Modernidad racionalista y mecanicista de la que tanto se enorgullecen los europeos, y por tanto, es una consecuencia lógica de su proceso social, en las sociedades del mundo periférico esta cultura narcisista y de los valores postmodernos sirve como el desahogo de los destrozos y descomposiciones vitales que nuestras específicas experiencias de modernización del saqueo generan en nuestras culturas. Con esto quiero sostener que nuestro mundo postmoderno es ya de por sí un reforzador y encubridor hedonista de nuestra propia mediocridad civilizatoria para ser sociedades autónomas, y por lo tanto, el mecanismo de desmantelamiento exacto para atrofiar nuestros desarrollo nacionales y quitarnos el derecho a sobrevivir como culturas más allá del mito de la modernidad.

En el Perú este aceleramiento de la cultura postmoderna en las industrias del entretenimiento y del mercado de servicios no sólo contiene en la ahistoricidad del delito y el goce el desarrollo pleno de nuestra cultura sino que refuerza el traumático resentimiento estructural y las políticas de odio y discriminación que nos han caracterizado como historia nacional. En este sentido, el argumento es que la dichosa cultura de la amistad y del Eros privado que nos permite sentir concretamente como humanos se halla peligrosamente amenazada por una estructura de valores estéticos profundamente discriminatorios y elitistas que obstaculizan un mundo hambriento de amor y de reconocimiento cultural. Al contenerse Eros la sociedad es recapturada en todas sus dimensiones por una violencia cínica, donde la ira y la transgresión hacia el otro es la forma institucionalizada de vivir con sabiduría y satisfacción. Ahí donde la ira es parte del tejido sociocultural, la decepción de no ver alcanzada la felicidad sino es violentando la mismas bases afectivas de los relaciones sociales que nos circundan, hace que estos proyectos de ira, o totalitarismos retornen con mayor fuerza como salidas de purificación a una realidad inmoral y gobernada por los más fuertes.

Nuestro contrato social peruano es de por si sólo un diseño que no tiene la legitimidad de las culturas a las que gobierna. En ese sentido, es un régimen de excepción que sólo garantiza el adoctrinamiento individualista de los dominados a los que controla, manteniendo irresuelta la histórica discordia cultural y desunión que nos caracteriza. Pero hoy tal vez el problema es que no poseemos o no podamos poseer un contrato social reconciliado con nuestras subjetividades populares, sino que ya el odio silencioso y la inconformidad de cada uno de nosotros se han vuelto las fórmulas para sobrevivir con ventaja, a pesar que esto nos niega y a la larga no garantiza ninguna felicidad personal y pública. No sólo requerimos un nuevo Estado, sino una nueva fe, algo que movilice ese deseo de redimirnos y amar que en la seriedad de la autodefensa no queremos reconocer. Pero esto es parte de nuevos hombres, y de nuevos sentimientos….

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Colonialidad del poder: ¿Compromiso o distanciamiento?

by on Ago.24, 2013, under Sin categoría

En una conversa que se realizó el año pasado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en el marco del IX Congreso de Sociología 2013, pude escuchar detenidamente el balance académico de más de una década de los enfoques de la colonialidad del poder, sus conquistas, dificultades y perspectivas. Esta expresión “colonialidad del poder” cara al Profesor Aníbal Quijano y que se ha vuelto una bandera epistémica de las diversas luchas emancipatorias a nivel global, es a no dudarlo la continuación de la cultura crítica originaria de los enfoques de la dependencia que nacieron allá en la década de los 60s, y que tuvo como texto insignia el libro “Dependencia y Desarrollo en América Latina” de los profesores Enzo Falleto y Fernando Henrique Cardoso. Estos aportes basan su impronta en el cambio de las mentalidades aprisionadas, a partir de la organización y la descolonización como diversidad étnica y minorías culturales.

Por diversas razones que no detallaré con exhaustividad el escenario de represiones dictatoriales y la debacle organizativa y social que supuso el profundo período de ajuste estructural y desmantelamiento del Estado populista de los 80s y 90s dejaron sin piso político para que las recetas de estos enfoques de anular la dependencia se llegaran a concretar, lo cual devino en una seria crisis de legitimidad del marxismo, a medida que las propuestas y la cultura democratizadora de las izquierdas perdía también la lucha por el sentido común en las culturas populares y ciudadanas.

En este sentido, las retransformaciones del poder, y la pérdida sistemática de influencia de la cultura crítica para intervenir en el poder político y hacer contrapesos democráticos a Estados que se convirtieron en la puerta de ingreso para la reorganización y descomposición de las sociedades a las que pregonaron servir, hizo que se mudara el foco de preocupación de las energías intelectuales desde el análisis de la economía política a las nuevas subjetividades desprotegidas y a la cultura de los actores que las anteriores lecturas sociales habían descuidado.

La fuerza del cambio no se ubicó más en tratar de movilizar las estructuras sociales ( ¡nunca existieron tales estructuras!) en pos de dar forma a economía nacionales autónomas, sino que se reubicó en intentar potenciar desde iniciativas microculturales y locales a los actores sociales e individuales que habían quedado sumidos en la pobreza y en la exclusión producto del desmantelamiento de la sociedad a favor de la multiplicación de los agentes y empresas neoliberales.

En este marco de abandono del análisis de la economía política, ingresaron con fuerza los estudios culturales, que desde la literatura y la antropología, incluso desde los departamentos de comunicaciones bregaron por restaurar los lazos sociales rotos por una economía de mercado que sumía a los actores y a las personas en profundas crisis de sensibilidad, violencia y soledad consumista, enfatizando en las experiencias de resilencia o de “minorías activas” que podían a pesar de las recesiones y de la crisis salir adelante.

Aunque en sus inicios estos estudios culturales de impronta norteamericana poseían inclinaciones fuertemente apolíticas, pues sólo celebraban objetivamente la vida cultural sin tomar partido, pronto surtieron las bases conceptuales para el fuerte trabajo social de las ONGs (Organizaciones no Gubernamentales) que ampliaron y evidenciaron con estudios de campo los diversos rostros del poder que un capitalismo sin mayor sofisticación, mercantilista y sin arraigo en la sociedad creaba. A medida que el capitalismo se volvía sólidamente cultural y consumista se percibió que los estudios culturales deberían dejar de lado los planteamientos diletantes y hasta displicentes, e intentar darle un sentido más político a los procesos culturales de dominación que legitiman el capital, de ahí que se haya mudado las urgencias hacia los estudios postcoloniales (específicamente usar el estudio de la cultura como espacio de batalla y liberación)

La consecución de la democracia en el 2001 y con ella la posibilidad de que los tejidos socioculturales se rehicieran, permitió la vuelta de un arte y una vida cultural intensa en los sectores de clase media, en los colectivos juveniles, y en los monopolios del glamour de las clases altas. Este contexto ha permitido hasta ahora la recuperación de una tenue sociedad civil informada que media entre el humanismo, el activismo y las movidas socioculturales, que es la generadora y la promotora de los estudios de la colonialidad del saber. Ahora no sólo se posee una cultura crítica que puede armar con facilidad una visión de conjunto del país sino que se ha conseguido construir una visión cultural detallada de un país donde el tema cultural, a pesar de tantos escaramuzas, ortodoxias y pragmatistas ha sobrevivido y regresa con fuerza con las propuestas transversales de la interculturalidad y su inclusión en la construcción del Estado peruano.

Se puede decir para concluir que la introducción de los estudios culturales, y su acertada politización con los estudios postcoloniales han permitido una recuperación intelectual de las ciencias sociales y humanidades, y ha continuado con mayor complejidad la visión social que las ciencias sociales iniciaron progresistamente en los 70s. Pero es una visión aun desconectada de una filosofía peruana, y que deposita su fuerza en el registro y crónica literaria sin conexiones con la economía y la polítología. Estas visiones han fragmentado la mirada del país, y los han vuelto un hervidero de escritores turistas apátridas.

Si menciono el evento del congreso del 2013 al cual asistí, es porque creo que este renacimiento cultural que ahora alcanza tímidamente las formas políticas de la protesta ingresa en un eclipsamiento peligroso. Y lo note pues en las ponencias de la mesa de colonialidad del poder, los balances a cerca de los estudios de la colonialidad hablaban de modo sutil que esta veta del saber, que es la responsable a su modo de la captura del poder de las experiencias de Estado del Ecuador, Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil y las demás experiencia de izquierda del continente, se esta volviendo en una moda que esta siendo cliseteada, y convertida en un habito postmoderno irresponsable que la neutraliza y le hace enmascarar las diversas formas que el poder que pregona desocultar.

Creo que para pasar a desarrollar este argumento debo decir como argumento marginal, que en el Perú la específica construcción de nuestra cultura intelectual y los antagonismos que nuestras ideas han tenido con los procesos políticos hacen complicado que estos conceptos maestros de la cultura crítica hayan arraigado en las culturas populares, y por lo tanto su sospechoso aristocratismo en estos últimos tiempos, distorsiona toda posibilidad de potenciar la política desde las izquierdas desde las bases sociales, y sobre todo desarrollar una lectura empírica y constructiva de nuestra heterogeneidad nacional. Esta es el drama que a mi parecer no viven nuestros vecinos latinoamericanos y que es necesario evidenciar para que estos felinos que juegan con bolas de lana se puedan arrogar el título de socialistas. la premisa del día es que estos enfoques de antagonismo entre un Estado monocultural y diversos rostros minoritarios subordinados, no es un enfoque que interprete bien al Perú. Por lo general el peruano es portador de una gran plasticidad y capacidad de negociación. Se adapta a cualquier circunstancia, y
media entre una racionalidad instrumental y una fe religiosa y panteísta que es el espíritu que le da fuerza para surgir de la peor pobreza. El migrante no es todo razón, sino ethos festivo y plástico. En ello Quijano se equivoca al decir que la razón instrumental de Weber y compañía es la mejor racionalidad. Diría que no sabe lo que esta pasando en el Perú, donde estamos experimentando un capitalismo semi religioso y popular en la energía de los microempresarios.

A nivel macro se puede argumentar que ya los estudios postcoloniales han cumplido en el nivel político lo que se habían propuesto: repotenciar a los movimientos sociales y a las diversas experiencias y nuevas subjetividades que han logrado la forma de Estado en casi toda Latinoamérica luego de una desoladora época de neoliberalismo y de búsqueda de destrucción de las sociedades latinoamericanas. El problema que veo es que la estrategia de hallar en la cultura una nueva forma de resistencia política, en base a poner la deconstrucción de Derrida (autor que puso de moda este concepto, que significa destejer y volver a rehacer) al servicio de la emancipación se esta agotando, pues la conquista del poder requiere para ser completa que toda esta retórica y nuevo espíritu que ha despertado la cultura crítica se tecnifique y se vuelva una nueva economía social que le de autonomía a estos poderes que emergen.

Si menciono esto es porque veo que el peligro de sólo atrincherarse en una crítica de la cultura de mercado sin aterrizar en una economía y tecnología de corte propio enmascara que es necesario controlar al capital en el modelamiento y redirección de los flujos de inversión privada, y tocar por tanto el núcleo del poder que tanto nos ha dominado a través de la historia. La terquedad de sólo estimular un espiritismo rebelde a lo mucho y solo arrancarle al capital para desplegar gigantescos, irrelevantes programas sociales olvida el hecho de que la emancipación es completa si la protesta se vuelve una forma de vida material y cultural. No superar la retórica diletante es caer en las aristocracias de la critica neomarxista que tanto promueve el capital, y sostengo que esa es una enfermedad que puede desinflar la negación de un mundo que se ha arrojado a las calles y que reclama de los hombres ilustrados mas que un discurso incendiario. Volcar en Estado un discurso culturalista que ha reportado prejuicios en cuanto a la situación crítica de las minorías subordinadas es hacerlas vivir en el miserabilismo, y no potenciarlas a no esperar nada del Estado. La mejor racionalidad es la de la acumulación y asociación por medio del emprendedurismo social. Eso tarde o temprano va a parir un Estado sui generis a la peruana.

En el nivel micro y me refiero a nuestro país, los obstáculos para ver con madurez esta necesidad estructural tropiezan con la ceguera y el oportunismo en los mundos de la ortodoxia y del socia-liberalismo respectivamente. Con respecto a los ciegos su persistencia en la determinación de la base económica, y su remedio archiconocido de la lucha de clases peca de ingenuo y por lo tanto de irrelevante. Y lo digo así pues si bien su predica puede obstruir la dinámica de los proyectos mineros y de hidrocarburos y poner límites a una modernización salvaje que esta diluyendo en la violencia a nuestras identidades regionales, su carencia de alternativa que no vaya más allá del caos y de la anarquía hace ver que no existe la formula económica para desarrollar nuestra formación nacional.

Esta barbarie retorna y ha hecho destacar ciertos liderazgos políticos de corte contestatario, y si obtiene apoyos es porque no hemos podido resolver las humillaciones y las ofensas que nuestros pueblos han soportado a través de la historia, y que toman la forma erradamente de un mero conflicto de intereses. Es esta negligencia ciega, lo que hace a su modo que el pueblo no posea intelectuales y a la vez políticos de verdadera preparación, que vayan más allá de la confrontación y del buen corazón. Su mayor prédica es la protesta por el interés de distribuir, sin producir. Como los liberales y sus sacerdotes de Chicago, reducen el problema del país a un problema de interés, y de mera resolución de la pobreza material. Y recuerden el interés es una valoración cosificadora, que hace a las piedras que le cantaban al niño Arguedas en mera veta de minerales inerte…. ¿Marx en que estabas pensando cuando definistes naturaleza?

El otro grupo a mi parecer es el más nefasto pues obstaculiza que el pensamiento social llegue a toda las sociedad. Antes recluidos en la rebeldía del guevarismo sentimentaloide, en las teorizaciones de la democracia y la sociedad civil en los 80s, luego en los estudios cultuales en los 90s y la primera década de este siglo XXI, y por último en el activismo de los estudios postcoloniales han reforzado ese viejo hábito astuto de incendiar la pradera con un legado de leyendas y luego capitalizar todo en base a personalismos y grupos de interés. Si menciono esta contradicción que esta en la base de nuestros pensadores históricos es porque ya ese viejo oportunismo en este mundo cínico esta afectando la poca fuerza de nuestras organizaciones de izquierda y esta haciendo caer en el nihilismo y en el conservadurismo a los nuevos valores que surgen con el resultado de que no se posee en verdad una lectura social y congruente de nuestra nación que vaya más allá del anticuado Kaynesianismo setentero.

Como ayer nuestro registro intelectual y cultural depende de sospechosos valores clasemedieros y aristocráticos, lo cual hace que se pregone ser herbívoros y sean carnívoros en el fondo. Mientras del pueblo no salga un sintetizador que relea la historia seguiremos apostando por refritos teoréticos y por intransigencias culturales que nos quitan el derecho a sentir una patria real. Esta cultura emancipatoria a la europea sin arraigo con nuestro país es a mi juicio un programa de desviación y de uso instrumental de las organizaciones populares e indígenas; haciendo ver que estas unidades culturales diversas no puede representarse sin una vanguardia de izquierda, cuando esto si se puede hacer. me atrevería a decir que el método de organización de estas “supuestas comunidades” es un error craso, pues ellas no son solidaridades homogeneas sino organismos… En otro ensayo hablaré de ello.

El tema de la colonialidad del poder que es la extensión de la cultura marxista no calza muy bien en el Perú, y con el tiempo en América latina. la razón de ello es que no somos sociedades cercanas a la razón instrumental. Y debido a que la concepción que tenemos de nuestro continente latino es no como lo vió Bolivar. Tiene raíces más arcaicas y sagradas. Y ese el objetivo de estos enfoques postcoloniales, no permitir encontrarnos con nuestra antiguedad, y de ahí domesticar la modernización que tiene un rostro liberal, y también marxista. Descolonizarse es usar con plena conciencia de identidad que las recetas liberales y marxistas sólo son opciones ahí donde cada nación se halla en sus raíces. Ambas mal entendidas hacen mucho daño y son inapropiadas para volverse economía. Hoy el Perú debe volcarse a la empresa y agregarse y conectarse paso a paso. De ahí nacerá una cierta institucionalidad. De abajo hacia arriba. Sin tener que escuchar a los pregoneros de la miseria y del racismo elitista.

Sólo para ustedes, un ligero chascarrillo, que escuche por ahí:

“Cuenta que había un librero muy conocido y entusiasmado que vendía textos marxistas en las cercanía de UNMSM… Siempre le visitaba un profesor muy reconocido… -¡ ¿Profe, profe Cuando llega la revolución?! – no te preocupes esta a la vuelta de la esquina,,,, las contradicciones ya están avistadas en las estrellas… Saturno y Júpìter ya están cerca…. Pasaron dos años…..¿ ¡Profe la cosa esta brava cuando llega la revolución!? – no hay que impacientarse, cuando lleguemos tus libros valdrán oro, harán un museo con tus textos….- Pucha que bacán profe, ya me falta pa el té….. Vino la represión, metieron tanques, y el Perú se volvió el limbo de los parados… y el librero harto de quemar sus libros para no morir de frío se volvió loco…” Recuerdo a mis 18 años ingresar a mis clases y verle conversar con mucha erudición, y galantería con un amigo muy joven… – Eso decía Sócrates..- y cuando lo dijo maestro…- Ayer me lo dijo cuando nos tomábamos un acholado—- Puta el tio veía fantasmas, demasiado Renaco y catahua..

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