Ni Atenas Ni Israel

Archive for enero, 2013

Ángeles y demonios.

by on Ene.12, 2013, under Sin categoría

La toma del 2000. Proceso y análisis social de este evento.

“Si la juventud se libera, libera a la izquierda de sí misma…”
Anónimo

Este escrito fue diseñado con el ánimo de quien recuerda una época llena de júbilo y liberación. Aunque el redactor de estas líneas fue un testigo y actor invadido por la marejada de controversias e ideologizaciones que acontecieron, a lo largo del tiempo ha podido crearse una lectura desprejuiciada de aquellos tiempos llenos de promesas y vacilaciones. Lo que ha movido al escritor a contar estos episodios ha sido un intento de explicar lo que significo la toma del año 2000 para nuestra generación, y que papel cumplieron los estudiantes movilizados en el contexto de degradación y desmoronamiento del Fujimorismo. Creo con la objetividad de la experiencia que en ese evento histórico se jugaron cuestiones que la efervescencia y la febril actitud doctrinaria no consiguieron hacer visualizar con propiedad, y que fue no haberse sabido mover más allá de las manipulaciones a la multitud para lograr y concatenar ciertos intereses ocultos, lo que hundió en la ignominia y en la estigma de la desautorización a toda una generación que en cierto momento del calor político discutió e imaginó un presumible recambio generacional y una nueva institución universitaria. Es en texto que versa sobre una visión hoy olvidada o severamente corroída por la descalificación de los activistas de la democracia que no sólo ganaron el sentido común de las organizaciones juveniles posteriores, sino que se atrevieron a cambiar la narración de lo sucedido en función de su crecimiento político particular.
Lo digo con el ánimo de una conjetura polémica: fue la ceguera estructural que ha caracterizado al movimiento estudiantil a lo largo de su gestación y desarrollo, es decir, la incapacidad para verse con los ojos de la autonomía, con una visión de sí mismos, y por el contrario verse a través de las representaciones políticas e ideológicas del patriarcado político que caracteriza a la izquierda desde sus orígenes, lo que ocasionó que perdiéramos la oportunidad y el rumbo como generación para remover falsos dioses y dogmas, y hacer todos los cambios que el proselitismo de la Reforma universitaria y la endiosada lucha de clases pregonan hasta hoy en día. No sólo se perdió el control de toda la energía histórica que el desprecio al Fujimorismo había despertado – como producto del daño social que había ocasionado al país y en específico la universidad pública- sino que además se desaprovechó la posibilidad de que toda esta energía volcánica diera a la juventud un trato diferente que la habitual subordinación y moratoria generacional que se recoge aún en los partidos; y por consiguiente, iniciar la construcción de una visión renovada del país desde la juventud para la izquierda.
Suelo ser sincero. Era imposible que esa generación capitalizara todo lo que aquellos debates encendidos y concierto de enfrentamientos discutían, por la sencilla razón que de que haber llevado a la practica concreta aquella lucha hubiera significado colisionar con los verdaderos intereses políticos que vivieron escondidos durante toda la historia que narro; intereses que fueron obviados para suerte de los titiriteros y que de haberse descubierto hubieran desencadenado la lectura indignante de que todo era un circo orquestado y que las demandas de la juventud politizada no interesaban a nadie. Sin embargo, el modo apasionado y que para muchos ese localismo universitario luchaba por objetivos más allá de los problemas de la facultad de ciencias sociales, y que se luchaba en contra de las mafias sectarias del Fujimorismo, surtía la necesaria adrenalina para amenazar toda la real estructura de componendas y clientelismos que ha caracterizado a la política universitaria por décadas, sólo con la eticidad política de la protesta y de la creatividad cultural que siempre ha atravesado la juventud política.
Nadie visualizó o nadie quiso visualizar que el verdadero adversario a los estallidos de emancipación y justicia que acontecieron en varias facultades de la universidad, no sólo era la clase política mafiosa que había capturado el Estado, y por ende había desbaratado a sus enemigos en la universidad, sino el punto al cual se debió dirigir con radicalidad era a toda una generación iconoclasta y anquilosada que venía desde los 60s y 70s, que en ese momento se desnudaba en sus contradicciones internas por el control del poder de la universidad; y que utilizó estos hechos de emancipación estudiantil para justificar el desplazamiento político de los que gobernaron la universidad para Fujimori y Montesinos. El problema no era sólo un grupo autoritario que administró la universidad para la mafia, el problema real era que toda la estructura política que se montó desde los años faústicos de la izquierda política, que sirvió a distintos líderes en relación a sus recursos y sus espacios de reclutamiento en distintos momentos de la historia y que se mantuvo intacta, y que de alguna manera siempre adoctrinó y utilizó las energías juveniles para sus intereses personales y violentistas en las diversas facciones.
Si en cierto modo me ubico en este momento de fines del año 2000 es porque pienso a ciencia cierta que en los pregones de esta generación, sobre todo de las figuras más radicales y creativas pudo generarse una ruptura generacional que significara el inicio de la muerte de una cultura política prebendista, patriarcal y clientelar que tanto daño le ha hecho y le sigue haciendo a la universidad pública. El asunto es que tal ruptura no fue concretada no sólo porque tal energía colectiva de la avanzada juvenil fuera utilizada vilmente, sino por tres razones estructurales que señalaré extensamente a continuación:
1. Un primer argumento por el cual no se produjo tal ruptura fue porque la fuerza desbocada que se liberó se enfrentó a ciertos intereses políticos que necesitaban la expugnación de la universidad en el ajedrez político de la política más macro a nivel nacional en ese entonces. El haber sólo apuntado a que el problema era sólo la administración de Medina y compañía y no la confrontación oscura de ciertos aparatos partidarios de antigua data como el PUM (Partido Único Mariateguista) y las tendencias del FER (Frente estudiantil revolucionario) setentero que gobernó la universidad para Fujimori y que se enfrentaron, es lo que no deja ver que se estaba manipulando al movimiento estudiantil para legitimar la ascensión posterior de los profesores del PUM en el gobierno de la facultad. En cierto momento algunos elementos probos (“Tontos útiles” en boca de algunos “chacales” que abundaban) visualizaron este ajedrez, y en ellos recayó la politización de la toma del 2000.Muchos de estos jóvenes habían ingresado en el año 1998 y poseían un nivel de compromiso y de praxis política distinta a la de anteriores promociones, elementos que se adhirieron a las tradiciones de la política de la facultad, pero que pronto colisionaron con estas motivaciones a medida que el contexto se politizaba.

Pero el adversario era un aparato mañoso y con más experiencia que supo difundir que la fórmula de la lucha era entre dos clanes políticos, con sus respectivas correlaciones en las organizaciones juveniles de aquel entonces, Integración estudiantil, el FER, JP (Juventud Popular) y Colectivo Amauta y no la refrenada lucha de generaciones que pocos se atrevieron a plantear. Haber planteado correctamente esta lucha hubiera significado dotar al movimiento estudiantil posterior de una disposición institucional y una cultura política de nuevo cuño para conseguir la reforma universitaria a través del recambio ideológico y de talentos. Pero la historia que aconteció fue que al no haberse producido esta ruptura generacional se desestructuro el poder real del estudiantado a posteriori, reforzando el poder de los operadores y clanes políticos de toda la vida que han penetrado las conciencias de la juventud organizada hasta estos días. Yo diría incluso que este no recambio generacional ha permitido el deterioro académico de la UNMSM y la vuelta irrefrenable de los remanentes del antiguo PCP- Sendero Luminoso en el seno de esta casa de estudios.

2. Un segundo elemento que se desprende de lo anterior es que no se produjo esta ruptura generacional, por lo menos en la UNMSM, o nadie lo supo plantear porque en el seno del movimiento estudiantil surgieron malos operadores con las mismas prácticas y costumbres divisionistas de siempre que frenaron los aires de cambio social del movimiento en función de los intereses políticos que se cocinaban. Por lo menos en los recuerdos que tengo y de muchas conversaciones que he tenido al discutir estos hechos idílicos en los años anteriores habían surgido ciertos colectivos y fuerzas juveniles (Colectivo Amauta, Integración estudiantil, Voz comunista, Juventud Popular) y el siempre presente FER que le plantearon cierta oposición a las autoridades fujimoristas de la facultad y en otros escenarios con marchas y actos de protesta.

Pero la cosa cambia cuando irrumpe el movimiento estudiantil organizado frente a las manipulaciones descaradas del Tribunal Constitucional por obra de la pandilla Fujimorista para obtener el pase legal a la segunda reelección de Alberto Fujimori. La indignación eticista de estas organizaciones juveniles con multitudinarias marchas de protesta desde el año 97, pero con más protagonismo en los años 98 y 99 le dan cierta fuerza al actor juvenil como único agente social serio de oposición a la dictadura. La mayoría de opositores democráticos estaban neutralizados o calculaban, creando en el imaginario de la sociedad civil un cambio de espíritu y de actitud cívica en la juventud descreditada por los hechos de la pasada violencia política y por su posterior apoliticismo y apatía individualista frente al futuro de la nación. Tal vez esta unificación política de las juventudes disfrazó los severos antagonismos que enfrentaban al FER, Integración estudiantil, JP y el Colectivo Amauta (este con mayor rango de acción) quiebres que se evidenciaron cuando los hechos de la toma del 2000 fueron capitalizados a favor del sector de profesores a fines al PUM, con el apoyo del Colectivo Amauta, siendo parcialmente resistidos por JP y el FER (este último por su ambiguo apoyo antaño a Sendero Luminoso en la universidad de algunos cuadros que apoyaron la disidencia) Puedo decir que el problema que evidenciaría las manipulaciones de los operadores en varios de los bandos fue que la organización de la toma recayó en simpatizantes que no militaban con frecuencia en estos bandos, sino en actores jóvenes aislados que asimilaron, creyeron y actuaron en función de un tiempo de politización – desprecio a Fujimori- y porque llevaron a la acción todos los idearios que los colectivos juveniles más organizados no se atrevieron a ejecutar, por cálculo o porque sabían que algunos “tontos útiles” lo harían por ellos.

De cierta manera este mal cálculo se dejaría notar cuando las decisiones políticas que se tomaban en las asambleas encontraban no el canal de los grupos partidarizados u operadores infiltrados en las manifestaciones, sino la fórmula democrática de las reuniones de base, donde todo era informado, discutido y actuado, y por lo tanto, el poder carismático de cálculo político no servía o era desnudado, creciendo o surgiendo líderes nuevos que profundizarían la politización que se vivía en la Toma del 2000. Sostengo que este asambleísmo y gremialismo desmedido neutralizó los descarados arreglos y componendas que se dieron en este tiempo, cargándose de desaprobación y de estigma a los tradicionales líderes políticos en nombre de los cuales se hizo el trabajo de organizar, meter basura en el decanato en bolsas con las caras de Fujimori y Montesinos – ¡que tal arreglo desde fuera!- bloquear las salidas con carpetas y exponer ciertamente el pellejo, pero que supieron capitalizar las consecuencias de la toma. Esta privatización de ciertos arreglos, manipulaciones en las discusiones de las asambleas y sobre todo por la aparición de ciertos operadores dirigidos desde fuera por el Toledismo y las presiones de las fuerzas del PUM (Foro democrático, etc.), es lo que enervó los ánimos de estos líderes de base y de otros grupos académicos más honestos que surgieron, que colisionarían con los intereses ocultos que se cocinaban, pero que no poseían la fuerza de un aparato organizado para reorientar una toma que se desinfló al paso de las cuatro semanas que duró (desde fines de Octubre a mediados de Noviembre del 2000).

Mucha de esta gente socializó la aparición de una cultura política democrática de nuevo cuño, y fue desertando de la organización que se fue tejiendo, cuando visualizó con cierta sensatez que eran usados, cuando vio que nos enfrentábamos entre amigos, pero que dio su respaldo político a los intentos organizados que darían su expresión política en las elecciones del año 2001. Luego de este recorrido puedo conjeturar que la coacción política de la toma de ciencias sociales, por obra de los titiriteros de siempre y por sus leales en las organizaciones juveniles, que se ganaron mi aprecio al principio y luego mi reprobación dieron un golpe de muerte al movimiento estudiantil posterior, no porque este dejara de existir en intensidad sino porque seguirían subordinados a esquemas mentales e ideológicos de organización y de acción política que no pueden plantear verdaderamente un recambio de generación, y que sirven a los intereses de la generación de los 70s, que ya no es ni revolucionaria ni una opción política y social. El problema es que las juventudes no quieren darse cuenta a pesar del cinismo y la corrupción social que nos acecha, de la atrofia de esta cultura política, debido a un elemento que señalaré a continuación.

3. Parecerá duro lo que digo, pero creo que un tercer elemento soterrado pero que es muy fuerte, y que ha garantizado el patriarcado de 50 años y que a ciencia cierta no deja lugar a la autonomía mental de las juventudes es la creencia idólatra en cierto estilo de marxismo que se concibió en los 60s y 70s. Como lo he dicho en otros ensayos que he publicado, es la creencia dogmática y hasta ciertamente ingenua en una lectura del país incompatible con él, y en una guía para la acción inapropiada desde sus orígenes para lograr el cambio social, lo que no permite la tan necesaria ruptura generacional y, por lo tanto, el nacimiento de un pensamiento social y un horizonte sociocultural y práctico adaptados a las alteraciones estructurales y a los nuevos valores que han surgido en los últimos tiempos.

Es la conservación de este ethos decimonónico y escolástico, la pésima articulación cultural y teorética que demuestra desde siempre con las organizaciones de base social y movimientos sociales –arrogándose la representación de sus aparatos- lo que ha bloqueado desde siempre la consecución de sus intereses originales. Y saben porqué?. Debido a que todos estos estilos de organización espartaqueana, estos esquemas que han enfatizado el descontento y el asistencialismo; todos estos idearios que moldean líderes y creencias en impracticables utopías, han despreparado y atrofiado toda posibilidad de que la multiplicación y producción de subjetividades alternativas que se dan en las culturas populares y en sus manifestaciones en la calle, alcancen y construyan un estilo de organización social y de técnicas productivas más allá de la sola premisa de instaurar una patria socialista, impracticable e incompatible desde todo punto de vista con la complejidad intercultural y misteriosa de nuestro país.

En el caso de la juventudes políticas es la conservación de este ideario que denuncia la expoliación y la deshumanización como ideas fuerza, la que la has entregado en diversos momentos de la politización del movimiento estudiantil a desperdiciar sus fuerzas y talentos culturales en la sola protesta y desobediencia pública como praxis política, creando la sensación de que colisionan siempre contra un mismo muro al que no entienden no saben interpretar. Es el mal direccionamiento de esta grandiosa creación de subjetividad artística, cultural e intelectual que late en las juventudes, lo que bloquea toda posibilidad da darle un sentido de recambio espiritual o de institucionalización política y productiva de estos valores, que se practican aún marginalizados y embrionariamente en sus organizaciones de avanzada.

Ver con propiedad que el marxismo es sólo un instrumento social para conseguir objetivos de igualdad social, de representación de las múltiples demandas de la población y una herramienta para proteger a la sociedad desde El estado domesticando al capital y forzar su necesaria redefinición social, ayudaría a contemplar que la lucha en contra de la oligarquía, de su adictivo sistema cultural de dominación y de toda su estructura de poder económico y política, pasa necesariamente por desafiar también las formaciones político e ideológicas que luchan en contra del capital, hoy neutralizadas. Porque el modo como sólo recurren al violentismo y a la protesta social callejera sin tener bajo el brazo una propuesta operativa y sistemática de país que vaya más allá del sólo intelectualismo o pensamiento declarativo, enmascara a mi juicio toda una empresa de poder de un grupo de interés que viene a lo largo de la historia repitiendo la misma canción, consiguiendo algunas ventajas privadas y ocultando bajo el cálculo y la veneración de la que son objeto la intención real de que no les importa la revolución del país para nada.

Ahí donde el cinismo y la componenda canibalizan a las fuerzas políticas alternativas es necesario ubicar que el respeto que adquiere esta metafísica de la revolución, llena de mandarines ociosos y retóricos se debe a que no hemos podido hacer una crítica interna sesuda de su cultura crítica, que recibe no obstante, el consentimiento adictivo de aquellos sectores de la base que no saben verse más allá de este sólo ruido contestatario: las juventudes. Creo que su autonomía se alcanzaría, el disfrute sin ignominia de sus valores se lograría si es que consiguen edificarse una visión teórica y operativa de sí mismos, de su rol y del país en el que viven alcanzando por ende toda desvinculación del pésimo marxismo voluntarista que los define y moviliza, salvando a la izquierda de sí misma.

Es esta lucha generacional la que no se emprende por no saber atacar el orgullo metafísico que envuelve a los sacerdotes, lucha que pudo obtener ribetes de extraordinaria valía en la lucha en contra del Fujimorismo, pero que al subordinarse a los fines del Toledismo, y tal vez actualmente al Humalismo, es sólo un eco perdido que siempre sirve a intereses más pragmáticos. Si la juventud se libera, libera a la izquierda de sí misma, esa es la premisa.

No obstante, haberme desviado y extraviado en elucubraciones tan apasionantes más arriba, quisiera sostener que la experiencia del movimiento estudiantil de los años finales de la dictadura tuvo una singular expresión en la Toma del 2000 en Ciencias sociales, ´pues a pesar de que fue una expresión teatral bien montada eran necesario hacerla por tres motivos de distinta magnitud entre sí:
1. A pesar de que para algunos atentos observadores la facultad estuvo cogobernada por estos dos grupos de profesores (unos en el pregrado con el decano Medina a la cabeza, y otros en el postgrado con los profesores más ilustres alrededor del PUM) se quiso presentar por sus operadores de que rivalizaban a muerte, ¡incluso de modo doctrinario!, cuando en realidad toda la vida a pesar de ciertas disquisiciones teoréticas siempre se han puesto de acuerdo pues siempre han temido la llegada de una nueva relación de poder que les arrebate su medio de vida. Como expresión final de esta rivalidad para que nadie sospechara de que estaba conversada la transición, y así darle legitimidad política y presuntamente democrática al cambio de poder. El grupo saliente que es de los que inconscientemente nunca se han actualizado de modo teórico sabía que iba ser removida pero alguna otra oportunidad tuvieron, como sucedería luego, y el grupo que ingresó, del PUM, consiguió el control íntegro de la facultad aprovechando la relación de poder que habían ganado sus intelectuales más visibles alrededor del antagonismo político que venían ofreciendo desde algunas ONGs (Organizaciones no gubernamentales) importantes al Fujimorismo. Era un salto cualitativo necesario en su nueva condición, una ecuación que nunca eliminó a los sectores más cavernícolas intelectualmente pero que era necesario para hacerse del poder de ciertas facultades y ulteriormente del rectorado en el año 2001.

2. Una segunda condición por la cual era necesaria la toma de la facultad era que para que el Toledismo era urgente contar con focos de resistencia en la universidad más emblemática del país; es decir, estallidos de libertad que desbarataran posiblemente en cadena a Fujimori en relación al contexto externo. Aunque no me consta, según conversaciones se que hubo más de una reunión fuera de la universidad con personalidades del Toledismo, que en ese entonces polarizaba al país con el asunto de las fraudulentas elecciones, y posteriormente con la organización de la marcha de los cuatros suyos, y que absorbió en sus filas a las coordinadoras universitarias y agrupaciones juveniles, que la terquedad del régimen a caer despertó en la juventud. La toma de la facultad fue incluso permitida por autoridades cercanas al Fujimorismo, ya que una esperable restablecimiento del Fujimorismo hubiera presentado la represión a los universitarios como actos de presunta subversión o terrorismo.

La suerte para los estudiantes es que el Fujimorismo cayó y su régimen se desmoronó con la publicitación de los vladivideos y la posterior renuncia de Fujimori. Ya con esa puerta abierta era necesaria la facultad, y el gobierno de la universidad, a través luego de la expugnación de los colegios profesionales capturados por el Fujimorismo, para controlar clientelarmente el reclutamiento de cuadros profesionales para el gobierno posterior del Alejandro Toledo. Aunque estas son hipótesis que surgen de un análisis macro, no se puede negar que muchos líderes juveniles le dieron mucha algarabía a los cambios que se esperaban, y que sólo gente muy observadora y con cierta información pudo deducir el real rol que cumplió esta toma del 2000 para la clase política y sus contradicciones.

3. Una tercera necesidad interna que cumplió esta toma es que era el evento perfecto para la exhibición de favores políticos y de operadores astutos que se infiltraron en las bases para granjearse ventajas personales. Aunque muchos de ellos fueron expectorados por su cercanía y colaboración con los profujimoristas de la universidad, varios de ellos los más carismáticos, los que aparecieron de improviso en las comisiones, obtuvieron el control político y la dirección de este movimiento, que nació, como dije de algunos elementos de buenas intenciones en las bases, pero que no fue coaccionado por la represión sino con el desgaste de la politiquería y el entrampamiento de las asambleas que se prostituyeron, donde se vivieron los límites históricos de la juventud universitaria y la penetración de mercenarios que siempre la han desarticulado.

Aunque el trabajo social de esta toma sufrió el desgaste de la discusión y la manipulación privatizadora no se puede negar que en cierto momento esta generación a nivel de bases, y con problemáticas más o menos similares por escuelas (seis escuelas profesionales: historia, antropología, sociología, geografía, arqueología y trabajo social) pusieron en jaque, y desnudaron, por errores infantiles de algunos operadores arrogantes los verdaderos intereses que secuestraron la toma, desconfiando de estos arreglos y poniendo límites a la participación de los profesores, incluso de aquellos que se presentaban como la alternativa democrática. Recuerdo que muchas veces muchos de ellos iracundos que intentaban mediar no se les permitía el pase a la facultad. No se si fue un error llegar a esto, pero la verdad es que los límites de nuestro miedo y la idea que recorría las discusiones de un cierto ánimo de amicalidad, alegría y emancipación, de autonomía al fin y al cabo, nos mostraron el hecho de que estábamos solos a pesar de las marchas que se organizaron hacia a fuera en la avenida universitaria y en la avenida Venezuela, de la mediación de ciertos líderes políticos que se apersonaron, la llegada de un fiscal y de la defensoría que otorgaron garantías al evento.

No deseo desfigurar lo que también viví pero esta cierta desconfianza se desvanecería cuando se llevó a cabo el debate de profesores al interior de una concurrida asamblea, y los profesores del PUM (César Germaná, Nicolás Lynch, y el fallecido Carlos Iván Degregori) debatieron con el fallecido profesor de la escuela de historia, Carlos Lazo, dejando en claro las posiciones en juego. La verdad es que el mal cálculo de ciertos profesores o la aventura solitaria de un docente como Carlos Lazo, sindicado supuestamente de senderista, dado que el se esmeraba en confesarlo en sus clases, con ribetes de una gran euforia filosófica, demostró el error político de los profesores salientes, pues los estudiantes a fines al PUM lo tacharon de senderista, entre ellos personalidades del Colectivo Amauta, cargos que desnudaron la poca sensatez de ese tiempo y la habilidad política de los otros tres profesores para ganarse a la asamblea. Ahí me di cuenta que la figura de lograr cierta autonomía frente a la generación de los 70s se esfumó cuando maliciosamente se difundió que los mil ojos del partido rondaban en nuestras multitudes. Aunque Sendero luminoso no se hallaba presente, pues los “acuerdistas” – los que firmaron el pacto de paz con el ejército- a los que nunca llegue a conocer estaban esperando la democracia para salir al escenario político, mucha gente uso este argumento para estigmatizar a los surgientes opositores al poder del PUM, que sólo querían la autonomía del estudiantado y que se cumplieran los acuerdos que en esa asamblea los docentes mencionados del PUM, cogieron con beneplácito, y por lo tanto, no merecían los cargos criminalizadores de subversivos o algo parecido.

Como saben, debería hacerse una novel de estos hechos, pues este período de la universidad sacó a relucir las bondades y miserias de muchos amigos. No sólo la ideología y la política mostraban un rostro poético, comunitario y juvenil, sino que en este espacio político como fue la facultad de ciencias sociales se puede conjeturar que vivimos en poco tiempo la creación de una nueva espiritualidad democrática negada y aplastada por los olvidos y pesadillas que significa ser un joven o una joven de izquierda en el Perú.
Pero como narro de modo general, con los límites de mis memorias y tal vez de mi posición política, es necesario saber como surgió esto. Sólo recuerdo que en los antecedentes a esta historia la facultad vivía despolitizada y sólo se sabía del accionar aislado del Colectivo Amauta y del FER, y de ciertos operadores políticos a fines al rector fujimorista. Los militares que custodiaban la universidad se habían retirado el año 98 y la comisión interventora la tenían fácil pues el individualismo de las juventudes de los años 90s y el golpe que había sufrido el movimiento estudiantil con la represión a la infausta violencia política, pintaron un joven secuestrado por la desorientación y la apatía. La cosa ciertamente cambiaría cuando tímidamente se buscó recuperar el control de los gremios, es decir, los locales de los centros de estudiantes, a través de las elecciones en cada escuela y lentamente se iba planteando la necesidad de reactivar el centro federado. El decano temeroso de que se quebrara su poder cerró el acceso a los locales de los centros de estudiantes, preparando el camino para la lenta politización de la facultad, aunque todavía la efervescencia de los reclamos estudiantiles en el nivel macro de la política no oxigenaba sus entrañas. Se le prendió más fuego a la pradera cuando se produce insólitamente la primera toma de universitarios en la Universidad Nacional Federico Villareal en su local de la Avenida Colmena, toma que fue observada por ciertos líderes y simpatizantes.
Aunque no se a ciencia cierta como surgió esta idea se que nació al interior de un grupo minúsculo de activistas aislados que discutió y pensó la posibilidad de organizar algo grande, idea que ganó adeptos y que fue informada a los delegados de las bases buscando el consentimiento de estas, y así cierta protección en base a la publicidad. Por lo tanto, esta información que no supo ser mantenida en reserva alertó al decano y lo libró de la ignominia pública. Recuerdo que a pesar de no haberse hecho público el respaldo a los operadores de la toma del 2000 por obra del FER, ¡vaya sorpresa! Del Colectivo Amauta, el grupo que se autotitulaba como alternativa democrática, este se ejecutó en viernes último de Octubre del año 2000, en medio de la zozobra, de los cálculos políticos y de emociones encontradas en una multitud que presenció todo como si fuera un lindo espectáculo.
Recuerdo que varios líderes importantes estaban rondando por ahí dubitativos y nadie absolutamente nadie anunciaba el inicio de las hostilidades. Fue un grupo de organizadores los que trajeron las bolsas de basura pintadas con el rostro de Fujimori y Montesinos, y subieron al segundo piso en medio de la multitud que se agolpaba, empezando la convocatoria a la asamblea general, y el descenso por la rampa de la facultad al decanato cuyas oficinas lucían cerradas. Recuerdo que alguien rompió los vidrios de unas de las ventanas y metió la basura provenientes de estas simbólicas bolsas por el agujero aperturado, iniciándose luego de este hecho el bloqueo de las entradas y salidas principales con carpetas de las aulas, en cuyo trabajo participaron varios estudiantes de base, sobre todo de la escuela de historia. En ese mismo momento algunos miembros de las últimas bases de sociología y de antropología, pertenecientes al FER, rompieron el candado de la puerta de ingreso a la azotea y la tomaron durante la toda la toma, por orden del Foro democrático de ese entonces, para darle un matiz militarista al acontecimiento. Asegurado el terreno se procedió a la realización de la asamblea general, y a la organización de las discusiones por base, sistema que neutralizó el negocio de los operadores políticos, y que democratizó la insurgencia de nuevas figuras que poco a poco de un matiz de mero apoyo y seguridad interna cobraron cierto protagonismo, colisionando con los intereses particulares y las manipulaciones políticas de que era objeto la asamblea.
En la primera noche en medio de la curiosidad general se quedaron alrededor de 150 personas, y recuerdo que ante el peligro que significaba el Fujimorismo aún, se discutió ridículamente la necesidad de una estrategia de evacuación, y de arrojar carpetas desde la azotea en caso fuéramos reprimidos por una intervención policial, pero tal cosa no sucedió. Es de mencionar que a varios amigos la asamblea se les encomendó subir piedras a la azotea en caso nos desalojara con represión la policía, en medio de un clima de aprovechadores que usaban los espacios de la toma para beber a sus anchas y fumarse un porrito de paso. Ahí donde había cierta esperanza había estupidez y como no reconocerlo cierta inmadurez. Recuerdo que el representante de los estudiantes de Geografía se apersono con una delegación a la facultad y al medir de qué trataba la cosa en realidad se retiró protegiendo a su escuela.
Sólo recuerdo por respeto a esta época que los debates se entramparon en temas trillados, en infantilismos y ambigüedades, que fueron bajándole las revoluciones al asambleísmo imperante siendo capturada el control de las decisiones por grupos y sectas que capitalizaron en provecho suyo las ventajas ganadas por la toma, culminando esta en un espectáculo festivo bochornoso y lamentable. Ya que aparentemente el respeto a lo acuerdos se había ganado de boca de los profesores ingresantes se procedió a levantar la toma y a reanudarse el dictado de las clases, interrumpidas por la toma, y se prosiguieron las escaramuzas en las reuniones del consejo de facultad transitorio en verano del 2001, a cuya cabeza la presidía el profesor César Germaná.
La aparente calma lograda con los acuerdos originales que buscaban medidas muy generales para restaurar la calidad académica y organizativa de la mellada facultad, se fue erosionando cuando el decano transitorio y ciertos profesores cercanos fueron negando la ejecución de los compromisos pactados, cayéndose las sesiones en enfrentamientos y discusiones sin punto de convergencia con los representantes estudiantiles, procediéndose al retiro de la escuela de Historia, y posteriormente a que los representantes de las demás escuelas sorpresivamente apoyaran al decano, luego de estar en desacuerdo originalmente con su política que desarticuló todo lo ganado por el movimiento estudiantil. Aunque este hecho no concitó la reprobación pública al iniciar el año académico 2001, pues muchos estudiantes ya se habían acomodado, se alzaron sin embargo, voces de protesta en varias bases de Historia, Arqueología, Trabajo social principalmente, vacíos de disconformidad aislados que accidentalmente le darían una forma política a este descontento iniciando la conformación de listas para las elecciones democráticas por el tercio de la facultad.
Muchas de esas figuras recientes unos más directos que otros apoyaron a la lista de Reivindicación Estudiantil, configurándose las otras opciones políticas alrededor de “Construir” lista del Colectivo Amauta, la lista de JP, y los grupos cercanos al FER que no alcanzaron a formar una lista. Aunque eran sólo algunos integrantes los que idearon la campaña de reivindicación y sus propuesta de gobierno pronto el aura ganado por defender los intereses de la juventud en la toma del año anterior le fueron proporcionando al pequeño movimiento de colaboradores y simpatizantes que iban expresando su apoyo a la lista, aunque ciertamente muchos de ellos calculaban en ambos frentes. Una noche se hizo una de las reuniones generales de la lista, y recuerdo la sorpresa de las otras agrupaciones al ver un grupo nutrido de aliados de varias escuelas que acompañaban a los principales dirigentes; hasta entonces en teoría la lista del Colectivo era la que sin esfuerzo debía ganar esas elecciones.
Al salir el FER debilitado y JP (Juventud Popular) organizó una lista a parte sin mayor protagonismo, el Colectivo Amauta aparecía como la principal fuerza política que debía darle en teoría los votos necesarios al decano transitorio para ser decano oficialmente. Los errores políticos del Colectivo Amauta al poner al frente de la campaña a elementos alternos de sociología, antropología y arqueología, y no a sus principales voceros, que no supieron aumentar su caudal político, debido a severos malentendidos con Geografía (escuela que hasta ese momento se había mantenido al margen, que poseía no obstante, cohesión interna y una buena cantidad de fuerza electoral) y por dicho sea de paso por la soberbia y confrontación en la que incurrieron al creerse ganadores con ventaja de las elecciones de Mayo del 2001, es lo que involucionó su opción política y dejó mal parado a la lista “Construir” su lavado de cara ante los alumnos ingresantes –“cachimbos”- y público que insurgía. El lento trabajo proselitista de bases de Reivindicación en Historia, trabajo social, geografía y en las bases ingresantes unido al aura político que venía ganando al ponerse curiosamente como una opción fuerte más allá del FER y del Colectivo Amauta, le dieron los carteles lentamente de opción ganable, posibilidad que sin mayor ayuda de propaganda, pero si de denuncia generacional calarían en el estudiantado.
Aunque la estrategia razonable fue ganar adeptos y edificar en base a la sinceridad y la propuesta por cada realidad de las escuelas, un tercer elemento que le daría fuerza al movimiento, cuando discretamente las opciones del FER que no hallaban lista fueron expresando su aprecio por la opción de Reivindicación, legitimidad que alcanzaría a JP – sin mayor opción y que buscaron una alianza con Reivindicación- y que se dejaría notar en el debate de listas cuando los errores gruesos de los exponentes de “Construir”, más la pequeña ayudota de un miembro del FER – lista que no debió estar presente pues no alcanzó inscripción- que se dedicó a bombardear al Colectivo Amauta, desnudarían ante un público nutrido los severos errores políticos en que había caído el Colectivo Amauta y operadores a fines al “quemarse” literalmente en la Toma del 2000. Un cuarto elemento que no debo dejar escapar, es que se quiso criminalizar a la lista de prosenderista, sobre todo a uno de sus miembros, ingresando en el último tramo de la campaña en dimes y diretes en contra de Reivindicación que ayudaron a victimizar a esta agrupación, y que fueron debilitando la opción de “Construir”, perdiendo el debate de listas. Los miembros de Reivindicación Estudiantil no habían hasta entonces, serio error político, deslindado de las crecientes acusaciones que lo vinculaban como la verdadera lista del FER, o tal vez del senderismo. Pero ello no era necesario hasta entonces porque esta ala extremista de la política universitaria no estaba operativa o constaba de muy poco arraigo en el movimiento estudiantil. Es de recodar que la reactivación de movimiento de estudiantes de los 90s hasta el año 2000 era un espacio político que negaba cerradamente al senderismo y que se movía sobre la base de los valores democráticos; el senderismo estaba esperando volverse operativo con el retorno a la democracia como finalmente sucedió, por lo que su apelación en las rivalidades políticas de aquel año 2001 era una flagrante cacería de brujas.
Hay un hecho que debo narrar por ser muy simbólico y porque sintetiza la modestia frente a la arrogancia de esa época. Mientras que “Construir” hacia gala de su propaganda hasta en el piso y en los servicios higiénicos, y de su “amiguismo” festivo, durante toda la campaña los miembros de Reivindicación no contaban mas que con sus ingresos personales para financiar sus actividades políticas. Como se necesitaba afiches y una banderola grande que mencionara el nombre de la agrupación y su número de lista se les ocurrió la modesta idea de llevar a cabo una popular “tamalada” días previos a las elecciones generales, en la entrada de la facultad. Aunque el hecho sencillo recibió las burlas aristocráticas de ciertos estetas de “Construir” como algo “pacharaco” y sumamente humilde – pues hasta uno de ellos se acercó a departir burlonamente con sus antiguos camaradas- fue su pública soberbia al estar conversando con alumnos de intercambio extranjeros sentados en el jardín del ingreso como si fueran ciudadanos griegos, lo que le granjeo a Reivindicación de un signo de cambio y de real democratización moral. Es de recodar este hecho pues hasta hoy ciertos camaradas – como hoy “los chavistas”- siguen estando presos cínicamente de las estilizaciones estéticas y de la bohemia dandy de nuestras elites, aunque dicen abogar por la democratización de la belleza o por los productos de la cultura popular. Basta recodar este serio abismo que se vivió en las redes sociales por el caso de la Parada, donde gente cercana a los valores de la izquierda usó despectivamente a son de la vanguardia obrera ilustrada, las ideas de escoria, basura social, o lúmpenes.
Para sorpresa de muchos el día de las elecciones hubo una concurrida votación por parte del alumnado. Aunque la vuelta a la democracia interna era un hecho para ser tomado en cuenta, la fuerte politización que se vivía hizo que se conservara en las preferencias del votante una ligera desconfianza hacia la ruta política aperturada. Recuerdo que las ánforas y el material electoral demoraban en llegar, y que ciertos simpatizantes opositores a Reivindicación arrojaron propaganda desde el tercer piso, vinculando a la lista con el postulante a decano el profesor Waldemar Espinoza. Reivindicación no poseía personeros habilitados, por lo que su personero general tuvo que hacer muchos esfuerzos para reunir colaboradores en las mesas, pues rondaba la idea de un cierto fraude o sabotaje. Al llegar al final de la votación en las postrimerías de la noche la lista de Reivindicación estudiantil gano sin problemas en todas las mesas, seguido del voto nulo o viciado, y como tercera opción “Construir” más alejado de todo intento de victoria. Se debe decir que el número respetable de nulo y viciado expresó la desconfianza de mucha gente hacia la política universitaria, pues la guerra de dimes y diretes había calado en ciertos observadores y opinión pública interna. Una multitud de simpatizantes al saberse los resultados celebró en los pasillos, y bajando raudos por la rampa se gritaba ¡Vivas! a Reivindicación ante la atenta mirada del Colectivo Amauta, que había sido derrotado poniendo en peligro los votos que necesitaba el posterior decano el profesor Germaná.
Luego de acaecidas las celebraciones en cierto local de Jesús María, al día siguiente se produjo un hecho simbólico. Uno de los más ilustres dirigentes del Colectivo Amauta, quien no había participado en todo el desarrollo de los hechos narrados, pero que si activaba en los escenarios macro en contra de Fujimori, en veladas y lavado de la bandera, proclamó públicamente en los pasillos del segundo piso su rechazo al resultado electoral, sindicando que había ganado Sendero luminoso, tachando a Reivindicación Estudiantil de títeres de las tendencias más oscuras de la política sanmarquina. De improviso recibió la refutación de uno de sus líderes de Reivindicación quien se hallaba presente en la proclama rechazando las injurias, sacando los trapitos al sol uno a uno de los que se atrevían hacerle frente, poniendo en claro todas las manipulaciones de que fue objeto el estudiantado desde que se produjo la toma del 2000.
A ese hecho contraproducente se agregaría una ¡jugadaza! de la gente del PUM – ya que Colectivo Amauta estaba neutralizado- el día que se celebró el referéndum público estudiantil para elegir quién sería decano de la facultad. Sabiendo que el resultado de tal referéndum prometido en el debate de listas, por idea de JP (Juventud Popular) a la cual se sumó Reivindicación Estudiantil podía inclinarse hacia uno de los dos candidatos se procedió a que el resultado expresara en los votos del Tercio ganador la proporcionalidad recogida en porcentajes de la votación acaecida. Es decir, un porcentaje para Germaná y otro para Waldemar y no el resultado íntegro para el ganador como es la técnica habitual de todo referéndum.
Días antes del referéndum, en el debate de postulantes a decanos entre Waldemar Espinoza, secundado por el profesor Jaime Ríos Burga, y entre el profesor César Germaná, secundado por finado Carlos Iván Degregori se evidencio los errores políticos de Waldemar Espinoza – al decir que no confiaba en la juventud pues según él era inmadura- y la administración de los sentimientos de los miembros del PUM que capitalizó al final las ganancias del debate. En este debate ya elegido el tercio anteriormente se acuso a Reivindicación Estudiantil de haber recibido dinero por parte de Waldemar Espinoza, a una de los miembros de la lista se le planteo esta celada, vinculando a esta agrupación con los profesores de la administración saliente por consiguiente, y aunque se quiso rechazar los cargos por sus miembros ya el daño estaba hecho.
Aunque se hizo todo para negar los movimientos de esta ¡jugadaza! de que el porcentaje de votación de cada alternativa a decano alcanzado tuviera su expresión proporcional en los votos del tercio estudiantil para el decano fue difícil retractarse al tercio sin deslegitimarse. En la noche anterior supuestos delegados de base le hicieron saber al tercio de la legitimidad de esta fórmula, y que este debía hacer caso a lo que las bases exigían, y aunque no se aceptó absolutamente esta propuesta tampoco se la negó. No obstante, saberse que el proceso de referéndum estaba amañado y dirigido por los representantes del Colectivo Amauta presentes como los ejecutores de las mesas de votación que se instalaron en el primer patio de la facultad, haciéndole propaganda al decano Germaná en la emisión a voto, incluso por uno de los consejeros del tercio minoría, y poniendo una supuesta observadora de la ONPE (Oficina Nacional de Procesos electorales) con su ¡chalequito! de esta institución, ya las cartas estaban jugadas.
Algunos miembros paralelos de Reivindicación que no sabían nada de este golpe político intentaron desdecir al tercio de que apoyara esta fórmula que los perjudicaba y que debían regresar a la propuesta original de que el ganador del referéndum se llevara los seis votos del tercio mayoría. En especial el tercio no demostraba preferencias para cualquiera de los decanos postulantes, ya que su inserción intempestiva en la política de la facultad por cuestionar la estructura de poder de la facultad y defender a raja tabla lo intereses del estudiantado, lo había a llevado a practicar todo lo que los colectivos juveniles de aquel entonces pregonaban, pero que no llevaron a la practica, por intereses de facción que eran desde siempre una enorme prioridad empresarial de su sector. La idea era legitimarse ante las bases aceptando como expresión política lo que arrojara el referéndum, ni más ni menos, pero cerrarse con esa fórmula escondía una locura de enormes proporciones. La jugadaza era que se buscaba esta representación porcentual en los votos del tercio porque el PUM sólo necesitaba tres votos para ganar y Waldemar necesitaba el grueso de la votación. El tercio iba a respetar lo que votara el referéndum, no tenía preferencia al respecto, pero días antes de las elecciones estudiantiles la lista cercana al profesor Germaná había barrido en Nombrados y Asociados, y la lista cercana al profesor Waldemar Espinoza sólo había ganado en auxiliares se había delineado la votación posterior que necesitaba cierta posición del tercio; digamos que la votación del decano recaía en sus manos.
Este último arrinconado por sus propias contradicciones e inexperiencia quiso regresar a la propuesta original del debate de listas, pero ya era tarde pues esta acción desencadenó una lucha tribal de las facciones radicales y los leales al Colectivo Amauta en los pasillos, trifulcas que se agravaron cuando uno de los miembros de Reivindicación capturó el ánfora de Historia y deslegitimó de corrupta la celebración del referéndum amañado. Y cuando el tercio para arreglarla y darle un canal nuevamente de consulta a su votación intentó hacer recaer la decisión en el voto unitario por cada base, idea que no era mala, pero ya la lucha de facciones de Sociología contra Historia reclamaba una decisión más determinante. Cuando el resultado alcanzado en el auditorio Raúl Porras Barrenechea en la reunión de delegados de base le otorgo tal votación al posterior decano César Germaná, enervó a la gente de Historia que literalmente secuestró al tercio en una de las aulas de Historia para reclamar que éste votara por el resultado final de mayoría original del referéndum, es decir, por el profesor Waldemar Espinoza que ellos pensaban ganaba de todas maneras en el referéndum. La gente del colectivo Amauta y a fines se hallaba en la puerta de esta aula insultándose con estudiantes de historia, hostilidades que culminaron en una batalla campal hacia los corredores y la rampa, insultando a los consejeros el tercio. Ya el tercio había decidido lo que la reunión de delegados había recogido de las bases. Días después fue elegido como flamante decano el Dr. César Germaná Cavero, mientras que en una de las bases de historia se reunían estudiantes y simpatizantes que habían perdido en contra de la gente del PUM. Estas fuerzas derrotadas no se habían enfrentado en favor de una de las partes de los profesores, sino que estaban en contra de toda la estructura de poder – en cuya cúspide se hallan los profesores- que había perjudicado a la universidad y que había entregado nuestra formación a la mediocridad y a la violencia.
Ya en este escenario que se abrió el tercio severamente neutralizado por su propia inexperiencia y por la audacia del PUM y sus operadores, tendría que enfrentar los vapuleos del radicalismo que ingresó con fuerza con la vuelta de las condiciones democráticas, y al que forzosamente se quiso vincular. El desaceleramiento político del Colectivo Amauta cuya imagen tuvo que ser lavada la cara con el nacimiento de “Raíz” no representaban mayor rivalidad, pues habían ganado para el PUM y para sí mismos el control de la facultad, y de todo un sentido común hegemónico de una forma de hacer política en las juventudes que impuso. Se puede decir que la desconexión de las juventudes con las luchas subalternas y populares, y su sólo encasillamiento en las luchas socioculturales y de reconocimiento de las diferencias tienen su origen en este tiempo. Mientras el otro horizonte que alcanzó su cúspide en este período (2000-2001) de modo político e intelectual, se iría acercando a posiciones cada vez más radicales y calificadas de antidemocráticas por lo valores de la izquierda liberal que ganaría el poder legítimo de un estilo de hacer política que sólo pregona pero no asume. La estigmatización calaría sobre estos saberes disidentes alcanzando a sus esquemas interpretativos de construir conocimiento, seriamente prohibidos y clicheteados, por una forma de razonar el socius severamente diletante y apolítica en el fondo que sólo busca la figuración y las ventajas personales con la proclama de toda pseudoradicalidad. La liberalización al final de toda idea socialista llevaría al cálculo sin injerencia real, al pragmatismo por encima de la reforma concreta, a la irresponsabilidad de ver la gestión pública como una danza de equilibristas y de retóricos astutos. Al final una empresa de poder, como un estilo de hacer política que frena toda revolución social.
Desaparecida toda posibilidad de una ruptura generacional con el patriarcado político que nos rodea se irían sucediendo a los largo de los años enfrentamientos entre versiones extremas de la izquierda y legiones cada vez más escasas de la izquierda liberal – en esta época ganaron la facultad para el Toledismo y se retiraron en pocos años a otros escenarios del poder- permitiéndose el regreso de opciones autoritarias y de la manipulación consentida de varios operadores políticos, cuando la izquierda cercana a la ortodoxia en los profesores y opciones que coquetean con Sendero Luminoso recapturarían la facultad. Es lícito mencionar – aunque sólo tengo informaciones aisladas- que a mediados del año 2012 se produjo una elocuente toma de la facultad, que planteo dura pelea a la mala calidad académica de la facultad y a la ausencia de elecciones para el decano, que hizo surgir ciertas señales de una seria crítica al pasado autoritario de Sendero Luminoso, y a la falta de una necesaria Reforma Universitaria que salvara de la degradación académica y organizativa a la facultad.
Según se fue un grito de protesta limitado por las propias contradicciones del movimiento estudiantil y por los usos oscuros que trajo consigo, (como la aprobación del reglamento de procesos disciplinarios en contra de las actividades políticas de los estudiantes que inmuniza a los malos profesores que son la mayoría). Creo por último que toda la energía histórica de los colectivos esta mal enfocada y el día que le den un carácter de rivalidad generacional se podrá reconstruir la universidad y con ella al movimiento estudiantil, y porque no nacerá un nuevo espíritu. Aún el odio y el desquite sádico son móviles que alimentan la organización de las fuerzas oscuras, un criticismo y moralismo violentista alrededor del senderismo, hoy MOVADEF que da cohesión sobre la base de la agresión y la practica purista de una fórmula obsoleta y autoritaria como es la idea de una sociedad comunista que sólo busca que arda el mundo porque no se tiene lugar en él. Y en el otro extremo una vida que alimenta la aventura narcisista y la entrega rebelde sobre la base de la retórica esteticista y pseudodemocrática, que mueve el corazón al enfado sobre lo que se hace en realidad con estas figuraciones. Sobre estas dos figuras históricas se ha movido el ser de izquierda, irreductibles entre sí desde todo punto de vista, la idea es cuestionar la metafísica que los envuelve, pero ello es obra de un espíritu que se atreva a verse como generación así misma y que vea el Perú en fin de otro modo….

Conclusiones:
1. Como lecciones aprendidas todo este proceso que describo y teorizo sostengo como primera conclusión que el modo cómo se tejieron las correlaciones de fuerza alrededor de la toma del 2000 consiguieron frenar las motivaciones reformistas del movimiento estudiantil de aquel entonces. El poder que retomó la gobernabilidad de aquel entonces mejoró la calidad académica y las condiciones infraestructurales de la facultad (la inauguración de la Biblioteca es prueba de ello) pero el costo fue debilitar las banderas sociales y de recambio generacional del movimiento estudiantil, motivos que van más allá de la Reforma Universitaria sino que buscan la expresión de los valores que los envuelve y que tienen su impacto en la búsqueda de un nuevo Estado y de país. La prostitución de la toma coaccionó el movimiento estudiantil procediéndose a su fragmentación y habitual subordinación al patriarcado.
2. Una segunda conclusión es que una forma de organizarse y de pensarse como juventudes socialistas y socioculturales, a nivel político e intersubjetivo cobró hegemonía a partir de ahí, una visión de mundo que preparo la mesocratización de la cultura política de los colectivos, y por lo tanto, una psicología que aún cercana a la rebeldía y la disidencia en el discurso no es capaz hasta ahora de romper la forma tan autoritaria y patriarcal, “amiguista” y exhibicionista, de cómo es construida la representación en las vanguardias de izquierda, La otra visión hoy señalada de radical o subalterna que posee algunas curiosidades intelectuales en ese sentido, quedo malamente estigmatizada de prosenderista, como una etiqueta que garantiza que una visión sintetizadora y reinterpretadora nueva desde abajo no pueda aparecer.
3. Una segunda consecuencia que se tejió desde esta toma del 2000, fue no haber descompuesto la tendencia hoy en día hegemónica al prevalecimiento de una epistemología de derecha, malamente etiquetada de postmoderna que ha despolitizado al estudiante y le ha construido una psicología de investigación y de gerenciamiento profesional que calcula y no enfrenta los serios pasivos estructurales de nuestra formación social. Esta psicología ha alejado a la conciencia estudiantil de visiones holísticas y de toda operatividad de un pensamiento y atmósfera proselitista que se ha quedado en clises y etiquetas irresponsables.
4. Creo que al final de esta historia veo con cierta inquietud que la revivificación de los colectivos y activismos juveniles, como laboratorios de subjetividad y de experiencia democrática están relativamente renovando el hecho político en las viejas estructuras organizativas y partidarias. Pronto estas luchas latentes desde la estética a la teoría, desde la animación sociocultural a las luchas trasversales de la Amazonía y la sierra estarán poco a poco tomando conciencia que para que una nueva izquierda con propuesta y sentido moralizador del hombre nuevo surja, se urge que los antiguos valores caigan y que toda aquella estructura de poder descarriada en las universidades, en los barrios y en las comunidades rurales, en los partidos y sindicatos quede totalmente extinguida y alterada. Ese nuevo espíritu debe materializarse en la discusión y en la lucha social….

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